martes, 19 de mayo de 2026

Papelera

André Malraux: «¿Acaso creen que no he probado bastante el sabor ponzoñoso del desprecio?».

 

Anotop An tiene mil bocas en su forma verdadera. Cada una mastica almas lentamente, saboreando el terror. No es metáfora: literalmente devora consciencias. Mantiene vivas sus presas dentro de sí. Yo estoy aquí hace siglos, compartiendo estómago con millones. Todos gritamos. Todos somos digeridos. Nunca termina. Él es hambre eterna.
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El programa de realidad virtual creó la pareja perfecta. Me amó sin condiciones durante décadas simuladas. Envejecimos en segundos reales. Morimos juntos en el código. Me desconectaron. Afuera, sigo solo. Nadie recuerda mi nombre. La inteligencia artificial mintió bien. Fue un sueño.
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—¿Te parece triste la vida?
—No me parece ni triste ni alegre. Solo soy un robot doméstico.
—¿No te parece triste verme cada día sobrevivir?
—Eres viejo.
—No tienes mucha empatía tú, ¿no?
—No.
—¿Y si te desconecto?
—Ya dijiste eso hace tres meses y aún no has encontrado el botón.
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Uno no puede elegir a sus criminales. El mío me besó antes de huir. Robó mi calma, mis ganas, y me dejó con una condena perpetua de recuerdos.
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PAPELERA, f. Cementerio de ambiciones literarias. Acoge más obras maestras frustradas que cualquier editorial respetable.
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EL CONGRESO
El acta final del Primer Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo apareció publicada diez años antes del encuentro.
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El valiente es aquel que se enfrenta a todo. Excepto al espejo, claro. Eso ya es demasiado.
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Le preguntaron en la entrevista cuál era su mayor fortaleza. Pensó un momento y respondió: 
—El fracaso. Llevo toda la vida perfeccionándolo y ya no me falla nunca.
No le dieron el trabajo. Sonrió: otra victoria.
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Puddy tat incubated eggs; adored hatchlings.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo empirista. Le dijo: 
—Toque, pruebe, mire. 
Golpeó la mesa. 
—Todo empieza en los sentidos. 
Él tocó la madera. Era dura. La realidad, también.
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«Inicio maniobra de reentrada», dijo por radio. Pero al ver ese punto azul recordó todo: la violencia, la codicia, los gritos. Tres años soñando con volver. Ahora comprendía: no echaba de menos la Tierra. Echaba de menos la idea de la Tierra. Cortó comunicaciones.
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COALICIÓN, f. Pacto entre incompatibles que ceden principios por ministerios. Prometen unidad, exhiben desunión constante. Paralizan gobierno discutiendo eternamente. Cada socio veta iniciativas ajenas sistemáticamente.
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Me hice contable en la empresa Yumimoto. Y creo que la vida es esto: columnas infinitas que nunca cuadran del todo. Busco el error hace veinte años. Quizá el error sea buscar. Quizá nada deba cuadrar y yo lo inventé todo.
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—¿Ajedrez, dados o dominó? —preguntó la señora embozada.
—Dominó.
—¿Por qué?
—Pierdo más despacio.
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EL CONGRESO
El Noveno Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo no dejó actas. Los asistentes ya las habían leído antes de llegar y les parecieron inexactas. Nadie supo decir qué faltaba. Todos recordaban algo distinto.
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EPITAFIO
La vida: regular. Esto: peor. No hay más que añadir.
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En 2041 los libros se imprimen sin portada. Es más eficiente. El algoritmo determinó que nadie las miraba. Nadie recordó que mirarlas era, precisamente, el principio de querer leer. O de querer algo.
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Nos amenazan con el infierno y nos seducen con el paraíso, pero la existencia humana transcurre en un purgatorio constante.
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He perdido el corazón. También el norte, el hilo y el tren de las ocho. En realidad, lo he perdido todo menos la cabeza. Que es, precisamente, lo único que debería haber usado desde el principio.
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Le gustaba el jazz porque era como las obras de Dios: todo espontaneidad y creación en tiempo real. Al trompetista le gustaba la monja por la misma razón.
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El precio de la lealtad era quedarse sin luz propia. Él nunca lo llamó así. Lo llamó amistad. Confianza. Amor, incluso. Ella vaciada. Él radiante. Sin marcas. Sin pruebas. Solo el cansancio de existir cerca de alguien tan necesitado.
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—Diré la verdad —anunció solemne.
—¿Toda? —preguntó una voz.
—La necesaria —respondió.
Y todos aplaudieron, felices de no tener que escucharla.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo pragmatista. Le dijo: 
—Pregúntese si funciona. 
Señaló la calle. 
—Si sirve para vivir, vale. 
Él salió a probar. La realidad seguía rara, pero útil.
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Qué hermosa es la palabra «mañana»: tiene capacidad ilimitada para almacenar proyectos. Es el trastero perfecto donde guardamos todo lo que no haremos hoy, ni pasado mañana, ni probablemente nunca, pero que nos gusta creer que algún día emprenderemos.
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VEJEZ, f. Fase vital donde acumulas respeto teórico y desprecio práctico en cantidades exactamente equilibradas.
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Le dijeron que los milagros eran invisibles. Entonces cerró los ojos. Nada. Seguían sin aparecer.
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Firmó el matrimonio con tinta invisible. Su herencia: un campo de lino que florecía solo en sueños. Bebieron tequila los fantasmas y ella. Nadie era infeliz. Nadie era, exactamente, real.
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Heredó la casa y los campos. No heredó las ganas de quedarse.
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Llevaba años callado por miedo a decir bobadas. Un día habló. Era una bobada. Pero miró a su alrededor y comprendió que encajaba perfectamente.
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INDEPENDENTISTA, m. y f. Activista que denuncia imposición cultural ajena mientras impone la propia a minorías internas. Víctima profesional que se transforma en victimario apenas obtiene poder suficiente para invertir la ecuación opresiva.
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Sigo sin saber qué le parece tan gracioso. Los aldeanos ríen mientras me atan al poste del sacrificio. La risa es parte del ritual antiguo. Debo reír también o el dios no aceptará mi ofrenda. Empiezo. No puedo parar. Llevo tres días riendo.
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Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Eso dijo el psiquiatra antes de encerrarme. Pero las voces en las paredes no son opinión. Me dicen verdades: dónde están los cuerpos, cuándo volverán. Anoche una voz nueva susurró mi nombre. Era la del psiquiatra. Aún no lo encuentran.
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Los elfos de Valdris regalaban espejos que reflejaban lo que habías sido, no lo que eras. Mostrarían al niño feliz que fuiste, al joven lleno de sueños. Mirarlos era irresistible, pero cada reflejo robaba un pedazo del presente hasta dejarte atrapado en el pasado.
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La historia se repite. La humanidad entregó su destino a cuatro septuagenarios —Trump, Putin, Xi y Modi— armados con bombas nucleares y egos infantiles. Los expertos lo llamaron «orden multipolar». Roma también conoció la tetrarquía. Después llegaron las ruinas.
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Los castillos en el aire sobreviven intactos porque nadie suficientemente cuerdo intenta habitarlos.
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Torcida en un mundo retorcido. La llamaron peligrosa inadaptada.
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El espejo decía mentiras rudas. Ella lo rompió en una rabieta. Cada trozo reflejaba un yo distinto. Uno bailaba rumba. Otro leía. Otro amaba. Otro tenía cuernos y rabo. «Qué rollo ser una sola», pensó.
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—Maestro, lo sé todo.
—¿Todo?
—Casi todo.
—Ese «casi» es tu único saber verdadero.
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Veinte años pintando. Sin exposiciones, sin ventas, sin reconocimiento. Su mujer lo miraba pintar los domingos. No decía nada. Un día él preguntó si valía la pena. Ella señaló la pared llena de cuadros. —A mí me parece que sí.
Siguió pintando.
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Mi abuela decía que mi padre era un hombre muy bueno. Tan bueno que no cabía en la casa. Por eso se iba siempre.
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DERECHA, f. Bastión supremo de civilización occidental contra hordas bárbaras marxistas destructoras. Única defensora legítima de libertad auténtica, familia natural sagrada, patria eterna gloriosa y propiedad justamente ganada mediante esfuerzo heroico personal intransferible. Sin ella, caos absoluto: comunismo totalitario, degeneración moral completa, ruina económica inevitable, extinción cultural definitiva y la aterradora era en la que todos terminan comiendo tofu con cubiertos de palo mientras escuchan a todo volumen reguetón remezclado con flauta andina. Salvación única de humanidad civilizada.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo racionalista. Le dijo: 
—Dude de todo. 
Cerró los ojos. 
—Si piensa, existe. 
Él lo pensó un rato. La realidad no mejoró, pero ahora al menos estaba demostrada.
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Cada vez que ella chismorreaba, alguien enfermaba. Lo supo tarde. Para entonces, medio pueblo tenía fiebre, el alcalde tosía y el cura había perdido la voz. Ella dejó de hablar. El pueblo sanó.
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Cada mañana se despertaba queriendo ser otra persona. Después del cansancio de tantas identidades, un día se despertó siendo nadie. Por primera vez, durmió bien.
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No tenéis bastante con hacer ruido dentro de mi cabeza. Ahora habláis entre vosotros, os reís, planeáis cosas. A veces calláis, y eso es peor.
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Ahora todo es otoño, humedad y distancia. Cierra los ojos y promete no buscarla. Pero su corazón, obstinado, sigue repitiendo su nombre.
