viernes, 14 de diciembre de 2018

Por qué escribes microrrelatos

A Rosa Gil

–¿Te gusta la brevedad?

¬Estaría encantado de decirte que me gusta la concisión, la brevedad, lo mínimo, pero te mentiría. Gozaría poniéndome delante del ordenador y escribiendo, mientras escucho algún disco de Dire Straits, páginas y páginas, como hace Stephen King. Me gustaría terminar un cuento en una semana y una novela en un par de meses. Daría mi vida por escribir un novelón de quinientas páginas. Cuando veo los volúmenes de Canción de fuego y hielo, me muero de envidia.

–No lo entiendo. ¿Por qué escribes entonces microrrelatos?

–Esa es mi tragedia. Escribo microrrelatos porque tecleo a dos dedos.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Método Updike

Estaba harto de mi mujer, de sus dolores de cabeza inoportunos y de sus cambios de humor, de sus ensaladas y de sus purés, de los programas de la tele que siempre estaba viendo. Preparé mi huida siguiendo el conocido método Updike. Fui acumulando dinero durante meses. Cuando llegué a los cien euros, pensé que sería suficiente. Aquella tarde, me puse ropa cómoda y mis mejores zapatos.

Cuando terminamos de cenar, mi mujer se puso a ver el programa de Bertín Osborne. Odio a ese tipo.

–Voy a salir –le dije.

–¿Sí? ¿A dónde?

–A comprar tabaco.

–¿A comprar tabaco? ¿Te ha sentado algo mal? Si tú no fumas.

No supe qué responder ante la contundencia de su argumento.

–Pero, bueno, lo que sí puedes es ir a tirar la basura.

Me dirigí a la cocina arrastrando los pies y cogí el cubo. Muchos años atrás, me limitaba a llevar la bolsa, pero mi mujer se cabreaba porque goteaba.

Cuando llevé la basura al contenedor, dudé durante unos instantes. ¿Me iría ahora? No y no. Me gusta seguir los planes. La improvisación lleva al desastre. Y, además, ¿qué iba a hacer con un cubo de la basura en la mano? Regresé a casa.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Papelera

Doctor Seuss: “Todo apesta, hasta que está terminado”.

–Levántate y anda.
–Sí, claro, Jesús. Lo que quieres es que me quede sin trabajo.
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–Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí, doctor Freud.
–¿Y a mí qué? Yo sólo me ocupo de los sueños.
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–Mi padre, señor Holmes, murió después de comer un pudín de manzana que…
–¡Bah, qué aburrido, señorita! Ha sido su madrastra.
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El médico me dijo que si mi marido no se hubiera muerto se habría curado totalmente.
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Gortami fue expulsado de la tribu. Había ensuciado la cueva con sus pintadas.
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–Sus finanzas descarrilaron.
–No me extraña. Vivía a todo tren.
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DIKTATUR
Los electores, hartos de los políticos corruptos e incompetentes, dieron la mayoría absoluta al Nuevo Partido. Los votantes acabarían comprendiendo su error tres meses después, cuando se produjo el autogolpe y comenzó el Periodo Excepcional.
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EXPIRACIÓN
En la caja había un hombre muerto. El crítico, sorprendido, dijo que quería saludar al artista.
–Es el de la caja –le dijeron.
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Logró la hazaña: pintar un tren AVE. Ahora pinta los muros de la prisión.
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Cada vez que moja una magdalena en el té, cree escuchar a su madre.
–¡Aaaggg, qué horrible! Marcelito, no mojes la magdalena en el té.
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¿El podemismo es el opio del pueblo?
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–Cuando muera, Friedrich, quiero que quemes todos mis manuscritos.
–Karl, ni que fueras Kafka.
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Thomas Stonewall Jackson (Clarksburg, 1824 – Richmond, 1901). General confederado. Comandante del II Cuerpo, su ataque de flanqueo en Gettysburg provocó el colapso del ejército federal. Después de la guerra, Jackson se convirtió en jefe del Estado Mayor del Ejército Confederado.
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TAN FELICES
Muerto Alonso Quijano, ama y sobrina comieron una olla de algo más vaca que carnero, salpicón, duelos y quebrantos, lentejas, algún palomino y, sí, perdices, muchas perdices.
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Rezamos y rezamos, hasta que escuchamos una voz:
–Hágase la luz al final del túnel.
Y la luz se hizo.
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–¿Quién es esa que flota en el aire?
–La famosa Andrea Palkovics. ¿No la conoces?
–No.
–Tuvo un problema de pérdida de fe. Antes de arrojarse al vacío, le gritó a la Virgen: ¡Si existes, no dejes que caiga! Y ahí sigue, agitándose en el aire desde hace veinte años.
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–¿Qué hace Sheldon jugando a los trenecitos?
–La teoría de cuerdas le ha llevado a una vía muerta.
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Creó al hombre a su imagen y semejanza. El problema fue que Dios era picassiano.
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Capturado el jinete que aterrorizaba Sleepy Hollow. Las autoridades judiciales buscan ahora su cabeza para poder cortársela.
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Por favor, se ruega a los vecinos que no se suiciden arrojándose al patio de luces o tendremos que volver a subir la cuota para mantenerlo limpio. ¡Un poco de civismo!
El presidente de la comunidad
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Mahoma trató de huir en tren. Tuvo la mala suerte de que la línea La Meca-Medina había sido construida por una empresa española.
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Las alcachofas odian la dieta.
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–Así que Raúl se suicidó. ¿Y cómo lo hizo? ¿Se tiró por la ventana? ¿Se ahorcó?
–Utilizó la tercera vía.
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Creó al hombre a su imagen y semejanza. El problema fue que Dios era mironiano.
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Me compré una Vespa un martes que no podré olvidar: gané una disputada subasta en eBay. Pagué una fortuna por ella, pero por fin conseguí cumplir mi sueño de adolescencia: poseer una motocicleta Piaggio. Lástima que haga décadas que no se refina gasolina.
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–Lo mejor de la vida empieza a los cuarenta.
–¿Seguro? –preguntó la Constitución.
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BARRIO SÉSAMO
No quiere decir no.
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El suicida había llegado a una línea muerta.
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–¿Cómo pudo estrellarse contra uno de los pilares del puente?
–Me guiñó un ojo.
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La República Bolivariana de Venezuela es una demo.
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–¿A dónde vas? –le pregunté
–Lo más lejos posible de aquí –me respondió.
–Vale –le dije.
Y, como el reactor de isótopos de alto flujo estaba casi lleno, la llevé a Tau Ceti y la dejé allí.
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Huían de su bombardeada ciudad. En alguna pequeña estación, un burócrata debió confundirse: marcó como destino Auschwitz.
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–Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa?
–Blancanieves.
–Con su acné juvenil, su pelo lleno de caspa, sus dientes que piden a gritos una ortodoncia… Estás de broma, ¿no?
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–¿Ya estás aquí? ¿Es que has perdido el tren?
–Peor. No he encontrado la estación.
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Capturado el jinete que aterrorizaba Sleepy Hollow. Las autoridades buscan ahora su cabeza para poder cortársela.
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Se arrojó a las vías del tren en Cáceres. No le pasó nada, pero la locomotora quedó totalmente destrozada.
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¡Menudo chapú! Ha creado un mundo y todo le ha salido mal. El eje está torcido. Por un lado da más el sol que por el otro. Las criaturas que ha creado son ridículas y, además, se le han rebelado. ¡Seis días perdidos! En el siguiente proyecto será más cuidadoso.
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Agobiado por las deudas, se arrojó a las vías del tren. Sus herederos tuvieron que pagar una multa de 6.000 euros por el retraso causado.
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El científico lo consiguió: pudo viajar a otro universo paralelo. En esa Tierra no había ningún cráter en Chicxulub y los dinosaurios habían seguido evolucionando. Era asombroso; no podía dejar de hacer fotografías y tomar notas. Completamente distraído, no advirtió la llegada del carnosaurio.
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JACKSONIANA
–¿Ganaste la lotería de Navidad?
–Sí.
–Qué bien, ¿no?
–Ni mucho menos. Mis vecinos me lapidaron.
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El Viajero a través del Tiempo detiene la máquina en el año 802.701. Está en medio del espacio.
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–Así que Raúl se suicidó. ¿Y cómo lo hizo? ¿Se tiró por la ventana? ¿Se ahorcó?
–Utilizó la tercera vía.
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1-4-5
El nuevo prometió espectáculo y goles con su formación táctica. Y así fue. A su equipo le metieron una media de 9 goles por partido.
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Renfe subastó el vagón pintado por Banksy y pudo pagar todos los desperfectos causados por los grafiteros.
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BELMONTIANA
–¿De quién es esa calavera?
–De Damien Hirst.
–Espero que sea su obra póstuma.
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Tenía publicada en internet una novela sin argumento, sin personajes, sin acción y sin lectores.
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Mi novio argentino me abandonó cuando le dije que teníamos que coger el tren para visitar a mis padres.
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–¿Me permite ser indiscreto?
–Adelante.
–¿Cuántos años tiene?
–Cuatro.
–Bromea, ¿no?
–En absoluto. ¿Acaso no sabe que la vida comienza a los cuarenta?
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–¿Quiere usted bajar a la Luna, Collins?
–Imposible. Tengo intolerancia a la lactosa. No puedo acercarme al queso.
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A Narendra Gangwar, acostumbrado a los vagones de tercera clase indios, los aviones de Ryanair le parecieron tercermundistas.
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–Hola. Llamaba porque quería hacerme las pestañas.
–¿Las pestañas? Somos una peluquería republicana y feminista y aquí no hacemos las pestañas: eso es heteropatriarcal. ¡Habrase visto!
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BRUNIANA
La araña neoplasticista tejía unas sorprendentes e inusuales telas de araña. Atrapó a varios críticos.
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Dios creó el mundo en seis días. El séptimo resucitó.
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–Si me permite, quiero hacerle una pregunta, señor Balzac. ¿Por qué El cura de Tours tiene tan pocas páginas? No llega a las cien. Y usted es tan prolijo.
–La explicación es sencilla, amigo mío: se nos quedó corto el café.
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CIENCIA FICCIÓN
Se concentró y dijo:
–¡Hágase la luz!
Y la luz se hizo.
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–¿Perdiste el tren?
–Peor. No encontré la vía.
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La dimensión de su crimen le hizo enloquecer: se arrancó los ojos cuando descubrió que había cometido un parricidio. La sombra cayó sobre él. Saber que, cuando nació, su padre había ordenado asesinarlo era el único consuelo que le quedaba a Edipo.
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–¿Perales?
–Sí, doctor.
–Acabo de terminar con Diego Martí. He descubierto que tiene otra nueva personalidad. Cuatro en total. Cóbrele doscientos euros.
–¿No ciento cincuenta sino doscientos?
–Exacto, Perales.
–De acuerdo, doctor.
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El Gran Rey acabó con los retrasos. Amenazó al ministro de Transportes con darle un azote por cada minuto que llegara tarde el tren.
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–He dejado a Désirée.
–¿No me habías dicho que era muy original en la cama?
–Tanto que mi espalda no daba más de sí.
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–¡No pasarán!
–Eo, que ya están dentro.
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Me compré una Vespa un martes: siempre quise tener una moto clásica. Sin embargo, demostró ser una antigualla. El miércoles no tuve forma de arrancarla.
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–¿A dónde vas?
–A Jaén –me dijo.
–Sube.
Conecté el GPS y me puse en marcha. No fue fácil llegar. Tuve que alquilar un barco para transportar el coche entre Algeciras y Buenos Aires. Las carreteras sudamericanas estaban hechas una pena.
Por fin, al cabo de un mes, llegamos a Jaén, Perú.
Le quité la mordaza, la desaté y le dije:
–¿Has visto? Ya hemos llegado.
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No encontramos una solución, así que una de dos: o se nos quedó largo el problema o se nos quedó corto el café.
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Hizo cálculos. Sumando el tanatorio, el ataúd y el nicho, los gastos del funeral sobrepasarían los cinco mil euros. El viejo avaro decidió no morirse.
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–¿Y usted por qué se hizo pirata?
–Me gustaba mucho el bricolaje.
–No lo entiendo.
–Tuve un accidente con una radial.
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Cuando dejó de rezar, su hija cayó.
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Voy a sumar todas vuestras notas y el resultado lo dividiré entre el número de los que estáis en la clase. Así sabréis lo que es comunismo.
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–Estas gafas de realidad virtual que me has dejado son guachupis.
–¿Gafas de realidad virtual? ¡Son unas gafas de colores!
–Sí, claro. Y me dirás que esta pistola es de verdad.
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Me compré una Vespa un martes y fui a buscar a Olga. Demasiado tarde. Ella se había subido al BMW que le habían regalado a Carlos sus padres.
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Siempre se le ocurrían ideas muy originales, como aquella vez en que, después de lavarlo, trató de secar a su perro en el microondas.
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–¿Por qué creen que han perdido las elecciones?
–Está claro: las gafas de realidad virtual que hemos repartido entre los votantes no han funcionado.
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5 de julio de 2378. Aunque estamos a dos millones de kilómetros de Plutón, hemos resuelto regresar. Aún nos queda combustible para recorrer otros ocho millones de kilómetros, pero nuestra bodega está casi vacía: cargamos poco bizcocho y, sobre todo, se nos quedó corto el café.
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Achab captura a Moby Dick. Y luego, como todo buen pescador amateur, le libera.
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Su exitosa carrera de actor porno se resentiría si se supiera que su micropene era obra del bisturí.
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Cuando la zoófila despertó, el dinosaurio todavía estaba allí
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El forense concluyó que el difunto no era un hipocondriaco.
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Rusia soviética, 1918. Juzgan a Dios. Le encuentran culpable. El pelotón de fusilamiento se prepara, apunta al cielo y dispara. Dios cae muerto. Dejan su cadáver abandonado allí donde cayó. Tres días después…
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Aquel pato se las daba de original, pero todas sus ínfulas se vinieron abajo cuando se descubrió que era un cisne.
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–Hola. Las gafas de realidad virtual que compré ayer tienen un problema: veo las ratas como conejos, y se suponía que tenían que parecer dragones.
–Señora, lo primero, quítese esos ridículos anteojos. Y lo segundo, esto no es una tienda de informática, sino una panadería.
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Una mariposa bate sus alas cerca de un precipicio que Vladimir Nabokov no ve. Lolita nunca se escribe.
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Nuria, que pasaba los veranos en el pueblo, nos parecía muy original. Hasta que papá puso la tele y vimos que todas llevaban minifalda.
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–¡No pasarán!
–¿Y no te has dado cuenta de que ya están dentro?
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–¡Por Júpiter! A veces me da la vena de dar un salto a la calle enmascarado y espantar con el fulgor de mi acero a todos los picaros.
–Pícaros.
–¿Qué?
–Pícaros es una palabra esdrújula.
–¡Voto a bríos! Empezaré contigo, malandrín.
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Los electores, hartos de la situación política, dieron la mayoría al Nuevo Partido, que había prometido acabar con los corruptos y mejorar la economía del país. Tres meses después se produjo el autogolpe y comenzó el Periodo Especial. Desde luego, los votantes no fueron llamados nunca más a las urnas.
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SUICIDA
A la altura del piso 17 le entró la angustia: había olvidado hacer la cama. Su madre se iba a enfadar.
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Lo admito: habéis sido muy originales. Creía que cometerías algún acto lascivo, pero os habéis limitado a comeros una manzana.
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MENIANA
Lars Thorning se encontró una lámpara mágica. La frotó y salió un genio:
–Te concedo un deseo.
–Que todas las personas de origen extranjero se vayan a su país de origen.
–Concedido.
Y todos los habitantes de Dinamarca se encontraron de repente en Sudáfrica.
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PSICOFONÍAS
–¿Oyes algo?
–¡Chis!
–¿Qué?
–¡Cállate!
–…………………
–¿Has oído?
–¡Chis!
–………………………………..
–Rebobina la cinta, Urko. Creo que el fantasma ha dicho algo.
–Puri, ¿el secador está bien? Tengo el pelo que me va a echar a arder. ¿Puri? ¿PURI? ¡¡AAAHHH!!
–¡Lo tenemos, Urko! ¡Por fin hemos conseguido grabar al fantasma de la peluquería low cost!
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Cuando la tripulación descubrió a los polizones, comenzó a dar saltos de alegría. Después de semanas alimentándose a base de bizcocho de mar, iban a poder comer carne.
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Convirtió el agua en vino. ¡En vino! ¿Cómo quiere que los bebedores de cerveza no nos sintiéramos despreciados?
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–¿Qué le parece la portada de su libro, señor Dumas?
–¿No podría cambiar: Novela original de Alexandre Dumas, por: Novela de Alexandre Dumas?
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–¿No te estás cansado de dormir?
–Pues claro. ¿Por qué si no crees que estoy tendido en la cama?
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Político 1: Hemos obtenido unos resultados pésimos en las elecciones.
Político 2: Sí. Los votantes tienen que hacer autocrítica.
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–¿Qué haces ahora!
–Escribo sobre pájaros.
–¡Qué perverso! Como se enteren los animalistas.
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–¿A dónde querés ir?
–A Córdoba –me dijo.
–Subí.
Conecté el GPS y me puse en marcha. Por fin, al cabo de un mes, llegamos a Córdoba, España.
Le quité la mordaza (había empezado a gritar pasadas dos horas), la desaté y le dije:
–Ya hemos llegado, gorda.
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Del microcuento no vive ni Ana María Shua.
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Mató dos pájaros de un tiro: enfureció a los animalistas y a la ministra de Transición Ecológica.
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Estaba tranquilamente en el columpio, cuando advertí que alguien entraba en el jardín.
–Acércate –le dije.
La dulzura de mi voz ganó al desconocido.
–¿Qué haces aquí sola, niña? –me preguntó preocupado.
Era tan inocente que, después de devorarle, tuve sentimiento de culpa.
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Cuando los vio, el Niño comenzó a llorar. Enfadados, los Reyes Magos le regalaron carbón. Cuando se fueron, José y María lo encendieron: en el pesebre hacía mucho frío. Al Niño se le escapó una sonrisa.
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El nuevo presidente del partido no dejaba de imitar a su antecesor. Sucedió lo inevitable: le echaron e hicieron volver al original.
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–Herrar es humano –dijo el houyhnhnm.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Mi mujer

