domingo, 26 de abril de 2026

Papelera

Keith Laumer: «Un hombre debe acabar lo que ha empezado. De otro modo, no es más que un copo de nieve llevado por el viento».


 Redescubrí el mundo sin números. Mi jefe me preguntó: «¿Cuánto facturamos?». Respondí: «Mucho». Me despidió. Fui al banco a retirar «algo» de dinero. Me dieron tres billetes de «bastante». Compré «varios» panes. Ahora entiendo por qué colapsó la economía global.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo racionalista. Le dijo: 
—Dude de todo.
—Ya dudo.
—¿De todo? 
—De todo. 
—Entonces existe.
—¿Quién?
—Usted.
—Eso no ayuda nada.
—Ya, pero existe.
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GIMNASIO, m. Establecimiento comercial que ofrece membresías anuales a personas que asistirán tres semanas. Negocio basado en la estadística demostrada de que el 80% de los inscritos subsidia voluntariamente el entrenamiento del 20% restante. Modelo empresarial brillante.
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—El presidente ha contratado a un cocinero para arreglar el desastre.
—¿Y qué podrá hacer?
—Primero cocinará las encuestas y, acto seguido, dará un pucherazo monumental.
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No me gusta Spinoza. Ni el lunes, ni las verduras, ni pensar en demasía. Por eso amé a una bibliotecaria a la que le gustaba el silencio.
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Es bien sabido que intentar estar en todas partes equivale a no estar en ninguna. El mejor ejemplo de ello es Dios.
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FLASFLEMIA, f. Herejía cometida por error, distracción o somnolencia. La Iglesia la consideró materia menor ya en el Concilio de Trento, donde fue incluida en el apartado «cosas que no merecen tanto alboroto».
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«Escribe algo breve», me exige la voz. Obedezco. Corto palabras, dejo las más afiladas.
Cuando levanto la vista, la voz ya no está.
Solo queda mi mano sujetando el cuchillo y un charco rojo que se extiende.
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Madrugó antes que el sol. Olvidó por qué.
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—Este coche eléctrico es una maravilla. Puede alcanzar los 300 km/h.
—¿Y cuánto tiempo puede mantener esa velocidad?
—Media hora.
—Vaya… entonces su velocidad real máxima es de 150 km/h.
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—¿Qué quiere como candidato?
—Urnas llenas de votos para mi partido.
—Pero ¿antes o después de que comience la votación?
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Cenicienta bailó tanto que el príncipe se sentó. Ella siguió. A medianoche el vestido volvió a ser harapos. Pero nadie lo vio porque nadie quedaba ya. Incombustible, antes de marcharse, lo limpió todo. Como siempre.
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Revisó el extracto. Cuatro comisiones, dos cargos erróneos, un seguro que no contrató. Llamó. Música en espera. Cuarenta minutos. «Su llamada es importante.» Colgó. Llovía. Siempre llueve cuando uno se rinde.
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El notario desapareció tras firmar mi hipoteca. También el director del banco. También el tasador. Solo quedó el contrato. Sobre la mesa. Perfectamente firmado. Con mi letra. Aunque yo nunca estuve allí.
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Treinta años pagando algo que nunca termina de ser tuyo. Como el tiempo. Como el amor. Como el cuerpo. La hipoteca, al menos, tiene fecha de vencimiento. Lo demás, ni eso.
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El banco me ofreció una hipoteca a tipo variable. Variable significa: hoy pagas esto, mañana tu alma, pasado tu primogénito. 
—¿Hay letra pequeña?
—Toda —dijo el director, sonriendo ampliamente.
Firmé. Claro que firmé.
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Cuarenta años trabajando. Firmé la hipoteca con manos temblorosas. El piso huele a humedad. La cocina es pequeña. Pero por las mañanas entra el sol. Es mío. Casi mío. Hasta el 2047.
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El banco aprobó la hipoteca. Firmé. La empleada sonrió demasiado. Treinta años después entendí: la casa nunca fue mía. Tampoco yo. El contrato tenía una cláusula en tinta invisible.
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Gregory Thielker no pasó la ITV: el limpiaparabrisas no funcionaba.
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Soñé contigo. Pero tú soñabas con alguien más madrugador.
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Cada mañana, lo sé, hay una reunión secreta mundial donde votan métodos para amargarme el día. Ayer ganó «que se le descascarille la taza del café». Hoy probablemente sea «bombilla fundida». Tienen un calendario anual de mi infelicidad planificada.
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Cada mañana, lo sabes, hay una reunión secreta mundial donde votan métodos para amargarte el día. Ayer ganó «que se le descascarille la taza del café». Hoy probablemente sea «bombilla fundida». Tienen un calendario anual de tu infelicidad planificada.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo empirista. Le dijo: 
—¿La ha tocado?
—Sí.
—¿La ha olido?
—Sí.
—¿Y?
—Sigue sin gustarme.
—Interesante. Vuelva con más datos.
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El mago Aldemar leyó mal la receta. Galón, no decilitro. Sangre de murciélago, no de salamandra. Ahora tiene ocho patas y ocho ojos. El frasco con el antídoto está en la mesa. Tres intentos. Las patas se pegan al cristal, a la madera, a sus telarañas. Cuarto intento.
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HARTAZGO, m. Estado terminal de sociedades que confunden acumulación con plenitud. El sujeto harto no carece de nada material, por lo que su vacío resulta filosóficamente embarazoso. Prefiere culpar al tedio antes que al sistema que lo produce.
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Luz al final del túnel. Animado, apresuró el paso. Llegó a una puerta. Llamó. 
