Microrrelatos de Plácido Romero

miércoles, 26 de abril de 2017

Así tenían que ser todos los ajusticiados

Fue tan amable conmigo que, lo admito, me esforcé en hacerlo lo mejor posible. Le corté la cabeza de un certero golpe. 

Para mi sorpresa, me preguntó educadamente si ya había acabado. 

–Sí –le respondí. 

Entonces Dionisio cogió su cabeza y se marchó. 

Así tenían que ser todos los ajusticiados.

Microrrelato publicado en RELATOS EN CINCUENTA PALABRAS Y OTRAS MICROFICCIONES

domingo, 23 de abril de 2017

El sueño de todo librero

Cuando me instalé en aquel lugar, mis colegas se compadecieron de mí; me dijeron que allí sólo vivían labriegos nada interesados en la lectura. Sin embargo, lo admito, tuve suerte; encontré a un cliente que era el sueño de todo librero. No paraba de encargarme volúmenes que tenía que traer de Madrid, de Zaragoza, de Amberes. Nunca regateaba el precio. Sólo a veces me pedía que le guardara un libro, pues debía vender unas fanegas de tierra para conseguir más dinero.

Un día desapareció. Lo vieron salir por la puerta falsa de un corral vestido estrafalariamente. Le echo de menos.

Microrrelato para el Concurso de #HistoriasdeLibros de Zenda

domingo, 16 de abril de 2017

Un último truco

Como su magia ya no conseguía sorprender, anunció un último truco. El público se congregó expectante. Sin embargo, el ilusionista no salió volando ni se esfumó: algo había fallado. 

Cuando se certificó la muerte del mago, sus decepcionados seguidores se dispersaron. 

Pocos de ellos supieron que resucitó al tercer día.

Microrrelato publicado en RELATOS EN CINCUENTA PALABRAS Y OTRAS MICROFICCIONES

sábado, 15 de abril de 2017

Microcuentos

Cenicienta, Blancanieves y la Bella Durmiente acabaron con todas las perdices. El lobo tuvo que comerse a Caperucita.
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Penélope ya no podía más. Le resultaba imposible satisfacer a sus 108 pretendientes. Envió a Telémaco a buscar a Ulises.
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¿Me mintió cuando me dijo que me amaba? ¿O me mintió cuando antes de abandonarme me dijo que me amaba como el primer día?
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Voy a tener que comprar un nuevo atrapasueños. Parece que el viejo está lleno: anoche tuve una pesadilla.
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–Mijita, ¿cómo has conseguido escapar del bosque oscuro?
–Los monstruos empezaron a discutir quién iba a devorarme.
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Para sobrevivir en el bosque negro, tuve que convertirme en una bruja.
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¡Pobre Schahriar! ¡Qué ingenuo! ¡Mira que creerse los cuentos de Scheherezade!
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La secuestraron, la vendieron, la embarcaron hacia América, la revendieron, la azotaron, la violaron. No dejaron de llamarla salvaje.
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Cuando le vio por vez primera, Jane comprendió que Tarzán sería un salvaje en la cama.
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Scheherezade contrató a un negro para que le escribiera los cuentos, lo cual le acabó costando la cabeza.
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Lo que más le gustaría al Holandés Errante sería naufragar.
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Hitler comprendió demasiado tarde que su libro era imposible de adaptar.
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Cuando la niña cruza el oscuro bosque oscuro, se hace la tonta
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Cenicienta estaba tan desesperada que dejó seis pares de zapatos en las escaleras de palacio.
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Harto, salté por la ventana. Estaba tan desesperado que olvidé que vivía en un primero.
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Al Minotauro le sorprendió descubrir que había sido concebido durante una salvaje fiesta en el palacio de Cnosos.
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Era tierno, atento, delicado, sensible, melifluo. Era aburrido.
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–Vengo a matarte.
–…
–He dicho que vengo a matarte.
–…
–Bueno, está bien. Sólo te remataré.
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Era tan guapo y simpático que Cenicienta perdió los dos zapatos.
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Después de publicar un libro de cuentos, centró su esfuerzo en la redacción de una novela río. Murió ahogado en el primer volumen.
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Le odiaba tanto que comenzó a pensar que le amaba.
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El cura no les dejó acudir disfrazados de Adán y Eva, así que tuvieron que celebrar una boda civil.
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Fue un asesinato tan sanguinolento que el juez, además de condenarle a cuarenta años, le obligó a limpiar la escena del crimen.
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Un pequeño fallo en los cálculos. Y Noé tuvo que explicarles a los dinosaurios que no podían subir al arca.
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Cuando el dinosaurio despertó, Noé ya había partido.
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Le invité una vez a cenar. Y se presentó con una botella de lambrusco.
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Cuando despertó, Scheherezade todavía no había terminado de contar la historia del mandadero y las tres doncellas.
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El día de su boda, Laura tomó prestado al novio de Mónica y se lo llevó al servicio.
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El canto de las sirenas era horripilante, pero Ulises, que no quería echar por tierra un mito, no se lo dijo a sus marineros.
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Desde que Caronte acepta el pago en vino, el Aqueronte se ha convertido en el río del Olvido.
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Cuando el banquero le propuso invertir en renta variable, Caronte comenzó a remar más rápido.
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No parecía dispuesto a bajarse del pedestal. Tuvimos que derribar su estatua.
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Tuvieron que aplazar la boda a septiembre. El cura les había suspendido el cursillo prematrimonial.
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Aunque Sancho aseguró de que se trataba de molinos de viento, se guardó mucho de acercarse a ellos.
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Han llegado al punto en que sus palabras son ruido.
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Se arrancó un ojo, se cortó la mano izquierda y la pierna derecha. Y sólo quedó segundo en el concurso de disfraces de piratas.
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Querría ser otra persona. Querría no ser.
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Prometí amarle hasta que la muerte nos separase, pero no se entera. Todas las noches viene a molestarme.
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Por la noche no olvido ese vaso de vino que me ayuda a olvidar todo lo demás.
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Cuando se perdió en el bosque, se encontró a sí mismo.
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Efecto Pigmalión
Judas no quiso defraudar las expectativas del rabí.
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No fue capaz de guardar silencio. Habló y habló. Y el viento se llevó sus palabras.
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Fría venganza
El maquillador de cadáveres sonrío al ver a Natalia. La dejó fea para toda la eternidad.
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El hombre bala salió disparado al infierno. Demasiada pólvora.
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–Si no le amabas, ¿por qué te casaste con él?
–Para no aburrirme mientras esperaba al auténtico amor de mi vida.
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El psicoanalista me dijo que tenía derecho a guardar silencio y que cualquier sueño podía utilizarse en mi contra.

