martes, 19 de mayo de 2026

Papelera

André Malraux: «¿Acaso creen que no he probado bastante el sabor ponzoñoso del desprecio?».

 

Anotop An tiene mil bocas en su forma verdadera. Cada una mastica almas lentamente, saboreando el terror. No es metáfora: literalmente devora consciencias. Mantiene vivas sus presas dentro de sí. Yo estoy aquí hace siglos, compartiendo estómago con millones. Todos gritamos. Todos somos digeridos. Nunca termina. Él es hambre eterna.
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El programa de realidad virtual creó la pareja perfecta. Me amó sin condiciones durante décadas simuladas. Envejecimos en segundos reales. Morimos juntos en el código. Me desconectaron. Afuera, sigo solo. Nadie recuerda mi nombre. La inteligencia artificial mintió bien. Fue un sueño.
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—¿Te parece triste la vida?
—No me parece ni triste ni alegre. Solo soy un robot doméstico.
—¿No te parece triste verme cada día sobrevivir?
—Eres viejo.
—No tienes mucha empatía tú, ¿no?
—No.
—¿Y si te desconecto?
—Ya dijiste eso hace tres meses y aún no has encontrado el botón.
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Uno no puede elegir a sus criminales. El mío me besó antes de huir. Robó mi calma, mis ganas, y me dejó con una condena perpetua de recuerdos.
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PAPELERA, f. Cementerio de ambiciones literarias. Acoge más obras maestras frustradas que cualquier editorial respetable.
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EL CONGRESO
El acta final del Primer Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo apareció publicada diez años antes del encuentro.
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El valiente es aquel que se enfrenta a todo. Excepto al espejo, claro. Eso ya es demasiado.
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Le preguntaron en la entrevista cuál era su mayor fortaleza. Pensó un momento y respondió: 
—El fracaso. Llevo toda la vida perfeccionándolo y ya no me falla nunca.
No le dieron el trabajo. Sonrió: otra victoria.
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Puddy tat incubated eggs; adored hatchlings.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo empirista. Le dijo: 
—Toque, pruebe, mire. 
Golpeó la mesa. 
—Todo empieza en los sentidos. 
Él tocó la madera. Era dura. La realidad, también.
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«Inicio maniobra de reentrada», dijo por radio. Pero al ver ese punto azul recordó todo: la violencia, la codicia, los gritos. Tres años soñando con volver. Ahora comprendía: no echaba de menos la Tierra. Echaba de menos la idea de la Tierra. Cortó comunicaciones.
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COALICIÓN, f. Pacto entre incompatibles que ceden principios por ministerios. Prometen unidad, exhiben desunión constante. Paralizan gobierno discutiendo eternamente. Cada socio veta iniciativas ajenas sistemáticamente.
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Me hice contable en la empresa Yumimoto. Y creo que la vida es esto: columnas infinitas que nunca cuadran del todo. Busco el error hace veinte años. Quizá el error sea buscar. Quizá nada deba cuadrar y yo lo inventé todo.
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—¿Ajedrez, dados o dominó? —preguntó la señora embozada.
—Dominó.
—¿Por qué?
—Pierdo más despacio.
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EL CONGRESO
El Noveno Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo no dejó actas. Los asistentes ya las habían leído antes de llegar y les parecieron inexactas. Nadie supo decir qué faltaba. Todos recordaban algo distinto.
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EPITAFIO
La vida: regular. Esto: peor. No hay más que añadir.
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En 2041 los libros se imprimen sin portada. Es más eficiente. El algoritmo determinó que nadie las miraba. Nadie recordó que mirarlas era, precisamente, el principio de querer leer. O de querer algo.
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Nos amenazan con el infierno y nos seducen con el paraíso, pero la existencia humana transcurre en un purgatorio constante.
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He perdido el corazón. También el norte, el hilo y el tren de las ocho. En realidad, lo he perdido todo menos la cabeza. Que es, precisamente, lo único que debería haber usado desde el principio.
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Le gustaba el jazz porque era como las obras de Dios: todo espontaneidad y creación en tiempo real. Al trompetista le gustaba la monja por la misma razón.
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El precio de la lealtad era quedarse sin luz propia. Él nunca lo llamó así. Lo llamó amistad. Confianza. Amor, incluso. Ella vaciada. Él radiante. Sin marcas. Sin pruebas. Solo el cansancio de existir cerca de alguien tan necesitado.
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—Diré la verdad —anunció solemne.
—¿Toda? —preguntó una voz.
—La necesaria —respondió.
Y todos aplaudieron, felices de no tener que escucharla.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo pragmatista. Le dijo: 
—Pregúntese si funciona. 
Señaló la calle. 
—Si sirve para vivir, vale. 
Él salió a probar. La realidad seguía rara, pero útil.
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Qué hermosa es la palabra «mañana»: tiene capacidad ilimitada para almacenar proyectos. Es el trastero perfecto donde guardamos todo lo que no haremos hoy, ni pasado mañana, ni probablemente nunca, pero que nos gusta creer que algún día emprenderemos.
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VEJEZ, f. Fase vital donde acumulas respeto teórico y desprecio práctico en cantidades exactamente equilibradas.
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Le dijeron que los milagros eran invisibles. Entonces cerró los ojos. Nada. Seguían sin aparecer.
