sábado, 4 de abril de 2020

Papelera

Andrzej Sapkowski: “Contemplar el abismo me parece una estupidez supina. Hay en el mundo un montón de cosas mucho más dignas de contemplar”.

El sublime emperador Ji Bian no sabe si enviar a Chuang Tzu al manicomio o al mariposario.
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La zorra dice que, mejor, dejará las uvas para Nochevieja.
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AGORAFOBIA
No puedo observar el cielo: me da miedo contemplar tal abismo.
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Señor Dick, vamos a publicar su novela, pero es demasiado larga. Tiene que acortarla. ¿Podría quitarle uno o dos estigmas a Palmer Eldritch?
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Sufre insomnio. Se ha peleado con la mujer de sus sueños.
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–¿Por qué estáis siempre besándoos?
–Porque no tenemos nada que decirnos.
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¿Escarabajo, Gregorio? Podrías haberte convertido en… no sé… un abogado de éxito.
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–Vengo a ver a Gregor.
–¿A Gregor? ¿Quién es usted?
–Soy Marika, Marika Bürstner, la novia de Gregor. ¿Puedo verlo? ¿Dónde está?
–No, no puede verle.
–Pero ¿dónde está? Quedamos en vernos en el café Imperial. No acudió.
–Gregor está enfermo. No puede recibir visitas.
–¿Está en el hospital?
–No, no. Está aquí, en su habitación.
–Voy a verlo.
–No, no lo hagas. Se ha convertido en un… monstruoso insecto.
–Me da igual. Yo estoy tan sola.
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–Me estás estigmatizando.
–Pero si sólo te he dicho que te quites el pijama.
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Según el experto del Gobierno, la pandemia que aseguró que nunca llegaría ya casi se ha ido.
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Antes de que sus padres despertaran, Grete Samsa llamó a control de plagas.
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Grete Samsa, que a diferencia de su hermano era alguien con iniciativa, se apresuró a llamar a control de plagas.
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Roads, Rhodes, Rhoades…
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–Señor Barnum, contratarle le costaría sangre, sudor y lágrimas, ¿no?
–¡Quia! Contratar al conde sólo me costó sangre.
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–Verdugo, ¿por qué has marcado a la presa con una L?
–L de ladrona, señoría.
–Era una adúltera. Tuviste que marcarla con una A, zoquete.
–¿Acaso no robó el buen nombre, la tranquilidad de su marido?
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Eclipse a ese hombre montado en un burro, mi querido autor, pero no a ese excelente jinete.
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El coleccionista compró los zapatitos de bebé de Hemingway.
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A Penélope, decente y casta, le enfurece que la comparen con la señora Bloom, frívola y casquivana.
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Soñó que había ido al cielo y que, para demostrarle que había estado allí, le regalaban una rosa. Por la mañana, cuando despertó, encontró sobre la cama un puñado de ceniza.
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–Lola, ¿podríamos…?
–No, no…
–Pero si no sabes lo que te iba a proponer.
–Me da igual. La respuesta es no.
–Pues entonces, de acuerdo. Te iba a preguntar si podríamos dejar de vernos de esta manera tan extraña, tú corriendo y yo persiguiéndote hasta conseguir acorralarte.
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José repudió a María cuando leyó el Evangelio.
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Mi mujer vio en el móvil mi rostro y el cuerpo desnudo de su amiga Laura. Mi matrimonio fue destrozado por aquella foto simultánea.
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KARMA
Chuang Tzu pasó el domingo cazando mariposas. Por la noche tuvo una terrible pesadilla.
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Es tan feliz: cien hombres atentos a ella. Por la mañana, mira el mar azul, las ligeras olas. Levanta su voz para lanzar una plegaria a Poseidón. Le pide que su regreso no se apresure, que su navegar sea largo. Penélope no añora a su marido.
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Si Pedro no hubiera negado a Jesús, otro gallo cantaría.
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El pez estaba con la mosca detrás de la oreja.
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Los optimistas, resentidos, llaman pesimistas a los realistas.
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Regué mi planta un martes. Comenzó a crecer hacia el cielo. La habría escalado si no viviera en el infierno de la acrofobia.
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Gaia ha tratado de protegerse, pero hasta ahora no ha tenido éxito. La peste antonina, la viruela, la Peste Negra, el sudor inglés, el ébola, el baile de San Vito, el cólera, las vacas locas, el VIH, el Covid-19 no han conseguido acabar con la pandemia que la asola: la humanidad.
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Los pechenegos empujan a magiares y kabares. Magiares y kabares empujan a los búlgaros, que se encogen, y a los alemanes, que les aplastan.
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El crítico destrozó el libro electrónico.
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Durante el saqueo e incendio de la villa, los godos destruyeron un ejemplar de la Germania de Tácito, donde se dice que los godos son los más civilizados de los bárbaros.
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Eclipse de luna en el peor momento: el hombre lobo fue derrotado por el audaz jinete.
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La Muerte tenía prisa. Tuvimos que jugárnosla a cara o cruz.
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Cuando Pincus llegó al infierno, Malthus le dio la bienvenida.
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Gregorio Samsa se puso a leer Las metamorfosis de Ovidio en la cama. Tuvo un sueño intranquilo.
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Tranquilos, troyanos. No os vamos a engañar. No hemos venido a recuperar a Helena. No vamos a mataros. No vamos a robar todo lo de valor que tenéis. No vamos a incendiar vuestra ciudad. No vamos a violar a vuestras mujeres ni a convertirlas en nuestras concubinas. No vamos a mancillar vuestra memoria.
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El último hombre vivo en la Tierra está sentado en su casa. Llaman al timbre. Inquieto, se acerca a abrir. Le han echado una nota por debajo de la puerta. Pone: Quédate en casa.
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PARADOJA
Lo que mejor recuerda de su viaje es lo que no vio.
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En el kit de supervivencia encontró el Ulysses de Joyce, Santuario de Faulkner, la poesía completa de Góngora y las obras completas de Kant y Hegel. No sobrevivió.
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Regué mi planta un martes. Sí, ya sé que es un poco absurdo regar una planta artificial, pero es que mi vecino estaba haciendo abdominales en su balcón.
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Mi partida contra la Muerte duró una semana. Perdió, sí, pero durante una semana no murió nadie.
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El caballo cabeceó. Alejando cayó al suelo y se rompió el cuello. Filipo II fue sucedido por su segundo hijo, Filipo III, que sufría discapacidad intelectual. Macedonia se disgregó entre distintos nobles.
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COMO UN HOMBRE
Laura Ruiz-Palau siempre fue una pionera en la lucha contra la desigualdad. Continuamente criticaba las leyes de nuestro país: decía que el derecho positivo era negativo para las mujeres. Defendió en muchas ocasiones, pro bono, a empleadas que sufrían la plaga de la brecha salarial. En nuestro bufete, consiguió acabar con la desigualdad: a todos los letrados se les daba la misma oportunidad de ascender, independientemente de su género. Sobre todo, llevaba con orgullo haber sido condenada por apropiación indebida y desfalco.
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El informe del forense resultó concluyente: fue el médico.
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El señor Samsa sabe bien que su hijo no se ha convertido en una cucaracha, sino en un zángano.
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Regué mi planta un martes. La aboné. No sirvió de nada. Era de plástico.
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Aprovechando la situación, estoy pensando hacerle un ERTE a mi musa.
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No resultó difícil controlar la pandemia de tuiteros críticos. Todos fueron bloqueados.
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Ha llegado la hora de volar tranquilo. Los matadragones están todos confinados por alguna extraña razón. Hace tiempo que no se siente tan feliz, tan libre. Lástima que esté un poco enfermo: le duele la garganta, no puede escupir fuego, tiene tos, le cuesta respirar…
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TALIÓN
Le robó su infancia a un niño. Hammurabi decretó que le quitaran su vejez.
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Chuang Tzu despierta sobresaltado.
–¿Te pasa algo, querido? –le pregunta su mujer.
–Creí que había llegado mi hora. Me perseguía un entomólogo con una red.
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Carmen María de la Purificación López de Anguís y Monaster, viuda de Pedro Manuel Schorr y Jáuregui, no puede participar en la cacerolada contra el Gobierno. No tiene ni idea dónde guarda su criada las ollas.
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Rechazar el artilugio ideado por un ateo no era locura sino devoción. Don Gregorio lo había tenido claro hasta el mismo día de su muerte cuando, durante la gran tormenta, se derrumbó la torre de la iglesia. Él nunca habría instalado un pararrayos.
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Regué mi planta un martes. Se estaba marchitando. Mi mujer hacía dos semanas que no venía a visitarme. Me pregunté si habría conocido a alguien. Moriría de celos si no estuviera muerto.
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Regué mi planta un martes. Se estaba marchitando. Mi mujer hacía dos semanas que no venía a visitarme. O quizá fueran dos meses. Mi tumba estaba muy muy sucia.
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No somos falaces ni mentirosos, gondorianos. No venimos con ánimo de saqueo. No mataremos a vuestros a ancianos, a vuestras mujeres y a vuestros hijos. No queremos mataros a todos. No vamos a destruir vuestra ciudad. No incendiaremos Minas Tirith.
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PARADOX
She’s illiterate but reads hands.
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Chiromancer yelled when she watched her own hand.
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ASIMETRÍA
Yo se lo doy todo. Ella lo único que me aporta es un motivo para no tirarme por un puente.
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Cuando se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, el abate Grégoire se encontró sobre su cama convertido en un feroz revolucionario.
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–¿Quiénes son ustedes?
–Perdone. Creíamos que aquí no vivía nadie.
–Pues vivo yo.
–¿Qué hace aquí?
–¿Qué voy a hacer? El Gobierno ordenó: Quédate en casa. ¿Recuerdan? La pandemia, ya saben.
–¿La pandemia?
–El Covid-19.
–El Covid-19 acabó hace siete años, buen hombre.
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I didn’t vandalize. I bearized.
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Regué mi planta un martes. El viernes venían mis amigas de visita y quería que mi marido florero estuviera perfecto.
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–Dime, Thorin, ¿por qué me elegiste a mí?
–Voy a serte sincero, Bilbo. Mi primera opción fue Geralt de Rivia, pero estaba ocupado.
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MALA SUERTE
A Murphy la tostada se le cayó por el lado donde no estaba la mantequilla. Nadie sabe quién es Murphy.
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Sobrevivió a la pandemia, pero sucumbió a los impuestos.
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La razón tiene corazonadas que el corazón no entiende.
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–Las ideas no matan –dijo Stalin.
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SUICIDIO
Comprobó la pistola. Comenzó a subir las escaleras. Llamó a la puerta.
–Adelante –dije.
Entró y me vio sentado delante del ordenador, escribiendo.
–Vengo a matarte –me dijo.
–Lo sé, lo sé. Un segundo.
Seguí escribiendo: El sicario me apuntó con la pistola y disp
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–¿Me voy a casar?
–¿A casar? Pero si estás casado conmigo. ¿Y ese fusil?
–Me voy a casar gente que se salte el ensierro.
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Twitter le suspendió la cuenta. Tuvo que hacerle un ERE su musa.
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Mamá, ¿sabes? Te necesitaría para limpiar toda esta sangre. Va a ser verdad eso que siempre de decías, que no pienso. Sí, lo admito: me equivoqué. Debí haberte ahogado.
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Los siete enanitos van a visitar a Blancanieves, que vive feliz con el príncipe. Llevan una enorme bolsa.
–¿Qué es eso? –les pregunta Blancanieves.
–La ropa sucia. No te importa lavarla, ¿no?
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PARADOJA
La epidemia comenzó a remitir cuando el experto del Gobierno fue infectado.
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–¿Y qué ocurrirá si saco esa espada de la roca?
–Te convertirás en rey de Bretaña, Arturo.
–Ah, qué bien.
–Te casarás con una hermosa mujer, que te será infiel, y tendrás con tu hermana un hijo, que tratará de destronarte.
–¿Sabes, Merlín? Creo que voy a pasar.
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–¿Qué hacéis en medio del bosque? –les preguntó el gendarme–. ¿Por qué no estáis confinados en casa?
–Porque nos la hemos comido –respondió Hansel.
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–Buenos días, le llamábamos para notificarle una denuncia por furtivismo.
–¿Cómo? Pero si yo nunca… Explíquemelo.
–Tenemos un vídeo. El otro día, en la calle Madrid, le sorprendieron dando un abrazo furtivo a una desconocida.
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Gruog el Enano está furioso: sólo ha recibido por matar al dornivio media paga.
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¿Quién es mejor, quien nos miente por nuestro bien o quien nos dice la verdad por el suyo?
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A la cuarta semana, casi la mitad de las fuerzas policiales estaban infectadas. La ley abandonó los barrios periféricos. Al primer episodio de saqueo siguieron otros. Bandas de desalmados asaltaron los supermercados. La gente se atrincheró en sus pisos. Estalló el caos...
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Cuando Gregorio XIII se despertó la mañana del 15 de octubre de 1582 después de un corto sueño, se encontró que habían pasado diez días desde que se fue a dormir.
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¡Oh, Libertad!, ¡cuánta pobreza se comete en tu nombre!
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She’s a cupcake but I’m diabetic.
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Hoy es domingo, igual que ayer y que mañana.
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Me pidió un rollo de papel higiénico. Le tiré una piedra.
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En su afán destructor, lanzaron a las llamas Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El cura y el barbero se quemaron a sí mismos.
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El presidente de la Asociación Nacional del Rifle siempre viaja en tren bala.
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–¿Qué les ha pasado a tus invitados?
–Los ha matado el coronavirus.
–¿El coronavirus? Pero si tienen un disparo en la cabeza.
–Estaban avisados. Les dije que no hablaran de la pandemia.
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–¿Tiene mascarillas?
–Sí. Tome. Son diez euros.
–¿Tiene más baratas?
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La culebra se sentía terriblemente sola y aburrida. Necesitaba, sí, un culebrón. Pero ¿cómo conseguirlo? Fue fácil. Sólo tuvo que convencer a Eva de que comiera la manzana.
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–Era un crítico xenófobo.
–¿Por qué lo dices?
–No le gustaba El extranjero.
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Ella salió dando portazo. Él se asomó a la ventana y la vio allí, justo abajo, abriendo la puerta del coche. Cerró fuertemente los ojos y saltó.
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El misionero es bueno. Hace años que no probábamos una carne tan blandita y jugosa.
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Abrigo la esperanza de que, con este libro de lingüística, amigo mío, dejes de jugar al fútbol con la gramática y pares de darle patadas al lenguaje.
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Durante el confinamiento, Shakira estudia filosofía y Piqué, periodismo.
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El secretario de Estado de Comunicación confunde ruedas de prensa con ruedas de molino.
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Wuhan, 3 de junio de 2020.
–¿Quería verme, señor Zhao?
–Sí, amigo mío. La pandemia me ha hecho reflexionar, ¿sabe? Creo que ya no necesitaré más sus servicios, señor Van Helsing. Nunca más tomaré sopa de vampiro.
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Los soldados franceses me pegaron, me bayonetearon, me colgaron, me despellejaron, me dispararon, me colgaron y, finalmente, me dejaron ir. No, no me violaron. Eran unos malos lectores de Sade.
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Durante el confinamiento, Shakira estudia filosofía. Está leyendo las obras completas de Paulo Coelho.
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Durante el confinamiento, Shakira estudia filosofía. Está leyendo Los Conceptos elementales del materialismo histórico.
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Durante el confinamiento, Shakira lee libros de autoayuda. Ha empezado con uno titulado No pagar impuestos para ayudar a los demás.
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Héroes que, como premio a sus hazañas recibieron ingratitud y olvido, viven ahora exiliados, a la espera de un inevitable resarcimiento, en sus particulares islas.
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–Respondan. ¿Qué hacen en la calle? ¿Por qué no están confinados?
–Un tal Cortázar llenó nuestra casa de fantasmas, agente.
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–Quiero mascarillas.
–No nos han llegado todavía.
–¿Hay jabón antiséptico?
–Todo agotado.
–¿Y condones?
–Se acabaron.
–Vaya. ¿Queda cianuro?
–Ha tenido suerte. Nos queda una pastilla.
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¿Qué fueron antes, las letras minúsculas en los periódicos o las gafas de cerca?
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Sinón les dijo a los troyanos que dentro del caballo estaban escondidos el maldito Ulises, su primo, que siempre se había burlado de él, y otros guerreros griegos.
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PARADOJA
El infierno es la privación del calor divino.