viernes, 14 de abril de 2017

Sin vista

No paro de enviarles microrrelatos y no consigo que me publiquen ninguno. Los he escrito de todas las temáticas: policiales, de terror, humorísticos, de payasos. Se acabó. No les remitiré ninguno más. Sospecho que ni siquiera los leen, a pesar de que siempre he cumplido su absurdo requisito de no superar una cuartilla: las diminutas letras que debo utilizar me están dejando sin vista.

Microrrelato ganador semanal del Concurso de Microrrelatos de Radio Castellón

viernes, 7 de abril de 2017

Planificación familiar

–Señora Akombi, ¿cuántos hijos tiene?

–Seis, doctor, seis hijos. Cuatro niños y dos niñas. Ya tengo suficientes. No quiero más.

–Dígame: ¿por qué ha tenido seis hijos?

–Es por culpa de mi marido, doctor. Me quedo embarazada cada vez que me mira.

–Entonces, señora Akombi, tendremos que arrancarle los ojos.

Microrrelato publicado en RELATOS EN CINCUENTA PALABRAS Y OTRAS MICROFICCIONES

martes, 4 de abril de 2017

Quisicosas

¿Por qué las iglesias no tienen horario de 24 horas?
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Lo ve todo tan de color de rosa que no me deja otra opción, para compensar, que ponerlo todo negro.
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Se jacta de que todo le sale bien, es decir, le falta espíritu crítico.
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Me faltan oportunidades para ser optimista.
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¿Tantos teléfonos inteligentes no nos están volviendo estúpidos?
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Ni siquiera puedo jactarme de ser rigurosamente inédito.
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Es curioso. Hay escritores de éxito que esperan a morir para fracasar estrepitosamente.
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Robespierre alardeaba de ser incorruptible. Hasta que murió.
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Algo va mal. Cada vez que intentó dar un vuelco a mi vida acabo girando 360º.
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¿Cómo se mata lo que ya está muerto?
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–Hay tiempo para todo.
–Define todo.
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¿No los soporto porque no me soporto?
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¿Se volvió ciego Borges para no tener que verse en los espejos?
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Piensa que lo tienes y así no lo necesitarás.
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Se ha caído tantas veces que se pregunta si no sería mejor arrastrarse.
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¿Le perdono para que me perdone?
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Entonces, ¿antes de Copérnico el Sol giraba alrededor de la Tierra?
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¿De verdad hay gente a la que le preocupa que Feliciano López prefiriera tomar un Happy Meal fuera que un cocido madrileño en casa?
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¿No habría sido mejor que Caín esperara a un viernes de cuaresma para realizar su ofrenda a Dios?
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¿Sueñan los androides de la Tierra Media con mûmakil eléctricos?
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El león no devoró al ratón, pero ¿qué habría pasado si una gacela le hubiera quitado la espina?
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Si Dios es tan grande, ¿cómo ha logrado esconderse tan bien?
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Por mucho que intento mentirme no logro engañarme.
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"Fernando VII, por la gracia de Dios." Pues vaya gracia.
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¿Cuándo comenzó a torcerse la Iglesia? ¿Fue con Saulo o fue en Nicea?
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Dios resulta tan incomprensible que los teólogos se ganan el cielo inventando justificaciones.
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Los torpes británicos, al enviar a los judíos a Palestina, la convirtieron en un avispero. El pragmático Stalin los trasladó a Siberia.