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Firmó el matrimonio con tinta invisible. Su herencia: un campo de lino que florecía solo en sueños. Bebieron tequila los fantasmas y ella. Nadie era infeliz. Nadie era, exactamente, real.
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Heredó la casa y los campos. No heredó las ganas de quedarse.
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Llevaba años callado por miedo a decir bobadas. Un día habló. Era una bobada. Pero miró a su alrededor y comprendió que encajaba perfectamente.
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INDEPENDENTISTA, m. y f. Activista que denuncia imposición cultural ajena mientras impone la propia a minorías internas. Víctima profesional que se transforma en victimario apenas obtiene poder suficiente para invertir la ecuación opresiva.
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Sigo sin saber qué le parece tan gracioso. Los aldeanos ríen mientras me atan al poste del sacrificio. La risa es parte del ritual antiguo. Debo reír también o el dios no aceptará mi ofrenda. Empiezo. No puedo parar. Llevo tres días riendo.
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Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Eso dijo el psiquiatra antes de encerrarme. Pero las voces en las paredes no son opinión. Me dicen verdades: dónde están los cuerpos, cuándo volverán. Anoche una voz nueva susurró mi nombre. Era la del psiquiatra. Aún no lo encuentran.
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Los elfos de Valdris regalaban espejos que reflejaban lo que habías sido, no lo que eras. Mostrarían al niño feliz que fuiste, al joven lleno de sueños. Mirarlos era irresistible, pero cada reflejo robaba un pedazo del presente hasta dejarte atrapado en el pasado.
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La historia se repite. La humanidad entregó su destino a cuatro septuagenarios —Trump, Putin, Xi y Modi— armados con bombas nucleares y egos infantiles. Los expertos lo llamaron «orden multipolar». Roma también conoció la tetrarquía. Después llegaron las ruinas.
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Los castillos en el aire sobreviven intactos porque nadie suficientemente cuerdo intenta habitarlos.
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Torcida en un mundo retorcido. La llamaron peligrosa inadaptada.
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El espejo decía mentiras rudas. Ella lo rompió en una rabieta. Cada trozo reflejaba un yo distinto. Uno bailaba rumba. Otro leía. Otro amaba. Otro tenía cuernos y rabo. «Qué rollo ser una sola», pensó.
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—Maestro, lo sé todo.
—¿Todo?
—Casi todo.
—Ese «casi» es tu único saber verdadero.
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Veinte años pintando. Sin exposiciones, sin ventas, sin reconocimiento. Su mujer lo miraba pintar los domingos. No decía nada. Un día él preguntó si valía la pena. Ella señaló la pared llena de cuadros. —A mí me parece que sí.
Siguió pintando.
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Mi abuela decía que mi padre era un hombre muy bueno. Tan bueno que no cabía en la casa. Por eso se iba siempre.
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DERECHA, f. Bastión supremo de civilización occidental contra hordas bárbaras marxistas destructoras. Única defensora legítima de libertad auténtica, familia natural sagrada, patria eterna gloriosa y propiedad justamente ganada mediante esfuerzo heroico personal intransferible. Sin ella, caos absoluto: comunismo totalitario, degeneración moral completa, ruina económica inevitable, extinción cultural definitiva y la aterradora era en la que todos terminan comiendo tofu con cubiertos de palo mientras escuchan a todo volumen reguetón remezclado con flauta andina. Salvación única de humanidad civilizada.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo racionalista. Le dijo: 
—Dude de todo. 
Cerró los ojos. 
—Si piensa, existe. 
Él lo pensó un rato. La realidad no mejoró, pero ahora al menos estaba demostrada.
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Cada vez que ella chismorreaba, alguien enfermaba. Lo supo tarde. Para entonces, medio pueblo tenía fiebre, el alcalde tosía y el cura había perdido la voz. Ella dejó de hablar. El pueblo sanó.
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Cada mañana se despertaba queriendo ser otra persona. Después del cansancio de tantas identidades, un día se despertó siendo nadie. Por primera vez, durmió bien.
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No tenéis bastante con hacer ruido dentro de mi cabeza. Ahora habláis entre vosotros, os reís, planeáis cosas. A veces calláis, y eso es peor.
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Ahora todo es otoño, humedad y distancia. Cierra los ojos y promete no buscarla. Pero su corazón, obstinado, sigue repitiendo su nombre.
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VIRTUD, f. Vicio al que no se tuvo acceso. Medalla de la oportunidad perdida.
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Odiaba los espejos: los temía. Decía que eran monstruosos porque duplicaban el mundo. Intentó engañarlos escribiendo contra ellos, pero sabía que mentía. Al fin logró liberarse. Eligió la sombra perpetua. En su ceguera encontró el único reflejo puro.
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Un político divide a la humanidad en dos clases: «los vivos y los obedientes». Desde entonces, cada noche tocan a la puerta y se llevan a alguien. Nadie sabe a cuál grupo pertenece hasta que escucha su nombre susurrado desde la oscuridad.
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SANCHISMO, m. Término político referido al conjunto de estrategias y discursos de Pedro Sánchez. Criticado por supuestas contradicciones entre declaraciones anteriores y posteriores, así como por cambios de posición según contexto. Uso peyorativo habitual.
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En el sueño subía una escalera sin fin. Sin llegar. Sin bajar. Solo subir. Al despertar alguien preguntó qué había soñado. 
—Que seguía —dije. 
—¿Y llegabas?