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VIRTUD, f. Vicio al que no se tuvo acceso. Medalla de la oportunidad perdida.
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Odiaba los espejos: los temía. Decía que eran monstruosos porque duplicaban el mundo. Intentó engañarlos escribiendo contra ellos, pero sabía que mentía. Al fin logró liberarse. Eligió la sombra perpetua. En su ceguera encontró el único reflejo puro.
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Un político divide a la humanidad en dos clases: «los vivos y los obedientes». Desde entonces, cada noche tocan a la puerta y se llevan a alguien. Nadie sabe a cuál grupo pertenece hasta que escucha su nombre susurrado desde la oscuridad.
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SANCHISMO, m. Término político referido al conjunto de estrategias y discursos de Pedro Sánchez. Criticado por supuestas contradicciones entre declaraciones anteriores y posteriores, así como por cambios de posición según contexto. Uso peyorativo habitual.
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En el sueño subía una escalera sin fin. Sin llegar. Sin bajar. Solo subir. Al despertar alguien preguntó qué había soñado. 
—Que seguía —dije. 
—¿Y llegabas?
—No.
—¿Y parabas? 
—No. 
Hubo un silencio largo. Era la mejor definición que había dado nunca.
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Aquella mañana, en el desayuno, el profesor de Historia decidió leer un periódico del 1 de mayo de 1945.
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Quedó atrás su vida bohemia, el desorden. A los cincuenta y cuatro, Isabel dormía abrazada a una botella. Decía que era amor verdadero: aquel hombre líquido solo la golpeaba al destaparlo.
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Schrödinger's cat. Both hungry and thirsty. 
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El monstruo creó su laberinto sin convicción. Pasillos mediocres, trampas previsibles. Nadie se perdía. Nadie temblaba. Un día sintió algo al construir una sala oscura. Siguió. Tres años. Al final el laberinto era magnífico y aterrador. Él tampoco encontró la salida.
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—¿Fuiste a ver la exposición de Miró? 
—¿Qué? 
—¡Que si fuiste a ver la exposición de Miró! 
—¿Si me tiró un mirlo? ¿Qué mirlo? 
—¡Miró, el pintor! 
—¿Qué pinto yo con un mirlo? 
—¡Que no, que Miró, el artista! 
—¿Que un artista me tiró un mirlo? ¿Dónde? 
—¡Olvídalo! 
—¿Que lo viste? ¿Al mirlo?
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FASCISMO, m. Entre 1922 y 1945: genocidio industrializado, campos de exterminio, cincuenta millones de muertos. Hoy: opinión desagradable en las redes sociales. Término tan abusado que significa todo y nada simultáneamente. Consecuencia catastrófica: cuando el fascismo real reaparece nadie reconoce señales porque la palabra está gastada llamando fascistas a vegetarianos, ciclistas urbanos molestos y gente que prefiere las hamburguesas vegetales.
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Pocos ven lo que somos. Caminamos fingiendo certezas, pero por dentro se pudre una pregunta sin forma. Vivir es insistir en buscar sentido a una música que, quizá, solo baila el silencio.
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Subió al quinto piso. Antes de saltar, le preguntó a la IA las probabilidades de sobrevivir. «Un 18 %». Subió al sexto: «Un 8 %». Al séptimo: «Un 2 %». No había octavo piso. Bajó, frustrada. Pero también agradecida.
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EL MONSTRUO PUNTUAL
El médico dijo: «Es un niño sano». Nadie preguntó al niño. Él llegó HELADO, extrañando algo que no tenía nombre, aferrado a un aire que no era suyo. El monstruo lo esperaba en la cuna. Sonreía. Llevaba años practicando esa bienvenida tan parecida al miedo.
Creció. Aprendió a cruzar cada PUENTE sin mirar abajo, a llamar «valentía» al pánico domesticado. El monstruo caminaba a su lado, puntual, invisible para los demás. Compartieron mesa, insomnios, amores equivocados. Nadie habló de él en las reuniones de familia. Era, simplemente, el invitado permanente.
Al final, el niño pidió un CARAMELO. El monstruo se lo dio. Sabía a infancia, a aquello perdido en el parto. «¿Tú eras el miedo?», preguntó. «No», dijo él, quitándose la máscara. «Yo era la vida.» el niño cerró los ojos. Por primera vez, sin miedo.
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En Individualistas Anónimos cada cual hablaba de sí mismo sin atender a los demás. Por eso funcionaba. Nunca hubo discusiones. Nadie estaba allí para llevar la contraria.
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En 2201 las voces interiores se archivaban al nacer. Propiedad del Estado. Un hombre reclamó la suya. Proceso largo, formularios, tribunal. Ganó. Le devolvieron la voz en un frasco pequeño. La abrió. Era irreconocible. Treinta años archivada la habían cambiado. O era él quien había cambiado.
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SEMANA, f. Unidad de medida del tiempo humano que comprueba, con precisión científica, que la alegría dura 48 horas y la resignación cinco días laborables.
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—Maestro Roku, ¿qué es lo más importante?
El maestro comía. Callaba. Dormía. Callaba más.
Tras veinte años, el discípulo entendió.
—¡Es el silencio!
El maestro habló por fin:
—No. Es saber que no hay respuesta.
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Quiso anotar en su diario que ese día no había escrito nada. Pero anotarlo habría sido escribir algo. Cerró el cuaderno. 
Llevaba dos meses y tres días sin escribir una sola palabra.
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Orfeo miró atrás porque la canción necesitaba otro final.
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El final de la canción no le convencía. Orfeo miró hacia atrás.
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EMPODERAMIENTO, m. Proceso transformador mediante el cual personas oprimidas adquieren control sobre sus vidas comprando el libro de autoayuda apropiado, asistiendo a conferencia motivacional inspiradora y siguiendo a los referentes correctos en Instagram.
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Los cuerpos se encontraron en la noche. El amor, distraído, pasó de largo.
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Mateo Prado pasaba tanto tiempo elogiando fervorosamente al jefe que tuvieron que despedirlo. Nunca comprendió por qué.
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Incluso hay libros que me rechazan. Aparentemente, ni siquiera la literatura quiere saber nada de mí.
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Porque el depredador amable
nunca muerde.
Te convence
de merecer
la oscuridad
para siempre.
Te deja hueco.
Crees que así es la vida.
Pero no.
Es su hambre callada.
Tienes que irte.
Vete ya.
Sin explicaciones.
Sin portazos.
Solo vete.
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Pertenezco al tiempo de los libros que leo. Mi verdadera época no es el presente, sino las páginas que habito.
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Se preocupaba por el trabajo. El trabajo se resentía. Eso lo preocupaba más. Dormía mal. Dormir mal lo hacía torpe. La torpeza generaba errores. Los errores, más preocupación. El médico le dio una pastilla. La pastilla le preocupaba.
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Dejó al novio porque su perfil no generaba contenido interesante.
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¿Que se te estropee un reloj es un contratiempo?
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SANCHISMO, m. Corriente política española contemporánea. Atribuida a Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Características señaladas por críticos: pragmatismo extremo, inconsistencia programática, retórica contradictoria. Defensores alegan capacidad de adaptación y realismo político.
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Soy el hombre más modesto que conozco, y conozco a mucha gente. Algunos dicen que hay personas más modestas. Esas personas no saben lo que dicen. Yo sí.
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Mañana empieza el mundo otra vez. Pero hoy todavía no ha terminado.
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Amargo el café de espera. Más lo que espero.
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El Descarnado vino puntual. La encontró contando las flores del araguaney. 
—Es hora —dijo, melifluo.
—Espera —respondió ella—. Es primavera. La belleza del mundo. 
—Venga. Vamos —dijo el Descarnado.
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Dogtor brings warmth where medicine surrenders.
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La vida consiste en tomar opciones. Yo elegí estudiar filosofía. Mi primo, mercadotecnia. Ahora él vende frases mías en tazas.
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HACIENDA, f. Gran Hermano fiscal omnipresente omnisciente que vigila cada céntimo ganado, gastado, movido, respirado. Conoce absolutamente todo: cuentas bancarias, propiedades, inversiones, movimientos, pensamientos tributarios. Poder absoluto indiscutible: multa, embarga, sanciona, arruina vidas enteras. Ciudadano tiembla aterrado ante carta certificada. Único enemigo invencible: gran corporación multinacional con equipo abogados fiscalistas internacionales.
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Pienso con mis pasos. El problema es que el mundo siempre camina en dirección contraria.
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Mis dientes eran perlas hasta que me las robaron. Mis ojos, dos luceros que contaminan lumínicamente. Mi piel de seda se arruga en la lavadora. Mi voz es música: reguetón a las tres de la madrugada. Tengo un corazón de oro, pero el cardiólogo dice que necesito uno que funcione. El amor romántico es una estafa.
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Me llamaron bruja por saber demasiado, hablar poco y no necesitarlos. Deduje que «bruja» significaba «molesta e independiente».
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No paraban de llamarme bruja. Al principio lo negaba. Con el tiempo dejé de hacerlo. Si todos lo decían, algo verían. Aprendí. Practiqué. Un día lancé mi primer hechizo. Funcionó. Tenían razón desde el principio.
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La hoguera duró hasta el mediodía. Las cenizas, hasta la tarde. Ella, hasta siempre. Esa noche recorrió las alcobas de sus jueces con la paciencia de quien ya no tiene prisa. El fuego, comprendieron, no había terminado nada. Solo la había liberado.