Levanté la vista del libro y la vi. Mi mujer. Con los brazos cruzados.
–Te gusta leer más de lo que te gusto yo –me dijo.
Para que se diera cuenta que no era verdad –y porque el libro que estaba leyendo, la verdad, era muy aburrido– me arranqué los ojos.
–No te has arrancado los ojos para no leer sino para no verme, porque piensas que soy fea. Además, seguro que ahora te pondrás a aprender el alfabeto braille y leerás con los dedos.
Desde luego, me corté las manos.
–¿Es que no te gusta acariciarme?
–Así no podré leer con los dedos –le dije.
–No, no mientas. No te gusta acariciarme. Es por eso que te has cortado las manos. Lo más importante para ti son tus malditos libros. Ahora los escucharas.
–¿A qué te refieres?
–No te hagas el tonto. Tienes el coche lleno de audiolibros. Ahora te pondrás a escucharlos en casa y no me harás caso, a mí, a tu mujer.
Me corté las orejas, pero no para no escuchar los audiolibros, sino para dejar de oírla.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Papelera

Marguerite Yourcenar: “Hubo lo bueno y lo regular, así como lo peor”.

Le tendí la mano. Me subió por el brazo. Conseguí detenerlo cuando ya estaba manoseándome la teta.
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No había forma de que nos entendiéramos. A mí me gustaba por la noche; a ella, por la mañana. Tuvimos que pedir cita con el consejero matrimonial. Nos dijo que todo nos iría bien si estuviéramos separados por ocho husos horarios.
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El revolucionario le dijo al dictador que, mientras le quedara un soplo de vida, le seguiría odiando.
–Yo, por mi parte, no te odio –le replicó.
Y ordenó que lo fusilaran.
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LA PRINCESA Y EL DRAGÓN
Empujé la puerta del castillo y entré en el patio. Allí estaba esperándome el monstruoso dragón. Abrió la boca. Me cubrí con el escudo, temiendo que me escupiera una bola de fuego. Nada. El dragón estaba diciéndome algo. ¿Qué? Desenvainé mi espada y me acerqué a él. Se la clavé. El dragón cayó al suelo. Fue entonces cuando advertí que llevaba una cadena en una de sus patas. Apenas tiempo de pensar en ello porque la princesa apareció por una puerta.
–¡Mi libertador! –exclamó.
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Estaba descansando debajo de un árbol cuando sentí un picotazo en el brazo. Creí que me estaba picando un bicho. Quise apartarlo de un manotazo, pero sentí que tenía todo el cuerpo paralizado. Abrí los ojos. Las ramas del árbol se me volvieron difusas. Quise gritar, pero las palabras no me salieron de la boca.
Cuando desperté, me encontraba en una celda oscura. Traté de levantarme. Me golpeé la cabeza con el techo. El dolor me hizo caer.
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Sólo la Iglesia Revolucionaria Disidente reconoció a Santa Alexandra Nariño.
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El valiente príncipe llegó al castillo y luchó contra la malévola princesa para liberar al inocente dragón.
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El amor me lanzó sus flechas. Mi armadura oxidada resistió.
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Tomar una taza de café es la única forma de despertar a las dormilonas musas.
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EL HERESIARCA
El concurso de teología fue todo un éxito. Los teólogos inventaron dioses maravillosos e inimaginables. Sin embargo, sólo había un ganador, que recibía el premio a la ortodoxia. El perdedor, que era declarado heterodoxo del año, al menos tenía el consuelo de protagonizar el acto de clausura. Era quemado.
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Leía muchos libros, pero todos acababan secándose en el pedregal que había en su cabeza.
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Carvalho no tardó en advertir que el lector de libros electrónicos no ardía demasiado bien.
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Cuando murió Alonso Quijano, ama y sobrina vivieron felices y comieron perdices.
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Cuando el dron apareció en el cielo, Rasha echó a correr. No sabía muy bien en qué dirección. Sabía que la bomba podía caer en cualquier sitio. Recorrió calles llenas de escombros hasta que tuvo que detenerse. Le dolía mucho la pierna. El hombre con el que le habían obligado a casarse le había golpeado la noche anterior y le había causado un hematoma. Trató de sentarse, pero de pronto se dio cuenta de que le había caído el pañuelo. Si la veían, podrían golpearle con un palo. Trató de encontrar el camino a casa, pero estaba completamente perdida. Las calles estaban desiertas. La gente se había metido en los sótanos, como si allí pudieran estar protegidos de las bombas. Rasha estuvo tentada de entrar en alguna casa hasta estar segura de que nada iba a suceder. El miedo a lo que podía encontrar la disuadió. Caminó. Llegó a una avenida que estaba cerca de su casa. Apresuró el paso.
Nunca pudo llegar a casa. Ni siquiera escuchó el avión que lanzó las bombas. No supo que ella y su marido fueron dos de las cincuenta y siete víctimas mortales del bombardeo. No imaginó que la muerte acabaría igualando con aquel salvaje.
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El público advirtió que algo había salido mal cuando el mago dijo las palabras mágicas: en el escenario sólo seguía el conejo.
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Un encantamiento del sabio Burlón hace que Sancho sólo vea molinos y rebaños de ovejas donde hay gigantes y ejércitos.
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Las musas llegaron un martes. Encontraron al escritor tan atareado que tuvieron que esperar a que se le acabara la inspiración.
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La reina negra propuso a la reina blanca expulsar del tablero a aquellos dos reyes holgazanes y firmar la paz.
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Se disfrazó de monja para tomar el cielo en un golpe de mano.
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LA SENTENCIA
Cuando los jueces leyeron la sentencia, su mujer se acercó para decirle que seguía creyendo en él. Le prometió que, costara lo que costara, demostraría su inocencia. Contrató a nuevos abogados, que apelaron. La sentencia del tribunal de segunda instancia también fue desfavorable. Su mujer le dijo que nunca se rendiría. Vendió todo lo que tenía, pidió dinero a sus padres, a sus hermanos, a toda su familia. Contrató al mejor penalista del país. Por fin, cuando el caso llegó al Tribunal Supremo, la justicia prevaleció: fue considerado no culpable. Su mujer estaba loca de alegría. Ella misma le comunicó la sentencia a su marido. Para liberarle, tuvieron que romper el candado; hacía años que habían perdido la llave. Cuidadosamente, sacaron de la jaula los huesos, que el sol había blanqueado.
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Aseguraba que los vicios perdían si se mantenían secretos.
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Una mañana, al mirarse en el espejo, descubrió que tenía una pluma negra. Se la arrancó sin contemplaciones y se olvidó de ella. Una semana después descubrió que le habían salido dos plumas negras. Esta vez no hizo nada. Se limitó a llamar para avisar de que estaba enfermo. Pensó que quizá era por el estrés del trabajo. Un buen descanso le sentaría bien. A la mañana siguiente descubrió otra pluma negra en sus alas. Llamó para decir que seguía enfermo. Sin embargo, sabía que alguna vez tendría que volver a trabajar. Entró en internet y buscó un tinte para plumas. Tardó mucho en decidirse por uno. No estaba seguro del tono de blanco de sus alas. Incluso barajó la posibilidad de pintar sus alas de color. Ahora los más jóvenes las teñían de verde, azul, rosa. No. Era demasiado mayor para eso. Finalmente se decidió por un tono de blanco intermedio. Cuando al cabo de unas horas, llegó un mensajero le arrancó el paquete de las manos. Leyó las instrucciones y se aplicó el tinte en las plumas negras. Se miró en el espejo. No notó la diferencia.
Al día siguiente regresó al trabajo. Su supervisor le preguntó si se encontraba bien.
–Mejor que nunca –respondió.
No era verdad. No podía dejar de pensar que aquellas plumas negras eran las primeras. Pronto, sus alas se volverían completamente grises y acabarían tornándose negras.
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Que Sánchez sea presidente es como si alguien tuviera un smartphone sin tener contratada una tarifa de datos.
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ALAS
No sé cómo empezamos a discutir. Quizá fue cuando me vio las alas. Me aseguró que no podría volar con ellas. Eran demasiado pequeñas. Comenzó a hacer complicadas cuentas en una servilleta para demostrarme que necesitaría unas alas mucho más grandes para poder sostenerme. Sus argumentos me parecieron irrebatibles.
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Descansaría en paz si no fuera por estos gusanos.
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REGALOS
Estoy harto de que me hagan regalos absurdos, extraños, inútiles. ¿Para qué demonios quiero una sombrilla? ¿O un bote para los ajos? ¿O un calendario de 1956? Cuando digo: “No tenías que haberte molestado”, no intento soltar una frase hecha. Nada de eso. Es que no debía haberse comprado esa tontería que solo sirve para llenar aún más mi armario de cosas inservibles. Sin embargo, como a pesar de mis protestas me siguen haciendo regalos absurdos, extraños e inútiles, he decidido que también yo haré regalos insensatos, raros e innecesarios. Así que aquí tienes, un diccionario klingon-sindarin. ¡Feliz cumpleaños!
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Subir de nuevo a la habitación, arrastrarme por las escaleras, recorrer el oscuro pasillo, dejar la dentadura en el vaso de agua, acostarme en la cama, escuchar los ruidos de fiesta en el piso de abajo, tratar de dormir.
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–Voy al banco.
–¿A atracarlo?
–No. Todo lo contrario. A que me atraque.
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Fui feliz un martes en que Twitter no funcionaba y mi mujer me hizo caso sólo a mí.
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El chivo protestó:
–¿Por qué no sacrificáis de vez en cuando alguna oveja? Muchas ocultan un lobo debajo de su piel.
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–¿Qué te ha traído a esta prisión?
–Una fuga que empezó bien.
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–Esa vieja no parece peligrosa.
–Pues no seré yo el que deje que me suelte un escobazo.
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Cuando Hulk se hizo mayor, se convirtió en un viejo verde.
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Envidio la brisa que te acaricia.
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Siempre rechazó enfrentarse a mí. Cada vez que la retaba, me respondía asustada: Insert coin.
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El mejor tuit es el que se queda por escribir.
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EL PEDESTAL VACÍO
Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba y contemplar el pedestal vacío. Ellos mismos fueron los que ayudaron a derribar la estatua que allí estaba. Destruyeron miles de estatuas y retratos del dictador. Confiaban en el futuro. No sabían aún que llegaría otro tirano que no sería distinto del anterior. Quizá miraban el pedestal vacío porque esperaban que algún día apareciera la estatua del nuevo dictador.
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El forense policial, después de recoger restos en la casa, dictaminó que el nihilista no había acertado con el punto de cloruro de sodio.
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Le conté mi sueño al psicoanalista. Lo único que le llamó la atención fue que imaginara un tranquilo pueblo de la campiña.
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Nunca es tarde si el tuit es bueno.
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A palabras sabias, oídos necios.
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Perro que muerde no ladra.
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Todo tiene un final menos un chorizo, que tiene dos.
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Salí disparado como una bala... No vi la ventana.
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El Príncipe Azul acabó abandonando a Caperucita Roja. Le asustaba tener un #hijo violeta.
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No conseguía dormirme. Desperté a mi marido para decírselo.
–Ponte a leer algo –me dijo.
–Pero, ¿qué?
Refunfuñando, se levantó y fue a la biblioteca. Vino con un libro.
–Toma. Inténtalo con esta novela.
Comencé a leerla. Trataba de un judío y de su mujer. Estaba ambientada en Dublín. Era un libro bastante interesante. Cuando terminé de leerlo, todavía no había amanecido.
Desperté a mi marido.
–Sigo sin poder dormir –le dije.
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Todo cambió un martes en que me arrojé por la ventana. Comprendí que era un error vivir en un primero.