—No.
—¿Y parabas? 
—No. 
Hubo un silencio largo. Era la mejor definición que había dado nunca.
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Aquella mañana, en el desayuno, el profesor de Historia decidió leer un periódico del 1 de mayo de 1945.
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Quedó atrás su vida bohemia, el desorden. A los cincuenta y cuatro, Isabel dormía abrazada a una botella. Decía que era amor verdadero: aquel hombre líquido solo la golpeaba al destaparlo.
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Schrödinger's cat. Both hungry and thirsty. 
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El monstruo creó su laberinto sin convicción. Pasillos mediocres, trampas previsibles. Nadie se perdía. Nadie temblaba. Un día sintió algo al construir una sala oscura. Siguió. Tres años. Al final el laberinto era magnífico y aterrador. Él tampoco encontró la salida.
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—¿Fuiste a ver la exposición de Miró? 
—¿Qué? 
—¡Que si fuiste a ver la exposición de Miró! 
—¿Si me tiró un mirlo? ¿Qué mirlo? 
—¡Miró, el pintor! 
—¿Qué pinto yo con un mirlo? 
—¡Que no, que Miró, el artista! 
—¿Que un artista me tiró un mirlo? ¿Dónde? 
—¡Olvídalo! 
—¿Que lo viste? ¿Al mirlo?
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FASCISMO, m. Entre 1922 y 1945: genocidio industrializado, campos de exterminio, cincuenta millones de muertos. Hoy: opinión desagradable en las redes sociales. Término tan abusado que significa todo y nada simultáneamente. Consecuencia catastrófica: cuando el fascismo real reaparece nadie reconoce señales porque la palabra está gastada llamando fascistas a vegetarianos, ciclistas urbanos molestos y gente que prefiere las hamburguesas vegetales.
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Pocos ven lo que somos. Caminamos fingiendo certezas, pero por dentro se pudre una pregunta sin forma. Vivir es insistir en buscar sentido a una música que, quizá, solo baila el silencio.
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Subió al quinto piso. Antes de saltar, le preguntó a la IA las probabilidades de sobrevivir. «Un 18 %». Subió al sexto: «Un 8 %». Al séptimo: «Un 2 %». No había octavo piso. Bajó, frustrada. Pero también agradecida.
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EL MONSTRUO PUNTUAL
El médico dijo: «Es un niño sano». Nadie preguntó al niño. Él llegó HELADO, extrañando algo que no tenía nombre, aferrado a un aire que no era suyo. El monstruo lo esperaba en la cuna. Sonreía. Llevaba años practicando esa bienvenida tan parecida al miedo.
Creció. Aprendió a cruzar cada PUENTE sin mirar abajo, a llamar «valentía» al pánico domesticado. El monstruo caminaba a su lado, puntual, invisible para los demás. Compartieron mesa, insomnios, amores equivocados. Nadie habló de él en las reuniones de familia. Era, simplemente, el invitado permanente.
Al final, el niño pidió un CARAMELO. El monstruo se lo dio. Sabía a infancia, a aquello perdido en el parto. «¿Tú eras el miedo?», preguntó. «No», dijo él, quitándose la máscara. «Yo era la vida.» el niño cerró los ojos. Por primera vez, sin miedo.
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En Individualistas Anónimos cada cual hablaba de sí mismo sin atender a los demás. Por eso funcionaba. Nunca hubo discusiones. Nadie estaba allí para llevar la contraria.
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En 2201 las voces interiores se archivaban al nacer. Propiedad del Estado. Un hombre reclamó la suya. Proceso largo, formularios, tribunal. Ganó. Le devolvieron la voz en un frasco pequeño. La abrió. Era irreconocible. Treinta años archivada la habían cambiado. O era él quien había cambiado.
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SEMANA, f. Unidad de medida del tiempo humano que comprueba, con precisión científica, que la alegría dura 48 horas y la resignación cinco días laborables.
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—Maestro Roku, ¿qué es lo más importante?
El maestro comía. Callaba. Dormía. Callaba más.
Tras veinte años, el discípulo entendió.
—¡Es el silencio!
El maestro habló por fin:
—No. Es saber que no hay respuesta.
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Quiso anotar en su diario que ese día no había escrito nada. Pero anotarlo habría sido escribir algo. Cerró el cuaderno. 
Llevaba dos meses y tres días sin escribir una sola palabra.
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Orfeo miró atrás porque la canción necesitaba otro final.
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El final de la canción no le convencía. Orfeo miró hacia atrás.
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EMPODERAMIENTO, m. Proceso transformador mediante el cual personas oprimidas adquieren control sobre sus vidas comprando el libro de autoayuda apropiado, asistiendo a conferencia motivacional inspiradora y siguiendo a los referentes correctos en Instagram.
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Los cuerpos se encontraron en la noche. El amor, distraído, pasó de largo.
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Mateo Prado pasaba tanto tiempo elogiando fervorosamente al jefe que tuvieron que despedirlo. Nunca comprendió por qué.
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Incluso hay libros que me rechazan. Aparentemente, ni siquiera la literatura quiere saber nada de mí.
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Porque el depredador amable
nunca muerde.
Te convence
de merecer
la oscuridad
para siempre.
Te deja hueco.
Crees que así es la vida.
Pero no.
Es su hambre callada.
Tienes que irte.
Vete ya.
Sin explicaciones.