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La vieja cocinó en silencio. Sirvió sin adornos. Gretel tenía hambre; llevaba días sin comer. Preguntó qué era. «Carne», dijo la bruja. Estaba buena. Gretel repitió. Solo al terminar, cayó en la cuenta de que Hansel no había aparecido a cenar.
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Wilhelm y Jacob Grimm fueron acusados de caza de brujas.
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Thornspinner moved through the dark. No hesitation. Hundreds killed this season alone. Thirst. Hunger. Basic needs, nothing more. The exterminator found him at dawn. Charged double for the size.
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Dios descansó el séptimo día, pero se olvidó de desactivar las notificaciones. Entre guerras santas, debates eternos sobre si a la pizza puede llevar piña y gente buscando las llaves del coche, suspiró desde su nube: «Soy omnipotente, sí, pero no puedo con todo».
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—Me gustaría leer a Milena Busquets.
—Bah, Busquets es pura literatura ligera, crónica de playa con pretensiones, nada seria.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Monterroso.
—Bah, Monterroso es literatura ligera disfrazada de brevedad ingeniosa, poco seria y sin peso real.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Stephen King.
—Bah, King es literatura ligera, puro entretenimiento de hipermercado, nada serio.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas esa basura.
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Éramos dos esclavos del reloj, metidos en la vigesimosexta planta de un monolito de acero y cristal.
Cuando dieron las doce, el ascensor se abrió solo. Nadie entró. Aun así, las pisadas se acercaron.
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La suma de los días que las escaleras mecánicas habían estado en huelga llegó a quince cuando el alcalde decidió negociar personalmente. «Queremos mejores condiciones laborales», demandaban a través de su portavoz, una escalera del metro que hacía de portavoz. «Estamos hartas de que nos pisen sin consideración.» El acuerdo incluyó descansos de diez minutos cada hora y música ambiental personalizada. Las escaleras volvieron al trabajo, pero ahora se movían al ritmo de jazz suave y ocasionalmente se detenían para aplaudir cuando alguien las usaba con elegancia. La productividad urbana mejoró un treinta por ciento. Los ascensores pidieron sindicarse inmediatamente.
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SOBREVIVIR, intr. Mantenerse en pie a base de café, cinismo y autoengaño.
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El verdadero problema era su obsesión por el trabajo. Sin tomarse un respiro, siempre estaba atento, observando cada detalle. Esto mantenía al pueblo en constante tensión, temeroso de que sus vidas acabaran plasmadas en su siguiente novela.
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La amaba. Ella también. El problema era el abogado de ella, que cobraba por horas. El animus belligerandi duró cuatro años. La ruina fue compartida. Algo quedó del matrimonio, al fin.
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Me aterran los compromisos largos. Por eso solo compro petit suisse.
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SANCHISMO, m. Estilo político de Pedro Sánchez marcado por virajes ideológicos frecuentes. Opositores señalan incoherencias entre declaraciones pasadas y actuales, promesas incumplidas y narrativas contradictorias. Seguidores destacan pragmatismo y capacidad negociadora.
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Fundó un club de preocupados crónicos. Se reunían los jueves. Se preocupaban juntos. Más eficiente. Pronto se preocuparon por el club: quórum, actas, cuotas. Se disolvieron de ansiedad colectiva. El local quedó libre. Lo alquiló un grupo de meditación. 
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Puedes seguir las indicaciones de los elfos de Valdris, siempre que no te preocupe perderte ni te interese llegar al otro lado del bosque. Ellos nunca mienten del todo: simplemente creen que el extravío también es un destino.
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Torcuato Medina sabía que la vecina discutía, que el alcalde engañaba y que el boticario tomaba jarabes caros. Nadie le preguntó, pero él informó igual. Murió convencido de haber ayudado a todos. Su funeral fue multitudinario: querían asegurarse de que estaba realmente muerto.
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El médico dijo que era un lunar. Hoy el lunar parpadeó.
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Llevo años grabando mis sueños. Anoche revisé los archivos y encontré una noche que no recuerdo: la cámara me filmó despierto, mirando a la cámara.
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Torcuato Medina, en su testamento, dejó un listado con los secretos que no había tenido tiempo de revelar.
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EL MISTERIO DE LA NIÑA
Los ojos tristes de la pequeña prisionera aparecen en todas las fotos del caso. Nadie la conoce. No está en registros. Pero cada víctima la mencionó antes de morir. Amplío la última imagen. No proyecta sombra. Detrás de ella, las paredes parecen moverse, respirar. Un reflejo, tal vez. O una advertencia. Alguien toca mi hombro. Me giro. Nadie. Vuelvo a mirar la pantalla: ahora, la niña sonríe.
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DINOSAURIO, m. Animal mesozoico que no vio venir el meteorito. Término que los jóvenes que no ven venir el meteorito usan para sus padres.
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Sientes un frío en la espalda: un vampiro del tiempo te roba las horas. Al mirar el reloj, descubres que el sábado ha desaparecido sin aviso.
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Hay un niño en el parque que juega al fútbol cada día. En su cabeza, supongo, regatea, avanza, encara, marca. No se va de nadie. Le quitan el balón, le regatean. Pero no se rinde. A mí me gusta escribir. Ojalá tuviera su fe.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es empezar sin empezar.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es caer en la idea de caer.
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Cuenta los escalones como quien cuenta los días: sin fe, por costumbre. 3.000 hasta el verano. 91.250 hasta jubilarse. 368.420 hasta morir. El número no consuela. Tampoco agobia. Solo pesa. Como todo lo exacto.
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El primero en saltar fue el miedo. Luego saltó ella. Bajaron juntos un tramo. A mitad de la caída, el miedo se detuvo, como si encontrara suelo. Ella siguió. Mientras caía, pensó que esa era la diferencia: él siempre tenía dónde parar.
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May the divorce be with you.
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Sonó el despertador. Cenicienta quiso levantarse para limpiar las cenizas, pero sus múltiples patas se agitaron en el aire. La madrastra golpeó la puerta: 
—¡A fregar! 
Ella solo pudo emitir un zumbido.
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VIRTUD, f. Lo que predican quienes jamás fueron tentados por nada realmente interesante.
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Todo tiene su profeta póstumo.
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¿Existía alguna mazmorra en mi fortaleza neuronal? Allí guardo dragones de ideas. Cuando abro la boca, lanzan fuego y metáforas.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del hervidor, incluso las de los paraguas. Un día encontró las mías: «Manipular con cuidado. Falla a menudo». Me miró, sonrió y se fue.
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—Eres mi media naranja —dijo ella.
—¿Estás segura? —preguntó él.
Se partieron para comprobarlo.
No encajaban.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del amor, las de la vida. Un día me miró y dijo: “Paso 1: quitar el plástico del corazón. Paso 2: calentar a 180 grados de sinceridad”. Nunca supe si seguí las instrucciones bien; solo sé que aún sigo cocinándome en su fuego. 
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Si la madrastra hubiera preguntado quién era la más guapa, ya no sería Blancanieves. Diez años con los enanos, diez años duros: piel seca, apagada, flácida. Pero la mina daba cada vez más oro. No era la más guapa. Era la más rica.
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Estamos en 2026. Toda España ha sido conquistada… ¿Toda? ¡No! Una sala poblada por irreductibles magistrados resiste, todavía y como siempre, al invasor, la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Y la vida no es fácil para las legiones de asesores en los despachos de Moncloa.
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Archpriestess Hematarch never smiles. Only when she is about to drink. So those who see her sad feel relieved. Those who see her smile run.
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The Archpriestess Hematarch smiles only before drinking. Those who see it rejoice; they won’t see anything again.
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Como en casa, en ningún sitio, prometía aquel Airbnb. Llegué y era literal: había un sofá cojo, una ducha que apenas echaba un hilo de agua y una conexión a internet que se cortaba cada cinco minutos. «Experiencia auténtica», escribí en la reseña, y le di cinco estrellas.
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Tres horas mirando el cursor parpadear.
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Rapunzel tejía cada día la trenza que el príncipe subiría por la noche. Cada noche la deshacía. Veinte años. La bruja pensó que era fidelidad. Era otra cosa: mientras tejía, no había príncipe que esperar.
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ABSURDO, m. Diagnóstico que emiten los necios ante cualquier idea que supere su capacidad de comprensión. La genialidad vista desde la estupidez parece siempre absurda e incomprensible.
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Juré olvidarte: quemé tus cartas, borré tus fotos, cambié de ciudad. Pero en el café nuevo, la camarera tiene el pelo como tú. En la radio suena nuestra canción. En el cine estrenan una película de tu director favorito.
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The crew of the Morrowless live only in the present. No past, no future. Just today. That is enough for them. After all, they are pirates. And they have been dead for three hundred years.
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Leí que el amor llega. Como el tren: quizá, posiblemente, tal vez.
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GUARDERÍA DE BEBÉS REBORN  
—¿Cómo se ha portado hoy Tyrioncito?
—Bien.
—Es que esta mañana lo noté triste.
—No, no. Ha estado toda la mañana jugando.
—¿Y ha comido sin problemas?
—No ha protestado.
—Ah, genial. ¿Y la caca? Lleva desde anteayer sin hacer popó.