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¿Y si Dios hubiera creado al mundo para luego venderlo? ¿Y si el demonio fuera el comprador?
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¿Y si este mundo sólo fue creado porque Dios se aburría?
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Al menos no se me da mal que todos me ignoren.
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Siempre me ocurre: cuando por fin encuentro un artículo interesante, me llama el médico.
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Sun Tzu aconsejaba tomar la posición elevada. Sin embargo, en Austerlitz, Napoleón dejó que la ocuparan sus enemigos. Y los aplastó.
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Maldito seas, Stephen King: te estás retrasando en publicar tu nueva novela. Y a mí no me queda tiempo.
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Se protegía del mundo con una armadura de sarcasmo.
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Santa Serendipia fue beatificada sin pretenderlo.
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Padecen el complejo de Aladino. Esperan que algún genio les conceda todos sus deseos.
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¿No ha durado ya demasiado el silencio de Dios?
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Durante mucho tiempo, la Iglesia miraba las manos llenas, no las limpias.
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Los teólogos han comenzado a preocuparse: últimamente, Dios está muy silencioso.
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La llegada de los turcos fue recibida con alivio porque puso fin a la discusión bizantina.
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¿Quién se ha dejado vencer por la pereza, mi musa o yo?
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He visto la factura eléctrica y he decidido que ya no hace frío.
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Mi futuro como escritor de best sellers es pasado.

lunes, 3 de abril de 2017

La siguiente noche

1
Una débil vibración le despertó. Se apresuró a cortar la alarma del móvil. Miró a su mujer: seguía dormida. Salió del dormitorio y se dirigió a la cocina. Allí envió el primer chat a B. Mientras esperaba la respuesta, se puso a hojear el Marca. Estaba en mitad de un artículo sobre Sergio Ramos cuando le llegó la respuesta de B. Él se apresuró a responder. Le preguntó qué llevaba puesto. La respuesta, que él conocía, tardó varios minutos: B. le dijo, por supuesto, que estaba desnuda. Él le pidió que le enviara una foto, aunque también sabía cuál sería su respuesta. 

Siguieron chateando durante una hora. Él envío un último mensaje y apagó el móvil sin esperar la respuesta. Siempre lo hacía así.

2
Su marido regresó de repente al dormitorio. Ella se pegó el móvil al pecho y fingió dormir. Él se metió en la cama y se cubrió con las sábanas. Al cabo de cinco minutos comenzaron a escucharse sus ronquidos. Ella volvió a encender el móvil. J. no había contestado su último mensaje. Quizá estaba enfadado porque tampoco esa vez le había mandado una foto. Ella se propuso enviársela la siguiente noche.


Microrrelato escrito para el Viernes Creativo de Elbicnaranja.wordpress.com

domingo, 2 de abril de 2017

De cinco participantes

A P.J.

Ese año, creí, sería el suyo. No me limitaría a alquilarle un traje y a comprarle una falsa espada de cazoleta. Le arranqué un ojo, le corté la mano izquierda e hice que le amputaran la pierna derecha.

Mi hijo Cristian quedó quinto en el concurso de disfraces de piratas.

Microrrelato publicado en RELATOS EN CINCUENTA PALABRAS Y OTRAS MICROFICCIONES

sábado, 1 de abril de 2017

Soy el hijo de Antonio Moreno

Siempre supe que papá trabajaba en el teatro. Por eso no paraba de viajar. A veces se pasaba fuera meses enteros y sólo se quedaba con mamá y conmigo unos pocos días antes de volver a marcharse.

Nunca me atreví a preguntarle a mamá qué era eso del teatro. Supuse que se parecía al circo, pero para mayores: después de todo, iba con mis padres al Circo Italia cada vez que venía a la ciudad, pero nunca me habían llevado al teatro. 