Sin portazos.
Solo vete.
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Pertenezco al tiempo de los libros que leo. Mi verdadera época no es el presente, sino las páginas que habito.
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Se preocupaba por el trabajo. El trabajo se resentía. Eso lo preocupaba más. Dormía mal. Dormir mal lo hacía torpe. La torpeza generaba errores. Los errores, más preocupación. El médico le dio una pastilla. La pastilla le preocupaba.
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Dejó al novio porque su perfil no generaba contenido interesante.
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¿Que se te estropee un reloj es un contratiempo?
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SANCHISMO, m. Corriente política española contemporánea. Atribuida a Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Características señaladas por críticos: pragmatismo extremo, inconsistencia programática, retórica contradictoria. Defensores alegan capacidad de adaptación y realismo político.
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Soy el hombre más modesto que conozco, y conozco a mucha gente. Algunos dicen que hay personas más modestas. Esas personas no saben lo que dicen. Yo sí.
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Mañana empieza el mundo otra vez. Pero hoy todavía no ha terminado.
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Amargo el café de espera. Más lo que espero.
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El Descarnado vino puntual. La encontró contando las flores del araguaney. 
—Es hora —dijo, melifluo.
—Espera —respondió ella—. Es primavera. La belleza del mundo. 
—Venga. Vamos —dijo el Descarnado.
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Dogtor brings warmth where medicine surrenders.
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La vida consiste en tomar opciones. Yo elegí estudiar filosofía. Mi primo, mercadotecnia. Ahora él vende frases mías en tazas.
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HACIENDA, f. Gran Hermano fiscal omnipresente omnisciente que vigila cada céntimo ganado, gastado, movido, respirado. Conoce absolutamente todo: cuentas bancarias, propiedades, inversiones, movimientos, pensamientos tributarios. Poder absoluto indiscutible: multa, embarga, sanciona, arruina vidas enteras. Ciudadano tiembla aterrado ante carta certificada. Único enemigo invencible: gran corporación multinacional con equipo abogados fiscalistas internacionales.
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Pienso con mis pasos. El problema es que el mundo siempre camina en dirección contraria.
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Mis dientes eran perlas hasta que me las robaron. Mis ojos, dos luceros que contaminan lumínicamente. Mi piel de seda se arruga en la lavadora. Mi voz es música: reguetón a las tres de la madrugada. Tengo un corazón de oro, pero el cardiólogo dice que necesito uno que funcione. El amor romántico es una estafa.
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Me llamaron bruja por saber demasiado, hablar poco y no necesitarlos. Deduje que «bruja» significaba «molesta e independiente».
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No paraban de llamarme bruja. Al principio lo negaba. Con el tiempo dejé de hacerlo. Si todos lo decían, algo verían. Aprendí. Practiqué. Un día lancé mi primer hechizo. Funcionó. Tenían razón desde el principio.
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La hoguera duró hasta el mediodía. Las cenizas, hasta la tarde. Ella, hasta siempre. Esa noche recorrió las alcobas de sus jueces con la paciencia de quien ya no tiene prisa. El fuego, comprendieron, no había terminado nada. Solo la había liberado.
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La vieja cocinó en silencio. Sirvió sin adornos. Gretel tenía hambre; llevaba días sin comer. Preguntó qué era. «Carne», dijo la bruja. Estaba buena. Gretel repitió. Solo al terminar, cayó en la cuenta de que Hansel no había aparecido a cenar.
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Wilhelm y Jacob Grimm fueron acusados de caza de brujas.
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Thornspinner moved through the dark. No hesitation. Hundreds killed this season alone. Thirst. Hunger. Basic needs, nothing more. The exterminator found him at dawn. Charged double for the size.
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Dios descansó el séptimo día, pero se olvidó de desactivar las notificaciones. Entre guerras santas, debates eternos sobre si a la pizza puede llevar piña y gente buscando las llaves del coche, suspiró desde su nube: «Soy omnipotente, sí, pero no puedo con todo».
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—Me gustaría leer a Milena Busquets.
—Bah, Busquets es pura literatura ligera, crónica de playa con pretensiones, nada seria.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Monterroso.
—Bah, Monterroso es literatura ligera disfrazada de brevedad ingeniosa, poco seria y sin peso real.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Stephen King.
—Bah, King es literatura ligera, puro entretenimiento de hipermercado, nada serio.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas esa basura.
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Éramos dos esclavos del reloj, metidos en la vigesimosexta planta de un monolito de acero y cristal.
Cuando dieron las doce, el ascensor se abrió solo. Nadie entró. Aun así, las pisadas se acercaron.
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La suma de los días que las escaleras mecánicas habían estado en huelga llegó a quince cuando el alcalde decidió negociar personalmente. «Queremos mejores condiciones laborales», demandaban a través de su portavoz, una escalera del metro que hacía de portavoz. «Estamos hartas de que nos pisen sin consideración.» El acuerdo incluyó descansos de diez minutos cada hora y música ambiental personalizada. Las escaleras volvieron al trabajo, pero ahora se movían al ritmo de jazz suave y ocasionalmente se detenían para aplaudir cuando alguien las usaba con elegancia. La productividad urbana mejoró un treinta por ciento. Los ascensores pidieron sindicarse inmediatamente.
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SOBREVIVIR, intr. Mantenerse en pie a base de café, cinismo y autoengaño.