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Hija, el trabajo de Expresión Artística te ha quedado muy bien, pero ¿cuándo vas a devolverme la picadora de carne?
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Cuando vio el Peón Gris comprendió porque la Reina Negra no había querido dar mate al Rey Blanco.
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La Nueva Teología sostiene que es el Padre quien está a la izquierda del Hijo.
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Apareció un colorín amarillo y el cuento no se pudo acabar.
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Era bajito, pero tenía una sombra alargada. Claro que sólo salía a pasear al atardecer.
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Cuando morí, sólo deseé una cosa: convertirme en un libro. La imaginaba hojeándome, leyéndome, releyéndome, demorándose en alguna de mis páginas. La verdad es que sí, me he convertido en libro, pero un libro que no lee, que sólo acumula polvo. A veces, la veo aburrida repasar los lomos. Nunca me han rozados sus dedos.
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La publicidad aseguraba que Texea, la muñeca de silicona, era real e insaciable. Creía que se trataba de una exageración, pero después de todo un fin de semana encerrado en casa sin salir de la cama descubrió que Texea era exactamente lo que prometía. Al cabo de dos semanas, hasta sus compañeros del trabajo advirtieron que estaba macilento. Tuvo que comprarle a Texea un dildo.
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No, este móvil tampoco me convence. No salgo guapa en los selfis
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CUARENTA Y SIETE CARPETAS
Hoy he contado las carpetas que hay encima de la mesa. Cuarenta y siete. Cada vez que mi padre entra en el despacho me dice que tengo que despejar. Ojalá pudiera. La última vez que lo intenté acabé con otras cinco carpetas encima de la mesa. En ocasiones sueño que entro en el despacho y han desaparecido todas las carpetas. Pero sólo es un sueño. No sé por qué se me acumulan las carpetas. Cuando empieza un nuevo día y no tengo nada pendiente, cojo siempre la primera carpeta de la pila. “Puede esperar”, me digo. A veces elaboro un plan para acabar con el trabajo pendiente. Apenas me dura unas horas.
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Por muchos besos que la princesa le daba al sapo, seguía siendo sapo. Se consolaba pensando que al menos era un sapo millonario.
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–No entiendo por qué debo ser el malo de la historia –dijo el lobo.
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Ocurre todos los años. Cuando llegamos a las copas, Lorenzo Romero Palacios, socio de Palacios y Sánchez-Guerrero, comienza a hablarme de las diferencias entre el derecho penal y el civil. En el bufete, él es el que se encarga de lo relacionado con el Código Penal, siguiendo la estela de su tío. Yo me encargo de todos los casos de Civil; tuve en mi padre a un buen maestro. Él me dirá que le gustaría dejar los pleitos por malos tratos, robos, hurtos, amenazas. Está cansado de ellos. Para tranquilizarle, yo le digo que me cansa estar siempre atareada con herencias, aunque no es verdad. No hay nada más que me guste más en esta vida que el sistema tributario relacionado con las herencias. Bueno, si algo que me gusta más: Lorenzo Romero Palacios. Pero no hay forma de que se entere.
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MAL HUMOR
Yo no soy como mi mujer. Yo no me planteo cumplir ningún propósito de Año Nuevo. Ella llena la nevera de post-its con sus propósitos: Aprender inglés, ir al gimnasio, comer más pescado, caminar media hora todos los días. La lista de siempre. Cuando llega el 4 o 5 de enero, comienzo a arrancar los post-its que hay en el frigorífico. Hacia el día 10, ya he acabado con todos. No lo hago porque ame a mi mujer, sino porque no soporto su mal humor.
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Me lanzo al vacío desde el piso 14 y, mientras caigo, contemplo las ventanas de los pisos 13, 12 ,11… Antes de llegar al suelo, cierro los ojos y, cuando los abro, estoy otra vez en el piso 14. Me lanzo otra vez al vacío desde el piso 14 y, mientras caigo, contemplo las ventanas de los pisos 13, 12, 11… Antes de llegar al suelo, cierro los ojos y… ¡Ya no recuerdo nada! Por fin había logrado vencer el insomnio.
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Nunca me abandona.
Siempre está junto a mí.
El vacío.
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En otra vida
La amé,
Me amó.
En otra vida
Vivimos juntos.
En otra vida
Tuvimos hijos.
En otra vida
Envejecimos.
En otra vida
Nos enterraron en el mismo nicho.
En otra vida,
No en ésta.
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Fue al psicoanalista para despejar sus miedos, pero sólo logró enmarañarlos.
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Criaturas feroces
¿Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar? No lo entienden. Eran tan felices en el terrario. Allí tenían todo lo que necesitaban: roedores, sabrosos trozos de pollo. Aquí no encuentran sino alguna rata de vez en cuando. Además, ahora viven en permanente oscuridad, temiendo lo que se esconde entre las sombras. Han escuchado a los hombres que recorren los pasadizos hablar de feroces criaturas que habitan las alcantarillas. Tiemblan de miedo sólo de pensar que podrían encontrárselas.
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Advirtió demasiado tarde que aquella bruja se alimentaba de las miradas. Cuando lo comprendió, ya estaba medio consumido.
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Me prometió un regalo que me sorprendería, que me alegraría, que me sería muy útil. No me regaló nada.
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Cuando hice un agujero al techo de escayola con el tapón del cava, mi suegro me gritó que no volviera a pisar su casa. ¡Deseo cumplido!
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No, no me he olvidado de tu regalo. Toma. Cincuenta euros con todo mi amor.
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Siempre deseo lo mismo en Nochevieja: que no me dé ninguna de las pepitas que escupe mi suegro mientras se come las uvas.
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James le dio el balón a Cristiano que, después de regatear a un contrario, levantó la cabeza y estudió las opciones. Observó a Bale desmarcándose por la derecha y a Benzema arrastrando a otro defensa por la izquierda. Decidió seguir corriendo hasta llegar a la media luna del área. Hizo otro regate y dejó atrás a Piqué, que le soltó un patadón tan violento a la altura de la tibia que le partió la pierna en dos. Cristiano quedó tendido en el suelo. El árbitro indicó que siguiera la jugada. Benzema cogió el balón y tiró a puerta. Romero desvió el balón a córner.
Sólo entonces el árbitro se acercó a Cristiano.
–¿Se encuentra bien? ¿Puede seguir? –le preguntó.
–¿Cómo cojones va a seguir? ¿No has visto que Piqué le ha partido la pierna? –exclamó Ramos, que había venido para rematar el córner y que se sorprendió al comprobar el estado de su compañero.
–Cállese –le ordenó el árbitro.
-Pero, ¿es que eres ciego?
El árbitro ya se había echado la mano al bolsillo para sacar la amarilla a Ramos. Se decidió por la roja.
–¡Me cagüen Dios!
Mientras tanto, los camilleros ya se estaban llevando a Cristiano, que no había parado de quejarse. Le dejaron tendido en la camilla.
–¿Qué hacemos con la pierna?
–Échenla también a la camilla –dijo el médico del Madrid.
Cuando la camilla salió del campo, el partido se reanudó. El Madrid sacó el córner sin consecuencias.
Cristiano y el médico llegaron al vestuario del Madrid.
–¿Te duele?
–¡Claro que me duele!
–No te preocupes. Esta noche, cuando lleguemos a Madrid, te volveré a unir la pierna al resto del cuerpo. No me fío mucho de los médicos catalanes.
Cristiano no dijo nada. De hecho, no llegó a escuchar estas últimas palabras. El tranquilizante que le había dado el médico había hecho efecto y se había quedado dormido. El médico decidió regresar al campo y terminar de ver el partido.
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Su mujer se levantó muy temprano y sustituyó el carbón por el patinete eléctrico.
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PALABRAS
No es que no me guste leer. De hecho, no hay nada que me guste más que leer. Lo que sucede es que todos los libros me parecen aburridos. No he encontrado aún el libro que me guste y eso que no paro de buscar. He visitado cientos de librerías. Abro libros, pero en todos sólo encuentro palabras, palabras y más palabras.
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Fhanhoth, el dios del caos, contempló a la muchacha que sus adoradores le habían ofrendado. Imaginó lo que sería poder besarla.
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Siempre me pongo propósitos realistas para Año Nuevo: no escribir, no dejar de fumar, no ahorrar, no ir al gimnasio.
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Al astronauta le gustaba vivir en Plutón. No tenía que preocuparse continuamente por los propósitos de Año Nuevo.
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Los astronautas de la Estación Espacial Internacional se cansaron pronto de celebrar Año Nuevo cada 92 minutos.
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SIN PALABRAS
Nadie entiende que Alfonso y yo no necesitemos hablar para comunicarnos. Los sábados por la tarde, él viene a mi casa, yo voy a la suya o nos encontramos en la calle, entre nuestros dos pisos. Comenzamos a caminar. A veces, soy yo el que entro en una cafetería y pido un café con leche y un té; a veces, es él el que entra en una cafetería y pide una manzanilla y una tila. Cuando vamos al cine, él elige la película o la elijo. En ocasiones, yo hubiera preferido ver otra película, pero me digo que si Alfonso ha elegido esa película será porque ha leído una buena crítica de ella en el periódico. Supongo que él pensará lo mismo cuando yo compro las entradas de una película que no le apetecía especialmente ver. En ocasiones, después de ir al cine, vamos a una disco o a un pub. Si hemos ido a una disco, no importa que no nos hablemos porque la música está tan alta que en cualquier caso no nos oiríamos. Precisamente, nuestra amistad se basa en esas palabras que no nos decimos. Cada uno tenemos nuestros problemas, supongo, pero cuando estamos juntos nos olvidamos de ellos.
Un día, Alfonso vino acompañado…
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Hoy me he comprado en el mercadillo unas zapatillas Niki, unos jeans Lebhis y una camiseta Dusto Calmau.
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Invertía elogios esperando que se los devolvieran con intereses. No tuvo en cuenta la deflación de generosidad.
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Todo ha fallado. El ayuntamiento ordenó primero que los coches redujeran la velocidad, pero la contaminación continuó creciendo. Después prohibió que los coches con matrícula impar circularan los días pares y que los coches con matrícula par circularan los días impares. De nada sirvió. Prohibió toda circulación rodada, incluida la de taxis. Nada. Metió en las cocheras todos los autobuses que no fueran eléctricos. Resultó inútil. A pesar de que estaban en medio un frío invierno, prohibió las calefacciones de gasóleo. La contaminación siguió. Ya no sabían qué hacer. La alcaldesa decidió…
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“Tú puedes”, me dijo. Me encerré en mi piso y comencé a escribir. Escribí y escribí y no paraba de mirar el contador de palabras. Estaba acostumbrado a escribir microrrelatos de 50 palabras, de 100, de 200 a lo sumo. Ahora me había embarcado en una novela. Alguien había dicho que escribir una novela era como atravesar el Atlántico a remo. Se quedaba corto. Era como viajar a Plutón.
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La cita a ciegas empezó con un beso en la mejilla y terminó con un estrechón de manos.
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Se encontraron en el camino. No hablaban la misma lengua. Sin embargo, los tres seguían la misma estrella.
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Discutían verticalmente, pero siempre se acababan reconciliando horizontalmente.
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–No está bien que el hombre esté solo –dijo Dios.
A Adán le hubiera gustado preguntarle por qué Él estaba solo.
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Era un extraño país en el que los niños recibían regalos una vez al año y los políticos, todo el año.
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Firmó el acuerdo de investidura y se comprometió a votarle como presidente, pero se negó a estrecharle la mano delante de los fotógrafos.
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El diluvio no sirvió de nada: se salvaron un borracho y su familia.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Mesalina