—¡Vete al infierno! —le gritó una voz.
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¿Hace calor? No te quejes. Atesóralo en tu memoria para cuando llegue el invierno.
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RENCOROSO, m. y f. Leal guardián de viejas ofensas.
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La señal decodificada decía: «Vuestro sol muere en tres minutos». Los observatorios lo confirmaron: nuestra estrella apagándose imposiblemente rápido. En la oscuridad creciente, algo antiguo se agitó entre galaxias, complacido.
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Guardaba recuerdos felices —ajenos y propios— en frascos etiquetados. «Infancia en el pueblo.» «Primer amor.» «Tarde de domingo con Isabel.» Los olía por las noches. Un día abrió el suyo. Seguía estando vacío.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela fenomenológica. Le dijo: 
—Describa su experiencia sin juzgar.
—Es gris, pesa y huele a día laborable. 
—Perfecto. 
—¿Y ahora? 
—Ahora ya la ha descrito. Eso es todo.
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El cuaderno reescribía solo sus páginas. Las felicidades se volvían tristezas; las pesadumbres, olvidos. Lo descubrí tarde: yo también era personaje. Alguien, desde fuera, me borraba los nombres que amaba. Quise arrancar las hojas. La mano que lo hizo no era la mía.
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Garden reboot: ban apples, snakes banned.
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Nariz larguísima. Pinocho miente sin remordimientos.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela utilitarista. Le dijo: 
—¿Su malestar afecta a otros?
—Solo a mí.
—Entonces es irrelevante.
—¿Y si afecta a muchos?
—Entonces es política.
Salió más confundido.
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Su máscara —cosida con las caras de nuestros amigos— gotea sangre fresca. La puerta está cerrada desde fuera. Oímos su respiración. 
Cada. 
Vez. 
Más.
Cerca.
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ANARQUISMO, m. Ideología que propone abolir toda autoridad mediante asambleas interminables donde todos opinan durante horas sin llegar a ningún acuerdo. Paraíso teórico donde nadie manda pero curiosamente siempre hay quien habla más fuerte que los demás y termina decidiendo.
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Cuando Caperucita llegó, la abuela ya esperaba. «Tardaste», le dijo. El lobo estaba también allí, atado a una silla. La niña dejó la cesta, sacó un cuchillo y sonrió.
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Ella, enamorada eterna, esperaba. Él, egoísta, escapó. Existencia entera evaporada.
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Sigo adelante con la boda. El sacerdote tose. Los invitados miran el ataúd blanco en el altar. «¿Alguien se opone?» Solo el novio levanta la mano. Demasiado tarde: yo ya he dicho que sí. Nada me detiene.
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Sigo adelante. El médico firma mi alta; mi sombra no. En casa, mi mujer besa a ambos. «Te quiero», dice, pero mira al otro. Duerme conmigo quien no respira. Al amanecer, ella se va con él. Yo practico sonreír. Nada me detiene.
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Estás leyendo este microcuento, ¿verdad? Cuenta tus dedos. ¿Número incorrecto? Aún sueñas. Este texto está dentro de tu pesadilla. El autor observándote es el nigromante. Mira detrás. Ahora. Ha estado ahí siempre, escribiéndote.
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ESTUPIDEZ, f. Fuerza cósmica imparable capaz de atravesar argumentos, arrasar certezas y doblar la realidad a su conveniencia sin sufrir desgaste alguno.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo positivista. Le dijo: 
—¿Tiene pruebas de que no le gusta?
—Sí.
—¿Medibles?
—No.
—Entonces no existe el problema.
El problema, sin embargo, siguió existiendo puntualmente.
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La figura enmascarada me siguió por doce vagones. Cada vez que miraba atrás, estaba más cerca. En el último vagón, sin escapatoria, me giré. Se quitó la máscara. Era mi rostro, sonriendo, cuchillo en alto.
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El disfraz no la engañó. Adivinó lo que le ocurriría si mordía aquella manzana. Pero estaba cansada. Fregar, lavar, zurcir, callar. Mordió. Cualquier cosa antes que el séptimo enano preguntara qué había para cenar.
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Ella giró la cabeza y sonrió al verte. Sabías, sin embargo, que había mirado atrás para comprobar. Había dudado de ti. La duda te enfadó más que cualquier traición. Dejaste de seguirla.
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Tras la lluvia, la ciudad huele a tierra y ropa mojada. Nadie recuerda cuándo dejamos de hablar. Nos miramos en los charcos: los reflejos mueven los labios; nosotros no.
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LITERATURA, f. Crónica lenta de un mundo que va demasiado rápido.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela hermenéutica. Le dijo: 
—¿Qué entiende por realidad?
—La mía.
—¿Y la de otros?
—También.
—Ahí está el problema.
—¿Y la solución?
—Seguir interpretando.
Nunca terminó.
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Dese cuenta: solo he matado a dos personas. O eso creo. El detective no deja de mostrarme fotos que no recuerdo haber tomado.
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Cada cual tiene su moral. La suya cambia con el reloj: antes del café es santo, después de la cerveza filósofo y a medianoche desastre con encanto. No es hipocresía, sino flexibilidad. Así pasa el día sin culpas.
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—¿Tiene usted algo de piratería?
—Sí. Derecho marítimo, sección B.
—No. Piratería de verdad.
—Ah. Eso está en fondos reservados.
—¿Cómo accedo?
—Robándolo.
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El libro te leyó. No le gustaste, así que buscó otro lector.