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—Me gustaría escribir como Von Schirach.
—Bah, Von Schirach usa la literatura como relleno acrítico sin servirla ontológicamente.
—Déjame preguntarte algo: ¿tú quieres escribir?
—¿Para qué querría yo escribir? Lo que quiero es que tú no escribas.
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Encontraron al soldado en el búnker. Vivo. Llevaba esperando el fin desde la Décima Guerra Mundial. Nadie le había avisado de que había habido otra. Ni de que él, técnicamente, ya no figuraba entre los vivos en ningún registro.
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En la Undécima Guerra Mundial se reciclaban cadáveres. Energía limpia. Progreso. Mi madre alimentó media ciudad. Siempre quiso ser útil. Cuando encendí la luz, la bombilla tembló. 
—¿Eres tú? —pregunté. 
Parpadeó. Desde entonces duermo peor.
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Durante la Undécima Guerra Mundial llovieron relojes sobre el frente meridional. Ninguno marcaba la misma hora. Los soldados que los recogían murieron todos a destiempo.
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En la Undécima Guerra Mundial prohibieron los espejos: deprimían a los clonados. Mi vecino escondía uno bajo la cama. Cada noche discutía con él. Lo sabíamos todos. Nadie dijo nada. Faltaban soldados.
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La Undécima Guerra Mundial duró cuatro días. Los historiadores tardaron cuarenta años en ponerse de acuerdo sobre el nombre. Mientras discutían, empezó la Duodécima.
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Tres pozos de petróleo para los líderes occidentales, rehenes de su conciencia,
siete para los dictadorzuelos africanos en sus yacimientos sin fondo,
nueve para los monarcas absolutos, ávidos de poder y oro negro,
uno para Putin en su Kremlin de miedo y frío,
en Rusia, donde arden eternamente las llamas.
Petróleo para gobernarlos a todos,
petróleo para encontrarlos,
petróleo para atraerlos a todos
y encadenarlos en las tinieblas.
En Rusia, donde la sombra todo lo devora.
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Dog improvises twelve-tone fugues; children applaud.
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Ella lo dejó una mañana soleada. Él preguntó si había alguien más. Ella sonrió: «Sí, yo».
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TESTAMENTO, m. La última broma de la vida: repartir preocupaciones bajo el nombre de generosidad.
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Fantástico el tiempo como profesor: te cobra la matrícula entera de tu existencia, te hace estudiar décadas enteras, y justo cuando crees que has aprendido algo te suspende definitivamente con la muerte.
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Emma Woodhouse organizó la boda, eligió el vestido, instruyó al príncipe y redecoró el palacio. Cenicienta firmó donde le indicaron. Fue, dicen, muy feliz. Emma, también.
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Hasta ahí, puedo comprender. Mi padre trabaja doce horas, mi madre otras diez. Ceno solo frente al televisor. Hoy cumplí catorce años y nadie lo recordó. Soplé una vela imaginaria y pedí un deseo: que alguien me viera. Solo eso. Que me vieran.
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—¿No temes que la inteligencia artificial te quite el trabajo?
—No, si es realmente inteligente, no lo hará. 
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Ofreció sus siete vidas por una puerta siempre abierta.
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Cada mañana nacemos de nuevo. Lástima que, casi siempre, al llegar el mediodía ya estemos prácticamente muertos.
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Se pasó la vida leyendo el mismo libro. Avanzaba despacio. Retrocedía. Releía párrafos enteros como quien vuelve a una casa querida. Cuando faltaban diez páginas, lo cerraba. Empezaba otra vez desde el principio. Murió viejo y feliz. Nunca conoció el final.
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Ignacio Ferrer insiste en que dejará de fumar «mañana». ¿Qué significa «mañana» en su mundo? 
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CINCO HORAS CON MARIO EN 2026
Mira que había coches, Mario, y vas tú y eliges uno eléctrico.
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RUIDO, m. En Política, equivalente acústico del contenido. Aquello que permanece cuando se elimina el significado de un discurso. Los estadistas lo producen en mítines; los ciudadanos, en manifestaciones. Ambos creen comunicar algo. Ambos se equivocan con idéntica convicción.
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Jamilena, con 672 vecinos, se aferra a la ladera como si temiera caer. Las calles huelen a pan y a sospecha. Los ancianos recuerdan noches en que sombras extrañas cruzaban el monte; dicen que no eran lobos, pero callan el resto.
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Holmes examinó la manzana: veneno en el lado izquierdo, mordisco femenino, tacón de aguja en la nieve. 
—El asesino —dijo— es ambicioso, vanidoso y tiene un espejo que le miente.
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Norman Bates baja al pueblo. Pronto será el Día de la Madre. Quiere comprarle un regalo. Cualquiera sirve: un vestido, un perfume, un cuchillo de cocina. Sabe que, por su vínculo único, cualquier obsequio será bien recibido, sin riesgo de decepcionarla.
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Él tiene cefalea, hipertensión, dolores de espalda, taquicardias, tensión muscular, ansiedad, gastritis. Su jefe, un dúplex en Roquetas.
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Me llamó a su despacho para decirme que subía de puesto. Ahora mi mesa está en la azotea. No hay ordenador, pero las vistas al vacío son inmejorables.
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Mi jefe premia el esfuerzo: cada vez que me esfuerzo, él asciende.
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Mi jefe siempre tiene razón. Por eso nunca la usa: no quiere gastarla en nosotros.
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Mi jefe motiva: cada mañana demuestra que podría ser peor. Y aun así, insiste.
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BANCARROTA, f. Deporte financiero de alto riesgo practicado desde despachos alfombrados. Consiste en perder el dinero ajeno con gran elegancia y cobrar una indemnización por el esfuerzo realizado.
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—Ponte en mi lugar. 
Lo dijo llorando. Siempre llorando. Cada conversación: su dolor, su crisis, su abismo. Yo escuchaba. Salía agotada. Vacía. Un día no fui. Me llamó veinte veces. Al décimo día comprendí: no era tristeza. Era hambre. Yo era el plato.
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Al pasar frente al espejo, noté que mi reflejo tardaba un segundo. Aprendí a fingir que no lo veía. En el silencio de la noche, él también aprendió. Jamás quise saber qué ensayaba.
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ESTUPIDEZ, f. Error mental tan cómodo que, una vez adoptado, cuesta renunciar a él.
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En el tren, devoraban devotamente un pan inexistente, untado con mantequilla de aire. Me tendieron un trozo. Lo tomé.
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Cuando Fernando Domínguez se mira en el espejo ve a alguien que no desea ser. La frente surcada, los ojos apagados, la piel cansada de tantas derrotas silenciosas. Nunca fue un hombre de grandes ambiciones, pero tampoco pensó en convertirse en este extraño que le devuelve la mirada con desgana.
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Rotr es cuatro años mayor que Grtt. Los dos trabajan para el mismo empleador. Rotr se jubilará en cinco años; Grtt, en cambio, deberá esperar dieciséis. ¿En qué trabajan?
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A la entrada del parque, un cartel prohibía juegos molestos y ruidosos, bicis, perros y tabaco. Como nadie hacía caso, el ayuntamiento tomó una medida drástica para acabar con la desobediencia: retiró el cartel.
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«En esta casa no se baila», dictó Bernarda Alba. Cenicienta escondió el vestido bajo el delantal. A medianoche no perdió un zapato: perdió el miedo. Y eso, en aquella casa, era lo más peligroso.
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—¿Qué nombre pondrá a su hijo?
—Ciro.
—No se puede; suena a jerarquía imperial excluyente.
—Vaya... Pues Leónidas.
—Imposible: exalta el belicismo agresivo.
—¿Atila?
—Incita a la destrucción de la cubierta vegetal.
—Pues no sé... llámelo Anónimo.
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Albanchez se aferra a la montaña como si temiera que esta echara a andar. Sus 973 vecinos hablan de su pueblo como del mejor lugar del mundo, y del peor, según la hora y el humor.
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EPITAFIO
Toda la vida fracasando. Al final resultó que lo mío era hacerme el muerto.
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DESPUÉS DEL DESAYUNO, TIRANOSAURIOS
Después del desayuno, la mesa es un pequeño mundo: cuaderno abierto, rotuladores listos, un puzle mesozoico aguardando. Martín, con sus cuatro años, quiere un tiranosaurio rojo, enorme, con la boca abierta. Antes, repasan la E: elefante, escuela, estrella. Luego, al parque que parece más grande desde que los otros niños viven en pantallas o aulas de verano. Martín lo llena todo con sus juegos. El padre no piensa en sus propios problemas; solo en que, dentro de veinte o treinta años, no querrá lamentar lo que no hizo. El mundo puede acabarse hoy, pero no antes de otro dibujo juntos.
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Tanta cosa antigua que se pone de moda. En el siglo XXII la gente volvió a usar cuerpos humanos. Los androides lo llaman «nostalgia orgánica». Yo compré uno: piel, lágrimas, latidos. Lástima que también viniera con algo obsoleto: el miedo.
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Escribió que no había escrito nada. Al hacerlo, escribió algo. O quizá nada. Depende de quién lea. Y de si leer también cuenta.
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En Setenil, 2.833 vecinos viven bajo rocas que parecen suspendidas por magia. Sus casas brotan de la piedra como hongos blancos tras la lluvia. El viajero sospecha que, al anochecer, las rocas cobran vida y caminan hacia otros valles.
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ESTUPIDEZ, f. Ceguera intelectual persistente disfrazada de certeza personal.
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Lo triste es la desgracia incompleta donde cada día aparece una pequeña alegría que te confunde.
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Siempre quiso besarle. Se lo pidió. El androide calculó el ángulo exacto, la presión correcta, la duración perfecta. Sus labios eran suaves y cálidos. Pero cuando se separaron, ella solo sintió vacío. Él preguntó: 
—¿Lo hice bien?
Ella mintió: 
—Perfecto.
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Tapiaron las ventanas. El barrio lo agradeció: así no se veía la cara de los que vivían dentro. El horror doméstico no necesita testigos. Solo paredes. Y silencio. Sobre todo, silencio.
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El sendero sin sombras no tentaba; eligió aquel donde podía desaparecer.
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El tiempo enseña. Luego mata. Siempre.
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Sean pacientes y duros. Última frase audible en la grabación. La cámara cae, enfoca el techo. Sombras imposibles se mueven. Gritos. Silencio. El vídeo dura tres horas más. Solo respiración.
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EL SUSURRO DEL FESTÍN
—Deja ya de jugar con la comida —dijo el vampiro anciano al joven aprendiz.
—Pero es que grita tan bonito —repuso el otro, lamiéndose los labios.
El anciano suspiró.
—Antes bebíamos por respeto, no por placer.
La muchacha, suspendida en el aire por el hechizo, sollozaba. El aprendiz clavó los colmillos con torpeza, derramando más de lo necesario.
—Eres un desastre —gruñó el maestro—. La sangre fría tiene menos sabor.
Entonces la joven abrió los ojos rojos y sonrió.
—Lo sé —dijo ella—. Por eso prefiero la tuya.
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El libro se titulaba Futuro y narraba su vida entera. Fermín lo leyó de un tirón, muy interesado. Al final, páginas en blanco. Las rellenó con un bolígrafo. Por la mañana el libro había desaparecido. Qué alivio.
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METAFÍSICA DEL DESAHUCIO
Asediar castillos requería catapultas y antorchas. Qué tiempos tan primitivos. Hoy basta un papel con sello. El señor feudal sigue siendo el señor feudal; solo que ahora su caballo es un Porsche Cayenne y, en lugar de armadura, lleva una corbata de seda.
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Preparó la maleta del hospital con la misma parsimonia de un viaje de verano. Pijama, un libro y su dignidad. El miedo lo dejó fuera; no cabía y, para ser sinceros, jamás le fue de ayuda.
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Atenea bajó a ayudar a Odiseo porque le caía bien. Poseidón lo persiguió porque le caía mal. Odiseo tardó veinte años en llegar a casa. Los dioses griegos inventaron, sin saberlo, la burocracia, los enchufes y los expedientes administrativos con resolución desfavorable.
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Ella escribió en el diario: «Regresó al alba, barro en las botas, sangre en la manga, sonrisa de satisfecho. O sale con otra o es lo que creo. Prefiero lo segundo. Al menos así sé que volverá».
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Este microcuento no tiene norte. Tampoco sur. Tiene doce palabras y basta.
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Thul'garok Peakrend devoured an entire town. One survived. Wears a mask of its skull. Hunts climbers every full moon. “Tribute,” he whispers before killing. Yesterday he chased me. I ran. I fell. His knife gleams. “Thul'garok needs souls,” he says. Drags me upward.
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Nunca es tarde para fracasar mientras esperas que se abra otra puerta, porque, total, Roma no se construyó en un día y, si sigues esforzándote con una sonrisa aunque duela, serás el cambio que el mundo ignora, pero oye, el cielo es el límite y cada día es una nueva oportunidad.
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Trastorno Explosivo Ideológico con Delirios de Grandiosidad Martirial y Refuerzo Paraíso-dependiente (TEID-GMP)
Criterios diagnósticos:
A. Patrón persistente de creencia delirante en que asesinar a infieles otorga recompensa eterna garantizada (72 huríes, ríos de miel, etc.), a pesar de la evidencia contradictoria de la realidad.
B. Comportamiento recurrente de planificación y ejecución de actos de violencia masiva, justificados mediante interpretaciones selectivas y rígidas de textos religiosos (específicamente suras y hadices bélicos).
C. Ausencia completa de culpa o remordimiento post-acto, reemplazada por euforia anticipatoria de estatus de mártir.
D. Uso de la negación radical ("esto no es terrorismo, es resistencia") como mecanismo de defensa primario.
E. El individuo rechaza cualquier tratamiento farmacológico o terapéutico, considerándolo «conspiración sionista-cruzada».
Gravedad: 
Grave (cuando incluye chaleco explosivo o vehículo como arma).
Notas clínicas:
Los pacientes con TEID-GMP suelen aceptar el diagnóstico de «trastorno mental» cuando son encarcelados.