viernes, 3 de abril de 2020

Quisicosas

¿Qué fue antes, la Atlántida o Platón?
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¿Qué fue antes, el separatismo catalán o el PP?
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Dudo, luego existo.
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Según el presidente del Gobierno, el heroísmo consiste en quedarse en casa y en lavarse las manos. Los héroes griegos iban al otro lado del mundo a buscar el vellocino de oro, emprendían trabajos imposibles, luchaban guerras infinitas. Los héroes españoles se quedan en casa, se lavan las manos.
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¿Adán y Eva se avergonzaron de su desnudez? ¿Se avergonzaba Dios de la suya?
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Se cree que dieciséis millones de mongoles, uzbekos, kazajos, turkmenos, afganos y otros asiáticos descienden de Gengis Kan. Curiosamente, su hijo mayor, que le sucedió, no era hijo suyo.
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¿Qué fueron antes, las letras minúsculas en los periódicos o las gafas de cerca?
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En Corea del Norte, 1984 empezó en 1945 y todavía no ha acabado.
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En Cuba, 1984 empezó en 1959 y todavía no ha acabado.
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¿Estaba predestinado que Servet fuera a Ginebra?
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Cuando alguien tiene más gastos que ingresos, trata de limitar los gastos. Cuando el Gobierno tiene más gastos que ingresos, trata de subir los ingresos a través de los impuestos.
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Gracias a Hitler tenemos los aviones a reacción, los cohetes, la Sinfonía Leningrado de Shostakóvich, las novelas de Bernie Gunther y las de Eberhard Mock, Cabaret, Sonrisas y lágrimas, Corea del Norte, el Estado de Israel…
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¿Qué fue antes, el coronavirus o la irresponsabilidad?
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Una palabra muestra que el comunismo es corrupto, esquilmador, criminal: Xiaogang.
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Recomiendan no ponerse mascarillas porque, en cualquier caso, no hay mascarillas para todo el mundo.
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La RAE actúa como la Agencia Tributaria: lo que ayer era la norma, hoy no vale y mañana será una falta.
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España, parafraseando a un general francés de la Gran Guerra, tiene la epidemia de coronavirus que merece.
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Harvey Wenstein: de aquellos polvos, estos calabozos.
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Piensa, luego relincha.
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8 de marzo. Hoy me toca a mí poner la lavadora. Lo mismo que ayer.
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Marguerite, ¿cómo se puede morir con los ojos abiertos si nos obligan a vivir con los ojos cerrados?
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No hay que fiarse de la justicia: no ve nada.
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Casi siempre estoy de acuerdo con el que no habla.
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Lo que en principio debió llamarse eucaristía, se ha acabado convirtiendo en misa, palabra que ha triunfado en todos los idiomas: missa, messe, mass, msza, mässa, maša, mis. La palabra procede sino de la despedida en latín: Ite, missa est. Vamos, que los católicos sólo esperaban que la dichosa ceremonia acabara de una vez.
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Los franceses son extraños. Asaltaron la Bastilla para liberar a un estafador, un loco y un depredador sexual.
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La verdad, hay demasiados últimos mohicanos.