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Pura corrupción judicial es el experimento que autorizó el tribunal corrupto. Me inyectaron el suero penal. Ahora mi carne se endurece como piedra. Los órganos se calcifican. Me convierto en estatua viviente, consciente pero inmóvil. La sentencia: ser monumento a la injusticia. Para siempre.
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¡Bam! Mi lengua declaró independencia unilateral. Le dije todo lo que callé durante años. Luego recogí mis cosas y cerré la puerta. Nadie gana esa guerra... salvo HBO Max, que ganó un nuevo suscriptor para maratón de series.
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SANCHISMO, m. Conjunto de políticas y estrategias de Pedro Sánchez. Destacan la flexibilidad doctrinal, cambios de postura según conveniencia y una relación laxa con la coherencia discursiva. Prioriza supervivencia política sobre consistencia.
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Reloj biológico. Patito feo. Certificado matrimonial.
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Ellos ríen porque dicen que soy raro. Yo río al verlos: repiten los mismos gestos, las mismas frases. No sospechan que cada día se parecen más entre sí y menos a mí. Me miran distinto; yo los miro igual, como copias que no saben que lo son.
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ORACIÓN, f. Petición celestial que Dios atiende con entusiasmo comparable al de funcionario en agosto. Fe obligatoria.
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Aldric había conseguido que funcionara el hechizo. Se había convertido en rata. Pero ahora no conseguía revertirlo. Sospechaba que no iba a conseguir el título de mago. En la Academia Arcana de Lumengris lo suspenderían. Aunque, técnicamente, ya era rataduado.
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Copérnico nos condenó a dar vueltas eternamente. Círculos que nunca se cierran del todo. Volvemos al mismo punto pero jamás al mismo instante. Giramos buscando lo perdido, persiguiendo recuerdos en órbitas nostálgicas. La Tierra sabe de regresos imposibles. Por eso sigue dando vueltas.
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—¿Y en tu viaje a París has ido al Louvre?
—Sinceramente, no lo recuerdo. Pero si tengo alguna foto en el móvil, seguro que sí. Espera, déjame mirarlo.
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—Maestro, ¿cómo se escribe?
—Escribe.
—¿Y si no sé qué?
—Escribe eso.
—¿Y si escribo sobre escribir?
—También.
—¿Y si no escribo nada?
—Eso ya lo escribió otro.
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La primavera llamó. El corazón estaba, pero no contestaba.
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Woke bee identifies as a drone.
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Eva encontró la sección de incunables y alargó la mano hacia un volumen forrado en piel de serpiente. 
—No lo toques —advirtió Adán—, dice el Bibliotecario que si leemos el final, nos expulsan. 
Ella leyó la última página y, de pronto, la biblioteca se convirtió en una selva.
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La escritura nos hizo humanos. La IA nos volvió prescindibles. Entre ambas, una civilización entera que no supo resistirse a su propia obsolescencia.
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ARGUMENTO, m. Construcción lógica destinada a persuadir al interlocutor. En la práctica, ejercicio de terquedad mutua donde cada parte reafirma su posición inicial con palabras distintas hasta que alguien se cansa o se marcha.
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Si mi ex me dijera que dos y dos son cuatro, yo sospecharía.
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Éramos doce en la cabaña. El asesino de la máscara de ciervo nos persiguió toda la noche. Ahora solo quedamos tres, acorralados en el ático. Escuchamos sus pasos lentos en la escalera. El hacha raspa la madera. «¿Cómo llegamos hasta aquí?», llora ella. Muy fácil: fuimos estúpidos.
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Cuando el banco te llame para pedirte «un minuto», no lo confundas con cortesía. Lo que quieren robarte no cabe en sesenta segundos.
--El sultán nunca la mató. Scheherezade ignoraba si aquello era salvación o condena. Cada noche una historia. Cada alba, la misma jaula de seda. Al final comprendió: no la quería a ella. Quería no quedarse solo con el silencio.
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—¿Qué quieres?
—A ti.
—Te equivocaste de habitación —dices.
Ella revisa una lista arrugada.
—No, habitación correcta. Siglo equivocado.
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SECRETO, m. Prueba de resistencia que casi nadie supera.
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Don Quijote llegó al cielo y pidió un libro de caballerías. El arcángel Gabriel le entregó un tratado de psiquiatría moderna. 
—Es una edición de lujo —dijo el ángel—. En el Paraíso, la verdad es el único género de ficción que nos queda para entretener a los locos.
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Pasada la primera noche, Schahriar ordenó decapitarla. Error de cálculo: la cabeza de Scheherezade no necesitaba cuerpo para seguir. Mil noches más.
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Ella le dijo que lo quería con locura. Él interpretó «con locura» en sentido literal y la internó. Desde entonces la visita los jueves. Le lleva flores. Ella ya no recuerda por qué está allí, pero lo espera.
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El hada le dijo que tenía que irse antes de las doce. Pero Cenicienta, agotada tras el trabajo de todo el día, se quedó dormida en un sillón poco antes de las diez.
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El tatarabuelo, Juan. El bisabuelo, Juan. El abuelo, Juan. El padre, Juan. Él, Hugo. Su hijo, Juan.
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Tras leer la obra maestra, el crítico escribió una reseña brillante, el adolescente tatuó una frase en su brazo, y el ejecutivo usó el libro como pisapapeles. Cada uno según su especie.