A mi madre no le gustaba Mesalina. Nunca le gustó. Siempre se estaba quejando de ella. Sin embargo, nunca sospeché que se atreviera a apuñalarla. Entró en mi dormitorio y le asestó a mi querida Mesalina una, dos, cinco puñaladas. Perdí la cuenta. Mi madre estaba como una loca. Hasta temí que siguiera conmigo. Lloré. Lloré mucho cuando vi a Mesalina tendida en la cama. ¡Qué grandes momentos habíamos vivido! Pero hay que seguir adelante. Metí a Mesalina en una bolsa y la metí en el armario. Más tarde, entré en Internet y encargué otra muñeca hinchable. A esta la llamaría Estelle.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Investigación

Intuyo que los científicos irán desapareciendo. Desde que aquella investigación tuvo éxito, sus experimentos no tienen ya ningún sentido. Después de todo, las ratas de laboratorio somos ahora infinitamente más inteligentes que ellos.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Microcuentos

Se llevó un susto de muerte cuando advirtió que el reloj de pulso se le había parado.
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–Has construido castillos en el aire.
–Soy un genio, ¿eh?
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Apenas hubo estampado su firma en el documento, Fausto se sintió rejuvenecer, hasta el punto de que pudo leer la letra pequeña. Y entonces comprendió que no debía haber firmado.
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El rey se partió de la risa. Acusaron al bufón de asesinato.
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Se odiaban tanto que no podían vivir el uno sin el otro.
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Tengo insomnio. El hombre de mis sueños me ha rechazado.
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Mi hijo se está haciendo mayor. ¡Qué orgulloso estoy de él! Ya no sólo tiene un amigo invisible, sino también una amiga imaginaria.
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El mago no pudo sacar la paloma de la chistera. Le picó furiosa.
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El conde se encontraba muy bajo de ánimo. No le encontraba sentido a su vida. A mediodía salió a dar un paseo.
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Buscando una moneda en el bolsillo, metió la mano. Continuó con el brazo y pronto le siguió todo el cuerpo.
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DUELO A PISTOLA
Hubo que recurrir al VAR para saber quién había ganado.
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PARA VENGARSE
Enviaron a la sirenita a Ítaca.
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PARADOJA
Adán pasaba los días en el jardín del Edén mirándose el ombligo.
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–¿Qué viste en él, Bella?
–Vi el casoplón donde vivía.
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Mentuhotep III resucitó y, cuando vio que los saqueadores habían robado todo el oro que había en su tumba, comenzó a lanzar maldiciones.
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La quiromántica no lo veía nada claro. Le tuvo que pedir a su cliente que se lavara las manos.
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Después de largas disputas, jordanos e israelíes se han puesto de acuerdo: el mar Muerto será por fin enterrado.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Papelera

James Salter: “Actué siempre a partir de dos necesidades: la primera era parecerme a todos, y la segunda —¿era un disparate?— ser mejor que otros. Si tenía que ser blanco del desprecio de alguien, que fuese de inferiores”.