Fue en clase de la señorita Rosario donde supe lo que era. Un día nos habló de grandes dramaturgos del momento: Buero Vallejo, Alfonso Sastre, Antonio Gala; y de otros que ya estaban muertos: Lope, Shakespeare, Molière. Nos dijo que, cuando fuéramos mayores, podríamos disfrutar de sus obras. Estuve tentado a decirle a la señorita Rosario que mi padre trabajaba en el teatro. Gracias a mi timidez, no lo hice. Afortunadamente.

Sin embargo, no podía esperar. Adiviné que papá actuaba en nuestra ciudad porque salía todos los días después de comer y regresaba de madrugada. Una tarde decidí seguirle. Observé cómo le saludaba un portero. Esperé horas hasta que la puerta del teatro se llenó de gente. Entonces, me acerqué al mismo portero que había saludado a mi padre. Le dije que era el hijo de Antonio Moreno y que le llevaba algo.

–Ah, ¿tú eres hijo de Toni Moré? Pasa chaval, pasa –me dijo, lanzándome una extraña mirada.

La sala estaba abarrotada. Me acerqué al escenario, ignorando a la gente que me rodeaba. La obra empezó a los pocos minutos.

No entendí el argumento, en el caso de que lo tuviera, y no descubrí entre los actores a mi padre. Comencé a pensar que me había engañado todos esos años: quizá, después de todo, no fuera actor. 

Estaba a punto de irme cuando la gente comenzó a aplaudir. Al escenario había salido una mujer muy alta, que llevaba un vestido minúsculo. Pensé en mamá; si la viera, diría de ella que era una desvergonzada. La mujer comenzó a bailar en el escenario. Lo hacía bastante bien, a pesar de que llevaba unos zapatos de tacón como no había visto nunca. Iba muy maquillada y el pelo le llegaba a los hombros. 

Sólo fue al empezar a cantar cuando reconocí a papá.

Microrrelato escrito para el Viernes Creativo de Elbicnaranja.wordpress.com

lunes, 27 de marzo de 2017

Microcuentos

Para Medusa fue una liberación que Perseo la matara: estaba harta de ir con el pelo desgreñado.
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Es incapaz de enfrentarse al horror. Lleva años sin limpiar el vaho del espejo del baño.
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Estaba tan confiado en que la historia iba a acabar bien que puso una granja de perdices.
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Cerró los ojos, pidió un deseo y sopló. Cuando volvió a abrirlos, a la tarta le faltaban la mitad de las velas.
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Ella llevaba un vestido tan provocativo que resultó inevitable que él tuviera que improvisar un solo.
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Al dios judío le resultó fácil derrotarles: los dioses del Olimpo se pasaban el día en la cama.
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Quise sorprenderla con un impromptu, pero Marcela interpretó una fuga. Fue un desconcierto. --
–Hola, soy Dakota.
–¿Del Norte o del Sur?
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Dejé volar mi imaginación. Y no regresó.
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Hefesto le presentó una reclamación a Zeus. ¿Por qué él era el único de los dioses que trabajaba?
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Cuando el reloj de sol comenzó a atrasar, no conseguí encontrar a nadie que lo arreglara.
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Él estaba tan harto de que ella simulara los orgasmos que comenzó a fingir los gatillazos.
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Encontró una lámpara maravillosa. La frotó. Salió un genio. Le dijo que, hasta dentro de mil años, estaría fuera de servicio.
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Después de que una rama caída destrozara su flamante carro, demandó a Eolo por daños materiales.
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Creando el mundo en seis días, ganó a los otros dioses. Y luego se dedicó a descansar.
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El inquisidor condenó al hereje a la hoguera. Años después, le sorprendió no encontrarle en el infierno.
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Adoró a todos los dioses y, cuando murió, exigió su derecho a ser condenado a todos los infiernos.
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Él le robó un beso porque ella le había robado el corazón.
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Cuando la orquesta terminó de interpretar 4’33’’, sólo los sordos aplaudieron.
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Cuando la orquesta terminó de interpretar 4’33’, un incómodo silencio invadió el auditorio.
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–Encontré un príncipe azul en el restaurante.
–¿Y qué hiciste?
–Le practiqué la maniobra de Heimlich.
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El juez sentenció que la empresa que comercializaba la loción anticaída tenía que indemnizar al demandante con un peluquín.
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Cuando su mujer le confesó que se había acostado con un informático, la perdonó. Las discusiones con su cuñado eran la razón de su vida.
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Cuando el tiranosaurio despertó, descubrió sorprendido que lo habían hecho rey.
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No le gustaba reciclar. A nadie le sorprendió que se reencarnara en hongo comedor de plástico.
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Cuando el paleontólogo despertó, los huesos del dinosaurio ya no estaban allí.
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Al demonio no le quedó otra que expulsar a Sacher-Masoch del infierno.
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El Minotauro siguió el hilo y le dio una sorpresa a su hermana.
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Sus padres le aconsejaron que encontrara un trabajo. Sin embargo, sólo el circo de los engendros contrató al Príncipe Azul.
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–El robot de cocina perdió un tornillo.
–¿Y qué hicisteis?
–Pedir comida por teléfono.
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Se echó un novio coreano que, como a ella, también le gustaban los perros.
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Julio César no quiere más triunfos. Está harto de que su cocinero condimente todas las comidas con laurel.
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Pidió una sencilla alfombra de oración. Dos días después, el preso y la alfombra habían volado.
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El nyotaimori acabó en escandalosa tragedia. El señor Okura se comió no un pez, sino un pezón.