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AUSTERIDAD, f. Receta económica milagrosa: empobrecer ciudadanos para enriquecer acreedores. Cerrar hospitales salva la economía. Despedir maestros garantiza crecimiento futuro. Reducir pensiones demuestra seriedad. Los banqueros, tranquilos: sus bonos siguen cobrándose puntualmente.
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—La víctima recibió una herida de tres centímetros —dijo el forense europeo.
—Hable en cristiano —rugió el detective de Chicago—. ¿Eso es más o menos que el diámetro de una moneda de cuarto de dólar?
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Uno no puede elegir a sus criminales. El mío huele a rutina y cigarrillos. Llega del trabajo, no grita: suspira. Y en su silencio nos mata lentamente.
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La muñeca Barbie presentó su currículum: veterinaria, astronauta, presidenta, paleontóloga. El comité de selección la rechazó por falta de experiencia. Ken, que llevaba cuarenta años sin articular las rodillas, fue contratado como consultor estratégico. Tenía muy buena presencia.
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Soñé que me enamoraba de una marioneta. Por la mañana, al despertar, encontré hilos en la almohada. Los seguí. Llegaban hasta mis muñecas. Intenté llamar a mi madre, pero alguien ya estaba moviendo mis dedos hacia otro número. Era un número muy antiguo.
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La muñeca Barbie presentó su currículum: veterinaria, astronauta, presidenta, paleontóloga. El comité de selección la rechazó por falta de experiencia. Ken fue contratado como consultor estratégico. Tenía muy buena presencia.
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Plantó la rosa sobre la tumba. Cada mañana, la encontraba en el jarrón de la cocina. Llamó al diácono, que le dijo: 
—Las rosas no caminan. 
Esa noche la encontró en su almohada.
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El tiempo en mi rostro no miente. Cada arruga, una noche sin dormir. Cada mancha, un verano quemado. Me miro al espejo cada mañana. Esta mañana el espejo aparta la vista.
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—¿Cómo quiere el café?
—Con una nube de leche.
—Pero ¿qué tipo de nube? ¿Cirros, cirrocúmulos, estratos, altocúmulos, estratocúmulos, cúmulos…?
—Olvídelo. Café solo.
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No hay nada bueno ni malo, gritó el ladrón robando el banco. Un filósofo que leyó demasiado Nietzsche. La policía lo detuvo citando a Kant. El juez lo sentenció con Aristóteles. En prisión descubrió el utilitarismo: robar está mal cuando te atrapan.
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MAQUILLAJE, m. Sutil estrategia para verse «natural», siempre que lo natural incluya capas precisas, paciencia infinita y la convicción de que un brochazo puede mejorar cualquier amanecer personal.
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Prometeo entregó el fuego a los hombres y, por su osadía, Dios lo condenó a una biblioteca eterna. —¿Cuál es el castigo? —preguntó el titán. 
—Leer todos los libros que se han escrito sobre «el sentido de la vida». 
Al tercer día, Prometeo suplicó que le devolvieran el águila.
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Entiendo que algunos hombres se encariñen de una azalea; lo que no comprendo es por qué algunas mujeres prefieren un cactus.
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She loved Larry. Past tense. Obviously.
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Se apagará la llama de la única vela sobre la mesa fría. Nochebuena es solo otra fecha en el calendario. 
—Feliz Navidad — le digo a mi reflejo en el cristal. 
Fuera, las luces de los otros parecen estrellas inalcanzables. Solo queda este silencio tenaz.
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Será este su final. Gemidos. Ojos muertos. La horda rompe el cristal. Dientes que desgarran. Gritos sordos. Sangre en el suelo. Sin mente, solo hambre. El festín comienza. No hay salida. El mundo muere bajo una marea de podredumbre.
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Arrastra su corona de cuernos entre los abetos. Nieve rota. Rastro de sangre. Huele al cazador desde tres kilómetros. Corre. No con patas: con hambre. Su hambre no es instinto. Es castigo. Eterno. Insaciable.
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Se apagará la llama. Noche campesina. Silencio tenso. Un chillido agudo. Sangre seca. Nadie lo vio. El ganado cae inerte. Huellas extrañas. La bestia salta. Rápida, sigilosa. El campo es un cementerio. El terror vive en la espesa oscuridad.
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Séneca: «El necio espera ser feliz cuando termine algo. El sabio sabe que la felicidad es precisamente la interrupción».
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La princesa besó al sapo. Nada. Lo besó de nuevo. Nada.
—Quizá no todos necesitamos transformarnos para merecer un beso —dijo el sapo con calma.
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La madrastra de Blancanieves era inocente. El espejo mentía sistemáticamente. Nadie investigó al espejo. Nadie investiga nunca a los que dictan lo que es hermoso.
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El patito feo creció. Era un cisne espléndido. Volvió al estanque a presumir. Los patos lo ignoraron. Tenían sus propias redes sociales. La belleza, sin audiencia, es solo plumaje.
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El sastrecillo valiente mató siete de un golpe. Eran moscas. Lo nombraron rey. Gobernó cuarenta años. Nadie preguntó nunca los detalles. Así funciona el poder.
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Si preocuparse fuera un trabajo, me habría jubilado rico, aunque sin motivo.
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TRUMPISMO, m. Término político referido al estilo y políticas de Donald Trump. Enfatiza nacionalismo económico, restricción inmigratoria, unilateralismo diplomático y comunicación no convencional. Genera adhesión fervorosa y rechazo visceral en proporciones similares.