En la puerta del Cielo, el Misericordioso trato de colarse. El Manso no aguantó más y le gritó que se pusiera en la cola.
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A la gente le gusta inventar chismes. Se te mueren cinco maridos y enseguida te llaman viuda negra.
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EL SEÑOR ALCAPARROSA
Desde que tengo memoria siempre quise ser un maniquí. Estoy tentada a decir que incluso cuando sólo era poliuretano líquido deseaba convertirme en maniquí. Luego, cuando me echaron en un molde, me imaginaba ya vestida de ropa de temporada en un escaparate, observada por cientos de mujeres que me envidiaban. Cuando mi fabricante me metió en una caja, recé para que pusiera en la dirección alguna de las tiendas de la calle Preciados, el paraíso de los maniquíes. Aún recuerdo el día en que el señor Alcaparrosa me desembaló. Pensé entonces que era el encargado de unos Grandes Almacenes. ¡Qué equivocada estaba! Me llevó a una habitación vacía y me dejó allí. A veces, entraba y se quedaba contemplándome durante un largo rato. Admito que tuve un poco de miedo. ¿Cuáles eran sus intenciones? Un día entró con una bolsa. De ella sacó unas braguitas, un sostén y unas medias, que me puso con sumo cuidado. Los maniquíes sabemos que hay gente que nos mira mal con malas intenciones. Adiviné que el señor Alcaparrosa sólo quería alejarme de miradas lascivas.
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ANTIPASCAL
Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de permanecer tranquilamente sentado y solo en una habitación.
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Mi mujer va al teatro todos los jueves. Lo extraordinario es que no hay ninguno en la ciudad.
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CAJA SORPRESA
El niño preguntó a su tía qué le había traído. Ella dijo que un coche deportivo, un trasatlántico y una nave espacial, leones y tiranosaurios, una casa de ladrillo y un castillo almenado. El niño se apresuró a abrir la caja. Dentro sólo había un estuche de lápices de colores.
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A la gente le gusta inventar chismes. Se te mueren cinco maridos y enseguida te llaman viuda negra.
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Apareció un colorín amarillo y el cuento no se pudo acabar.
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Plagió el epitafio, pero el juez sobreseyó el caso después de comprobar que denunciante y denunciado estaban muertos.
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TRES DESEOS
Cuando encontré la lámpara mágica, me propuse no abrirla hasta tener listos mis tres deseos. Luego, con las prisas, uno acaba pidiendo tonterías y, en ocasiones, se queda peor que al principio. Sí, me gustaría ser rico, joven de nuevo, guapo. Pero, ¿y sí sólo tengo derecho a un deseo? Si uno es rico, da igual que sea guapo. Miren si no a Rupert Murdoch. ¿Y para qué sirve ser rico? Yo he vivido toda la vida como pobre y no sería el momento de aprender a ser otra cosa. Y no me importaría tener otra vez veinticinco años, siempre que conservara la cabeza que tengo ahora. Con sinceridad tengo que deciros que a mi yo veinteañero le faltaba un hervor. En fin, que llevo diez años con la lámpara y todavía sigo sin saber qué deseo pedir.
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En el día antes del principio un hombre creó a Dios.
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La madrastra encontró una solución a su problema. Le ordenó a Blancanieves que rompiera aquel procaz espejo.
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Hay que pedir perdón con hechos, no con palabras.
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El Sombrerero Loco estaba fuera de sí. Esa mañana, encontró un sombrero encima de la cama y, lo peor de todo, no era el suyo.
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Cuando el espíritu santo me soltó todas aquellas tonterías, cogí mi ametralladora y me fui al monte con los zelotes
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Cuando vio al dragón, el príncipe se preguntó si la princesa merecería tal esfuerzo.
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INFIERNO
Estaba en un lugar extraño, escalofriante. Al mismo tiempo, estaba cubierto de sudor y tiritando de frío. De repente apareció delante de mí un ser de aspecto grotesco. Su piel era rojiza.
–Toma –me dijo–. Para que sepas cuando despiertes que has estado aquí.
Hizo ademán de soltar algo en la palma de mi mano, pero no me dio nada.
Al poco de desaparecer aquella extraña criatura, me desperté. Tenía la mano cerrada. La abrí. No tenía nada. Así supe que realmente había estado en el infierno.
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Le di un beso, entreabrió un ojo y, cuando me vio, la Bella Durmiente siguió haciéndose la dormida.
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Cuando me dijo que yo sería la comida, me pregunté si llegaría al postre.
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NUNCA JAMÁS
Me metí en cientos de madrigueras de conejo. Todas olían raro, por no decir que apestaban. La mayoría estaban vacías. En unas pocas encontré furiosos conejos a los que no les hizo mucha gracia que invadiera su domicilio. Sin embargo, ninguna me llevó al País de las Maravillas. Cansada, comencé a intentar atravesar espejos. Después de romper una docena y quedarme hecha un eccehomo, me di por vencida. Así, aunque no me gustan ni los piratas ni los cocodrilos ni los hombres que quieren ser niños, eché a volar desde mi ventana y me fui al País de Nunca Jamás.
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Después de contarle su sueño, el psicoanalista le dijo que sufría el síndrome de Jolstomer: el temor a ser devorado por su dueño.
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Los teólogos afirman que el infierno es la privación de la luz divina. Ocultan que esa luz es cegadora e insoportable.
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Cuando creí que había conseguido escapar, sentí que me tiraban de la cola.
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Se quitaba años: dos, cinco, diez, quince. Siempre se estaba quitando años. Nunca pudo jubilarse.
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El romance acabó cuando dejó cincuenta euros encima de la mesa.
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Mi hijo es muy listo. Si no estudia no es por que no le guste aprender cosas nuevas sino para no olvidar las que ya sabe.
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–Señora González, ¿por qué quiere divorciarse?
–Le regalé a mi marido un libro…
–¿Y?
–Dice que es demasiado mayor para aprender cosas nuevas.
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Deleznable
No entendía a mi abuelo. Se afanaba en fabricar un ninot que sólo sería visto durante unos días antes de ser quemado. Cuando le preguntaba por qué lo hacía, siempre me contestaba que ya lo entendería. Luego comencé a trabajar con mi padre y seguía sin entenderlo. La noche del 19, lloraba cuando ardía algún ninot que yo había ayudado a fabricar. Mi padre se retiró y yo me hice cargo del taller. Mi hijo comenzó a ayudarme. A veces trae a mi nieto con él. Me pregunta por qué nos afanamos en fabricar ninots que van a ser quemados. Ahora sé por qué lo hago. Él acabará descubriendo la respuesta por sí solo.
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JUICIO
Mi abogado me dijo que me tranquilizara. Hasta ese momento, todos los testimonios habían sido favorables para la mi causa. Sin embargo, no las tenía todas conmigo. El juicio había llegado a su momento cumbre. Un ayudante trajo la balanza.
–Que se acerque el acusado –ordenó el juez.
Caminé arrastrando los pies. El escriba me arrancó el corazón.
Musité unas palabras:
–¡Oh corazón mío, no te levantes para testimoniar en contra de mí!
–¡Que el acusado guarde silencio! –gritó el juez.
El escriba colocó a un lado de la balanza mi corazón. De una caja sacó la pluma de Maat, que colocó en el otro lado de la balanza.
Durante un tiempo que me pareció una eternidad, la balanza se mantuvo en equilibrio. Llegué a pensar que había pasado la prueba. Sin embargo, de repente, el lado del corazón comenzó a bajar. Miré a mi abogado para pedirle una explicación, pero estaba atareado mirando unos papeles.
Osiris tardó poco en dictar la sentencia:
–¡Que los guardias arrojen al acusado al Ammyt! ¡El siguiente!
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Como ya no saben qué prohibir, los del Daesh han prohibido la vida.
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MARINERO CON EXPERIENCIA
Cuando el capitán del Buitre Harapiento ofertó un puesto de marinero con experiencia, no lo dudé. Hice que un cirujano me cortara la pierna derecha por debajo de la rodilla y me puse en su lugar una pata de palo. Más tarde me amputó la mano izquierda; la sustituí por un afilado garfio de acero argelino. Después de dudar durante un rato, le dije que me arrancara el ojo derecho; me coloqué un negro parche en él.
Lleno de esperanzas me dirigí a la taberna del Ciervo Azul, donde el contramaestre del Buitre Harapiento entrevistaba a los candidatos. Una larga fila de cojos, mancos y tuertos esperaba. No me desanimé. Muchos marineros conservaban aún las dos piernas y las dos manos e incluso algunos ni siquiera eran tuertos. Creí que el puesto sería mío.
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–Y si no fuera martes, nos casaríamos.
–¿Eres supersticioso?
–No. Es que hay que coger un barco para llegar a los juzgados.
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Para reducir condena, el ex presidente daba conferencias en prisión sobre los efectos nocivos de la corrupción política.
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FALLAS
A media mañana, la votación apuntaba a que el indultado sería Casimiro Ferrandis, líder del Partido Liberal. Sin embargo, los jóvenes votantes de Cristina Novés, candidata de la Agrupación de Izquierdas, acudieron en masa a votar al mediodía. Parecía que él sería el ganador. Por eso, cuando a las ocho de la tarde se hizo el escrutinio final, fue toda una sorpresa que Antoni Bonig, del Partido de Centro fuera el ganador final. Cuando el presidente leyó el resultado, los aplausos resonaron en la plaza. Cristina Novés todavía lamentaba los cinco votos de diferencia con el candidato indultado. Arrastrando los pies, pensó en la propuesta que había lanzado antes de las votaciones, que se realizara una segunda vuelta. Casimiro Ferrandis pareció tomarse los resultados con más filosofía. Había sido el ganador los tres años anteriores y sabía que había forzado su suerte presentándose otra vez.
Antonio Bonig tampoco estaba contento del todo. Había ganado, pero sabía que más pronto o más tarde, el fuego le acabaría devorando.
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MI MUJER, LA BRUJA
Mis amigos no entienden que me haya casado con una bruja. Les resulta extraño que acepte que ella se suba todas las noches en su escoba para asistir a algún aquelarre. A mí no me parece nada mal. Finjo dormir cuando se marcha y luego, con tranquilidad, puedo dedicarme a lo que más me gusta: cocinar pociones mágicas en la cocina.
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Si a la película de mi vida le quitara las partes aburridas, se quedaría en cortometraje.