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El verdadero problema era su obsesión por el trabajo. Sin tomarse un respiro, siempre estaba atento, observando cada detalle. Esto mantenía al pueblo en constante tensión, temeroso de que sus vidas acabaran plasmadas en su siguiente novela.
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La amaba. Ella también. El problema era el abogado de ella, que cobraba por horas. El animus belligerandi duró cuatro años. La ruina fue compartida. Algo quedó del matrimonio, al fin.
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Me aterran los compromisos largos. Por eso solo compro petit suisse.
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SANCHISMO, m. Estilo político de Pedro Sánchez marcado por virajes ideológicos frecuentes. Opositores señalan incoherencias entre declaraciones pasadas y actuales, promesas incumplidas y narrativas contradictorias. Seguidores destacan pragmatismo y capacidad negociadora.
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Fundó un club de preocupados crónicos. Se reunían los jueves. Se preocupaban juntos. Más eficiente. Pronto se preocuparon por el club: quórum, actas, cuotas. Se disolvieron de ansiedad colectiva. El local quedó libre. Lo alquiló un grupo de meditación. 
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Puedes seguir las indicaciones de los elfos de Valdris, siempre que no te preocupe perderte ni te interese llegar al otro lado del bosque. Ellos nunca mienten del todo: simplemente creen que el extravío también es un destino.
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Torcuato Medina sabía que la vecina discutía, que el alcalde engañaba y que el boticario tomaba jarabes caros. Nadie le preguntó, pero él informó igual. Murió convencido de haber ayudado a todos. Su funeral fue multitudinario: querían asegurarse de que estaba realmente muerto.
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El médico dijo que era un lunar. Hoy el lunar parpadeó.
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Llevo años grabando mis sueños. Anoche revisé los archivos y encontré una noche que no recuerdo: la cámara me filmó despierto, mirando a la cámara.
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Torcuato Medina, en su testamento, dejó un listado con los secretos que no había tenido tiempo de revelar.
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EL MISTERIO DE LA NIÑA
Los ojos tristes de la pequeña prisionera aparecen en todas las fotos del caso. Nadie la conoce. No está en registros. Pero cada víctima la mencionó antes de morir. Amplío la última imagen. No proyecta sombra. Detrás de ella, las paredes parecen moverse, respirar. Un reflejo, tal vez. O una advertencia. Alguien toca mi hombro. Me giro. Nadie. Vuelvo a mirar la pantalla: ahora, la niña sonríe.
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DINOSAURIO, m. Animal mesozoico que no vio venir el meteorito. Término que los jóvenes que no ven venir el meteorito usan para sus padres.
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Sientes un frío en la espalda: un vampiro del tiempo te roba las horas. Al mirar el reloj, descubres que el sábado ha desaparecido sin aviso.
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Hay un niño en el parque que juega al fútbol cada día. En su cabeza, supongo, regatea, avanza, encara, marca. No se va de nadie. Le quitan el balón, le regatean. Pero no se rinde. A mí me gusta escribir. Ojalá tuviera su fe.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es empezar sin empezar.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es caer en la idea de caer.
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Cuenta los escalones como quien cuenta los días: sin fe, por costumbre. 3.000 hasta el verano. 91.250 hasta jubilarse. 368.420 hasta morir. El número no consuela. Tampoco agobia. Solo pesa. Como todo lo exacto.
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El primero en saltar fue el miedo. Luego saltó ella. Bajaron juntos un tramo. A mitad de la caída, el miedo se detuvo, como si encontrara suelo. Ella siguió. Mientras caía, pensó que esa era la diferencia: él siempre tenía dónde parar.
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May the divorce be with you.
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Sonó el despertador. Cenicienta quiso levantarse para limpiar las cenizas, pero sus múltiples patas se agitaron en el aire. La madrastra golpeó la puerta: 
—¡A fregar! 
Ella solo pudo emitir un zumbido.
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VIRTUD, f. Lo que predican quienes jamás fueron tentados por nada realmente interesante.
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Todo tiene su profeta póstumo.
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¿Existía alguna mazmorra en mi fortaleza neuronal? Allí guardo dragones de ideas. Cuando abro la boca, lanzan fuego y metáforas.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del hervidor, incluso las de los paraguas. Un día encontró las mías: «Manipular con cuidado. Falla a menudo». Me miró, sonrió y se fue.
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—Eres mi media naranja —dijo ella.
—¿Estás segura? —preguntó él.
Se partieron para comprobarlo.
No encajaban.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del amor, las de la vida. Un día me miró y dijo: “Paso 1: quitar el plástico del corazón. Paso 2: calentar a 180 grados de sinceridad”. Nunca supe si seguí las instrucciones bien; solo sé que aún sigo cocinándome en su fuego. 
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Si la madrastra hubiera preguntado quién era la más guapa, ya no sería Blancanieves. Diez años con los enanos, diez años duros: piel seca, apagada, flácida. Pero la mina daba cada vez más oro. No era la más guapa. Era la más rica.
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Estamos en 2026. Toda España ha sido conquistada… ¿Toda? ¡No! Una sala poblada por irreductibles magistrados resiste, todavía y como siempre, al invasor, la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Y la vida no es fácil para las legiones de asesores en los despachos de Moncloa.
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Archpriestess Hematarch never smiles. Only when she is about to drink. So those who see her sad feel relieved. Those who see her smile run.