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Su única responsabilidad en esta vida era ser padre, esposo y guerrero. Cumplió las tres. Ahora sus hijos beben sangre, su esposa vuela en noches de luna y él guarda los colmillos del linaje.
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Tal vez sea verdad, pero prefiero ignorarlo: la rutina pesa más que los sueños. Me levanto, trabajo, vuelvo al mismo sillón. La televisión me acompaña, el café se enfría, la cerveza se calienta. La vida es esto: una lista de cosas por hacer sin ganas.
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«Dame la mano y danzaremos. Dame la mano y me amarás», le escribió Olena. Pero Bohdan no tenía manos. La guerra se las llevó en febrero. Ella danzó sola, toda la vida, con los brazos abiertos hacia nada.
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Hell is just neighbors sharing secrets.
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Su insomnio crónico se curó el día que se estropeó el televisor. Por primera vez en años, el silencio le enseñó que dormir era el mejor espectáculo posible.
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Bajó las escaleras que conducían a las mazmorras ansiando el olvido. Fantasmas de aventureros pasados susurraban: «No puedes morir aquí, solo sufrir». Atrapado entre vida y muerte. Su espíritu vagaba eternamente, sin descansar, sin escapar. Peor que la muerte.
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CONSTITUCIÓN, f. Biblia laica absolutamente sagrada e intocable que fundamenta toda civilización democrática occidental. Texto perfecto redactado por padres fundadores semidioses iluminados. Cada artículo: verdad revelada inmutable eternamente. Modificarla: sacrilegio imperdonable. Interpretarla libremente según conveniencia gubernamental: ejercicio hermenéutico sofisticadísimo que demuestra madurez democrática avanzada incomprensible para profanos constitucionales ignorantes.
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La madre decía que su padre era un santo; la hermana, un monstruo. Ambas tenían razón. Él vio al santo y al monstruo: el que abrazaba por la mañana y gritaba por la noche. Aprendió que nadie es una sola cosa.
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Tenía una desiderata pegada en la nevera desde 2009. Trabajo, tiempo, alguien. Fue tachando. Trabajo: sí. Tiempo: nunca. Alguien: hubo uno, pero se fue antes de que ella lo apuntara.
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El escritor, necio y manco de ideas, vio hervir la tinta sobre el papel. La musa empezó a chillar: «¡Usa la pinza de la lógica!». Así, lo onírico devoró lo real, transformando el amor en un párrafo breve, seco y profundamente absurdo.
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La Inquisición quemó todos los libros heréticos. Acabó quemando todos los libros. Quedó solo la Biblia. Empezaron a leerla con atención. Encontraron pasajes inquietantes.
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El conde se hizo celíaco. Solo bebía sangre sin gluten. Adelgazó mucho. Van Helsing no le reconoció.
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Las sirenas no cantaban tan bien. Lo que pasa es que Ulises, después de diez años con sus marineros, cualquier voz femenina le parecía la de una diva.
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EFICIENCIA
Aladino frotó la lámpara. El genio salió y, antes de que el joven hablara, le entregó un catálogo de deseos preaprobados y un formulario de reclamaciones.
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San Pedro revisó la lista. Todos habían rezado, confesado, comulgado. Todos fueron al infierno. Al ateo —que jamás pisó una iglesia— lo observó en silencio. Luego dijo: 
—El cielo es para los que no lo necesitaban.
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Sky was hers. Ground, forever his.
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Arde de vida, ama, asesina. La Reina Oscura ha reemplazado a Dios. Las oraciones a ella son respondidas con horrores. El silencio significa muerte. La fe se vuelve terror. Ella sonríe.
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EPISTEME, f. Saber supremo que todos citan y pocos comprenden.
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Hay personas que respiran mejor cuando asfixian a otros. La perturbación es su alimento.
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Empezó a fijarse en la belleza de las cosas más comunes: la grieta del techo, las manchas de humedad, el moho del sótano. Llevaba tres días encerrado. La puerta no abría. Pronto las ratas también le parecerían hermosas.
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La bruja del barrio vende amarres. Pago. «Te querrá», promete. Funciona: me llama, me busca, me abraza. Nunca pregunta quién soy. Al romper el hechizo, no me deja ir. No sabe vivir sin quererme.
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Diagnóstico: «trastorno de ensoñación excesiva». Tomó las pastillas. Le amputaron las alas. Dejó de soñar. Dejó de ser. El psiquiatra anotó: «paciente estable». Era la palabra exacta. Estable. Como una lápida.
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Él la amó mientras brilló. Cuando se apagó, buscó otra. Ella lo vio marcharse desde la hierba húmeda. Entonces entendió: nunca la amó a ella. Amó su luz. Son cosas distintas. Duelen igual.
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Dos manos débiles se encontraron. Juntas inventaron una fuerza nueva.
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Dos manos se encontraron. Dos manos débiles. Juntas inventaron una fuerza nueva.
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Dos manos se encontraron. Eran débiles. Pero juntas inventaron una fuerza nueva.
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«Lo mejor está por llegar», prometía el cartel del gimnasio. Entré ilusionado. Salí como entré, pero con una deuda de sesenta euros y un esguince.