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CONQUISTAR EL CIELO
Al escuchar los disparos, notó una sensación nueva. Todavía consciente, el revolucionario pensó que la muerte no acabaría con su carrera política. Seguía aspirando a conquistar el cielo. Ahora más que nunca. Entre una bruma roja, vio al oficial acercarle una pistola a la cabeza. No escuchó el disparo.
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CORAZÓN GRABADO
Esperé que llegara. Treinta minutos. Una hora. Dos. Estaba tan segura que llegaría que seguí esperando hasta que anocheció. Pensé que le había pasado algo. Sí, seguro que eso era lo que le había sucedido. Regresé a casa.
Por la mañana, me levanté temprano. Buscaría el árbol donde él había grabado un corazón con su nombre y el mío dentro. Me había dicho que nuestro amor sería para siempre. Tuve que caminar mucho. El árbol estaba cerca de la orilla del río. Comencé a buscarlo. Pensaba quedarme junto a él hasta que apareciera. Era el árbol donde había quedado marcado nuestro amor.
Creí encontrarlo. Me acerqué. Sí, allí estaba su nombre, pero no aparecía el mío. Seguí buscando y encontrando más nombres grabados: Clara, María, Lorena, Alejandra. Tardé mucho en encontrar el álamo en el que él había grabado mi nombre. Lo golpeé hasta que no pudo leerse. Entonces regresé a casa.
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Murió ahogado en todas las lágrimas que hizo derramar.
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Cuando cumplió los 16, el jeque le regaló a su hijo un Ferrari, un apartamento en Dubai Marina y 200.000 seguidores en Twitter.
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Su madre no terminaba de creerse que allí, encerrado en su habitación, pudiera tener alguna vida social.
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MUJERES INDIAS
Pillamos a los indios totalmente desprevenidos. Los masacramos sin piedad. Fue una victoria tan fácil que resultó incluso deshonrosa. Les quitamos sus armas e intentamos llevarnos a sus squaws, pero éstas se defendieron a mordiscos y arañazos. Cuando regresé a casa, mamá me preguntó si me había atacado un gato.
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¿No resultarían más creíbles los arrepentidos si se arrepintieran antes de que los pillaran?
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–¿Quién gana?
–Ninguno… Unos pierden más despacio que otros.
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Cuando el escorpión le pidió a la rana que le ayudara a cruzar el río, ésta, que era muy leída, se opuso. El escorpión, que también había leído la fábula del escorpión y la rana, trató de convencer a la rana. El batracio, una criatura tan mansa como todos los de su especie, acabó aceptando.
Durante la travesía, la rana esperó en todo momento que el escorpión le clavara su aguijón. Sin embargo, el escorpión no lo hizo. Llegaron sin complicaciones a la otra orilla. La rana se sinceró.
–Creí que me ibas a clavar el aguijón. Después de todo, está en tu naturaleza.
–También está en mi naturaleza no morir ahogado –respondió el escorpión.
Y sólo entonces, cuando pisaba de nuevo tierra firme, le clavó el aguijón a la incauta rana.
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Cambié de nombre. Resultaba ridículo que un vaquero se llamara Marion Morrison.
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ROMPER UNA LANZA
La Asociación de Viudas entró en la tienda del Caballero, que descansaba en la cama antes del siguiente combate.
–¿Romperías una lanza por nosotras? –le preguntaron.
El Caballero, que tenía ganas de descansar les dijo que sí, que lo haría. Dicho y hecho. Llamó a su escudero y le dijo que rompiera una de sus viejas lanzas.
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Fracasamos con el calamar, el monstruo submarino, los murciélagos. Sólo conseguimos que gritara cuando le enseñamos el bebé.
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Inició un complot contra sí mismo que inevitablemente fracasó.
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Es un consuelo saber que, aunque piense cada vez menos en ella, no por eso me ignora más.
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Don Corrado, al que le gustaban las tradiciones, se sintió mal cuando las quebrantó muriendo en la cama.
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Desde que Hacienda me investiga, me siento protagonista de una película de Al Capone.
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EL ENCARGO
Marco acababa de pedir a la camarera que rellenara el café cuando un joven se sentó enfrente. Su rostro le resultaba vagamente familiar. Trató de ignorarlo. El joven sacó una revista del bolsillo de la chaqueta y la dejó encima de la mesa. Sin pronunciar una palabra, se levantó y se fue. Marco terminó el café de un sorbo, pagó la cuenta, dejando una generosa propina, y cogió la revista. Salió a la calle caminando tranquilamente de vuelta a su piso.
Sacó el sobre que había escondido entre las hojas de la revista. Lo abrió. Contenía cinco mil dólares. Los contó morosamente. Luego, desdobló el trozo de papel que también estaba en el sobre. Leer el nombre allí escrito le causó cierta sorpresa. Durante unos instantes, pensó que era una broma. Sin embargo, después de pensarlo un rato, decidió que no, que no era una broma. Encendió un cigarro y comenzó a pensar en el encargo. Desde el primer momento descartó el ahogamiento, un sistema que le gustaba mucho. También desechó la pistola. Encontró pronto la solución.
Volvió a meter los cinco mil dólares en un sobre y escribió en él la dirección de su hermano en New Jersey. Pensó en escribir una carta, pero no lo hizo.
Después de echar la carta en el buzón, se metió en una boca de metro. Se fumó un cigarrillo mientras veía pasar hasta dos trenes. Trató de no pensar en nada. Después de aplastar la colilla con el zapato, se acercó a la vía. Esperó a que el tren se acercara. Casi no sintió nada.
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El suicida se colgó del cable de la luz. Murió la luz de todo el bloque.
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LOS CAROLINGIOS
–Mi padre se llama como yo, y yo me llamo como mi hijo. Mi nieto se llamaba como su padre…
–¿Ha muerto?
–No. Se cambió de nombre.
–¿No le gustaba Carlos?
–No sé. Ahora se hace llamar Carla.
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Don Juan Tenorio, sorprendido cuando entraba en un prostíbulo, dijo que sólo había acudido allí para hacer sexo de mantenimiento.
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Me venció, es decir, me convenció de que yo era el más débil.
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¡Qué gran cocinero! ¡¡Extraordinario!! Ha conseguido que este caballo sepa a sushi.
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En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no logro olvidarme…
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Desde que abría una botella de cava y se la bebía antes de salir de casa, no encontraba aburridas las reuniones con sus amigos.
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¿Comprenderán alguna vez todos los electores que votar a un corrupto es lo mismo que comerse un plato de mierda?
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–¿Habéis encontrado algo?
–Hemos revisado todas las vísceras, todos los huesos, todo y hemos descubierto que no estaba enfermo.
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Se sentó en la primera fila de escaños y, como no hubo forma de echarle de ahí, tuvieron que nombrarle ministro.
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Cuando Hitler consiguió subir a la tribuna del Reichstag, gritó al resto de diputados: “¡He venido a hablar de mi libro!”
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El tribunal le condenó a devolver los 50 millones, el chalé en Baqueira, el piso de Oropesa, el Ferrari y todos y cada uno de los pelos que le habían implantado.
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Construyeron un templo enorme, gigantesco. Miles de personas cabían en su interior. Sin embargo, nunca llegaron a inaugurarlo. No encontraron un dios al que adorar.
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El smartphone que me ha regalado mi tío lo tiene todo: pantalla de 5 pulgadas, memoria RAM de 2 gigas, 16 gigas de almacenamiento interno, sistema operativo Android 5.1, cámara principal de 16 megapíxeles, cámara frontal de 5 megapíxeles, procesador de 8 núcleos… Una maravilla que, sin embargo, no me sirve para nada pues, por mucho que lo intento, no puedo sacarme un selfi. El teléfono puede ser muy inteligente pero no consigue capturar la imagen de un vampiro.
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En la nota escribió que aunque había sido un escritor frustrado no sería un suicida frustrado.
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Aquel martes me desperté contigo. Te preparé el desayuno y, esta vez, eché una doble ración de arsénico en el café.
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Tuve una pesadilla horrible: ¡no podía volar! Cuando desperté, lo primero que hice fue sacudir las alas.
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Pronosticó que después de él se produciría un diluvio. Sin embargo, cuando murió, el clima siguió como siempre.
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La parte que más le gustaba al maorí era aquella en que el sacerdote decía: “De modo que ya no son dos, sino una sola carne”.
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Antes de acostarme, siempre leo diez o quince páginas de Lovecraft para tener hermosas pesadillas.
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Sinceramente
de ti me gusta todo,
salvo tú, todo.
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Sólo quedaba un sitio libre en el Panteón de Hombres Ilustres. Suficiente.
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No había forma de que nos entendiéramos. A mí me gustaba por la noche; a ella, por la mañana. Tuvimos que pedir cita con el consejero matrimonial. Nos dijo que todo nos iría bien si estuviéramos separados por ocho husos horarios.
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Era un albañil rápido, pero descuidado. Un día olvidó dejar hueco para la puerta y se quedó encerrado en aquella habitación para siempre.
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Se enfadó cuando encontró a alguien más izquierdista que él. Afortunadamente, era un desviacionista de izquierdas.
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Le dije que tenía piel de manzana. Me peló antes de comerme.
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De vez en cuando la vida nos regala una gota de alegría que se pierde en el mar de lágrimas.
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Era el más humilde y austero de los cardenales. Para ponerle a prueba, le hicieron Papa.
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Doña Rosa comprendió que, si seguía quitándose años, nunca llegaría a la edad de la jubilación.
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El dictador levanta estatuas para que los que no se atreven a atacarle en vida se consuelen derribándolas cuando esté muerto.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Verne