En la maratón, el suicida alcanzó su meta.
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Cuando la Bella Durmiente despertó y vio a aquel príncipe, pensó que estaba en medio de una pesadilla.
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La Bella Durmiente despertó, miró al príncipe y, por enésima vez, volvió a cerrar los ojos.
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Estoy hecho cenizas. Ella tenía fuego en el cuerpo.
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En algún momento del pasado me perdí a mí mismo.
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Los esquimales le preguntaron al misionero qué tenían que hacer para ser arrojados al fuego eterno.
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Llamó al parque de bomberos pidiendo que le enviaran un agente. Tenía fuego en el cuerpo.
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Un mal movimiento
Le hizo jaque mate al Rey y acabó decapitado.

domingo, 26 de marzo de 2017

La barca de Caronte

¿Por qué no pueden los muertos atravesar el Aqueronte?

Hace un año, un banquero le preguntó a Caronte si no estaba interesado en contratar algún producto financiero. En su banco ofrecían un fondo de renta variable que promediaba un beneficio de cuatro puntos.

Caronte aceptó. Y acabó perdiendo la barca.


Microrrelato publicado en RELATOS EN CINCUENTA PALABRAS Y OTRAS MICROFICCIONES

sábado, 25 de marzo de 2017

Cremà

La conocí en las fiestas. Era guapa y esbelta y llevaba un generoso escote. A mí me hicieron bajito, con la cara llena de granos, feo, ridículo. Me estuvo ignorando durante más de una semana. Quizá se creía mejor que yo. Sin embargo, esta noche nos queman a los dos.

Microrrelato ganador semanal del Concurso de Microrrelatos de Radio Castellón

jueves, 16 de marzo de 2017

El hoyo

Me metió en el coche y me colocó el cinturón de seguridad.

–¿No irás a gritar? –me preguntó.

Antes de que me diera tiempo a responderle, cortó un esparadrapo y me lo colocó en la boca.

–Seguro que te gustará el sitio –me dijo.

Arrancó el coche y salimos. Durante el viaje, no abrió la boca. Simplemente se limitó a tararear las canciones que emitía la radio que tenía sintonizada. Me pareció curioso que fuera la misma emisora que me gustaba a mí.

Pensé que, si nos cruzábamos con alguien, sin duda le parecería extraño que la persona que estaba sentada junto al conductor estuviera amordazada. Sin embargo, la carretera estaba desierta. De vez en cuando pasábamos por delante de un cartel indicador, pero sin gafas me era imposible leerlo.

Trascurrieron quince minutos antes de que nos detuviéramos.

–Mira, allí. ¿Te gusta?

Me señaló una colina. Entrecerré los ojos para ver mejor.

–Ah, las gafas –dijo.

Las había guardado en el bolsillo de la camisa. Me las colocó. Entonces vi el lugar que me mostraba: una colina cubierta de matorrales.

–¿Qué te parece?

No pude responder nada porque no me había quitado el esparadrapo de la boca. Se dirigió al maletero y sacó una pala. Comenzó a reírse.

–Supongo que no querrás abrir tú el agujero.

Le vi alejarse colina arriba. Estuvo dando vueltas hasta que al final pareció encontrar un lugar. Comenzó a cavar.

Para entonces había conseguido aflojar un poco las cuerdas. Tardé unos pocos minutos en terminar de liberarme. Las llaves estaban puestas en el contacto. Por un momento pensé en salir de allí. Entonces lo observé. Se había quitado la camisa y daba incansables paletadas. El hoyo avanzaba. Habría sido una lástima desaprovechar tanto trabajo.