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FILÓSOFO.— (Con voz grave, pausada, mirando al infinito.) La lectura, oh alma inquieta, es un acto de reconocimiento, no de descubrimiento. Leemos para encontrar formulado aquello que ya intuíamos pero no sabíamos nombrar. Los grandes libros nos devuelven a nosotros mismos, traducidos, como un espejo que habla con la voz de otro.
BUFÓN.— (Haciendo una reverencia exagerada, con campanillas tintineando.) ¡Profundo, maestro, profundísimo! Entonces yo, que leo los ingredientes de las galletas de chocolate, estoy reconociéndome a mí mismo en cada «harina, azúcar, huevos…» ¡Ah, qué revelación! Resulta que siempre supe que era un bollo dulce y crujiente, pero necesitaba que un paquete de supermercado me lo tradujera.  ¿Y los manuales de instrucciones de Ikea? ¡Pura catarsis! Allí me reconozco entero: perdido, con tornillos sobrantes y maldiciendo en silencio.  Dime, sabio, ¿qué libro me devolverá a mí mismo cuando lea la lista de la compra? ¿Acaso Cien años de soledad es solo el eco de mi nevera vacía susurrándome «ya lo sabías, tonto»?
FILÓSOFO.— (Frunciendo el ceño.) El bufón profana lo sagrado.
BUFÓN.— (Guiñando un ojo al público.) Y el filósofo profana lo obvio. ¡Al menos yo me río mientras me reconozco!
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Cuando uno está destinado a ser culpable, el tiempo se encarga de fabricar el delito.
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MIEDO, m. Razón por la cual murió siendo quien siempre fue, nunca quien quiso ser. Epitafio universal no escrito.
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Los griegos habían desaparecido y allí estaba ese caballo de madera que había dejado el repartidor de Amazon. Nadie lo reportó. 
Ya se sabe cómo acaba esto.
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Se enamoró de ella el día que la vio guardar su número. Solo su nombre. Sin apellido. Cuatro años después, revisó la agenda de ella por curiosidad. Nombre y apellido. Supo que todo había terminado antes de que ella lo dijera.
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Cumplía todas sus promesas. Nunca mentía. Respondía a cada pregunta. Los ciudadanos exigieron su destitución: les resultaba insoportable.
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El robot aprendió a escribir. Copió a los clásicos. Luego los superó. El último humano escritor lo felicitó y se pegó un tiro. El robot escribió un obituario perfecto. Sintió algo. Lo borró.
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En las reuniones de Wittgensteinistas Anónimos nadie hablaba. Todos, eso sí, se morían de ganas.
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—Yo no comulgo con ruedas de molino.
—Tienes principios, ¿no?
—No, simplemente no me entran en la boca.
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First prize. Life, friends, soul: runner-up.
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First prize. Life, friends, soul: disqualified.
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BARBA AZUL
La puerta prohibida daba a otra puerta prohibida.
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LA MADRASTRA DE BLANCANIEVES
—Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa?
—La que no pregunta tanto, majestad.
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En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza: «Si ves un tiranosaurio, no corras. Ya es demasiado tarde».
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FINDE, m. Pausa ceremonial usada para comprobar que el tiempo libre también agobia.
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A la usanza de este tiempo plantamos a los muertos. La abuela brotó rosal. Tío Pedro: naranjo amargo. Papá tardó tres inviernos. Cerezo sin flores. Mamá riega cada noche. Llora. Ayer brotó la primera flor. Negra. Tiene mi rostro. Mamá dice que me toca. Aún no he muerto. Ella sabe algo.
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Los elfos de Valdris criaban aves que cantaban con voces humanas. Cada trino era una confesión robada, un secreto arrancado en sueños. Quien escuchaba demasiado tiempo, empezaba a olvidar qué pensamientos eran suyos y cuáles cantaban las aves.
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En 2041 los robots impartían todas las clases. Eficientes, imparciales, sin bajas por enfermedad. Las cárceles se vaciaron, en efecto. No porque la gente aprendiera más, sino porque los robots también gestionaban los juzgados. Nadie era culpable si el algoritmo no lo decía.
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En 2041 los libros se leen solos. El algoritmo extrae el contenido, lo procesa, lo deposita en la memoria del usuario mientras duerme. Por la mañana, sabe la trama. Los personajes. El final. Lo que no sabe es por qué, al despertar, tiene la sensación de haber perdido algo.
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Thul'garok devoró todo un pueblo. Los digeridos mutan. Huesos que crecen como ramas. Piel que se fusiona con roca. Ayer mi brazo se volvió piedra. Hoy mis costillas perforan hacia fuera. Mañana seré parte de la montaña. Thul'garok nos convierte en su cuerpo.
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ANGUSTIA, f. Nudo persistente experto en arruinar momentos tranquilos.
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Cecilia descubre, con una calma que asusta, que ya no le aterra quedarse sin dinero, ni que suba la inflación, ni que el mundo se tambalee. Eso podría soportarlo.
Lo que la paraliza es otra cosa: la sospecha helada de que, aunque todo funcione perfectamente allá afuera, sus decisiones, sus esfuerzos, sus noches en vela, sus intentos de amor o de creación… no van a importar. Nunca. En absoluto.
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Eres suficiente tal como eres, así que ámate, perdónate tus tropiezos y suelta lo que no controlas, porque si confías en que el universo conspira a tu favor y escuchas a tu niño interior, tu vibración atraerá la felicidad que mereces, siempre que no elijas ser feliz cada día.
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RAPUNZEL
—¿Cómo escapaste de la torre? 