sábado, 16 de mayo de 2026

La caminata

Salía a pasear temprano. A las siete y cuarto. Antes de que abrieran la panadería de la plaza y antes también de que empezaran los controles aleatorios de la Policía Presidencial, cuyos coches negros recorrían las calles con una lentitud casi ofensiva.

Dormía poco. Todos dormían poco.

La televisión estatal emitía cada noche programas obligatorios hasta las doce. Concursos, debates, humor. Anoche tocó comedia. Un hombre, disfrazado de dentista, extraía objetos imposibles de la boca de los pacientes: relojes, llaves, una sardina entera. El público reía con una puntualidad cansada. Él escribió diez mensajes desde el sofá. «Genial.» «Humor para toda la familia.» «Necesitamos más programas así.» Diez bastaban. El sistema marcaba el mínimo en verde.

Después leyó unas páginas de Conrad en el móvil, deslizando el dedo de vez en cuando para que la cámara de la televisión pareciera ver a alguien entretenido en las redes sociales.

Ahora caminaba rápido, la cabeza despejada por el aire frío. El sueño desaparecía siempre a los diez minutos; quedaba otra cosa. Una intranquilidad física, precisa, instalada detrás del estómago. Comería a las dos menos cuarto. Luego dormiría la siesta —prohibida desde hacía años por antisocial— entre las tres y las cuatro menos cuarto, justo durante el telediario. A esa hora no exigían interacción en redes; según el Ministerio de Atención Ciudadana, comentar distraía del mensaje institucional.

Iba por calles secundarias. Varias calles secundarias. Fachadas encaladas. Persianas bajas. Geranios secos en balcones donde nadie salía ya a mirar. Con un poco de suerte, no le pillarían.

Cuarenta minutos.

Al regresar, vio un coche negro frente al portal. Dos agentes fumaban apoyados en el capó. Sintió primero el cansancio y luego el alivio.

—Buenos días —dijo uno—. ¿Ha tenido problemas de conexión anoche?

Él negó.

—Esta semana solo ha escrito diez comentarios por noche.

El agente consultó la tableta.

—El mínimo obligatorio exacto. Cada día. Y sin interacción adicional con otros usuarios. Eso suele indicar desafección. Debe acompañarnos.

A las ocho empezaban las noticias. Llegaría tarde a comentar su detención.

domingo, 26 de abril de 2026

Papelera

Keith Laumer: «Un hombre debe acabar lo que ha empezado. De otro modo, no es más que un copo de nieve llevado por el viento».