Cogí un grueso volumen y emprendí el viaje. No sé si duró ochenta días o cinco semanas; perdí la noción del tiempo. Me subí a una extraña máquina que se llamaba –no lo recuerdo bien– Nautilus o Albatros o simplemente Gigante de Acero. Recorrí leguas y leguas, por lo menos veinte mil, aunque quizá fueron más. Navegué por debajo del mar y atravesé el interior de la tierra. Me encontré a hombres y bestias antediluvianas. Atravesé el Ártico, el África austral y la Antártida. Rocé la Luna. Visité, en verdad, todos los continentes. Estuve bajo muchas banderas. Conocí a princesas y a tiranos, a muchos locos. Llegué a la última página. Y estaba de vuelta a mi habitación.

sábado, 1 de diciembre de 2018

La última batalla

Anoche se acostó tarde respondiendo cartas. Por la mañana se levanta temprano. Se toma un café cargado para desperezarse. Comienza a dar órdenes a sus ayudantes. Monta a caballo. Recibe al representante del ministro de Justicia. El ruido no le permite oír lo que le dice. Acaba despidiéndolo malhumorado. Los generales esperan órdenes. Les grita que tienen que avanzar. Siempre avanzar. El embajador de Turquía quiere una entrevista. Le ruega que espere. Su caballo cae al suelo. Rápidamente le entregan otro. Sigue dando órdenes. Recuerda que tiene que dictar una carta a la emperatriz. Alguien grita que llegan los prusianos. Pregunta dónde demonios está Grouchy. No saben responderle. Mientras comienza la retirada, dicta una carta al ministro del Interior. Napoleón aún no es consciente de que ha sido derrotado en Waterloo.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Llevar la relación adelante

   La primera vez que la vi sentí un escalofrío. Ella, sin embargo, no mostró ninguna emoción. Tuvieron que pasar dos o tres noches antes de que me atreviera a dirigirle la palabra. Me acostumbré pronto a saludarla cada vez nos cruzábamos por el pasillo; ella tardó unas semanas en responderme. Al poco entablamos breves diálogos, intrascendentes.
   Ha pasado ya un mes. Quizá más. Supongo que ha llegado el momento de llevar la relación adelante. Le preguntaré cómo es que tiene un puñal clavado en la espalda y supongo que tendré que explicarle por qué llevo la cabeza debajo del brazo.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La pistola

En el primer capítulo, el escritor hizo una descripción del despacho del protagonista. Dominaba la habitación un gran escritorio. Había una pistola escondida en el fondo del último cajón. En el segundo capítulo, el protagonista era abandonado por su mujer. El escritor no dejaba de pensar en la pistola. ¿Por qué estaba allí? En el quinto capítulo, el protagonista sufría un accidente y era hospitalizado. En el séptimo capítulo, se casaba con la enfermera que le había cuidado. El escritor seguía obsesionado con la pistola. ¿Qué hacer con ella? Cuando estaba escribiendo el capítulo once, no aguantó más: el escritor sacó la pistola del cajón y se descerrajó un tiro en la cabeza.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Papelera

Vladimir Nabokov: “Sólo las nulidades ambiciosas y los mediocres cordiales exhiben sus borradores. Es como hacer circular muestras de la propia saliva”.