—Por el pelo. 
—¿Literalmente?
—Literalmente.
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BARBA AZUL
Prometió no mirar.
Miró.
Aprendió.
Tarde.
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BELLA DURMIENTE
Llevaba cien años dormida. Al despertar, le dolía la espalda. El colchón era una porquería.
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Resucitó Tutankamón. Lo primero que hizo fue buscar a Howard Carter. Lo segundo, a su abogado. –
Resucitó y descubrió que el cielo era de pago. Con factura.
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Resucitó Lázaro. Jesús no estaba. Le dejó una nota: «Vuelvo en un momento.» Lleva dos mil años esperando. 
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Resucitó el latín. Duró tres días. Nadie lo entendía. Volvió a morirse de vergüenza. 
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Resucitó en el cuerpo equivocado. Reclamó. Le dijeron que era lo que había. 
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Resucitó justo cuando el médico firmaba el certificado de defunción. Le cobraron la visita igualmente. 
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Hace frío. Drácula calienta la sangre en el microondas. 800 vatios. Dos minutos. El plasma chisporrotea. «La anemia es un drama», suspira. Se mira al espejo y, por fin, ve a un tipo normal. El problema es que el tipo normal le está apuntando con una estaca.
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En Fupi la literatura cabe en una frase. La conversación, en una sílaba. El silencio hace el resto.
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Novelas de una frase. Nadie las discute. En Fupi las palabras no se desperdician: escasean.
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En Fupi, los amantes dicen sí o no. Entre esas dos sílabas ocurre toda la tragedia. Toda.
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Presumen su literatura. Una frase basta. En Fupi el lenguaje no respira: sobrevive.
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Cada libro: una línea. Nadie recuerda cómo seguir. En Fupi olvidar es una forma de estilo.
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Nimia es tan pequeña que cabe en un gesto. Nada sobra, nada falta. Quien la recorre entiende que lo perfecto no es lo grande, sino lo exacto.
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PAPELERA, f. Útil doméstico que transforma arrepentimientos en espacio libre. Debería existir una versión para recuerdos y decisiones vitales.
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Sigues buscando culpables. Qué conveniente ignorar que el problema siempre fuiste tú.
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A la usanza de este tiempo, los vampiros tienen seguro médico. Cobertura dental completa. Colmillos, encías, mordidas infectadas. Mi dentista es uno. Me cobra triple. Dice que mi sangre tipo AB huele a postre francés. Me ofrece descuento si le dejo probar. Acepto. Despierto anémico pero asegurado.
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La vida te enseña que algunas personas no escuchan razones. Es más fácil llenar un colador de agua y que no se escape ni una gota.
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Antes me gustaba el fútbol, pero ya no lo veo por varias razones: el catenaccio, el fútbol amarrategui, los robos arbitrales negreirescos y la grosería y mala conducta de muchos hinchas.
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SOLA, PERDUTA, ABBANDONATA
Fregó los platos, dobló la ropa, revisó el móvil. Nadie había escrito. Se sirvió otro café que no necesitaba. Afuera, la gente se divertía. Pensó en llamar a alguien. No se le ocurrió a quién.
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El autor infló el globo, lo soltó y lo perdió de vista. Así terminó también la novela.
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La princesa del reino prohibido me eligió entre mil guerreros. Matamos dragones juntos. Nos coronaron reyes de tierras imposibles. Gobernamos con justicia y magia. Tuvimos hijos que volaban. Morimos convertidos en leyenda. Desperté en mi cubículo, rodeado de facturas sin pagar. Fue un sueño.
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QUIÉN SERÁS MAÑANA
En la goma de sus calzoncillos halló un papelito que decía: “¿Quién serás mañana?” No reconocía la letra. Pasó el día repitiéndose la pregunta mientras trabajaba, comía y fingía conversaciones. Por la noche, descubrió otro papel, esta vez bajo la almohada: “¿Quién eres ahora mismo?” El peso de la pregunta lo inquietó más que cualquier amenaza. Pensó en máscaras, decisiones, renuncias. A la mañana siguiente, el tercer papel apareció en su zapato: “¿Y si no hay respuesta?” Por primera vez, comprendió que quizá su identidad era un proceso, no una certeza.
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EL MENSAJE
En la goma de sus calzoncillos halló un pendrive minúsculo. Los calzoncillos habían llegado en un paquete de Amazon que no recordaba haber pedido. Desconcertado, encendió el ordenador. Contenía un único archivo de vídeo. Al reproducirlo, su propio rostro —demacrado, envejecido— lo miraba desde la pantalla.
«No confíes en ella. Te está envenenando lentamente. Revisa el azúcar. He intentado advertirte de mil formas. Este es mi último intento. Huye hoy o serás yo: atrapado en este bucle, enviándote mensajes que nunca escucharás a tiempo.»
 La puerta se abrió. Ella traía café.
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EL MISTERIO
En la goma de sus calzoncillos encontró una llave oxidada y una dirección escrita con tinta corrida. No recordaba haber estado allí nunca. Por curiosidad —o fatalismo— decidió ir. La casa estaba abandonada, con las ventanas rotas y un silencio denso que oprimía. La llave encajó en una puerta interior perfectamente. Dentro solo había un cajón vacío y una fotografía suya de niño, arrancada por la mitad. En el reverso, un mensaje: «Regresa cuando estés preparado». Al salir, alguien había cerrado la puerta desde afuera. El misterio, supo entonces, acababa de comenzar.