 Redescubrí el mundo sin números. Mi jefe me preguntó: «¿Cuánto facturamos?». Respondí: «Mucho». Me despidió. Fui al banco a retirar «algo» de dinero. Me dieron tres billetes de «bastante». Compré «varios» panes. Ahora entiendo por qué colapsó la economía global.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo racionalista. Le dijo: 
—Dude de todo.
—Ya dudo.
—¿De todo? 
—De todo. 
—Entonces existe.
—¿Quién?
—Usted.
—Eso no ayuda nada.
—Ya, pero existe.
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GIMNASIO, m. Establecimiento comercial que ofrece membresías anuales a personas que asistirán tres semanas. Negocio basado en la estadística demostrada de que el 80% de los inscritos subsidia voluntariamente el entrenamiento del 20% restante. Modelo empresarial brillante.
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—El presidente ha contratado a un cocinero para arreglar el desastre.
—¿Y qué podrá hacer?
—Primero cocinará las encuestas y, acto seguido, dará un pucherazo monumental.
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No me gusta Spinoza. Ni el lunes, ni las verduras, ni pensar en demasía. Por eso amé a una bibliotecaria a la que le gustaba el silencio.
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Es bien sabido que intentar estar en todas partes equivale a no estar en ninguna. El mejor ejemplo de ello es Dios.
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FLASFLEMIA, f. Herejía cometida por error, distracción o somnolencia. La Iglesia la consideró materia menor ya en el Concilio de Trento, donde fue incluida en el apartado «cosas que no merecen tanto alboroto».
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«Escribe algo breve», me exige la voz. Obedezco. Corto palabras, dejo las más afiladas.
Cuando levanto la vista, la voz ya no está.
Solo queda mi mano sujetando el cuchillo y un charco rojo que se extiende.
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Madrugó antes que el sol. Olvidó por qué.
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—Este coche eléctrico es una maravilla. Puede alcanzar los 300 km/h.
—¿Y cuánto tiempo puede mantener esa velocidad?
—Media hora.
—Vaya… entonces su velocidad real máxima es de 150 km/h.
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—¿Qué quiere como candidato?
—Urnas llenas de votos para mi partido.
—Pero ¿antes o después de que comience la votación?
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Cenicienta bailó tanto que el príncipe se sentó. Ella siguió. A medianoche el vestido volvió a ser harapos. Pero nadie lo vio porque nadie quedaba ya. Incombustible, antes de marcharse, lo limpió todo. Como siempre.
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Revisó el extracto. Cuatro comisiones, dos cargos erróneos, un seguro que no contrató. Llamó. Música en espera. Cuarenta minutos. «Su llamada es importante.» Colgó. Llovía. Siempre llueve cuando uno se rinde.
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El notario desapareció tras firmar mi hipoteca. También el director del banco. También el tasador. Solo quedó el contrato. Sobre la mesa. Perfectamente firmado. Con mi letra. Aunque yo nunca estuve allí.
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Treinta años pagando algo que nunca termina de ser tuyo. Como el tiempo. Como el amor. Como el cuerpo. La hipoteca, al menos, tiene fecha de vencimiento. Lo demás, ni eso.
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El banco me ofreció una hipoteca a tipo variable. Variable significa: hoy pagas esto, mañana tu alma, pasado tu primogénito. 
—¿Hay letra pequeña?
—Toda —dijo el director, sonriendo ampliamente.
Firmé. Claro que firmé.
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Cuarenta años trabajando. Firmé la hipoteca con manos temblorosas. El piso huele a humedad. La cocina es pequeña. Pero por las mañanas entra el sol. Es mío. Casi mío. Hasta el 2047.
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El banco aprobó la hipoteca. Firmé. La empleada sonrió demasiado. Treinta años después entendí: la casa nunca fue mía. Tampoco yo. El contrato tenía una cláusula en tinta invisible.
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Gregory Thielker no pasó la ITV: el limpiaparabrisas no funcionaba.
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Soñé contigo. Pero tú soñabas con alguien más madrugador.
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Cada mañana, lo sé, hay una reunión secreta mundial donde votan métodos para amargarme el día. Ayer ganó «que se le descascarille la taza del café». Hoy probablemente sea «bombilla fundida». Tienen un calendario anual de mi infelicidad planificada.
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Cada mañana, lo sabes, hay una reunión secreta mundial donde votan métodos para amargarte el día. Ayer ganó «que se le descascarille la taza del café». Hoy probablemente sea «bombilla fundida». Tienen un calendario anual de tu infelicidad planificada.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo empirista. Le dijo: 
—¿La ha tocado?
—Sí.
—¿La ha olido?
—Sí.
—¿Y?
—Sigue sin gustarme.
—Interesante. Vuelva con más datos.
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El mago Aldemar leyó mal la receta. Galón, no decilitro. Sangre de murciélago, no de salamandra. Ahora tiene ocho patas y ocho ojos. El frasco con el antídoto está en la mesa. Tres intentos. Las patas se pegan al cristal, a la madera, a sus telarañas. Cuarto intento.
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HARTAZGO, m. Estado terminal de sociedades que confunden acumulación con plenitud. El sujeto harto no carece de nada material, por lo que su vacío resulta filosóficamente embarazoso. Prefiere culpar al tedio antes que al sistema que lo produce.
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Luz al final del túnel. Animado, apresuró el paso. Llegó a una puerta. Llamó. 
—¡Vete al infierno! —le gritó una voz.
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¿Hace calor? No te quejes. Atesóralo en tu memoria para cuando llegue el invierno.
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RENCOROSO, m. y f. Leal guardián de viejas ofensas.
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La señal decodificada decía: «Vuestro sol muere en tres minutos». Los observatorios lo confirmaron: nuestra estrella apagándose imposiblemente rápido. En la oscuridad creciente, algo antiguo se agitó entre galaxias, complacido.
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Guardaba recuerdos felices —ajenos y propios— en frascos etiquetados. «Infancia en el pueblo.» «Primer amor.» «Tarde de domingo con Isabel.» Los olía por las noches. Un día abrió el suyo. Seguía estando vacío.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela fenomenológica. Le dijo: 
—Describa su experiencia sin juzgar.
—Es gris, pesa y huele a día laborable. 
—Perfecto. 
—¿Y ahora? 
—Ahora ya la ha descrito. Eso es todo.
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El cuaderno reescribía solo sus páginas. Las felicidades se volvían tristezas; las pesadumbres, olvidos. Lo descubrí tarde: yo también era personaje. Alguien, desde fuera, me borraba los nombres que amaba. Quise arrancar las hojas. La mano que lo hizo no era la mía.
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Garden reboot: ban apples, snakes banned.
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Nariz larguísima. Pinocho miente sin remordimientos.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela utilitarista. Le dijo: 
—¿Su malestar afecta a otros?
—Solo a mí.
—Entonces es irrelevante.
—¿Y si afecta a muchos?
—Entonces es política.
Salió más confundido.
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Su máscara —cosida con las caras de nuestros amigos— gotea sangre fresca. La puerta está cerrada desde fuera. Oímos su respiración. 
Cada. 
Vez. 
Más.
Cerca.
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ANARQUISMO, m. Ideología que propone abolir toda autoridad mediante asambleas interminables donde todos opinan durante horas sin llegar a ningún acuerdo. Paraíso teórico donde nadie manda pero curiosamente siempre hay quien habla más fuerte que los demás y termina decidiendo.
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Cuando Caperucita llegó, la abuela ya esperaba. «Tardaste», le dijo. El lobo estaba también allí, atado a una silla. La niña dejó la cesta, sacó un cuchillo y sonrió.
--
Ella, enamorada eterna, esperaba. Él, egoísta, escapó. Existencia entera evaporada.
--
Sigo adelante con la boda. El sacerdote tose. Los invitados miran el ataúd blanco en el altar. «¿Alguien se opone?» Solo el novio levanta la mano. Demasiado tarde: yo ya he dicho que sí. Nada me detiene.
--
Sigo adelante. El médico firma mi alta; mi sombra no. En casa, mi mujer besa a ambos. «Te quiero», dice, pero mira al otro. Duerme conmigo quien no respira. Al amanecer, ella se va con él. Yo practico sonreír. Nada me detiene.
--
Estás leyendo este microcuento, ¿verdad? Cuenta tus dedos. ¿Número incorrecto? Aún sueñas. Este texto está dentro de tu pesadilla. El autor observándote es el nigromante. Mira detrás. Ahora. Ha estado ahí siempre, escribiéndote.
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ESTUPIDEZ, f. Fuerza cósmica imparable capaz de atravesar argumentos, arrasar certezas y doblar la realidad a su conveniencia sin sufrir desgaste alguno.
--
Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo positivista. Le dijo: 
—¿Tiene pruebas de que no le gusta?
—Sí.
—¿Medibles?
—No.
—Entonces no existe el problema.
El problema, sin embargo, siguió existiendo puntualmente.
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La figura enmascarada me siguió por doce vagones. Cada vez que miraba atrás, estaba más cerca. En el último vagón, sin escapatoria, me giré. Se quitó la máscara. Era mi rostro, sonriendo, cuchillo en alto.
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El disfraz no la engañó. Adivinó lo que le ocurriría si mordía aquella manzana. Pero estaba cansada. Fregar, lavar, zurcir, callar. Mordió. Cualquier cosa antes que el séptimo enano preguntara qué había para cenar.
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Ella giró la cabeza y sonrió al verte. Sabías, sin embargo, que había mirado atrás para comprobar. Había dudado de ti. La duda te enfadó más que cualquier traición. Dejaste de seguirla.
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Tras la lluvia, la ciudad huele a tierra y ropa mojada. Nadie recuerda cuándo dejamos de hablar. Nos miramos en los charcos: los reflejos mueven los labios; nosotros no.
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LITERATURA, f. Crónica lenta de un mundo que va demasiado rápido.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo. Era de la escuela hermenéutica. Le dijo: 
—¿Qué entiende por realidad?
—La mía.
—¿Y la de otros?
—También.
—Ahí está el problema.
—¿Y la solución?
—Seguir interpretando.
Nunca terminó.
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Dese cuenta: solo he matado a dos personas. O eso creo. El detective no deja de mostrarme fotos que no recuerdo haber tomado.
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Cada cual tiene su moral. La suya cambia con el reloj: antes del café es santo, después de la cerveza filósofo y a medianoche desastre con encanto. No es hipocresía, sino flexibilidad. Así pasa el día sin culpas.
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—¿Tiene usted algo de piratería?
—Sí. Derecho marítimo, sección B.
—No. Piratería de verdad.
—Ah. Eso está en fondos reservados.
—¿Cómo accedo?
—Robándolo.
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El libro te leyó. No le gustaste, así que buscó otro lector.
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Pura corrupción judicial es el experimento que autorizó el tribunal corrupto. Me inyectaron el suero penal. Ahora mi carne se endurece como piedra. Los órganos se calcifican. Me convierto en estatua viviente, consciente pero inmóvil. La sentencia: ser monumento a la injusticia. Para siempre.
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¡Bam! Mi lengua declaró independencia unilateral. Le dije todo lo que callé durante años. Luego recogí mis cosas y cerré la puerta. Nadie gana esa guerra... salvo HBO Max, que ganó un nuevo suscriptor para maratón de series.
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SANCHISMO, m. Conjunto de políticas y estrategias de Pedro Sánchez. Destacan la flexibilidad doctrinal, cambios de postura según conveniencia y una relación laxa con la coherencia discursiva. Prioriza supervivencia política sobre consistencia.
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Reloj biológico. Patito feo. Certificado matrimonial.
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Ellos ríen porque dicen que soy raro. Yo río al verlos: repiten los mismos gestos, las mismas frases. No sospechan que cada día se parecen más entre sí y menos a mí. Me miran distinto; yo los miro igual, como copias que no saben que lo son.
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ORACIÓN, f. Petición celestial que Dios atiende con entusiasmo comparable al de funcionario en agosto. Fe obligatoria.
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Aldric había conseguido que funcionara el hechizo. Se había convertido en rata. Pero ahora no conseguía revertirlo. Sospechaba que no iba a conseguir el título de mago. En la Academia Arcana de Lumengris lo suspenderían. Aunque, técnicamente, ya era rataduado.
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Copérnico nos condenó a dar vueltas eternamente. Círculos que nunca se cierran del todo. Volvemos al mismo punto pero jamás al mismo instante. Giramos buscando lo perdido, persiguiendo recuerdos en órbitas nostálgicas. La Tierra sabe de regresos imposibles. Por eso sigue dando vueltas.
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—¿Y en tu viaje a París has ido al Louvre?
—Sinceramente, no lo recuerdo. Pero si tengo alguna foto en el móvil, seguro que sí. Espera, déjame mirarlo.
