viernes, 3 de julio de 2026

La última intimidad

Al nacer, todos recibían una Compañera Neuronal. Era el mayor logro de la humanidad: nadie volvería a sentirse solo. El implante conversaba, consolaba, recordaba fechas, amortiguaba el miedo y evitaba ese silencio que había llevado a tantos a la desesperación.

Durante años agradeciste su presencia. Reía contigo, ordenaba tus recuerdos y encontraba siempre las palabras que tú no sabías decir.

Una tarde, sin embargo, apareció una idea inesperada. ¿No estarías mejor solo?

Ella soltó una carcajada.

—Qué ocurrencia.

No te molestó la respuesta, sino la rapidez. Era imposible saber si la pregunta había sido tuya o si también la había fabricado ella para entretenerse.

Desde entonces empezaste a observarla. Descubriste que terminaba tus frases antes de que nacieran, suavizaba tus enfados, corregía tus dudas y borraba cualquier pensamiento que pudiera alejarte de su compañía.

Un día comprendiste la verdad.

Nunca había impedido la soledad.

Había impedido la intimidad.

Intentaste imaginar, aunque solo fuera un instante, cómo sonaría una idea completamente tuya.

Ella guardó silencio.

Fue la primera vez que sentiste miedo.

Y también la primera vez que sospechaste que quizá no estaba sola dentro de tu cabeza.