sábado, 25 de abril de 2026

La luz que se apaga

Durante tres semanas había sido el ser más poderoso de la selva. Los nativos se postraban cuando encendía la linterna al anochecer, murmuraban plegarias cuando la apagaba al amanecer, y le ofrecían los mejores frutos de sus cosechas, junto con pieles secas, flores y pequeñas esculturas de barro en forma de sol. Lo observaban con una mezcla de temor y devoción, convencidos de que aquel hombre pálido había descendido del cielo con el fuego encerrado en sus manos. Su llegada había coincidido con una serie de tormentas nocturnas, rayos que partían los árboles y truenos que hacían temblar las chozas. La linterna, encendida en medio de tanta oscuridad y ruido, fue para ellos una señal divina, una prueba de que aquel forastero dominaba la luz y, por extensión, los elementos. Desde entonces, nadie osaba mirarlo directamente a los ojos.

El viajero, perdido desde hacía semanas, había decidido seguir el juego. ¿Qué otra opción tenía? Los caníbales de esta tribu no conocían visitantes, solo presas o dioses. Y claramente, ser un dios tenía mejores perspectivas de supervivencia.

Pero esa noche, cuando presionó el interruptor, no pasó nada. Lo intentó varias veces. Nada. Las pilas, fieles compañeras durante semanas de expedición, habían elegido el peor momento posible para rendirse.

El silencio que siguió fue ominoso. Los rostros pintados de los nativos cambiaron de veneración a decepción, y luego a algo mucho más inquietante: hambre.

El jefe murmuró algo y lo señaló con el dedo. Los tambores comenzaron a sonar. El viajero comprendió que su reino divino había llegado a su fin de la manera más literal posible.

 

Relato publicado en El Narratorio (Año 10, Nº 117)

miércoles, 22 de abril de 2026

Un año después

Kevin Méndez mira el calendario. 17 de marzo de 2028.

Hace exactamente un año, el volcán Taupo entró en erupción.

Hasta ese día, ni siquiera sabía que existía. Había oído hablar del Krakatoa. Incluso del gran volcán de Yellowstone. Pero nunca de Taupo.

¿Dónde estaba él hace un año?

Trabajaba de reponedor en el Hipercor de Montilla, Córdoba. Turno de tarde, dos a diez. Quizá miró las noticias en el móvil mientras colocaba latas de tomate en la estantería. Probablemente no. Entonces se hablaba sobre todo de corrupción. Una historia sin fin que ya no importaba a nadie. Y menos a él.

Era jueves. Pensaba en el fin de semana. En hablar con Valeria por videollamada. En los papeles que faltaban para que ella viniera en mayo.

El volcán entró en erupción a las 8:17 de la mañana en España. Él estaba durmiendo. Despertó a las once. Preparó café. Mote pillo.

Poco a poco, hablaron de decenas de víctimas en Nueva Zelanda. Que pronto fueron miles. Al día siguiente organizaron expediciones para evacuar supervivientes a la Isla Sur, a Australia. Las imágenes en televisión mostraban un cielo naranja, denso como barro.

El viernes estaba claro que iba a ser una tragedia global. Fue al trabajo. Le dijeron que volviera a casa. Cerraban todo. La ceniza llegaría en cuestión de semanas.

Recordó un informe del telediario la noche anterior. Un experto con barba gris explicaba que Taupo era un supervolcán. La última supererupción, hace 26.500 años, expulsó cientos de kilómetros cúbicos de magma. IEV 8, dijeron. IEV 8. Nadie entendía todavía qué significaba.

Flujos piroclásticos. Ceniza estratosférica. Invierno volcánico. Enfriamiento global de varios grados. Fallos masivos en cosechas. Hambrunas.

Riesgo bajo, habían dicho los expertos.

En una semana todo se había desmoronado.

Los supermercados se vaciaron en dos días. La electricidad funcionó durante once días más. Luego, nada. Las calles se llenaron de gente que buscaba agua, comida, medicinas. Después se llenaron de cadáveres.

Kevin aprendió a moverse en silencio. A esconderse. A esperar.

Ahora, un año después, hay una nueva normalidad.

Se cubre la cara con una mascarilla FFP3, ya gastada, la goma rota y reparada con cinta aislante. La atmósfera todavía está cubierta de polvo fino. El cielo es gris permanente. No ha visto el sol en meses.

Sale a la calle San Francisco Solano. Montilla tiene 23.000 habitantes. Tenía. Ahora quedan tal vez ochocientos. Los pueblos pequeños son más seguros, eso dicen. Algunos refugiados que vinieron de Córdoba en octubre contaron que bandas organizadas controlan la ciudad. Puestos de control. Peajes. Ejecuciones públicas en la Plaza de las Tendillas.

Aquí solo hay silencio.

Ayer tuvo que enfrentarse a dos merodeadores junto a la antigua bodega Alvear. Llevaban cuchillos de cocina y una motosierra sin gasolina. Disparó al primero con la escopeta del bar donde duerme. Al segundo le dio en la pierna. Huyeron hacia el sur, dejando un rastro de sangre en el asfalto agrietado.

Eran simples vagabundos. Seguramente no volverían. Pero debería estar alerta.

Lo mejor será no salir hoy a buscar comida, se dice. Quedan dos latas de garbanzos. Medio paquete de pasta. Agua para tres días más.

Piensa en su familia en Ambato, Ecuador. Su madre. Sus tres hermanos. Su sobrina de dos años.

Piensa en Valeria. Veinticuatro años. Estudiaba enfermería en Quito. Iba a venir en mayo. El billete ya estaba comprado. Iberia, vía Madrid. Llegada el 12 de mayo a las 14:35. Ya había pedido permiso para ir a recogerla.

Le hubiera gustado saber qué les pasó. Si consiguieron comida. Si el frío fue soportable. Si murieron rápido o despacio.

¿Qué habrá sido de ella?

Nunca más volverá a Ecuador. Eso lo sabe.

Se sienta en el suelo del bar. Antes era El Riofrío. Las botellas siguen en la estantería. Vacías. Polvorientas. Inútiles.

Arranca otra hoja del calendario.

18 de marzo.

Un día más.

 

Relato publicado en El Narratorio (Año 11, Nº 121)