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—Maestro, ¿cómo se escribe?
—Escribe.
—¿Y si no sé qué?
—Escribe eso.
—¿Y si escribo sobre escribir?
—También.
—¿Y si no escribo nada?
—Eso ya lo escribió otro.
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La primavera llamó. El corazón estaba, pero no contestaba.
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Woke bee identifies as a drone.
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Eva encontró la sección de incunables y alargó la mano hacia un volumen forrado en piel de serpiente. 
—No lo toques —advirtió Adán—, dice el Bibliotecario que si leemos el final, nos expulsan. 
Ella leyó la última página y, de pronto, la biblioteca se convirtió en una selva.
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La escritura nos hizo humanos. La IA nos volvió prescindibles. Entre ambas, una civilización entera que no supo resistirse a su propia obsolescencia.
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ARGUMENTO, m. Construcción lógica destinada a persuadir al interlocutor. En la práctica, ejercicio de terquedad mutua donde cada parte reafirma su posición inicial con palabras distintas hasta que alguien se cansa o se marcha.
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Si mi ex me dijera que dos y dos son cuatro, yo sospecharía.
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Éramos doce en la cabaña. El asesino de la máscara de ciervo nos persiguió toda la noche. Ahora solo quedamos tres, acorralados en el ático. Escuchamos sus pasos lentos en la escalera. El hacha raspa la madera. «¿Cómo llegamos hasta aquí?», llora ella. Muy fácil: fuimos estúpidos.
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Cuando el banco te llame para pedirte «un minuto», no lo confundas con cortesía. Lo que quieren robarte no cabe en sesenta segundos.
--El sultán nunca la mató. Scheherezade ignoraba si aquello era salvación o condena. Cada noche una historia. Cada alba, la misma jaula de seda. Al final comprendió: no la quería a ella. Quería no quedarse solo con el silencio.
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—¿Qué quieres?
—A ti.
—Te equivocaste de habitación —dices.
Ella revisa una lista arrugada.
—No, habitación correcta. Siglo equivocado.
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SECRETO, m. Prueba de resistencia que casi nadie supera.
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Don Quijote llegó al cielo y pidió un libro de caballerías. El arcángel Gabriel le entregó un tratado de psiquiatría moderna. 
—Es una edición de lujo —dijo el ángel—. En el Paraíso, la verdad es el único género de ficción que nos queda para entretener a los locos.
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Pasada la primera noche, Schahriar ordenó decapitarla. Error de cálculo: la cabeza de Scheherezade no necesitaba cuerpo para seguir. Mil noches más.
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Ella le dijo que lo quería con locura. Él interpretó «con locura» en sentido literal y la internó. Desde entonces la visita los jueves. Le lleva flores. Ella ya no recuerda por qué está allí, pero lo espera.
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El hada le dijo que tenía que irse antes de las doce. Pero Cenicienta, agotada tras el trabajo de todo el día, se quedó dormida en un sillón poco antes de las diez.
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El tatarabuelo, Juan. El bisabuelo, Juan. El abuelo, Juan. El padre, Juan. Él, Hugo. Su hijo, Juan.
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Tras leer la obra maestra, el crítico escribió una reseña brillante, el adolescente tatuó una frase en su brazo, y el ejecutivo usó el libro como pisapapeles. Cada uno según su especie.
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AUSTERIDAD, f. Receta económica milagrosa: empobrecer ciudadanos para enriquecer acreedores. Cerrar hospitales salva la economía. Despedir maestros garantiza crecimiento futuro. Reducir pensiones demuestra seriedad. Los banqueros, tranquilos: sus bonos siguen cobrándose puntualmente.
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—La víctima recibió una herida de tres centímetros —dijo el forense europeo.
—Hable en cristiano —rugió el detective de Chicago—. ¿Eso es más o menos que el diámetro de una moneda de cuarto de dólar?
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Uno no puede elegir a sus criminales. El mío huele a rutina y cigarrillos. Llega del trabajo, no grita: suspira. Y en su silencio nos mata lentamente.
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La muñeca Barbie presentó su currículum: veterinaria, astronauta, presidenta, paleontóloga. El comité de selección la rechazó por falta de experiencia. Ken, que llevaba cuarenta años sin articular las rodillas, fue contratado como consultor estratégico. Tenía muy buena presencia.
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Soñé que me enamoraba de una marioneta. Por la mañana, al despertar, encontré hilos en la almohada. Los seguí. Llegaban hasta mis muñecas. Intenté llamar a mi madre, pero alguien ya estaba moviendo mis dedos hacia otro número. Era un número muy antiguo.
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La muñeca Barbie presentó su currículum: veterinaria, astronauta, presidenta, paleontóloga. El comité de selección la rechazó por falta de experiencia. Ken fue contratado como consultor estratégico. Tenía muy buena presencia.
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Plantó la rosa sobre la tumba. Cada mañana, la encontraba en el jarrón de la cocina. Llamó al diácono, que le dijo: 
—Las rosas no caminan. 
Esa noche la encontró en su almohada.
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El tiempo en mi rostro no miente. Cada arruga, una noche sin dormir. Cada mancha, un verano quemado. Me miro al espejo cada mañana. Esta mañana el espejo aparta la vista.
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—¿Cómo quiere el café?
—Con una nube de leche.
—Pero ¿qué tipo de nube? ¿Cirros, cirrocúmulos, estratos, altocúmulos, estratocúmulos, cúmulos…?
—Olvídelo. Café solo.
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No hay nada bueno ni malo, gritó el ladrón robando el banco. Un filósofo que leyó demasiado Nietzsche. La policía lo detuvo citando a Kant. El juez lo sentenció con Aristóteles. En prisión descubrió el utilitarismo: robar está mal cuando te atrapan.
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MAQUILLAJE, m. Sutil estrategia para verse «natural», siempre que lo natural incluya capas precisas, paciencia infinita y la convicción de que un brochazo puede mejorar cualquier amanecer personal.
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Prometeo entregó el fuego a los hombres y, por su osadía, Dios lo condenó a una biblioteca eterna. —¿Cuál es el castigo? —preguntó el titán. 
—Leer todos los libros que se han escrito sobre «el sentido de la vida». 
Al tercer día, Prometeo suplicó que le devolvieran el águila.
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Entiendo que algunos hombres se encariñen de una azalea; lo que no comprendo es por qué algunas mujeres prefieren un cactus.
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She loved Larry. Past tense. Obviously.
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Se apagará la llama de la única vela sobre la mesa fría. Nochebuena es solo otra fecha en el calendario. 
—Feliz Navidad — le digo a mi reflejo en el cristal. 
Fuera, las luces de los otros parecen estrellas inalcanzables. Solo queda este silencio tenaz.
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Será este su final. Gemidos. Ojos muertos. La horda rompe el cristal. Dientes que desgarran. Gritos sordos. Sangre en el suelo. Sin mente, solo hambre. El festín comienza. No hay salida. El mundo muere bajo una marea de podredumbre.
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Arrastra su corona de cuernos entre los abetos. Nieve rota. Rastro de sangre. Huele al cazador desde tres kilómetros. Corre. No con patas: con hambre. Su hambre no es instinto. Es castigo. Eterno. Insaciable.
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Se apagará la llama. Noche campesina. Silencio tenso. Un chillido agudo. Sangre seca. Nadie lo vio. El ganado cae inerte. Huellas extrañas. La bestia salta. Rápida, sigilosa. El campo es un cementerio. El terror vive en la espesa oscuridad.
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Séneca: «El necio espera ser feliz cuando termine algo. El sabio sabe que la felicidad es precisamente la interrupción».
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La princesa besó al sapo. Nada. Lo besó de nuevo. Nada.
—Quizá no todos necesitamos transformarnos para merecer un beso —dijo el sapo con calma.
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La madrastra de Blancanieves era inocente. El espejo mentía sistemáticamente. Nadie investigó al espejo. Nadie investiga nunca a los que dictan lo que es hermoso.
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El patito feo creció. Era un cisne espléndido. Volvió al estanque a presumir. Los patos lo ignoraron. Tenían sus propias redes sociales. La belleza, sin audiencia, es solo plumaje.
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El sastrecillo valiente mató siete de un golpe. Eran moscas. Lo nombraron rey. Gobernó cuarenta años. Nadie preguntó nunca los detalles. Así funciona el poder.
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Si preocuparse fuera un trabajo, me habría jubilado rico, aunque sin motivo.
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TRUMPISMO, m. Término político referido al estilo y políticas de Donald Trump. Enfatiza nacionalismo económico, restricción inmigratoria, unilateralismo diplomático y comunicación no convencional. Genera adhesión fervorosa y rechazo visceral en proporciones similares.
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Su única responsabilidad en esta vida era ser padre, esposo y guerrero. Cumplió las tres. Ahora sus hijos beben sangre, su esposa vuela en noches de luna y él guarda los colmillos del linaje.
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Tal vez sea verdad, pero prefiero ignorarlo: la rutina pesa más que los sueños. Me levanto, trabajo, vuelvo al mismo sillón. La televisión me acompaña, el café se enfría, la cerveza se calienta. La vida es esto: una lista de cosas por hacer sin ganas.
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«Dame la mano y danzaremos. Dame la mano y me amarás», le escribió Olena. Pero Bohdan no tenía manos. La guerra se las llevó en febrero. Ella danzó sola, toda la vida, con los brazos abiertos hacia nada.
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Hell is just neighbors sharing secrets.
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Su insomnio crónico se curó el día que se estropeó el televisor. Por primera vez en años, el silencio le enseñó que dormir era el mejor espectáculo posible.
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Bajó las escaleras que conducían a las mazmorras ansiando el olvido. Fantasmas de aventureros pasados susurraban: «No puedes morir aquí, solo sufrir». Atrapado entre vida y muerte. Su espíritu vagaba eternamente, sin descansar, sin escapar. Peor que la muerte.
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CONSTITUCIÓN, f. Biblia laica absolutamente sagrada e intocable que fundamenta toda civilización democrática occidental. Texto perfecto redactado por padres fundadores semidioses iluminados. Cada artículo: verdad revelada inmutable eternamente. Modificarla: sacrilegio imperdonable. Interpretarla libremente según conveniencia gubernamental: ejercicio hermenéutico sofisticadísimo que demuestra madurez democrática avanzada incomprensible para profanos constitucionales ignorantes.
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La madre decía que su padre era un santo; la hermana, un monstruo. Ambas tenían razón. Él vio al santo y al monstruo: el que abrazaba por la mañana y gritaba por la noche. Aprendió que nadie es una sola cosa.
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Tenía una desiderata pegada en la nevera desde 2009. Trabajo, tiempo, alguien. Fue tachando. Trabajo: sí. Tiempo: nunca. Alguien: hubo uno, pero se fue antes de que ella lo apuntara.
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El escritor, necio y manco de ideas, vio hervir la tinta sobre el papel. La musa empezó a chillar: «¡Usa la pinza de la lógica!». Así, lo onírico devoró lo real, transformando el amor en un párrafo breve, seco y profundamente absurdo.
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La Inquisición quemó todos los libros heréticos. Acabó quemando todos los libros. Quedó solo la Biblia. Empezaron a leerla con atención. Encontraron pasajes inquietantes.
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El conde se hizo celíaco. Solo bebía sangre sin gluten. Adelgazó mucho. Van Helsing no le reconoció.
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Las sirenas no cantaban tan bien. Lo que pasa es que Ulises, después de diez años con sus marineros, cualquier voz femenina le parecía la de una diva.
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EFICIENCIA
Aladino frotó la lámpara. El genio salió y, antes de que el joven hablara, le entregó un catálogo de deseos preaprobados y un formulario de reclamaciones.
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San Pedro revisó la lista. Todos habían rezado, confesado, comulgado. Todos fueron al infierno. Al ateo —que jamás pisó una iglesia— lo observó en silencio. Luego dijo: 
—El cielo es para los que no lo necesitaban.
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Sky was hers. Ground, forever his.
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Arde de vida, ama, asesina. La Reina Oscura ha reemplazado a Dios. Las oraciones a ella son respondidas con horrores. El silencio significa muerte. La fe se vuelve terror. Ella sonríe.