Microrrelato que recibió una mención en el Concurso 125 de Las Historias

sábado, 11 de marzo de 2017

Investigación criminal

Una llamada de aviso al 112 lo inició todo. Los primeros efectivos policiales tardaron en llegar unos pocos minutos. La zona fue rápidamente acordonada y se iniciaron las pesquisas. Gracias a las declaraciones de 3.532 testigos, la policía pudo reconstruir lo sucedido. Se sospechó que hubo otras cinco muertes, cuya investigación sigue abierta. En cualquier caso, la policía sólo encontró un cuerpo. La víctima había sufrido diversas heridas y mutilaciones. Todo sucedió en veinte minutos. Algunos testigos aseguraron que la víctima trató varias veces de escapar; otros indicaron que se enfrentó a sus atacantes con bravura. Los científicos forenses recogieron restos de sangre por toda la escena del crimen. La víctima había sufrido múltiples lesiones. La investigación determinó que tres individuos le habían inferido heridas de gravedad (no mortales), aunque fue la agresión de un cuarto individuo la que provocó la muerte de la víctima. La autopsia fue la encargada de determinar la causa exacta de la defunción. El médico forense señaló en su informe que, aunque los dos pinchazos y la media tendida ocasionaron heridas mortales de necesidad, fue el estoque de descabello el que causó la herida mortal. El principal sospechoso abandonó el lugar a hombros.

Microrrelato presentado al Certamen #Respetauro de El Electrobardo

martes, 7 de marzo de 2017

Cuenta 140

No volví a acordarme de aquel tipo tan raro hasta que vi mi secador de pelo en ARCO.
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El presidente del banco estaba inquieto. El partido que encabezaba las encuestas había rechazado un préstamo al 0% de interés.
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En aquel país el delito fiscal estaba tan castigado que le cayeron diez años por defraudador y uno por matar al inspector de Hacienda.
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El abogado litigante se fue de vacaciones a Florencia. Demandó a la agencia de viajes porque no sintió el prometido síndrome de Stendhal.
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La moda de suicidarse tuvo tanto éxito que sólo duró tres semanas.
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Aprobó la plaza porque consiguió lo imposible: sobornar a los cinco miembros del tribunal.
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Al nuevo diputado no le sorprendió que un banco suizo tuviera sucursal en los sótanos del Congreso.
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El supremacista renunció a su militancia cuando vio la foto de una de sus bisabuelas.
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Y por fin, cuando se iban a cumplir once meses desde la primera consulta, el psicólogo me dijo que mi síndrome postvacacional estaba curado.

Microcuentos finalistas semanales del Concurso 140 de El Semanal (2016-2017)

lunes, 6 de marzo de 2017

Microcuentos

Los monstruos están alegres: han conseguido que la niña se despierte. Ahora podrán irse a dormir.
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Cuando despertó, la página en blanco todavía estaba allí.
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A pesar de su hallazgo, todos le ignoraron. Cuando murió, le dejaron tirado en la calle. Nunca reconocieron sus méritos al hombre invisible.
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–Tengo pesadillas, doctor.
–¿Qué lee antes de irse a dormir?
–A Lovecraft.
–¡Por Dios, pásese a Corín Tellado!
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Paradoja
Si no fuera tan inútil, es seguro que ya habría conseguido que le dieran un premio.
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Su madre era una irresponsable. Todas las noches, después de leerle un cuento, la dejaba a merced de los monstruos.
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Había pasado tanto tiempo odiándole que se dio cuenta de que lo necesitaba.
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La zombi le mordió. El policía no trató de defenderse. Nueve meses después del carnaval, tuvieron un hijo.
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A Ulises le extrañó que cinco niños corretearan por los pasillos de palacio.
–Son tus sobrinos –le dijo Penélope.
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A Forrest Gump le causó sorpresa descubrir que era caucasiano. Toda su vida había creído que era de Greenbow, Alabama.
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–Trátame como una princesa –me dijo.
–Mejor no –le respondí–. Soy republicano.
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Al tercer vuelo, la alfombra persa se estropeó. Era Made in China.
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–Te notó muy fría. ¿Sigues enamorada de mí? –me preguntó.
Le respondí con sinceridad:
–Como el primer día.
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¡Pobre cinta de lectura! Lleva setenta y tres años entre las páginas 248 y 249.
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¿Pistola o cuerda? Llevaba veinte años sin decidirse.
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A César no le gustaba aceptar regalos. Ordenó que arrojaran al Nilo, sin desenrollar, la alfombra que le acababan de traer.
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La memoria del móvil estaba llena: ya no podía sacar más fotos.
Los dos últimos días en Roma los pasó encerrado en el hotel.
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–Desde que he regresado, encuentro Ítaca provinciana.
–Desde que has regresado, yo también, Ulises.
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Mi mujer siempre fue de prisas. Se ahogó sin darme tiempo a inflar el flotador hinchable.
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Escribía para conocerse mejor y, por lo mismo, no escribía mucho.
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Se lo pidió a todos los dioses y ahora no sabe a cuál de ellos agradecérselo.
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Busca a Dios, pero está endiabladamente bien escondido.
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El ocho, tendido en la cama, sueña que es infinito.
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Napoleón no lo entiende. En Santa Elena ha combatido mil veces la batalla de Waterloo y siempre la gana.
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En la botella, encontraron una nota: Llegué a Utopía. Estas son las coordenadas: 93º 78’ N, 187º 89’ E. ¡Vengan!
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La familia llevaba tanto tiempo sin estar junta que doña Benilde decidió morirse para reunirla de nuevo.
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El viejo editor se comía escritores noveles en su tinta.
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Marcó Utopía en el GPS del coche. Fue directo al cementerio.
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Es muy poco selectiva. Para ella, todas las ranas son príncipes.
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Era feo, su voz chillona resultaba insoportable, olía a colonia barata, tenía la piel áspera y, lo peor, sabía a demonios.
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No se decidía por Mitra o Jesús. Le parecían iguales. Constantino tuvo que jugárselo a los dados.
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Era poco ardiente. Tuve que esperar al apocalipsis zombi para que me mordiera.
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La liebre no era tan tonta. Apostó a que iba a perder contra la tortuga.
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Literal
–No quiero volver a verte nunca más –me dijo.
Sus deseos eran órdenes para mí. Le arranqué los ojos.
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Después de treinta años, el psicoanalista ha cambiado de repente su diagnóstico. No sufro complejo de Electra, sino de Yocasta.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Quisicosas

