Cuando te llamen del banco y te pregunten si pueden robarte un minuto, no te dejes engañar: en realidad quieren robarte varios miles de euros.
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Vive de escribir. Come gracias al sueldo que cobra como reponedor.
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Inukai Matsumoto, ministro de Transportes, donde pone el ojo, pone el tren bala.
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Bien podía su marido haber tardado uno o dos años más: a Penélope no le ha dado tiempo a acostarse con todos sus pretendientes.
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Nos caíamos bien, así que trabajábamos de especialistas de cine.
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¿Quién aguantará más, mis penas o mi hígado?
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¿Los vegetarianos pueden comer plantas carnívoras?
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—Me gusta tu perfume.
—Es Kesä, el olor que tienen los bosques boreales una calurosa mañana de verano después de una efímera lluvia.
—¿Eh?
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Le odio. A mi editor. Al que iba a ser mi editor. El muy imbécil. Discutimos. Por una cuestión ortográfica. Me dijo que tenía que poner más comas. Y menos puntos. ¿Se lo pueden creer?
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IDEA PARA UN CUENTO
Aunque el médico sólo le da un 5 % de posibilidades, animado por sus hijos, decide operarse. Acaba saliendo bien y, después de un largo posoperatorio, regresa a casa. Descubre que sus hijos han tirado ya casi toda su ropa y todos sus libros.
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Escribir es una forma de no pensar.
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–Santiago Matamoros ayudó a los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa.
–¿Y por qué no en la de Guadalete?
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¿Y nadie contrata a un entrenador personal para el cerebro?
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Cuando se acercaba a la playa de aquel islote, Colón pudo ver un enorme cartel: No tenemos oro.
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Etimológicamente, tragedia viene a significar cabronada.
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Bram Stoker se dio por vencido. Aceptó que su libro se publicara como novela, no como reportaje.
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—Deberías estarme agradecido. Has aprendido de mí.
—¿De ti? Pero si eres un desastre.
—Precisamente. Has aprendido de mis errores.
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Pasé la noche contando ovejas. La verdad, me sirvió. Cuando llegué a la oveja 29.345, amaneció.
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No permite que le calumnien. Por eso hace todo de lo que le acusan.
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—¿Qué quiere, majestad?
—Un espejo cortesano.
—¿Un espejo cortesano?
—Me gusta preguntarle al espejo quién es la más guapa del reino.
—¿Quiere un espejo…?
—Sí, un espejo que mienta.
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Remontó el río para buscar sus fuentes, pero lo único que descubrió fue una tribu de caníbales.
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No sé por qué, nunca me sonríe ese tipo al que todas las mañanas veo en el espejo del baño.
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—¿Y no os acostasteis?
—Ni siquiera se lo pedí. Como me dijo que era vegetariano, supuse que no le gustaban las relaciones carnales.
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—¿Y usted hasta qué edad tiene decidido vivir?
—Pues hasta los 85.
—Se le quedaría un sueldo de 700 euros al mes.
—Ah. ¿Y si viviera hasta los 78?
—Cobraría 1.075 euros.
—¿Y hasta los 72?
—2.000 euros.
—La verdad, no sé.
—También podría seguir trabajando. Se le ve bien.
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Los campesinos están alegres porque les ha arrendado las tierras en muy buenas condiciones. Lo que no entienden es por qué el conde no quiere que se plante en ellas ajos.
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—¿Quién te dijo que hicieras esa tontería?
—Alguien que vi en un espejo.
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—Una mañana, después de un sueño intranquilo, mi hijo amaneció convertido en un monstruoso insecto.
—¿Qué insecto, señor Samsa?
—Un escarabajo.
—Bah, un escarabajo. Peor sería que se hubiera convertido en una cucaracha.
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Me evita. ¡Qué alegría!
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Después de arrancarle todas las uñas, aplastarle varios dedos, quitarle tres dientes y cortarle una oreja, quedó algo claro: el interrogado no era Pável Volski, del número 36 de la calle Frunze, sino Pável Volanski, que vivía en el número 34 de la calle Frunze.
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Yo tengo razones que la razón no entiende.
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Se siente despechada porque su novio no quiere que se ponga tetas.
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Tengo un espejo de baño muy maleducado: todas las mañanas me da los malos días.
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EL HOMBRE TRANQUILO (1952)
Para llevarte bien con tu cuñado tienes que liarte a tortas con él.
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Entre 1789 y 1871, ¿Francia se pasó de revoluciones?
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Escribía para conocerse mejor y, por lo mismo, no escribía mucho.
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En Tierra Santa, los grandes maestros de ajedrez sarracenos le dieron lecciones para cuando tuviera que jugar contra la Muerte. Acabó regresando a casa. Y allí le esperaba la Muerte, que le dijo que se lo jugarían a los dados.
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Anoche tenía mala cara. Esta mañana no tengo espejo.
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El inspector médico que fue a visitar a Gregor Samsa dictaminó que, aparte de aquello, se encontraba perfectamente, apto para trabajar.