jueves, 2 de abril de 2020

Antifábula de la lechera

El dueño de la granja en la que trabajaba le regaló un cántaro de leche. Como era una mujer con iniciativa, fue al mercado y lo vendió. Con el dinero que le dieron adquirió varios pollos. Pasó noches en vela vigilando el gallinero, pues los zorros no paraban de matar pollos. Al cabo de un par de fatigosos años, ahorró lo suficiente para comprar un cerdo. Lo engordó y, cuando llegó noviembre, pudo venderlo. Compró un ternero y una vaca. El ternero murió repentinamente, pero la vaca le daba leche que vendía en el mercado. Fue comprando más pollos. Se desvivió por cuidarlos y por seguir vendiendo leche. Compró más cerdos, que enfermaron de triquinosis. Después de sacrificarlos, ahorró durante un tiempo para comprar varios lechones. Al cabo de veinticinco años tenía una granja con seis vacas, diez cerdos y casi cien pollos y gallinas. Trabajaba de sol a sol. Ordeñaba las vacas, recogía los huevos, cuidaba los cerdos, sacrificaba los pollos e iba al mercado a venderlos. Como no había tenido tiempo de casarse ni de formar una familia, vivía sola.
Un día, cuando regresaba del establo a media noche, pensó en lo feliz que habría sido si, la primera vez que fue al mercado, hubiera tropezado y el cántaro de leche se hubiera roto.

Microrrelato publicado en Microcuento.es

miércoles, 1 de abril de 2020

Microcuentos

Mi marido era muy despistado. Siempre andaba perdiéndolo todo: las llaves del coche, el portátil, la lista de la compra, el móvil. Lo último que perdió fue la vida. A saber dónde la dejaría.
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La mujer de Schrödinger le pregunta si compra o no comida para el gato.
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FÁBULA DE LA LIEBRE Y LA TORTUGA
La liebre no estaba triste. A pesar de no esforzarse demasiado, había llegado segunda.
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Dios juega a los dados. La Muerte, que odia el azar, prefiere el ajedrez.
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PARADOJA
La oveja clonada era diferente.
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El ladrón de tumbas tiene la sangre fría. Drácula la encuentra desabrida.
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Casandra, que tenía muy buena nariz, indicó que aquel caballo le olía a griego.
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Los bloques de pisos no dejan ver la ciudad.
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Bailó con ella toda la noche. Era alegre y hermosa. Pero también maleducada y descuida: se fue sin despedirse y perdió un zapato en las escaleras.
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Compré un nuevo colchón. El viejo estaba lleno de pesadillas.
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La curiosidad de Schrödinger mató al gato.
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–Vuelve con tu escudo o sobre él –le dijo su madre.
Y como, entre la confusión del combate, perdió su escudo en la llanura de Platea, Arquidamo nunca regresó a Esparta.
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En la cárcel se ha aficionado a la pintura. Busca incansablemente el punto de fuga.
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Los inmortales persas aterrorizaron a medos, babilonios, lidios y egipcios. Sin embargo, los ingeniosos griegos pronto descubrieron que, a la luz del día, los inmortales eran inofensivos y que, para matarlos, había que utilizar puñales de plata o, mejor, estacas de madera.
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Ya no volveré a dejar a nadie colgado. He reflexionado mucho durante todos los años que he pasado aquí. Cavaré un agujero en medio del bosque y, al próximo, lo enterraré bien profundo.
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La bailarina dejó al soldadito de plomo: era un amor tóxico.
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Le prometí que nunca le partiría el corazón. Por eso le partí la cabeza.
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Sucedió lo inevitable: el caballo de Atila se murió de hambre.
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La policía le pidió al asesino que reconstruyera el crimen. Ahora se le acusa de dos muertes.

martes, 31 de marzo de 2020

Lágrimas sinceras

Me gustaría que nunca hubieras aprendido a llorar. Maldigo todos los días a tu tía Benilde, la que te enseño el oficio. ¿Por qué no te quedaste soltera, como ella? Estoy harto de que nos interrumpan en cualquier momento. El día de nuestro aniversario. En Navidad. El día en que Queti hizo la primera comunión. ¡Incluso ese día! No soporto la manera en que la gente me señala por la calle y dice con lástima cuando me ve: “Mira, el marido de la plañidera”. Y lo peor de todo, Carlota, sospecho que tus lágrimas no serán sinceras en mi entierro.

Microrrelato publicado en Microcuento.es

lunes, 30 de marzo de 2020

Chaparrón

¡Plaf! Escuché un ruido en la calle. ¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! Me asomé a la ventana. Estaban lloviendo hombres. ¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! Era curioso observar como, desesperados, agitaban los brazos y gritaban. ¡Menudos gritos! ¡Plaf! Al golpear contra el suelo, quedaban aplastados en posturas imposibles, con los huesos rotos saliendo de la carne o entre la ropa. ¡Plaf! ¡Plaf! La sangre comenzó a ensuciar el cristal. ¡Plom! Cerré las contraventanas y esperé a que escampara. ¡Plaf! ¡Plom! Puse música para no escuchar aquel horrible ruido. Comencé a tararear. “I took all of his money/ and it was a pretty penny./ I took all of his money...” Afortunadamente, el chaparrón sólo duró unos minutos. Cuando acabó, salí a la calle. Había un espesor de hombres de casi dos metros. ¡Qué pereza tener que limpiarlos otra vez!

Microrrelato publicado en Microcuento.es

domingo, 29 de marzo de 2020

Papelera

Javier Cercas: “Enamoré a mi mujer haciéndole creer que era escritor y al final tuve que hacerme escritor para que se quedase conmigo”.