¿Los rezos son soliloquios?
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Las cebollas nos consideran unos falsos. Sí, lloramos cuando las cortamos, pero son lágrimas de cocodrilo, porque nos las acabamos comiendo.
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Crea dioses y te ignorarán.
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Paradójico que Borges, en su juventud, escribiera a ciegas.
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Según el obispo Usher, el mundo fue creado a las nueve de la mañana del 27 de octubre del año 4004 a.C. ¡Qué poco madrugador Dios!
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Hoy en día tener una cuenta bancaria es lo mismo que jugar a una yincana. El premio imposible de alcanzar es no pagar comisiones.
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Según cuentan los historiadores, a finales del siglo XV los castellanos comenzaron a experimentar con conejos de Indias.
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Salió a la calle y miró el móvil para ver si llovía.
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Los sordos fueron los únicos que apreciaron las excelencias de 4’33’’.
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El profesor ha comprobado que sus alumnos son fukuyamistas: les gustaría que la Historia hubiera acabado en 1991.
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El castellano sólo tiene cinco vocales. Y las pobres trabajan a destajo.
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Sólo está allí para poder decir que ha estado allí.
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¿Sería todo más fácil si careciéramos de pasado?
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Domingo: día lastrado por el lunes.
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Es extraño, pero hay ateos que son verdaderos fundamentalistas.
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Sábado: tercer grado laboral.
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Se jactaba de correr diez kilómetros en 5 minutos y 20 segundos. Era un fantasma.
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¿No habría que echarle la culpa a Dios de que haya tantos ateos?
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Viernes: ¿quién tiene ganas de celebrar nada?
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No tengo nada que envidiar a muchos clásicos. Tampoco a mí nadie me lee.
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Tiene pocos amigos y ninguna deuda que pagar.
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La Historia no se repite casi nunca. Lo que suele repetirse es la Física y Química.
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Miércoles: point of no return, es decir, sólo queda resoplar y seguir adelante.
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Para no enfadarse, los leones del Congreso prefieren no mirar quién entra.
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La Convención condenó a muerte a María Antonieta ante el peligro de que se convirtiera en una viuda negra.
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Le dieron a elegir entre la corona y la cabeza. Luis XVI, que no era muy listo, decidió seguir conservando la corona.
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Martes: tan cerca del fin de semana, tan lejos del fin de semana.
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Lunes: palabra corta, día largo.
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A Gracián le habría gustado que el arcabuzazo turco hubiera herido a Cervantes en la mano diestra.
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La táctica que César utilizó en Farsalia hizo que Pompeyo perdiera la cabeza.
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Si dudas entre Borges y Sabato, elige a Monterroso.
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Mi pereza está cansada de que sea tan intolerante con ella.
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En el infierno, el marqués de Sade golpea a Sacher-Masoch. Ambos se sienten en el cielo.
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Los políticos oyen, pero no escuchan.
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¡Ay, si el fútbol no fuera tan aburrido, qué bien lo pasaría los domingos!
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Pensar que sólo puedo leer una decena de libros al mes.
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Finjo tristeza porque ellos no encuentran ninguna razón para que esté alegre.
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¡Qué pena no ser un marcapáginas!
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¿Qué hice en otra vida para que me castigaran naciendo en Jaén?
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Ser el peor también tiene su mérito, supongo, hacerlo todo mal.
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Queremos ser tan ricos como los alemanes, pero sin trabajar tanto como los alemanes.
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Borges y Monterroso tienen la culpa de que yo escriba tan mal.