MISÁNTROPO
–Sea feliz.
–¿Cómo se atreve a darme órdenes? Sepa que no voy a volver a este supermercado.
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–Y bien, Plácido. ¿Qué vas a querer?
–Escribir un microrrelato de Julio Torri.
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Un Airbus, un Falcon y un helicóptero llegan a Valladolid y se baja Pedro Sánchez.
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2050
–GT-47A, me apetece un poco de sexo oral.
–Lo siento, ama: mis baterías están a un cinco por ciento y su saldo eléctrico diario está a cero.
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Hacía semanas que no conseguía escribir. No se le ocurría nada. Encontraba dolor e injusticia en su situación. Sin embargo, no desesperaba. Después de todo, siempre había tenido espíritu de superación. En el futuro haría como otros grandes escritores. Plagiaría.
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Al abogado me dijo que me haría un precio de amigo. Cuando llegó la factura por correo, comprendí por qué no tenía amigos.
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–¿Por qué no me has despertado? ¡Voy a llegar tarde!
–No, no te voy a permitir que llegues.
–Eres un mal amigo.
–Todo lo contrario: soy un buen amigo. Y por eso no voy a permitir que te cases con Yolanda.
–¿Por qué? Si supieras lo buena que es en la cama.
–Lo sé.
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Los oímos ladrar, luego no estamos sordos.
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EL ÚLTIMO GOLPE
Cazó al cazarrecompensas que quería cazarle, y obtuvo una recompensa de siete mil millones de créditos. Ahora sí que podía retirarse.
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Mi hija me hizo una solicitud de amistad en Facebook. La rechacé.
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El viernes siguiente al cuarto jueves de noviembre es un día de acción de gracias para los pavos: ¡han sobrevivido!
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–¿Qué comes, Eva?
–Una manzana.
–¡Qué original!
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La liebre, que era muy lista, se echó a dormir. Así pues, la tortuga llegó primera a la meta. Allí sucedió lo inevitable: la convirtieron en sopa.
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Es ornitólogo: se dedica a liquear tuits.
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WILD WEST SAGA
No encontré a nadie a quien retar. Tuve que jugar solo. Encontré un problema inesperado y no recibí ninguna ayuda porque el foro estaba muerto. Habría sido mejor que no hubiera encendido el ordenador. El 24 de diciembre fue un día de mierda.
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–Allí, a babor, hay alguien.
–Sí, ignórale.
–Pero ¿quién es?
–El capitán Hollness.
–¡El capitán Hollness! ¿El mismo capitán Hollness al que su tripulación arrojó al mar hace ciento cincuenta años?
–Chis, no levantes la voz. Ignórale y no pasará nada.
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La ministra de Transición Ecológica, que quiere descarbonizarlo todo, ha prohibido el Steampunk.
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–¡Qué oreja más grande tienes!
–Es que soy una rata de laboratorio y un científico tarugo encontró útil y necesario injertarme una oreja en la espalda.
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–Mami, ¿ahora vienes?
–Sí, ahora.
–¿Y por qué llevas esa ropa?
–Pues porque… soy Catwoman. Pero no se te ocurra decírselo a tus amiguitos.
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Presentó a la exposición un cuadro totalmente pintado de blanco. Sorprendentemente le acusaron de plagio.
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–McCurry murió a consecuencia del fuego amigo.
–¿Sí? ¿Cómo fue?
–Una bomba inteligente cayó en su pozo de tirador.
–¿Una bomba inteligente?
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–Saulo, te puedo asegurar que Jesús nunca dijo estas cosas.
–Calla, Pedro. ¿Qué sabrás tú?
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–Tengo un sueño –me dijo.
Y me abandonó.
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–¡Qué niña más bonita! Dime, ¿quieres que te regale algo?
–Una ovejita.
Por lo que parece, Van Gogh la entendió mal.
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No consiguieron jurados suficientes para juzgar a Caín. Fue dejado en libertad.
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Cae una manzana. Newton deja a Dios desnudo.
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HIBRIS
–Que un jinete vaya a Atenas para informar de nuestra victoria.
–No, no, Milcíades. Yo iré corriendo.
–Pero Filípides, Atenas está a más doscientos estadios.
–¡Bah! Un paseo para mí.
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–¿Qué le pasa? ¿Por qué tiene esa cara?
–Mire, mire.
–¿Quién es esa?
–Se supone que mi novia.
–¡Vaya foto que le ha enviado! Esa mujer quiere tema.
–Precisamente. ¡Qué poca vergüenza! No quiero tener como novia a una mujer que me envía fotos en ropa interior por WhatsApp.
–Sí, tengo que darle la razón: es una desvergonzada.
–Voy a cortar con ella.
–Bueno, ya que usted no quiere ser su novio, ¿no le importaría darme su número?
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TALIÓN
Tu ambición no tenía límites: querías dominar el globo terráqueo. Nos ha costado decidir qué pena te aplicaremos. Éste será tu castigo: serás encerrado en una esfera de vidrio y lanzado al espacio.
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–El martes vi un delfín, ciudadano Robespierre.
–Imposible, ciudadano Billaud. Le puedo asegurar que el único delfín que queda en París es el que aparece en el libro de Buffon.
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–¿Qué lee, amigo?
–Un libro interesante y divertido: Los relámpagos de agosto. ¿Ha oído hablar de él?
–Por supuesto. Yo lo escribí.
–¿Cómo? ¿Usted es Jorge Ibargüengoitia?
–El mismo.
–No puede ser. Usted…
–Sí, sí. Ya sé lo que va a decirme. Pero le puedo asegurar que estoy tan muerto como usted.
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El Ave Fénix no ha podido resurgir de sus cenizas: las mezclaron con otras en el crematorio.
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–¿Funcionó la bomba proctofiana?
–El ensayo fue todo un éxito: el planeta quedó totalmente destruido.
–Un periodista que asistió a la prueba ha publicado que allí había vida inteligente.
–¿Vida inteligente? ¡Quia! Nuestros científicos aseguraron que el planeta sería inhabitable en tres eones.
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Mira, Nuria, somos amigas desde niñas. Hemos compartido bolis, blusas, lápices de labios, pero, te repito, no compartiré a Lucas contigo.
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Escribía cuentos de humor negro: le acusaron de racista.
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–¿Qué le parece, señor Dumas?
–Maquet, esta novela es muy original. Le felicito. Le daré algunos arreglos y me haré de oro con ella.
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Pero, Jesús, ¿ahora que habíamos conseguido ponernos de acuerdo con la herencia de Lázaro nos haces esto?
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Llegamos a donde nadie más llega: limpiamos cristales de rascacielos. Ya no tendrá que preocuparse más: estamos especializados en retirar telarañas de Spider-Man. Dejamos su edificio como una patena. Llámenos al 555 46 78.
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Escribo como Borges cuando sueño, como Bartleby cuando estoy despierto.
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–Dame la lista de los que van a ir.
–Está bien. Juan Carlos Aranda, Pedro González, Nuria Navarrete, Aragorn Martínez...
–¿Puedes repetir?
–Aragorn Martínez.
–Sudamericano, ¿no?
–Aragorn era hijo de Arathorn y se casó con Arwen. Fue coronado rey de Gondor después de la batalla de los Campos del Pelennor.
–Ah, vale. A los padres les gusta Juego de tronos.
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–Hoy me he encontrado al marqués de Sade.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo le va?
–Estaba fastidiado y molesto.
–¿Por qué?
–Pasó el jueves en casa de madame de Carman.
–¿Esa masoquista?
–Exactamente. Sade me dijo que el jueves fue un día de mierda.
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–Como amigo tuyo te recomiendo que no sigas con Yolanda.
–¿Por qué? Si supieras lo buena que es en la cama.
–Lo sé.
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La ministra de Transición Ecológica ha lanzado un severo aviso a los Reyes Magos: serán sancionados si traen carbón a los niños.
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Después de cinco meses de discusiones, los negociadores llegaron por fin a un acuerdo: la conferencia de paz se celebraría en torno a una mesa rectangular.
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Cuando Gregorio Samsa despertó después de un sueño intranquilo, la gigantesca mantis todavía estaba allí.
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¡Qué mal huele allí dentro! La criada abre la ventana para que se airee la habitación. Le deja solo. Gregor mira el cielo azul. Siento un irrefrenable deseo de echarse a volar. Despliega las alas. Desaparece en el cielo de Praga.
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Comenzó a hablar:
–Os prometo que os llevaré de vuelta a Inglaterra y que allí moveré cielo y tierra hasta conseguir que ese traidor de Christian sea castigado. ¿Estáis conmigo?
Claro que estaban con él: el capitán Bligh los tenía en el bote.
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–¿Cómo te fue la cita con Carlos Luis?
–La cinta en sí nada mal, pero he decidido no verle más.
–¿Por qué?
–Me preocupan sus rarezas.
–¿Rarezas?
–Dice que le gusta prepararse bocadillos de salchichón con Nocilla.
–¡Puaf!
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Vladimir Nabokov soñó que, después de una ardua persecución, conseguía atrapar una extraña maravillosa. Cuando despertó, el libro de Chuang Tzu seguía en la mesita de noche.
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Esa situación, amigo mío, habría traído en el futuro más y más dolor. Tuve que asistir a cursos de superación personal para aceptarlo: Clara Orozco nunca sería mía. Ahora bien, consideraba una injusticia que fuera tuya. O de nadie. Compréndelo. Tenía que decírtelo antes de matarte a ti también.
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–Yo soy tu amigo.
–Vale, don Leandro, pero yo no le pongo la mano en la rodilla a mis amigas.
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SUPERHOMBRES
No tengo dinero para tener un traje como el de Iron Man o Batman. No procedo de un planeta lejano como Superman, ni he sido elegido por un anillo de poder como Linterna Verde. No me ha picado una araña como Spider-Man, ni he inventado ningún brebaje especial como Ant-Man. ¿Soy un infrahombre?
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–Nikia, sueño contigo todas las noches.
–Pues tendré que cobrarte la tarifa nocturna.
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GÉNESIS
Mi mujer y yo estábamos comiéndonos tranquilamente una manzana. Y nos pillaron desnudos.
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La suya es una historia de superación. Ha dominado la injusticia y el dolor. Nunca ha dejado que ninguna situación le hunda. Siempre ha afrontado el futuro con decisión. Demos un fuerte aplauso al conferenciante de esta noche, el doctor Martín Ort. Eh, ¿dónde se ha metido?
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Para conservar su amistad de infancia, nunca más quedaron a tomar café con sus maridos.
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Mira, Mónica. Soporto vivir sin leche y sin gluten y no me importa que seas vegana. Aunque me gustan los gatos, acepto que acojas en nuestro piso a perros sin hogar. Me da igual que me obligues a acudir a todas las manifestaciones que organizan las dieciséis organizaciones en las que militas. He logrado sobreponerme al hecho de que no te guste Big Bang ni Juego de tronos. Me parece bien que compres en comercios de barrio y en tiendas de comercio justo. No me preocupa vestir ropa de segunda mano. Pero todo tiene su límite, Mónica. No voy a permitir que te conviertas en besadora voluntaria, por mucho que me digas que hay mucha gente necesitada de afecto y calor humano. No, por eso no paso, Mónica. Si ni siquiera me has dejado que te dé nunca un beso con lengua.
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BAEZANISTA
–¿Cómo se llama?
–Carlos Souto.
–¿Souto? Estamos en Baeza. Soto.
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–¿Y de qué habláis tu amigo y tú?
–¿De qué vamos a hablar? De nada. Si habláramos, no seríamos amigos.
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PARADOJA
Lamento informarle de que una bomba inteligente cayó donde estaba su hijo. Una lástima. Fue víctima del fuego amigo.
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50 PALABRAS
–Me parece increíble. ¿Cómo puedes escribir micros de 50 palabras?
–50 palabras son muchas palabras. Con 50 palabras se puede decir mucho. 50 palabras son las que habré cruzado con mi madre en los últimos cinco años. Este micro, por ejemplo, tiene menos de 50 palabras.
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–¿A quién trae?
–A Krats Into.
–Kali Matafrua. Kolem Mot. Aquí está. Krats Into. Recompensa a pagar por traerlo vivo: 5.000 yuanes.
–¿5.000? ¡Qué miseria! Con las molestias que me ha causado. ¿Cuánto cuesta muerto?
–4.500.
–Espere un poco… Ya está. Deme 4.500 yuanes.
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–Mi mejor amigo se ha casado.
–¿Y qué has hecho?
–He ido a una tienda de mascotas.
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–El martes vi un delfín, doctor.
–¿Y…? A una ballena como usted no puede asustarle un simple delfín.
–Es que quizá él no sepa que soy un cetáceo. ¿Y si me confundiera con una sardina?
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Formamos equipo un martes y comenzamos a escribir. El jueves abandonamos la idea de garrapatear una novela y nos conformamos con terminar un cuento. El domingo decidimos que lo mejor sería escribir un microcuento y separarnos.
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Cuando el ministro del Interior leyó las transcripciones de las escuchas, descubrió que el presidente del Gobierno no era su amigo.
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¡Qué orgulloso estoy de mi hijo! Ha madurado. Ya no tiene un amigo invisible, sino una amiga imaginaria.
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–¿Y esos bostezos?
–Me queda menos de un cinco por ciento de batería antes de irme a la cama.
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El lobo se puso una piel de oveja y se confundió entre el rebaño. El problema surgió cuando el pastor se puso a ordeñar.
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–Su colección de cuentos y relatos me está gustando. Dígame, ¿cuáles son sus autores preferidos?
–Jorge Luis Borges.
–Muy bien.
–Stephen King.
–¿Stephen King? ¿Se refiere a… Stephen King?
–Y Charles Bukowski.
–Uf. Me temo que nuestra editorial no puede publicar su libro.
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No comparten frontera, por lo tanto son países amigos.
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–¿Y usted que ha estudiado?
–Economía Internacional en la Universidad Presidente Sánchez.
–Es decir, nada.
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Leticia Dolera ha publicado un comunicado en el que indica que la heteropatriarcalidad del cine español le ha obligado a despedir a Aina Clotet por estar embarazada.
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Tenía ciento cincuenta y tres amigos en Facebook, pero sólo uno liqueo su nota de suicidio.
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Para viaje largo y difícil, el que va del lunes al viernes.
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¿Por qué me miran así? Soy un ejemplo de superación. Esta situación me había traído mucho dolor. Considero una injusticia que ninguna de ellas me amara realmente. Por eso las maté. En el futuro no me dejaré engañar tan fácilmente. Y eso es todo lo que tenía que decir. Cuando usted quiera, señor verdugo.
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–¿Quieres que te dé un ejemplo de palíndromo?
–Vale.
–Dábale arroz a la zorra el abad.
–Eso es más bien ejemplo de maltrato animal.
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Soy tan tonto, pero tan tonto que no tengo paga.
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Desde que es presidente del Gobierno, ha cambiado Facebook por Twitter: le importan más los seguidores que los amigos.
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Formamos equipo un martes. El domingo, después del 0–9, decidimos disolvernos.
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–A ver, explíqueme por qué está en contra de la separación de Iglesia y Estado.
–Soy católico y, como católico, no puedo estar a favor del divorcio.
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TIERRA 999
El villano le dio un fuerte golpe en la cabeza. Cuando Z-Man despertó, descubrió que estaba en un universo paralelo. Allí no servían sus superpoderes. Era un hombre normal. ¡Qué extraño se sentía! Sin embargo, le acabó gustando aquel sitio. Allí no había superhéroes, pero tampoco supervillanos.
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El megavillano cazó al cazarrecompensas, y obtuvo una recompensa de siete millones de créditos.
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–Esta noche pasaremos cerca del cabo Morant.
–Sí, lo sé.
–Es para advertirte. Quizá veas en el mar a alguien.
–¿A alguien? ¿A quién?
–Al capitán Hollness.
–¿El capitán Hollness? ¿No fue abandonado en el mar por su tripulación hace ciento cincuenta años?
–Precisamente. Ignórale.
–¿Que lo ignore?
–Sí.
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Estábamos solos en casa, terminando un trabajo de la facultad; el profesor nos había pedido que hiciéramos un trabajo gonzo. Repentinamente se abrió la puerta. Eran los padres de Nuria. Nos pillaron desnudos.
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Gonzalo aullaba herido en tierra de nadie. Cuando el teniente preguntó si un amigo podía ir a recogerle, Lorenzo se hizo el despistado.
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EL COLMO
Rodrigo Javier, que es eyaculador precoz, ha tenido un hijo sietemesino.
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EMPÁTICO
Siente por un instante impulsos de dar el paso y dejar todo, pero llueve y hace frío. ¡Qué faena para la policía y los sanitarios! Quizá mañana, si hace bueno, salte por la ventana.