–Chuang Tzu ha soñado que era una mariposa y nuestro señor, el excelso emperador Ji Bian, le ha enviado al exilio.
–¿Por soñar que era una mariposa?
–Por soñar.
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Después de perder las elecciones, el candidato llevó toda su ropa a la lavandería. Quería quitar el olor a fracaso.
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La perdí porque no conseguí perder la vergüenza.
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Sus besos me sabían a cebolla. Maldita fugazza.
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Acordamos suicidarnos juntos, pero él quería que nos ahorcásemos y yo propuse tirarnos desde un puente. Discutimos.
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Apestaba. Su hedor echaba para atrás. Los enemigos, como es natural, acabaron huyendo. Así fue como el Cid ganó su última batalla.
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Gula, fue gula lo que le mató, junto la soberbia de creerse invulnerable, una buena cantidad de pereza por no seguir los consejos del dietista, al que trató con mucha ira. No hay ninguna posible interrogación.
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Francisco de Asís (nacido Giovanni di Pietro Bernardone; Asís, 1181 – Gubbio, 1213). Hijo de un próspero comerciante de telas, decidió, imitando el ejemplo de los padres del desierto, vivir bajo la más estricta observancia de los Evangelios. Se retiró al bosque de Gubbio, donde fue devorado por los lobos.
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Poseyó gran valor. Ya no. Por eso, cuando escuchó la terrorífica llamada desde el comedor, se quedó en el dormitorio fingiendo estar en brazos de Morfeo.
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Gula, sin duda. Eso fue lo que le mató. El filósofo murió por un empacho de preguntas. Ya no pudo con otra interrogación.
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En Corea del Norte, 1984 empezó en 1945 y todavía no ha acabado.
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–Pero ¿por qué vosotros, los judíos, desobedecíais a Yavé?
–Para que esto no resultara tan aburrido.
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Le muerdo. Es una broma, por supuesto. El cansancio del confinamiento. Él, sin embargo, no se lo toma como una broma. Me apunta con la pistola que siempre guarda. No tengo tiempo de decir nada. Me hace una raya en medio de la cabeza. Me desmayó. Cuando despierto, le veo tendido en el suelo. Se ha disparado en la sien…
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La policía climática la detuvo por encender pasiones.
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Aquel martes agité mi varita y apareció una bruja.
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Aquel martes agité mi varita e hice desaparecer todos los libros de Harry Potter.
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Aquel martes agité mi varita e hice desaparecer al segundo violín, que no paraba de desafinar.
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Aquel martes agité mi varita. Demasiado tarde. Aquella bruja me echó un polvo mágico.
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Dios creó al ornitorrinco para hacer dudar a los biólogos.
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–Tostada de aceite y tomate y café muy cargado. Es lo que te gusta, ¿no?
–No. Creo que te has confundido con tu amante de los jueves.
–Ah, claro. ¡Qué lío! Tú eres… Ángel.
–Álex. Yo sólo tomo un café con leche para desayunar. Haz memoria.
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Hoy me siento bien, un Monterroso; estoy reescribiendo esta línea.
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–Eres una gallina –le dije.
–Y tú un gusano –me replicó.
Y comenzó a picotearme.
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No podía suicidarse. Era un escritor inmortal.
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Puso tan poco entusiasmo que, cuando luego la confesó, le puso tan sólo dos padrenuestros y un avemaría.
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–¿Tú qué yogur tomas?
–Danone. Está hecho con cariño.
–¿Con cariño? Yo creía que los yogures se hacían con leche.
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El cazador ha encontrado en el bosque el rastro del hombre lobo. El hombre lobo ha olisqueado al cazador. Ha llegado su hora. Será su último plenilunio. Del hombre lobo. O del cazador.
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Lo maté porque no sabía quién era Max Aub.
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–Papi, quiero ayudar al mundo.
–¿Serás médico o científico?
–No, no. Quiero ayudarle a saber.
–Ah, quieres ser profesor o periodista.
–No, no, papi. Quiero que la gente me quiera. Seré político.
–¿Político? Pues entonces la gente no te va a querer. Te va a odiar.
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Su cliente le rompió la cabeza a su suegra. Como no se le ocurría nada, alegó que era fan de The Walking Dead.
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El octavo día creó a su imagen y semejanza a Enlil, Amón-Ra, Shiva, Tig, Dagda, Shangdi, Amaterasu, Huitzilopochtli, Inti, Hunab Ku, Kokopelli, Unkulunkulu, Bunjil, Makemake, Temáukel, Zeus, Baelistos, Endovélico, Reve, Segolu…
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El Covid-19 mató a todos los ancianos. El Covid-20 aniquiló a todos los niños. El Covid-21 acabó con todos los hombres. ¿A quién creéis que afectará el Covid-22, hermanas?
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–A ver, señora, dígame: ¿por qué detuvieron a su hijo?
–Por violación estatuaria.
–¿Será por violación estatutaria?
–No, no. Estatuaria. Le tocó los senos a la Venus de Milo.
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Los electores no se lo toman a mal. Saben que les miento por mi bien.
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La propia de los buenos espantapájaros es la fortuna de vigilar un trigal o un maizal. Los mediocres se ocupan de cuidar un campo de cebada o centeno. Conmigo, sin embargo, el destino ha sido cruel. No doy miedo a ningún pájaro. Las golondrinas picotean impunemente el grano delante de mis narices. Los cuervos han picoteado mis ojos. Los gorriones me han utilizado como su retrete particular. Un viejo búho se posa todas las noches encima de mi cabeza para acechar a los pequeños roedores. Más respeto me tendrían si adivinaran que por dentro no estoy relleno de paja, sino de huesos y carne podrida.
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La invasión aliada es frenada en Normandía. Doscientos mil soldados británicos y estadounidenses son hechos prisioneros. Las V-1 comienzan a caer sobre Londres. El ejército alemán detiene la ofensiva soviética en Bielorrusia. Churchill tiene que dimitir. Roosevelt sufre un colapso y muere. El sucesor de Roosevelt cancela el Proyecto Manhattan.
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LEY DEL TALIÓN
Ella, señoría, me rompió el corazón.
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FÁBULA
Sacaron de la jaula a la gallina de los huevos de oro y la llevaron a un corral. Los resultados fueron inmediatos: comenzó a poner enormes huevos de oro. Un día, lamentablemente, un halcón que sobrevolaba el corral la vio y se la llevó.
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Llegué yo y Nuria dejó la casa sin barrer. Llegó el marido de Nuria y dejamos el amor a medio hacer. Llegó la policía y el marido de Nuria me dejó más muerto que vivo.
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Napoleon Hill estaba encerrado en su despacho. Escribía su último libro: Cómo ser feliz en el matrimonio. Su mujer le pidió el divorcio.
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Napoleon Hill estaba escribiendo su último libro: Cómo ser feliz en tu matrimonio. Pasaba todo el día encerrado en su despacho. Su mujer le pidió el divorcio.
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A ver si consigue arreglarme el reloj de sol. Todas las noches se para.
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El viajero en el tiempo cumplió su deseo de tomar unas copas con John Huston. Regresó, eso sí, con algunos dientes de menos.
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El hijo de Hitler y Eva Braun nació el 13 de marzo de 1938. Recibió el nombre de Friedrich Hitler. En 1943 fue entregado a un matrimonio de nazis convencidos que residían en Breslau. En 1945 se convirtió en huérfano de guerra. Recibió un nuevo apellido y pasó a llamarse Fryderyk Małecki. Ingresó en el Partido Obrero Unificado e hizo carrera política. En 1973 accedió a la alcaldía de Opole. En 1978 fue nombrado viceministro de Política Agraria. En 1987 se convirtió en miembro del politburó del Partido Obrero Unificado. Dos años después se retiró de la política. En la actualidad vive en una residencia de ancianos de Brzeg.
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No, no va a negar a Jesús antes de que el gallo cante tres veces. Pedro lo mata la primera vez que cacarea.
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Y dijo:
–Sea la sombra.
Y la sombra fue. Y la tierra de nuevo estuvo desordenada y vacía, y las tinieblas volvieron a estar sobre la faz del abismo.
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Érase una vez un escritor bloqueado en una tormenta de nieve.
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La propia de los buenos espantapájaros es la suerte de convertirse en un muñeco de nieve en invierno.
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En la lucha, perdió una greba. Cuando todo acabó, se quitó la armadura y se dirigió a la fragua. Estaba furioso. En un primer momento pensó matar al herrero, pero ordenó a su escudero que lo atara y les dejara solos.
El escozor de la pierna, donde había recibido el mordisco, fue poco a poco recorriéndole todo el cuerpo. Sentía ganas de vomitar. Pronto acabaría. Se acercó al herrero, que le miraba horrorizado. En unos instantes don Gutierre se convertiría en uno de aquellos malditos muertos andantes.
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¿Que por qué le expulsé del Edén? Mire, me abochornó. Le cree a mi imagen y semejanza y nunca, hasta ahora, me tuve por alguien desobediente.
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Nerón le dijo que podía elegir cómo suicidarse. Séneca pidió quitarse la vida disparándose en la sien.
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Fernando Vidal Olmos no entiende por qué no es invisible para los ciegos.