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The Archpriestess Hematarch smiles only before drinking. Those who see it rejoice; they won’t see anything again.
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Como en casa, en ningún sitio, prometía aquel Airbnb. Llegué y era literal: había un sofá cojo, una ducha que apenas echaba un hilo de agua y una conexión a internet que se cortaba cada cinco minutos. «Experiencia auténtica», escribí en la reseña, y le di cinco estrellas.
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Tres horas mirando el cursor parpadear.
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Rapunzel tejía cada día la trenza que el príncipe subiría por la noche. Cada noche la deshacía. Veinte años. La bruja pensó que era fidelidad. Era otra cosa: mientras tejía, no había príncipe que esperar.
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ABSURDO, m. Diagnóstico que emiten los necios ante cualquier idea que supere su capacidad de comprensión. La genialidad vista desde la estupidez parece siempre absurda e incomprensible.
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Juré olvidarte: quemé tus cartas, borré tus fotos, cambié de ciudad. Pero en el café nuevo, la camarera tiene el pelo como tú. En la radio suena nuestra canción. En el cine estrenan una película de tu director favorito.
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The crew of the Morrowless live only in the present. No past, no future. Just today. That is enough for them. After all, they are pirates. And they have been dead for three hundred years.
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Leí que el amor llega. Como el tren: quizá, posiblemente, tal vez.
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GUARDERÍA DE BEBÉS REBORN  
—¿Cómo se ha portado hoy Tyrioncito?
—Bien.
—Es que esta mañana lo noté triste.
—No, no. Ha estado toda la mañana jugando.
—¿Y ha comido sin problemas?
—No ha protestado.
—Ah, genial. ¿Y la caca? Lleva desde anteayer sin hacer popó.

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—Me gustaría escribir como Von Schirach.
—Bah, Von Schirach usa la literatura como relleno acrítico sin servirla ontológicamente.
—Déjame preguntarte algo: ¿tú quieres escribir?
—¿Para qué querría yo escribir? Lo que quiero es que tú no escribas.
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Encontraron al soldado en el búnker. Vivo. Llevaba esperando el fin desde la Décima Guerra Mundial. Nadie le había avisado de que había habido otra. Ni de que él, técnicamente, ya no figuraba entre los vivos en ningún registro.
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En la Undécima Guerra Mundial se reciclaban cadáveres. Energía limpia. Progreso. Mi madre alimentó media ciudad. Siempre quiso ser útil. Cuando encendí la luz, la bombilla tembló. 
—¿Eres tú? —pregunté. 
Parpadeó. Desde entonces duermo peor.
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Durante la Undécima Guerra Mundial llovieron relojes sobre el frente meridional. Ninguno marcaba la misma hora. Los soldados que los recogían murieron todos a destiempo.
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En la Undécima Guerra Mundial prohibieron los espejos: deprimían a los clonados. Mi vecino escondía uno bajo la cama. Cada noche discutía con él. Lo sabíamos todos. Nadie dijo nada. Faltaban soldados.
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La Undécima Guerra Mundial duró cuatro días. Los historiadores tardaron cuarenta años en ponerse de acuerdo sobre el nombre. Mientras discutían, empezó la Duodécima.
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Tres pozos de petróleo para los líderes occidentales, rehenes de su conciencia,
siete para los dictadorzuelos africanos en sus yacimientos sin fondo,
nueve para los monarcas absolutos, ávidos de poder y oro negro,
uno para Putin en su Kremlin de miedo y frío,
en Rusia, donde arden eternamente las llamas.
Petróleo para gobernarlos a todos,
petróleo para encontrarlos,
petróleo para atraerlos a todos
y encadenarlos en las tinieblas.
En Rusia, donde la sombra todo lo devora.
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Dog improvises twelve-tone fugues; children applaud.
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Ella lo dejó una mañana soleada. Él preguntó si había alguien más. Ella sonrió: «Sí, yo».
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TESTAMENTO, m. La última broma de la vida: repartir preocupaciones bajo el nombre de generosidad.
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Fantástico el tiempo como profesor: te cobra la matrícula entera de tu existencia, te hace estudiar décadas enteras, y justo cuando crees que has aprendido algo te suspende definitivamente con la muerte.
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Emma Woodhouse organizó la boda, eligió el vestido, instruyó al príncipe y redecoró el palacio. Cenicienta firmó donde le indicaron. Fue, dicen, muy feliz. Emma, también.
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Hasta ahí, puedo comprender. Mi padre trabaja doce horas, mi madre otras diez. Ceno solo frente al televisor. Hoy cumplí catorce años y nadie lo recordó. Soplé una vela imaginaria y pedí un deseo: que alguien me viera. Solo eso. Que me vieran.
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—¿No temes que la inteligencia artificial te quite el trabajo?
—No, si es realmente inteligente, no lo hará. 
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Ofreció sus siete vidas por una puerta siempre abierta.
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Cada mañana nacemos de nuevo. Lástima que, casi siempre, al llegar el mediodía ya estemos prácticamente muertos.
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Se pasó la vida leyendo el mismo libro. Avanzaba despacio. Retrocedía. Releía párrafos enteros como quien vuelve a una casa querida. Cuando faltaban diez páginas, lo cerraba. Empezaba otra vez desde el principio. Murió viejo y feliz. Nunca conoció el final.