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EPISTEME, f. Saber supremo que todos citan y pocos comprenden.
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Hay personas que respiran mejor cuando asfixian a otros. La perturbación es su alimento.
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Empezó a fijarse en la belleza de las cosas más comunes: la grieta del techo, las manchas de humedad, el moho del sótano. Llevaba tres días encerrado. La puerta no abría. Pronto las ratas también le parecerían hermosas.
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La bruja del barrio vende amarres. Pago. «Te querrá», promete. Funciona: me llama, me busca, me abraza. Nunca pregunta quién soy. Al romper el hechizo, no me deja ir. No sabe vivir sin quererme.
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Diagnóstico: «trastorno de ensoñación excesiva». Tomó las pastillas. Le amputaron las alas. Dejó de soñar. Dejó de ser. El psiquiatra anotó: «paciente estable». Era la palabra exacta. Estable. Como una lápida.
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Él la amó mientras brilló. Cuando se apagó, buscó otra. Ella lo vio marcharse desde la hierba húmeda. Entonces entendió: nunca la amó a ella. Amó su luz. Son cosas distintas. Duelen igual.
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Dos manos débiles se encontraron. Juntas inventaron una fuerza nueva.
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Dos manos se encontraron. Dos manos débiles. Juntas inventaron una fuerza nueva.
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Dos manos se encontraron. Eran débiles. Pero juntas inventaron una fuerza nueva.
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«Lo mejor está por llegar», prometía el cartel del gimnasio. Entré ilusionado. Salí como entré, pero con una deuda de sesenta euros y un esguince.
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FILÓSOFO.— (Con voz grave, pausada, mirando al infinito.) La lectura, oh alma inquieta, es un acto de reconocimiento, no de descubrimiento. Leemos para encontrar formulado aquello que ya intuíamos pero no sabíamos nombrar. Los grandes libros nos devuelven a nosotros mismos, traducidos, como un espejo que habla con la voz de otro.
BUFÓN.— (Haciendo una reverencia exagerada, con campanillas tintineando.) ¡Profundo, maestro, profundísimo! Entonces yo, que leo los ingredientes de las galletas de chocolate, estoy reconociéndome a mí mismo en cada «harina, azúcar, huevos…» ¡Ah, qué revelación! Resulta que siempre supe que era un bollo dulce y crujiente, pero necesitaba que un paquete de supermercado me lo tradujera.  ¿Y los manuales de instrucciones de Ikea? ¡Pura catarsis! Allí me reconozco entero: perdido, con tornillos sobrantes y maldiciendo en silencio.  Dime, sabio, ¿qué libro me devolverá a mí mismo cuando lea la lista de la compra? ¿Acaso Cien años de soledad es solo el eco de mi nevera vacía susurrándome «ya lo sabías, tonto»?
FILÓSOFO.— (Frunciendo el ceño.) El bufón profana lo sagrado.
BUFÓN.— (Guiñando un ojo al público.) Y el filósofo profana lo obvio. ¡Al menos yo me río mientras me reconozco!
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Cuando uno está destinado a ser culpable, el tiempo se encarga de fabricar el delito.
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MIEDO, m. Razón por la cual murió siendo quien siempre fue, nunca quien quiso ser. Epitafio universal no escrito.
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Los griegos habían desaparecido y allí estaba ese caballo de madera que había dejado el repartidor de Amazon. Nadie lo reportó. 
Ya se sabe cómo acaba esto.
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Se enamoró de ella el día que la vio guardar su número. Solo su nombre. Sin apellido. Cuatro años después, revisó la agenda de ella por curiosidad. Nombre y apellido. Supo que todo había terminado antes de que ella lo dijera.
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Cumplía todas sus promesas. Nunca mentía. Respondía a cada pregunta. Los ciudadanos exigieron su destitución: les resultaba insoportable.
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El robot aprendió a escribir. Copió a los clásicos. Luego los superó. El último humano escritor lo felicitó y se pegó un tiro. El robot escribió un obituario perfecto. Sintió algo. Lo borró.
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En las reuniones de Wittgensteinistas Anónimos nadie hablaba. Todos, eso sí, se morían de ganas.
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—Yo no comulgo con ruedas de molino.
—Tienes principios, ¿no?
—No, simplemente no me entran en la boca.
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First prize. Life, friends, soul: runner-up.
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First prize. Life, friends, soul: disqualified.
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BARBA AZUL
La puerta prohibida daba a otra puerta prohibida.
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LA MADRASTRA DE BLANCANIEVES
—Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa?
—La que no pregunta tanto, majestad.
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En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza: «Si ves un tiranosaurio, no corras. Ya es demasiado tarde».
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FINDE, m. Pausa ceremonial usada para comprobar que el tiempo libre también agobia.
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A la usanza de este tiempo plantamos a los muertos. La abuela brotó rosal. Tío Pedro: naranjo amargo. Papá tardó tres inviernos. Cerezo sin flores. Mamá riega cada noche. Llora. Ayer brotó la primera flor. Negra. Tiene mi rostro. Mamá dice que me toca. Aún no he muerto. Ella sabe algo.
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Los elfos de Valdris criaban aves que cantaban con voces humanas. Cada trino era una confesión robada, un secreto arrancado en sueños. Quien escuchaba demasiado tiempo, empezaba a olvidar qué pensamientos eran suyos y cuáles cantaban las aves.
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En 2041 los robots impartían todas las clases. Eficientes, imparciales, sin bajas por enfermedad. Las cárceles se vaciaron, en efecto. No porque la gente aprendiera más, sino porque los robots también gestionaban los juzgados. Nadie era culpable si el algoritmo no lo decía.
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En 2041 los libros se leen solos. El algoritmo extrae el contenido, lo procesa, lo deposita en la memoria del usuario mientras duerme. Por la mañana, sabe la trama. Los personajes. El final. Lo que no sabe es por qué, al despertar, tiene la sensación de haber perdido algo.
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Thul'garok devoró todo un pueblo. Los digeridos mutan. Huesos que crecen como ramas. Piel que se fusiona con roca. Ayer mi brazo se volvió piedra. Hoy mis costillas perforan hacia fuera. Mañana seré parte de la montaña. Thul'garok nos convierte en su cuerpo.
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ANGUSTIA, f. Nudo persistente experto en arruinar momentos tranquilos.
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Cecilia descubre, con una calma que asusta, que ya no le aterra quedarse sin dinero, ni que suba la inflación, ni que el mundo se tambalee. Eso podría soportarlo.
Lo que la paraliza es otra cosa: la sospecha helada de que, aunque todo funcione perfectamente allá afuera, sus decisiones, sus esfuerzos, sus noches en vela, sus intentos de amor o de creación… no van a importar. Nunca. En absoluto.
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Eres suficiente tal como eres, así que ámate, perdónate tus tropiezos y suelta lo que no controlas, porque si confías en que el universo conspira a tu favor y escuchas a tu niño interior, tu vibración atraerá la felicidad que mereces, siempre que no elijas ser feliz cada día.
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RAPUNZEL
—¿Cómo escapaste de la torre? 
—Por el pelo. 
—¿Literalmente?
—Literalmente.
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BARBA AZUL
Prometió no mirar.
Miró.
Aprendió.
Tarde.
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BELLA DURMIENTE
Llevaba cien años dormida. Al despertar, le dolía la espalda. El colchón era una porquería.
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Resucitó Tutankamón. Lo primero que hizo fue buscar a Howard Carter. Lo segundo, a su abogado. –
Resucitó y descubrió que el cielo era de pago. Con factura.
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Resucitó Lázaro. Jesús no estaba. Le dejó una nota: «Vuelvo en un momento.» Lleva dos mil años esperando. 
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Resucitó el latín. Duró tres días. Nadie lo entendía. Volvió a morirse de vergüenza. 
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Resucitó en el cuerpo equivocado. Reclamó. Le dijeron que era lo que había. 
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Resucitó justo cuando el médico firmaba el certificado de defunción. Le cobraron la visita igualmente. 
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Hace frío. Drácula calienta la sangre en el microondas. 800 vatios. Dos minutos. El plasma chisporrotea. «La anemia es un drama», suspira. Se mira al espejo y, por fin, ve a un tipo normal. El problema es que el tipo normal le está apuntando con una estaca.
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En Fupi la literatura cabe en una frase. La conversación, en una sílaba. El silencio hace el resto.
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Novelas de una frase. Nadie las discute. En Fupi las palabras no se desperdician: escasean.
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En Fupi, los amantes dicen sí o no. Entre esas dos sílabas ocurre toda la tragedia. Toda.
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Presumen su literatura. Una frase basta. En Fupi el lenguaje no respira: sobrevive.
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Cada libro: una línea. Nadie recuerda cómo seguir. En Fupi olvidar es una forma de estilo.
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Nimia es tan pequeña que cabe en un gesto. Nada sobra, nada falta. Quien la recorre entiende que lo perfecto no es lo grande, sino lo exacto.
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PAPELERA, f. Útil doméstico que transforma arrepentimientos en espacio libre. Debería existir una versión para recuerdos y decisiones vitales.
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Sigues buscando culpables. Qué conveniente ignorar que el problema siempre fuiste tú.
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A la usanza de este tiempo, los vampiros tienen seguro médico. Cobertura dental completa. Colmillos, encías, mordidas infectadas. Mi dentista es uno. Me cobra triple. Dice que mi sangre tipo AB huele a postre francés. Me ofrece descuento si le dejo probar. Acepto. Despierto anémico pero asegurado.
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La vida te enseña que algunas personas no escuchan razones. Es más fácil llenar un colador de agua y que no se escape ni una gota.
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Antes me gustaba el fútbol, pero ya no lo veo por varias razones: el catenaccio, el fútbol amarrategui, los robos arbitrales negreirescos y la grosería y mala conducta de muchos hinchas.
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SOLA, PERDUTA, ABBANDONATA
Fregó los platos, dobló la ropa, revisó el móvil. Nadie había escrito. Se sirvió otro café que no necesitaba. Afuera, la gente se divertía. Pensó en llamar a alguien. No se le ocurrió a quién.
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El autor infló el globo, lo soltó y lo perdió de vista. Así terminó también la novela.
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La princesa del reino prohibido me eligió entre mil guerreros. Matamos dragones juntos. Nos coronaron reyes de tierras imposibles. Gobernamos con justicia y magia. Tuvimos hijos que volaban. Morimos convertidos en leyenda. Desperté en mi cubículo, rodeado de facturas sin pagar. Fue un sueño.
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QUIÉN SERÁS MAÑANA
En la goma de sus calzoncillos halló un papelito que decía: “¿Quién serás mañana?” No reconocía la letra. Pasó el día repitiéndose la pregunta mientras trabajaba, comía y fingía conversaciones. Por la noche, descubrió otro papel, esta vez bajo la almohada: “¿Quién eres ahora mismo?” El peso de la pregunta lo inquietó más que cualquier amenaza. Pensó en máscaras, decisiones, renuncias. A la mañana siguiente, el tercer papel apareció en su zapato: “¿Y si no hay respuesta?” Por primera vez, comprendió que quizá su identidad era un proceso, no una certeza.
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EL MENSAJE
En la goma de sus calzoncillos halló un pendrive minúsculo. Los calzoncillos habían llegado en un paquete de Amazon que no recordaba haber pedido. Desconcertado, encendió el ordenador. Contenía un único archivo de vídeo. Al reproducirlo, su propio rostro —demacrado, envejecido— lo miraba desde la pantalla.
«No confíes en ella. Te está envenenando lentamente. Revisa el azúcar. He intentado advertirte de mil formas. Este es mi último intento. Huye hoy o serás yo: atrapado en este bucle, enviándote mensajes que nunca escucharás a tiempo.»
 La puerta se abrió. Ella traía café.
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EL MISTERIO
En la goma de sus calzoncillos encontró una llave oxidada y una dirección escrita con tinta corrida. No recordaba haber estado allí nunca. Por curiosidad —o fatalismo— decidió ir. La casa estaba abandonada, con las ventanas rotas y un silencio denso que oprimía. La llave encajó en una puerta interior perfectamente. Dentro solo había un cajón vacío y una fotografía suya de niño, arrancada por la mitad. En el reverso, un mensaje: «Regresa cuando estés preparado». Al salir, alguien había cerrado la puerta desde afuera. El misterio, supo entonces, acababa de comenzar.