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Tuve un novio asturiano que era un poquito raro. Un día, cuando iba a iniciar un corto viaje, me prometió una letrina. Le dejé, por supuesto.
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Cayó y el lado de la mantequilla quedó arriba. La tostada derrotó a Murphy.
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La gallina de los huevos de oro valía su peso en rodio.
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After coronavirus, bunnies inherited the Earth.
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TALIÓN
Él le tocó los senos. Ella le dio una patada en los testículos.
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Keops ordenó que lo enterraran en la arena. La historia cambió. Napoleón no ganó la batalla de las Pirámides. Nunca apareció la egiptología. Los turistas no visitan Egipto.
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Tuyos son los ojos más dulces que nunca he probado, pero la verdad, querido, tus criadillas las encontré nauseabundas.
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–Señor Mailer publicaremos su novela. Sólo tendrá que hacer algunos cambios.
–¿Algunos cambios? ¿Cuáles?
–Para empezar, no puede titularse The Fucked Naked and the Fucked Dead.
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–Solo sé que no sé nada.
–Pues, si no sabe nada solo, buen hombre, mejor que se busque compañía.
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Cantaba Resistiré. Nosotros no lo resistimos. No resistió.
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No resistimos más que cantara Resistiré.
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Encerrado en casa, Hércules emprendió el decimotercer trabajo: arreglar el grifo del lavabo.
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En el Nuevo Testamento, Dios está tan cambiado que cualquiera diría que es otro.
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El coronavirus: una pandemia para la humanidad, una bendición para los toros.
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¿Qué fue antes, el coronavirus o el recorte en gasto sanitario?
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Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián y solicita que le permita entrar. Pero el guardián le dice al campesino que no puede dejarlo entrar porque no lleva ni guantes ni mascarilla.
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La propia de los buenos espantapájaros es la suerte de cuidar un campo de trigo o de maíz. La mía, sin embargo, es más triste. Cuido un barbecho.
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Compré lápices de colores. Me daba mucha pena el mapa mudo.
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Keops decidió gastar los recursos en algo más provechoso. Llevó a su ejército a través del Sinaí. Arrasó Canaán. Conquistó Sumer y Acadia. Devastó Elam. Cuando llegó a Sind, su ejército se negó a seguirle.
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–Primero devoraré a todos los políticos.
–Están sabrosos, ¿eh?
–¿Sabrosos? Los encuentro repulsivos. Pero siempre empiezo comiendo lo que menos me gusta.
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Muchos años después, en la cama del hospital, cuando le dijeron que no podían ponerle oxígeno, recordó la época en la que, junto a sus compañeros de partido, ayudó al saqueo de la sanidad pública.
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En carnaval, Obélix se disfrazó de Astérix. Le extrañó que todos le reconocieran.
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Juan escribió una descripción del fin del mundo tan enrevesada que Dios aún no ha podido entenderla.
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A Horus le gustaba arañar el sofá. Que arañe ahora la pared.
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–Genio, quiero vivir en un palacio con cien habitaciones y diez patios, con veinte baños, con dos bibliotecas y un invernadero, con un observatorio, con jardín, con sótanos inmensos.
–Y yo quiero, Aladino, que alguien saque de vez en cuando brillo a la lámpara en la que vivo.
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Regresé a los túneles y, orgulloso, mostré a padre los frutos de mi saqueo. Había conseguido un espejo maltriano, una túnica de Vageria, un puñal brilense (tuve que luchar por él con un plaeti), un libro de oración. Padre me preguntó por qué no había traído agua y pan.
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Mi musa trabaja por minutos.
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¿Qué fue antes, el coronavirus o la irresponsabilidad?
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Le despertó la luz del sol. Sobresaltado, lanzó una mirada inquieta alrededor. ¿Dónde estaba? Un espejo colgaba de la pared. Se miró en él. Estaba horrible. Se sentía fatal. El conde comprendió que no tenía que haber mordido a aquella mujer que no paraba de estornudar.
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Hemos leído con suma atención la biografía que nos remitió. No hemos entendido muy bien los primeros capítulos. La historia de la vida del biografiado es confusa, está llena de lagunas. Los lectores esperarían la narración de hechos y milagros. No hay nada de eso. Por el contrario, su libro está lleno de largos y extraños sermones, que son difíciles de entender. Los instantes finales de la vida del profeta son muy distintos a como se había contado anteriormente. Los hechos que sucedieron después de la muerte parecen apócrifos. Por lo tanto, querido Juan, lamentamos comunicarte que no podemos publicar su evangelio.
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Cuando empezó a contarme su aventura con Álvaro, le sugerí discreción. El sofá tenía orejas.
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Vio luz al fondo del abismo.
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En el último instante, Hemingway comprendió que no era un escritor inmortal.
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El mundo no acabó cuando apareció el coronavirus, ni cuando se decretó la pandemia global, ni cuando los gobiernos obligaron al confinamiento. El fin del mundo llegó cuando cayó Netflix.
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Ha podido saber, después de traducir el testamento que Hildegarda de Bingen escribió en la lingua ignota, que el mundo acabó el 6 de agosto de 1945.
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–Genio, tengo un deseo: ser rico, inmensamente rico.
–Pues qué bien. ¿Sabes, Aladino? Yo también tengo un deseo: una lámpara más grande y reluciente.
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La propia de los buenos espantapájaros es la suerte de que un grajo no le picotee los ojos.
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El coche del ministro de Sanidad se detuvo. No salió nadie.
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–¿Por qué lloras?
–¿No ves qué saqueo? Han llegado los soldados y se han llevado todo lo de valor.
–¿Y el resto de gente?
–¿No te lo he dicho? Se lo han llevado todo, todo. Sólo han dejado ruinas, cenizas y a mí. Por eso lloro.
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Hicimos el amor en el sofá de escay. Le echamos la culpa de los arañazos al gato.
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No mientas. No pasó todo el día tirado en el sofá. Mira. Estoy correctamente sentado.
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–Parasol, hamacas, toallas, libros, autodefinidos, sopas de letras, un transistor, cartas, un ajedrez. ¡Menudo día de campo que vamos pasar!
–¿No has traído nada para comer y beber?
–Ah, pues no.
–Te voy a estrangular.
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–¿Cómo te fue con ese tipo nuevo?
–Un desastre. Empezó a gritar cuando saqué las esposas.
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–Pera, fue una pera.
–No, era una manzana.
–¿Todo por una manzana? Las peras son más dulces.
–Pues fue una manzana.
–Seguro que fue una pera. Quizá hubo una confusión. Adán no hablaba muy bien nuestro idioma.
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–Soy un depredador absoluto.
–Pues a mí no me vas a comer: soy vegana.
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Por fin puede pasar todo el día tirado en el sofá y sentirse un héroe.
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CONFINAMIENTO
Se pasó todo el mes tirado en el sofá. Todos encomiaron su heroísmo.
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Hansel y Gretel tenían tal hambre que devoraron la casita de chocolate. Esa noche durmieron a la intemperie.
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Leonardo DiCaprio está encerrado en una cabaña, aislado por la nieve. Hay un solo libro: En brazos de la mujer madura. DiCaprio lo utiliza para encender la chimenea.
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Leonardo DiCaprio está en el purgatorio. Lleva allí una eternidad a pesar de que le han dicho que, para salir, sólo tiene que leer un libro: En brazos de la mujer madura.
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El mundo se acabó ayer. Me envió un guasap diciendo que me dejaba.
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¡Qué blandito! Muy groseramente me dijo que le comiera… ya sabes qué. Y cuando le di un mordisquito de nada comenzó a gritar.
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El coche se detuvo a unos diez metros del lugar en que me había atropellado.
–¿Estás bien? –me preguntó una voz.
Iba a enseñarle el dedo corazón de la mano derecha, pero lo había perdido.
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Noé hizo la vista gorda y permitió que entraran juntos en el arca una yegua y un asno.
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–Vamos a cenar. ¿Adónde vas?
–Tengo que salir. Voy a comprar tabaco. Espérame.
–¿Sabes? Mejor no te espero.
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–Majestad, es todo un honor que haya venido a nuestro gimnasio. ¿Qué es lo que quería?
–Quería tonificar y dar forma a mis piernas.
–Vaya. Me dijeron en el colegio que las reinas no tenían piernas.
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–Vete al infierno.
–Fatuo, que eres un fatuo. ¿Qué te crees, San Pedro?
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Ganaba un céntimo por cada diez minificciones. Si escribiera diez mil millones, sería rico.