domingo, 26 de febrero de 2017

Trío

Bettina me lo soltó sin más:

—Robert, ¿qué te parecería hacer un trío?

Su propuesta me dejó tan desconcertado que no supe qué contestarle. Después de tantos años, no imaginaba que fuera a plantearme nada parecido. Ella tomó mi silencio como consentimiento.

Días después apareció con André.

—¿Empezamos? —preguntó Bettina.

Nos saltamos todos los preámbulos.

Advertí pronto que André tenía los dedos de un ángel. ¡Cómo tocaba! ¡Increíble! Fueron los mejores cuarenta minutos de mi vida.

—¿Qué te ha parecido? —me preguntó Bettina.

Fui sincero:

—¡Ha sido maravilloso!

—¿Y si mañana interpretamos el Trío número 1 de Brahms? —propuso André.

Microrrelato publicado en la Revista Minificción

martes, 14 de febrero de 2017

Microcuentos

Vio Dios que todo lo que había hecho, aunque bueno, era aburrido. Y decidió darse un día de descanso antes de crear al demonio.
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Iba a ser sólo el lío de una noche, pero les resultó imposible desmadejarlo.
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A la liebre le consolaba pensar que ni siquiera Aquiles, el de los pies ligeros, había sido capaz de correr más que la tortuga.
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¡Te pillé! Ahora voy a prepararle a Zenón una sopa de tortuga que le va a callar la boca.
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Se le hacía la picha un lío con las indicaciones que le daba el director. Tuvo que dejar el porno.
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La presidencia de Trump ha fastidiado a los escritores de distopías. Ahora tendrán que echarle más imaginación a sus ficciones.
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Se comió la fruta prohibida porque, después de vivir veinte años en el Jardín del Edén, le parecía un infierno.
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La liebre llevaba tanta ventaja que se detuvo a leer las fábulas de Esopo. La tortuga ganó la carrera.
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Le sorprendió despertar aún atado a la camilla.
–¿Qué ha pasado? –preguntó.
–Los malditos genéricos.
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El director del Centro encargó a su peor agente la tarea de desenmascarar al topo.
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Eran la pareja perfecta. A ella le gustaba tener a su marido atado. A él le gustaba el bondage.
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Una vez más, para no estropear la moraleja, la liebre llegó después que la tortuga.
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–Le tuve lástima. El pobre no conseguía alcanzar a la tortuga –dijo Paris.
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La reina blanca era tan linda que nadie advirtió que había realizado un movimiento prohibido.
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Era un cortesano tan servil que se negaba a dar jaque al rey.
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Fue una relación rápida. Un día amaneció amarrado a una cama; al siguiente estaba atado a un banco.
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Absurdo
Esperan a Godot junto a un camino. Malentendido: Godot les espera en una plaza.
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Después de que Cide Hamete Benengeli le denunciara, Cervantes regresó a la cárcel reo de plagio.
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Cuando Godzilla despertó, la humanidad ya estaba allí.
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Ante la inminencia de la catástrofe, las ratas abandonaron el barco. ¡Lástima que no supieran lanzar la balsa salvavidas!
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Cuando vio el aspecto de aquel caballero, la princesa rezó por que el dragón venciera.
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Les oí susurrar que había un monstruo en el ropero. Les creí tan asustados que, cuando lo abrieron, me pillaron por sorpresa.
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La mujer del pianista le pidió que dejara los impromptus para los conciertos.
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–¿Quién te ha hecho esto?
–Nadie –respondió el Cíclope.
–Entonces debe tratarse de ceguera monocular espontánea –dijo el oftalmólogo.
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Mezclaba ingredientes: adornaba con monstruos los cuentos románticos y aderezaba los relatos de ciencia ficción con príncipes azules.
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Su vida pendía de hilo. Tan frágil era que se rompió.
Ahora pende de una cuerda.