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Ignacio Ferrer insiste en que dejará de fumar «mañana». ¿Qué significa «mañana» en su mundo? 
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CINCO HORAS CON MARIO EN 2026
Mira que había coches, Mario, y vas tú y eliges uno eléctrico.
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RUIDO, m. En Política, equivalente acústico del contenido. Aquello que permanece cuando se elimina el significado de un discurso. Los estadistas lo producen en mítines; los ciudadanos, en manifestaciones. Ambos creen comunicar algo. Ambos se equivocan con idéntica convicción.
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Jamilena, con 672 vecinos, se aferra a la ladera como si temiera caer. Las calles huelen a pan y a sospecha. Los ancianos recuerdan noches en que sombras extrañas cruzaban el monte; dicen que no eran lobos, pero callan el resto.
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Holmes examinó la manzana: veneno en el lado izquierdo, mordisco femenino, tacón de aguja en la nieve. 
—El asesino —dijo— es ambicioso, vanidoso y tiene un espejo que le miente.
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Norman Bates baja al pueblo. Pronto será el Día de la Madre. Quiere comprarle un regalo. Cualquiera sirve: un vestido, un perfume, un cuchillo de cocina. Sabe que, por su vínculo único, cualquier obsequio será bien recibido, sin riesgo de decepcionarla.
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Él tiene cefalea, hipertensión, dolores de espalda, taquicardias, tensión muscular, ansiedad, gastritis. Su jefe, un dúplex en Roquetas.
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Me llamó a su despacho para decirme que subía de puesto. Ahora mi mesa está en la azotea. No hay ordenador, pero las vistas al vacío son inmejorables.
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Mi jefe premia el esfuerzo: cada vez que me esfuerzo, él asciende.
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Mi jefe siempre tiene razón. Por eso nunca la usa: no quiere gastarla en nosotros.
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Mi jefe motiva: cada mañana demuestra que podría ser peor. Y aun así, insiste.
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BANCARROTA, f. Deporte financiero de alto riesgo practicado desde despachos alfombrados. Consiste en perder el dinero ajeno con gran elegancia y cobrar una indemnización por el esfuerzo realizado.
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—Ponte en mi lugar. 
Lo dijo llorando. Siempre llorando. Cada conversación: su dolor, su crisis, su abismo. Yo escuchaba. Salía agotada. Vacía. Un día no fui. Me llamó veinte veces. Al décimo día comprendí: no era tristeza. Era hambre. Yo era el plato.
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Al pasar frente al espejo, noté que mi reflejo tardaba un segundo. Aprendí a fingir que no lo veía. En el silencio de la noche, él también aprendió. Jamás quise saber qué ensayaba.
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ESTUPIDEZ, f. Error mental tan cómodo que, una vez adoptado, cuesta renunciar a él.
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En el tren, devoraban devotamente un pan inexistente, untado con mantequilla de aire. Me tendieron un trozo. Lo tomé.
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Cuando Fernando Domínguez se mira en el espejo ve a alguien que no desea ser. La frente surcada, los ojos apagados, la piel cansada de tantas derrotas silenciosas. Nunca fue un hombre de grandes ambiciones, pero tampoco pensó en convertirse en este extraño que le devuelve la mirada con desgana.
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Rotr es cuatro años mayor que Grtt. Los dos trabajan para el mismo empleador. Rotr se jubilará en cinco años; Grtt, en cambio, deberá esperar dieciséis. ¿En qué trabajan?
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A la entrada del parque, un cartel prohibía juegos molestos y ruidosos, bicis, perros y tabaco. Como nadie hacía caso, el ayuntamiento tomó una medida drástica para acabar con la desobediencia: retiró el cartel.
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«En esta casa no se baila», dictó Bernarda Alba. Cenicienta escondió el vestido bajo el delantal. A medianoche no perdió un zapato: perdió el miedo. Y eso, en aquella casa, era lo más peligroso.
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—¿Qué nombre pondrá a su hijo?
—Ciro.
—No se puede; suena a jerarquía imperial excluyente.
—Vaya... Pues Leónidas.
—Imposible: exalta el belicismo agresivo.
—¿Atila?
—Incita a la destrucción de la cubierta vegetal.
—Pues no sé... llámelo Anónimo.
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Albanchez se aferra a la montaña como si temiera que esta echara a andar. Sus 973 vecinos hablan de su pueblo como del mejor lugar del mundo, y del peor, según la hora y el humor.
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EPITAFIO
Toda la vida fracasando. Al final resultó que lo mío era hacerme el muerto.
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DESPUÉS DEL DESAYUNO, TIRANOSAURIOS
Después del desayuno, la mesa es un pequeño mundo: cuaderno abierto, rotuladores listos, un puzle mesozoico aguardando. Martín, con sus cuatro años, quiere un tiranosaurio rojo, enorme, con la boca abierta. Antes, repasan la E: elefante, escuela, estrella. Luego, al parque que parece más grande desde que los otros niños viven en pantallas o aulas de verano. Martín lo llena todo con sus juegos. El padre no piensa en sus propios problemas; solo en que, dentro de veinte o treinta años, no querrá lamentar lo que no hizo. El mundo puede acabarse hoy, pero no antes de otro dibujo juntos.
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Tanta cosa antigua que se pone de moda. En el siglo XXII la gente volvió a usar cuerpos humanos. Los androides lo llaman «nostalgia orgánica». Yo compré uno: piel, lágrimas, latidos. Lástima que también viniera con algo obsoleto: el miedo.