sábado, 28 de marzo de 2020

Doctrina

El encomendero Diego de Ortega está fuera de sí: con los indios no hay manera. Son tan brutos que no se enteran de nada. Si no fuera porque pronto tendrá que recoger la cosecha de caña, los mataría a todos. Lleva horas azotando sin parar al indio cuyo nombre de bautismo es Juan.
–¿Vas a repetir lo que te he enseñado? ¡Repítelo, maldito salvaje! ¡Repítelo!
Y el indio cuyo nombre de bautismo es Juan, totalmente cubierto de sangre, repite lo que el encomendero Diego de Ortega le ha enseñado:
–Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Microrrelato publicado en Microcuento.es

viernes, 27 de marzo de 2020

Cuenta 140

Siempre estaba encima de mí, me lanzaba continuos reproches, coartaba mi libertad. Estaba harto de Él. Me hice ateo.
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Su psiquiatra demostró en el juicio que había matado a su madre en defensa propia.
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La interpretación fue magnífica. Sin embargo, el director se fue enfadado al camerino: los aplausos estaban descompasados.
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La repostera no pierde la esperanza de ver aparecer por la puerta a un hombre guapo, delgado, musculoso.
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Le perdió su gentileza. Les ofreció un poco de chocolate suizo a los inspectores de la Agencia Tributaria.
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Se hacía tarde, así que tuvieron que arrancarle la pluma de la mano y conducirle al patíbulo.
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Comprendió que ya era un escritor superventas. En la portada de sus libros, su nombre aparecía mucho más grande que el título.
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Enfadado, pidió hablar con el librero. Había colocado su obra, “Éste no es un libro de autoayuda”, en la sección de Autoayuda.
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Doctor, recéteme algo. La felicidad no me deja escribir.
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Descubrió que su novio era un vegetal. Lo expulsó de su vida antes de que echara raíces.
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No sólo no ganó el concurso de cocina, sino que fue imputado por homicidio culposo.
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Por fin ganó el concurso. Ahora tenía que esperar que no se dieran cuenta del plagio.
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Entró en el baño del restaurante. No había papel. ¡Qué cicateros! Menos mal que siempre llevaba un maletín lleno de billetes.
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Una semana después de haber jurado su cargo de ministro, dimitió.
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El viaje en el Concorde fue una pesadilla. Se le metieron en la cabeza los pensamientos del pasajero de delante.
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Tenía que haber sospechado de aquel pasajero que preguntó vehementemente si el estofado era de cerdo.
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El profesor de Matemáticas no pudo despejar la incógnita: ¿quién le había rayado el coche?
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Siempre quiso trabajar en un manicomio y lo acabó consiguiendo: el resto de internos le nombraron director.
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El presidente le pidió al ministro de Hacienda que no sonriera más.
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Al antropólogo no le importó que los waruta le confundieran con uno de sus dioses. Hasta que descubrió que eran teófagos.
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Sin gafas, aquel abogado de oficio podría pasar por su sosias. El condenado a muerte pensó que todavía le quedaba una oportunidad.
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Papá era muy escrupuloso. Cada vez que bajaba al desayuno bufé, iba con una calculadora. Tenía que comerse exactamente 13,5 euros.
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El forense sólo escribió dos palabras en el informe de autopsia: Bufé libre.

Microcuentos finalistas semanales del Concurso 140 de El Semanal (2019-2020)

lunes, 23 de marzo de 2020

Papelera

Santiago Gil: “Un buen día te mueres y dejas de conectarte a internet. Ahí se acaba todo”.

–Nunca me vencerás –le dijo el Judío Errante.
–Pero te dejaré solo –replicó la Muerte.
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Los pueblos del mar arrasan Hattusa. Los aqueos arrasan Troya.
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–¿Por qué no está vuestra merced en casa?
–Soy caballero andante. He salido a desfacer entuertos.
–Vale, vale, pero ¿quién es el del burro?
–Mi escudero.
–Pues no veo que lleve ningún escudo.
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–Bruto, ¿qué tal ha sido el asesinato de César?
–Fatal, Porcia. Me ha llamado hijo. Voy a tener que hablar con mi madre.
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–¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?
–Un desastre.
–¿No conseguisteis matarle?
–Matarle, le matamos, pero me humilló.
–¿Por qué? ¿Qué te dijo?
–Me llamó hijo de puta.
–¿Con esas palabras?
–No, con esas palabras, no. Fue peor. Cuando le hundí mi puñal, César dijo: ¿Tú también, hijo mío?
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IRONÍA
El mecánico no sabía dar besos de tornillo.
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¡Qué médico tan amable! Me ha dicho que ya no tengo que preocuparme de la hipoteca.
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Empezó poniéndose tres días la misma camisa. Dejó de quitarse el pijama y de ducharse. Olvidó cómo hablar. Convirtió su piso en un estercolero. Cuando, por fin, sonaron las sirenas que ponían fin a la cuarentena, había perdido toda su humanidad.
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–Bésame.
–Pero antes ponte la mascarilla.
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El confinado no pudo seguir viendo la película: en aquel coche viajaban cuatro personas.
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20 de julio de 1969. No entienden por qué dicen que Armstrong es el primer hombre en llegar a la Luna. En el manicomio saben que no es verdad.
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La marea del amor nos alcanzó. Pero aquello duró poco. Era un alma inconstante. Sólo nos quedó un verso quebrado, una caricia lenta, un beso fugaz.
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CUI PRODEST
Cuando vio la minuta del abogado, supo la respuesta a la pregunta.
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Todo el mundo se ha vuelto loco. Por eso cerraron los manicomios.
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Lupo, obispo de Troyes, regaña a Atila. Le dice que los jinetes del Apocalipsis son cuatro y le conmina a que venga con los otros tres.
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A Scheherezade se le acababan las historias. Afortunadamente, la cuarentena acabó en la noche mil una.
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Antes de crear la Tierra y al hombre, Dios estuvo practicando: creó el infierno y al demonio.
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For sale: double-barreled gun, used once.
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Después de su magnífico desempeño, para recompensar sus aciertos, como premio a sus desvelos, Fernando Simón fue nombrado médico de la ínsula Barataria.
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–Nos veremos en el infierno –me dijo.
Pero yo tenía un plan: con el dinero que conseguiría matándole pagaría el cielo.
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La Muerte está sobrecargada de trabajo. ¿Nadie la aplaude?
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La Muerte está sobrecargada de trabajo. Y nadie la aplaude…
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LUNA: Lugar de donde, sin duda, proceden algunos políticos.
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–Quédate a dormir.
–No tengo sueño.
–Tampoco es que vayamos a dormir.
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Banksy llevaba con orgullo que su obra adornase las peores paredes del mundo.
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DAD AL CÉSAR…
Constantino promulgó la libertad de culto al cristianismo, pero obligó a introducir una pequeña enmienda en los evangelios.
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Al vampiro, la sangre de los infectados de coronavirus le causaba una molesta tos y una desagradable congestión nasal.
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Los ciudadanos de Isauria estaban desganados, apáticos, se aburrían. El concejo municipal decidió tomar medidas radicales: decretó la cuarentena y el confinamiento en casa para evitar la propagación del virus del tedio.
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Después de expulsarles, Dios seguía tan cabreado que, en un tris tras, creó el infierno y al demonio.
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–Me mentiste.
–Lo hice por tu bien.
–No, lo hiciste por el tuyo.
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PARADOJA
Estar juntos les separó.
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La marquesa salió a las cinco. A las cinco y diez un policía le puso una multa.
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AJEDREZ
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. De pronto, ocurre algo imprevisible. El peón llega a la última casilla y decide convertirse en Dios.
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–Ganaré a Aquiles.
–¿Cómo puedes estás tan seguro, Héctor? ¿Qué harás?
–Le retaré a una carrera.
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CAUSALIDAD
La condesa de Castiglione seduce a Napoleón III. Cuatro mil soldados franceses mueren en las batallas de Magenta y Solferino.
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–La ciudad de Lutecia se libró de sus fantasmas.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo lo consiguió?
–Contrató a un bardo, un tal Asurancetúrix, para que cantara por las calles.
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–La ciudad se libró de sus fantasmas. Todos huyeron.
–Ah, ¿sí? ¿Cómo lo consiguió?
–Camiones con megáfonos recorrieron las calles emitiendo ininterrumpidamente música de Mecano.
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–¿Dónde guardas el papel higiénico?
–No te lo diré.
–Córtale un dedo, Yafar. ¿Hablarás ahora?
–No y no.
–Córtale la mano.
–No hablaré.
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El indigente pilló el coronavirus. Con un poco de suerte le ingresarían en el hospital.
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Clodio Albino (901-968 A. U. C.). General romano. Fue gobernador de la Galia Bélgica y de Britania durante el reinado Cómodo. Después del asesinato de Pertinax, se proclamó dictador y dirigió sus legiones hacia Roma. Después de derrotar a Didio Juliano y a Septimio Severo, restauró la República, retirándose a la vida privada.
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–¿Te preocupa el virus?
–Claro que me preocupa. Llevo confinado con mi mujer casi dos semanas viendo Suits.
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El Gran Hermano ha muerto. Ahora nos vigila el Gran Sobrino.
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La única que Quim Torra no pudo saltarse fue la ley de la gravedad.
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Ceñidor de seda, vestido de tul, diadema en oro blanco, gargantilla de plata, zapatos de cristal. Nada le faltaba. Si Cenicienta hubiera sabido bailar, su éxito habría sido certero.
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¿Adán y Eva se avergonzaron de su desnudez? ¿Se avergonzaba Dios de la suya?
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Nadie se tomaba en serio el confinamiento. Decidió tomar medidas extremas. Decidió disparar a todos lo que iban por la calle.
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–Pero ¿por qué se enfadó tanto cuando Adán y Eva se comieron la manzana?
–Porque no lo hicieron por necesidad, sino por maldad, para hacer daño. Bien que se lo avisé: estaba verde.
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De pronto, Eva empezó a bailar. A aquella manzana le habían echado algo.
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NUEVO DICCIONARIO
Piropo: Improperio machista y heteropatriarcal que antiguamente recibían las mujeres cuando paseaban por la calle.
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–Te lo dije mil veces, Gandalf: íbamos a enfrentarnos a múltiples peligros. Necesitábamos a un experto, a alguien que no tema enfrentarse a criaturas maléficas y monstruos.
–¿Y a quién querían contratar, Thorin?
–A Geralt de Rivia, por supuesto.
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Encontró la cura del coronavirus, pero decidió no hacerla pública. Twitter se había vuelto muy divertido.
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Dibujo la cabeza del presidente, grande, muy grande. No creo que eso sea difamar.
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CONTRAFACTUAL
Stefan Zweig no se suicidó. Alemania ganó la Segunda Guerra Mundial.
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Se quedó al pie del cañón cuando el capitán ordenó salir de la trinchera y dirigirse a las líneas enemigas. Fue fusilado por deserción.
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–¿Y tú por qué estás en el calabozo?
–Por estar al pie del cañón.
–¿Por estar al pie del cañón?
–Me quedé al pie del cañón cuando el capitán Belloubet ordenó salir de la trinchera y dirigirse a las líneas enemigas.
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Subió la marea. La caricia del mar me despertó. Estaba solo. Ella se había ido. Hacía frío. Se me puso la piel de gallina. Ella se había ido y no volvería. Aterido, me alejé de allí llevándome como recuerdo el beso que me dio a la luz de la luna.
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Misterio resuelto. Fui a hablar con la marquesa de Très-Venteux y se me insinuó. ¿Ahora entiendes por qué no cayó rendida en brazos de aquel galán?
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–¿Dónde guardas el papel higiénico?
–No te lo diré.
–Como no hables te vas a cagar.
–No me importa. Tengo papel higiénico.
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Al toro de Osborne no le gustaban que le torearan.
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La cuarentena duró siete meses. La gente no podía salir de casa. El virus mató al tres por ciento de la humanidad; el hambre, al noventa y cinco por ciento.
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Mark Duffy, piloto de B-17, escuchaba La cabalgata de las valquirias mientras bombardeaba Bayreuth.
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Chad McGavin, francotirador del 5º de infantería, no encuentra diferencia. Es lo mismo disparar a insurgentes iraquíes, matar a fanáticos afganos, abatir a familias que acuden a comprar al Costco de Littlefield.
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Los alienígenas llegaron con ánimo de conquistar la Tierra, pero tuvieron que desistir de su empeño: los humanos, empeñados en luchar entre ellos, no les hicieron caso.
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–Me he quedado sin balas. ¿Me prestas una?
–¿Para qué la quieres?
–Para suicidarme.
–Toma, aquí tienes.
–Gracias. Te la devolveré cuando acabe.
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El reloj de sol sigue dando la hora. Empieza a faltarle la esperanza. No llega la lluvia. Noé empieza a pensar que todo fue fruto de su imaginación, que tomó demasiado zumo fermentado de uva.
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Como quisiera estar confinado contigo.
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Echaron la puerta abajo. Se decía que el iracundo marqués había muerto en la capital. Habría comida en las despensas: al marqués le gustaba tener satisfechos a sus invitados de cacería. Equivocadamente creyeron que estaba la casa vacía.
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Jesús eligió que aplazáramos el hedonismo hasta después de muertos
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–Dibujo lo que veo. ¡Diantres! Ni más ni menos.
–Pero, maestro, en el caso del retrato de su majestad, debe dibujar no a la persona, sino a la institución, que no se puede difamar.
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DESPROPÓSITOS
Fue padre sin quererlo. Nació un árbol de la semilla que arrojó. Le gustaba escribir en el libro de reclamaciones.
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Fue padre de penalti. Escupió una semilla y nació un árbol. Escribió un libro de reclamaciones.
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–Oiga. ¿No sabe que no puede bajar a la calle?
–Pero es que yo, agente, no he bajado a la calle, sino a la avenida.
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Yo soy un hombre muy modesto, el más modesto del mundo, del universo, si me apuras.
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El paciente está como loco. Está tirando todas las cosas. ¿Qué hacemos?
Ignorarle. La tormenta pasará.
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MATEO 22, 21
No sabía si aquel recogimiento era por la cuaresma o por la cuarentena.
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Más Platón y menos Pablo.
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Primero se perdió la señal de internet. Luego se fue la luz. Los grifos dejaron de echar agua. Los alimentos se fueron acabando. Diez meses después, cuando acabó el confinamiento, el equipo de rescate encontró la casa vacía.
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¿Murria? ¿Sabes lo que hago cuando estoy triste? Me meto en la cocina, empiezo a hojear libros y me pongo a guisar.
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Cuando Franco ganó la guerra, hizo cuarentena de treinta y seis años.
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–¿Qué dice ese loco?
–Cuidaos de las calendas griegas.
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Nos quedamos en casa un martes y escribimos veinte microcuentos, tres relatos y una novela corta, leímos treinta libros, vimos The Wire y quince películas. Sí, fue un largo martes.
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Nos quedamos en casa un martes. Nos sentamos uno enfrente del otro. Nos miramos. Comprobamos que nos habíamos convertido en dos desconocidos.
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–A ver, ¿qué le preocupa?
–Que llueva, que no pare de llover.
–Pero si hace un sol magnífico.
–Pues me preocupa que comience a diluviar, que caigan truenos, rayos, que haya inundaciones, que corten la luz, que se vaya internet.
–No se preocupe, hombre. La tormenta pasará.
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El lobo hambriento
se acerca a las ovejas.
Suena un disparo.
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–¿Creen que la desaparición haya podido ser voluntaria?
–Todo es posible.
–Pero ¿siguen alguna pista?
–No descartamos ninguna hipótesis.
–¿Podrían haber sido los extraterrestres?
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–Quítame la ropa –le dije.
Y el muy imbécil cogió mi ropa y se fue.
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Platillos volantes habían sido vistos en Estepona. Los ufólogos acudieron esperanzados. Sin embargo, no era una invasión alienígena, sino una boda griega.
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POLÍTICAMENTE CORRECTO
La caja negra del avión ahora es incolora.
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Un día lees el Decamerón y al siguiente estás confinado en casa escribiendo microcuentos en Twitter.
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–¿Os disteis un beso en la boca?
–Hicimos lo que pudimos, pero ten en cuenta que ambos tenemos una cara muy picassiana.
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–¿Y dónde has ido este puente?
–Al balcón.
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Auschwitz no rima con nada.
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INFLEXIBLE
–Tiene, para entrar en la tienda, que ponerse guantes y mascarilla.
–Precisamente. Vengo a comprar guantes y mascarillas.
–Pues no puede entrar sin guantes ni mascarilla.
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Furioso por aquella proposición y para no caer en la tentación, Adán estranguló a Eva. Dios, como castigo, le expulsó del Jardín del Edén. Todavía deambula Adán por la Tierra. El primer hombre. El último.
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–Esta noche haremos una cacerolada contra…
–¿Otra cacerolada? Estoy harto.
–Piénsalo. Mejor una cacerolada que tirarse los trastos a la cabeza.
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DIARIO DEL CONFINAMIENTO
Día 6. Secuestro al perro de mi vecino. Me cruzo con dos municipales, que me miran desconfiados.
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Caronte está enfadado. Nadie sale a los balcones a aplaudirle.
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–¿Por qué haces dieta?
–Por una razón de peso.
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Llamé varias veces al 112 para denunciar que había visto a mi vecino salir a la calle. Me acabaron dando el número de Salud Mental.
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Todo aquello le ponía enfermo. Decidió hacer una cuarentena. No vería más la tele.
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–Tesis deficiente, Marcelo. Esa es mi crítica. No aporta nada. Vacía. Insustancial. Con bibliografía escasa y anticuada.
–Exageras, Luis. ¿Sabes? Estoy pensando que quedaría mejor si le cambiara la tipografía.
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DIARIO DEL CONFINAMIENTO
Día 6. Mis fantasmas me preguntan si no puedo dejarles un ratito solos. Salgo a comprar el pan.
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El presentador dijo que no saldría sin peinar ni sin maquillaje. Antes contagiado que sencillo.
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SEGUIR LAS RECOMENDACIONES
El tiranosaurio no paraba de toser.
–Un virus –le dijo el veterinario, que le recomendó, cuando fuera a estornudar, taparse la boca con el codo.
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El médico me ha recomendado que lo deje, pero sigo fumando por patriotismo.
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Visto que nadie respetaba el confinamiento, el Gobierno tuvo que recurrir a medidas desesperadas. Contrató a Agbepa Mumba, hechicero burkinés, hacedor de lluvia.
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El claustrofóbico no teme al coronavirus.
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El sacerdote hutu permitió quemar la iglesia donde había cientos de refugiados tutsis y hutus, consolándose con la idea de que Dios reconocería a los suyos.
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Cthulhu está un poco avergonzado: el coronavirus ha logrado en tres meses lo que él no ha conseguido en tres eones.