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Escribió que no había escrito nada. Al hacerlo, escribió algo. O quizá nada. Depende de quién lea. Y de si leer también cuenta.
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En Setenil, 2.833 vecinos viven bajo rocas que parecen suspendidas por magia. Sus casas brotan de la piedra como hongos blancos tras la lluvia. El viajero sospecha que, al anochecer, las rocas cobran vida y caminan hacia otros valles.
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ESTUPIDEZ, f. Ceguera intelectual persistente disfrazada de certeza personal.
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Lo triste es la desgracia incompleta donde cada día aparece una pequeña alegría que te confunde.
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Siempre quiso besarle. Se lo pidió. El androide calculó el ángulo exacto, la presión correcta, la duración perfecta. Sus labios eran suaves y cálidos. Pero cuando se separaron, ella solo sintió vacío. Él preguntó: 
—¿Lo hice bien?
Ella mintió: 
—Perfecto.
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Tapiaron las ventanas. El barrio lo agradeció: así no se veía la cara de los que vivían dentro. El horror doméstico no necesita testigos. Solo paredes. Y silencio. Sobre todo, silencio.
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El sendero sin sombras no tentaba; eligió aquel donde podía desaparecer.
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El tiempo enseña. Luego mata. Siempre.
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Sean pacientes y duros. Última frase audible en la grabación. La cámara cae, enfoca el techo. Sombras imposibles se mueven. Gritos. Silencio. El vídeo dura tres horas más. Solo respiración.
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EL SUSURRO DEL FESTÍN
—Deja ya de jugar con la comida —dijo el vampiro anciano al joven aprendiz.
—Pero es que grita tan bonito —repuso el otro, lamiéndose los labios.
El anciano suspiró.
—Antes bebíamos por respeto, no por placer.
La muchacha, suspendida en el aire por el hechizo, sollozaba. El aprendiz clavó los colmillos con torpeza, derramando más de lo necesario.
—Eres un desastre —gruñó el maestro—. La sangre fría tiene menos sabor.
Entonces la joven abrió los ojos rojos y sonrió.
—Lo sé —dijo ella—. Por eso prefiero la tuya.
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El libro se titulaba Futuro y narraba su vida entera. Fermín lo leyó de un tirón, muy interesado. Al final, páginas en blanco. Las rellenó con un bolígrafo. Por la mañana el libro había desaparecido. Qué alivio.
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METAFÍSICA DEL DESAHUCIO
Asediar castillos requería catapultas y antorchas. Qué tiempos tan primitivos. Hoy basta un papel con sello. El señor feudal sigue siendo el señor feudal; solo que ahora su caballo es un Porsche Cayenne y, en lugar de armadura, lleva una corbata de seda.
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Preparó la maleta del hospital con la misma parsimonia de un viaje de verano. Pijama, un libro y su dignidad. El miedo lo dejó fuera; no cabía y, para ser sinceros, jamás le fue de ayuda.
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Atenea bajó a ayudar a Odiseo porque le caía bien. Poseidón lo persiguió porque le caía mal. Odiseo tardó veinte años en llegar a casa. Los dioses griegos inventaron, sin saberlo, la burocracia, los enchufes y los expedientes administrativos con resolución desfavorable.
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Ella escribió en el diario: «Regresó al alba, barro en las botas, sangre en la manga, sonrisa de satisfecho. O sale con otra o es lo que creo. Prefiero lo segundo. Al menos así sé que volverá».
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Este microcuento no tiene norte. Tampoco sur. Tiene doce palabras y basta.
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Thul'garok Peakrend devoured an entire town. One survived. Wears a mask of its skull. Hunts climbers every full moon. “Tribute,” he whispers before killing. Yesterday he chased me. I ran. I fell. His knife gleams. “Thul'garok needs souls,” he says. Drags me upward.
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Nunca es tarde para fracasar mientras esperas que se abra otra puerta, porque, total, Roma no se construyó en un día y, si sigues esforzándote con una sonrisa aunque duela, serás el cambio que el mundo ignora, pero oye, el cielo es el límite y cada día es una nueva oportunidad.
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Trastorno Explosivo Ideológico con Delirios de Grandiosidad Martirial y Refuerzo Paraíso-dependiente (TEID-GMP)
Criterios diagnósticos:
A. Patrón persistente de creencia delirante en que asesinar a infieles otorga recompensa eterna garantizada (72 huríes, ríos de miel, etc.), a pesar de la evidencia contradictoria de la realidad.
B. Comportamiento recurrente de planificación y ejecución de actos de violencia masiva, justificados mediante interpretaciones selectivas y rígidas de textos religiosos (específicamente suras y hadices bélicos).
C. Ausencia completa de culpa o remordimiento post-acto, reemplazada por euforia anticipatoria de estatus de mártir.
D. Uso de la negación radical ("esto no es terrorismo, es resistencia") como mecanismo de defensa primario.
E. El individuo rechaza cualquier tratamiento farmacológico o terapéutico, considerándolo «conspiración sionista-cruzada».
Gravedad: 
Grave (cuando incluye chaleco explosivo o vehículo como arma).
Notas clínicas:
Los pacientes con TEID-GMP suelen aceptar el diagnóstico de «trastorno mental» cuando son encarcelados.