lunes, 16 de marzo de 2020

Papelera

Alejandro Bentivoglio: “Cuando Augusto Monterroso despertó, aún lo seguían plagiando”.

Me pongo guapa. Voy a pasar la noche con Robert Redford y Jim Beam.
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Kusunoki Masamune no podía haber imaginado mejor final: un rival de renombre, un largo combate, una muerte rápida y un almendro en flor.
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Harvey Wenstein: de aquellos polvos, estos calabozos.
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La biopsia determinó: era alienígena.
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Mis cálculos son falsos. Creía que desdeñando a Mario le atraería más. Se ha acabado yendo con esa mala pécora de Ileana.
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Quebró el banco de peces. Un pesquero chino.
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Proust buscó el tiempo perdido. No lo encontró.
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El lunático era, claro, un extraterrestre.
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CALCETÍN: Objeto que tiende a perderse en las lavadoras.
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LAVADORA: Electrodoméstico que se alimenta de calcetines.
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¿Qué fue antes, la irresponsabilidad o el coronavirus?
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–¿Tienes instalado algún antivirus en el ordenador?
–No. Me limito a lavarme las manos antes y después de utilizarlo.
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Cacarean, Sancho, señal que se nos ha pasado la noche.
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–Toma el ejemplo del colibrí.
–¿Del colibrí, maestro?
–Trabaja con la cabeza.
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MONSTRUO: Criatura que da de comer a cuentistas.
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MONSTRUO: Criatura que ayuda a padres y madres a dar de comer a sus hijos e hijas por la noche.
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Noé es lento, minucioso. El diluvio le pilla cuando aún no ha terminado los planos del arca.
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Aúllan, Sancho, señal que deberíamos salir corriendo de aquí.
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–Ayer visité a una quiromántica.
–¿Y fue capaz de adivinar algo?
–Que no me lavo mucho las manos.
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QUERIDA CIRCE
Por supuesto que no seguí tus recomendaciones. Y, aunque no me amarré al mástil, no me sentí atraído por los cantos de las sirenas. ¿Acaso crees que esas cantilenas insignificantes podrían asustarme después de haber estado viviendo durante tres años con una despreciable bruja como tú?
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Terror causó que el primer ministro anunciara una comparecencia de urgencia. Todos se preguntaban qué diablos iba a comunicar ese payador.
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CROSSOVER
El arca de Noé chocó con el cofre de Deucalión. Se fueron a pique.
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FUSILAMIENTO DE SEDICIOSOS
Goya tuvo que cambiarle el título al cuadro.
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PARADOJA
San Pedro no le dejó entrar porque le gustaba mucho el pescado.
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Acusaron al coronavirus de gerontofobia.
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–¿Que no soy la más guapa, espejito? Bueno, por lo menos seré la más fea.
–No, majestad. La más fea es la hermanastra de Cenicienta.
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César quemó la Biblioteca de Alejandría: había encontrado en el catalogo un libro de discursos de Catón.
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A José le enfurece que Jesús no le regale nada el Día del Padre.
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Por compromiso, Beethoven invitó al estreno de la Novena Sinfonía a sus compañeros de la Asociación Vienesa de Sordos. Ninguno acudió.
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Ariadna le dio un hilo amarillo que, como es natural, le dio mala suerte.
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–Son necesarios los tacones.
–Yo no salgo de casa sin ellos. Ni mucho menos del planeta.
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Aquiles se puso furioso cuando, en medio del combate, Héctor le recordó lo de la tortuga.
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Cuando la Muerte le dijo: Ven, no la escuchó. Estaba sordo.
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Pizzas, hamburguesas, salchichas, patatas fritas son alimentos que aquel ortoréxico no come para alimentar su megalomanía.
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PARADOJA
El bibliófilo no había leído un libro en toda su vida.
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Deje de ladrar vuesa merced, que Rocinante no va a querer que le cabalgue.
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Necrópolis maya. Eso era antes este polideportivo. Y aquí fue enterrado Iktan, el célebre jugador de pelota. Por eso, algunas veces, aparece para participar en un partido de voleibol.
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EPITAFIO
Creía que el coronavirus no era peor que la gripe.
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Sola, borracha y medio descalza lleva Cenicienta a casa.
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La venta de mascarillas se había estancado. Contrataron al doctor Cao para que creara el coronavirus.
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Impronta terrible, rastro de pesadilla, espantosa huella dejó en mi vida aquel guarango.
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EL COLMO
El arquero tenía arcadas.
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–¿Cómo te fue con Kalpesh?
–Vi las estrellas.
–Ah. ¿Tan bien?
–Bien, no. Una pesadilla. Se empeñó en hacer el salto del tigre. ¡Qué testarazo!
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Mis cálculos son falsos. Al haiku le faltan sílabas.
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Rústico retiro disfruta Daihachi. Le gusta contemplar su jardín, observar los pájaros, oír la lluvia. Pero de vez en cuando debe ir a la ciudad a visitar a la célebre cortesana Chieko. Daihachi necesita darse entre sus piernas una zambullida.
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Rústico retiro disfrutaba Daihachi Arakawa. Le gustaba contemplar su jardín, observar el vuelo de las mariposas, oír caer la lluvia. Claro que de vez en cuando tenía que ir a la ciudad. Allí vivía la célebre cortesana Chieko. Daihachi necesitaba darse entre sus piernas una zambullida.
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Se encontró aquel martes con un fueguito que le dijo que era Dios. El sol le había dado demasiado en la cabeza.
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Se encontró aquel martes con un fueguito que le dijo que sacaría a los israelíes de Egipto. Después de pensarlo un instante, Moisés lo apagó. Era muy feliz allí, con su mujer y sus ovejas.
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Se encontró aquel martes con un fueguito que le dijo que le robara. Es lo que alegó en su juicio. Sin embargo, Zeus no creyó a Prometeo.
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Se encontró aquel martes con un fueguito que le dijo: Apágame. Por eso robó el extintor del manicomio.
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Llegará pronto el momento decisivo. Tenemos que estar preparados. Todo tiene que estar guardado y ordenado. Cuando suene el timbre, hay que salir corriendo. Y olvidarse del instituto durante dos meses.
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Llegará pronto el momento de decirle a Clarice que está para comérsela.
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Llegará pronto el futuro. A una velocidad de veinticuatro horas por día.
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ÚLTIMA HORA
Muere una mujer de 81 años atropellada en un paso de peatones. La fallecida sufría patologías previas.
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ÚLTIMA HORA
Muere un hombre de 79 años atropellado en un paso de peatones. El fallecido sufría patologías previas.
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Me enoja que creas que me enojo por cualquier tontería.
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8 de marzo. Hoy me toca a mí poner la lavadora. Lo mismo que ayer.
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–No podemos hacer nada: me duele la cabeza.
–¿Tienes coronavirus?
–Por esta noche, sí.
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Mis cálculos son falsos, querida. Tendremos que sacar a los niños del colegio, vender tu híbrido, plantearnos ir de vacaciones con mis padres, acudir a comprar al híper. A no ser, claro, que quieras ponerte a trabajar.
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Procuro no cometer dos veces el mismo error. Por ejemplo, cuando mi mujer me ofrece compartir una manzana, le digo que no.
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POR SI ACASO
La última mujer sobre la Tierra está sentada sola en una habitación. Va arreglada y con tacones.
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Escribe haikus
casi sin pretenderlo.
Le salen solos.
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Se va a llevar un chasco. Esta noche, cuando venga a molestarme, no va a poder. Ahora mismo voy a pegarme un tiro.
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El ateo no fue admitido en el infierno porque tampoco creía en Satanás.
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Volemos alto. Así veremos pequeñitos los problemas.
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Fue tiroteado en la calle. Sufría patologías previas.
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Espuelas de plata, escudo recamado en oro, espada de acero, armadura bruñida, escudero parlanchín. Lo tiene todo. ¿Todo? Todo no. Olvidó lo más importante: un buen caballo. ¡Menudo lapsus!
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Vendo zapatito de cristal, prácticamente nuevo.
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Boleadoras, compadre. Es el secreto para no dejar escapar ningún, hip, paciente que debe conocer, hip, todo terapeuta.
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Crécy, 1346. Juan de Luxemburgo, que era ciego, se adentró en las filas ingleses. Nunca más se le volvió a ver.
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–Entiendo, hijo, que quisieras ir a Las Vegas. Es una ciudad indescriptible, prodigiosa. Pero ¿por qué tuviste que casarte con ese imbécil de Mario? Dame una razón, sólo una.
–Mordaga, mamá.
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Mis cálculos son falsos, presidente, pero eso ya lo sabes. Soy un lince escondiendo números. Por eso me nombraste ministro de Hacienda.
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Cuando Louis Desaix llegó, Napoleón se había descerrajado un tiro en la sien.
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El coronavirus no llegó a cumplir las expectativas de sus creadores; sólo infectó al uno por ciento de la población. Sin embargo, el virus del miedo infectó al cien por cien de los humanos.
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Su matrimonio resistió enfados, mentiras, infidelidades, pero no quince días de encierro en casa por coronavirus.
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¡Intolerable! Lord Macclesfield está furioso. Su camarote se ha llenado de peces. Un día más. ¡Nunca más viajará con la White Star Line. Ahora mismo volverá a decírselo al capitán del Titanic.
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La sucia Tierra no valía ni la energía del rayo posifógilo para destruirla.
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Asombrados, entraron en la Ciudad de Chocolate. Comenzaron a arrancar grandes trozos y a devorarlos. ¡Riquísimo! Sólo su capitán no lo prueba. Contempla a sus anfitriones y sospecha de sus propósitos. Hernán Cortés no se fía de los aztecas.
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Uno a uno los pretendientes fueron dejando a Penélope. Ítaca era tan pobre que no merecía el esfuerzo y, además, la reina era una inútil: ni siquiera sabía coser.
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El suicida dejó entrar a Drácula.
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–La culpa fue tuya.
–¿Mía? ¿Y tú por qué me hiciste caso, Adán?
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Ha cogido el virus y le ha dado las gracias: durante dos semanas no tendrá que ir a comer a casa de sus suegros.
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–Me han dicho que vas a casarte con Aglaura. ¿Es verdad?
–Sí.
–Sabes que se dicen ciertas cosas de ella, ¿no?
–Sí.
–¿Sabes que tiene fama de viuda negra?
–Sí.
–¿Y vais a casaros en régimen de gananciales?
–Sí.
–Tú eres un suicida, ¿no?
–Sí.
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DESASTRE TOTAL
Mi mujer se ha liado con mi musa.
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Pagó a mendigos para que fingiesen estar enfermos y él pudiera simular que los curaba. Incluso acordó que su primo se hiciera el muerto para que él pudiera fingir resucitarle. Lo complicado vino al final. Fue crucificado. Luego, mientras María Magdalena entretenía a los soldados romanos, sus discípulos robaron el cuerpo.
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Dios los expulsó del Jardín del Edén porque no soportaba a los crudiveganos.
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GÉNESIS 7, 1-4
Dios ordenó a Noé que construyera una alberca, que la llenara con una pareja de todos los peces y que también metiera en ella a su familia, los únicos delfines que se salvarían. Cuando Noé lo hubo hecho, comenzó la gran sequía.
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Zombi, se pasea por las calles de Baileyton, AL. Pertenecía al Klan y quería apalear a un infectado. Fue mordido. Sería motivo de burla si quedara alguien que pudiera burlarse. Está condenado a llevar eternamente en la cabeza un ridículo cucurucho.
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REGRESIÓN
Abandonaron las ciudades y se mudaron a las montañas. Empezaron a caminar como cuadrúpedos y a subir a los árboles. No resultó fácil. Pero, al cabo de cien generaciones, lograron los primeros éxitos: perdieron completamente la capacidad de hablar y empezó a salirles cola. Volvían a ser monos.
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No era un indigente, sino un ministro vestido de domingo.
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Es hermosa, sensual, exuberante. Sólo le encuentro una pega. Bastet come ratones.
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–¿Qué te ha parecido el Coliseo?
–Una ruina colosal.
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–Ganarás el pan con el sudor de tu frente.
–¿Pan? Pero ¿es que no te ha quedado claro que soy crudivegano?
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Hay un misterio que no pudo resolver Sherlock Holmes. ¿Qué pasó con la mujer de Watson?
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Daisy y Judith Carrington eran siamesas y estaban unidas por la cintura. Discutieron cuando Judith se enamoró del casquivano Lionel Lippincott. Desde entonces las dos hermanas no han vuelto a verse.
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Como los aborígenes parecían afables, decidió quedarse a investigar. La llamaron Itzia. Hacía eones que se había producido el choque. Supuso que debía haber causado una gran catástrofe en el planeta, pero poco pudo descubrir. Sólo que la nave siniestrada se había estrellado en un lugar llamado Chicxulub.
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Hacía eones que se había producido el naufragio. Supuso que debía haber causado una gran catástrofe en el planeta, pero poco más pudo descubrir. Sólo que la nave siniestrada se había estrellado en un lugar llamado Chicxulub.
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La carta contenía un mensaje lleno de ilusión: una hoja en blanco y la estela del perfume que le regalé.
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No soporto el calor, así que se puede decir que San Pedro me condenó a la indigencia.
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La mujer era perfecta, tanto que a su lado Adán parecía un pegote.
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PARADOJA
El alienista no pudo ayudar al alienígena.
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La aparición de la viajera en el tiempo provocó sorpresa, alarma, indignación, delirio. Toda la población de Salem se trastornó.
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–¿Ha leído El informe de Brodie?
–Yo sólo leo ficción.
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CONTRAFACTUAL
El mar Rojo no se abrió y los israelíes fueron conducidos de vuelta a Egipto. Hoy en día, los turistas pueden visitar las diez pirámides de Guiza.
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LAS RAZONES DE JUDAS
Cobrará las treinta monedas, se cambiará el nombre, huirá a Egipto y allí, con el dinero, abrirá un negocio.
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Siente un amor apasionado por la soledad.
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El alienígena fue acusado de zoofilia.
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Cuando multiplicó los peces, el gremio de carniceros decidió sobornar a Judas.
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Cuando multiplicó los peces, los carniceros comenzaron a conspirar contra él. Sobornaron a Judas.
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Cuando multiplicó los peces, los carniceros comenzaron a conspirar contra él.
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–Muuuuuu –dijo el cornúpeto alienígena.
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No se puede hacer tortillas sin robar huevos.
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–No me toques, fantasma.
–Si soy un fantasma, ¿cómo quieres que te toque?
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–No me toques, fantasma.
–Precisamente, te voy a tocar para demostrarte que soy un fantasma.
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–Alto ahí, Ricardo. No me toques.
–¿Y por qué?
–Por precaución. Tu mujer dice que cada vez que la tocas la dejas embarazada.
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Me escribió un poema. Realmente necesitaba una musa.
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–Piélago de calamidades, alcor de aprietos, tempestad de cataclismos te acecharán si no eres más dúctil, más seráfico, más probo.
–¿Más qué?
–Ignaro, más humilde.
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¿Espagueti con Avecrem? ¿Eso es lo que pusiste? ¿Y te extraña que ese crítico gastronómico te dejara un ojo a la funerala?
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Nací mujer un martes 8 de marzo. El miércoles me hice de género fluido. El jueves fui transgénero. El fin de semana me tomé un descanso.
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Nací mujer un martes 8 de marzo. Es por eso, señoría, que ese día participé en la huelga feminista.
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Nací mujer un martes 8 de marzo cuando leí Los monólogos de la vágina.
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Nací mujer un martes 8 de marzo cuando leí El segundo sexo.
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Aquiles acudió aliviado y feliz a la llamada de Agamenón: estaba cansado de correr detrás de aquella maldita tortuga.
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La liebre llegó a la meta antes que la tortuga. Moraleja: las fábulas no siempre tienen moraleja.