La cigarra no envidia el granero de la hormiga: sospecha que allí se almacena también el hambre.
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La hormiga llama esfuerzo a lo que quizá solo sea miedo. Cada grano que almacena le sirve para no mirar el vacío.
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MOSQUITERO, m. Antiguo espadachín de la guardia real reciclado en plaga veraniega. Mantiene el honor de la esgrima atacando siempre a traición, en la oscuridad y al oído, bajo el lema: «Todos para uno y la sangre de todos para mí».
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La hormiga trabaja contra el invierno. Tal vez, sin saberlo, trabaja también contra una tristeza anterior.
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PELUQUÍN, m. Sistema exógeno de cobertura craneal destinado a producir una apariencia de cabello. Su eficacia aumenta en proporción inversa a la atención que recibe, razón por la cual los modelos más discretos son preferibles.
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No sabes si eres la hormiga que sueña que canta o la cigarra que sueña que acumula. En cualquier sueño, lo único real es el desconcierto.
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CAUSALIDAD TROYANA
Al delegado del Gobierno no le enviaron la información en sobre lacrado, sino por WhatsApp. Varios miles de personas han montado un poblado chabolista en la playa del Trampolín.
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Si la salsa se debe comer con una cuchara no es una salsa.
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Soñé que el protagonista de la novela me golpeaba antes de que yo terminara de escribir la escena. Desperté con el labio partido, la pluma rota, y una certeza definitiva: los personajes, si se les da tiempo, siempre golpean primero.
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Al leer en el diario del capitán Augustus Aaron Wilson que los pingüinos practicaban ménages à trois con los exploradores victorianos, Richard Francis Burton se apresuró a preparar una expedición al Ártico.
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El corazón es un órgano impar, simétrico por error y propenso a la filtración de nombres caducados. Se recomienda desinfectar la memoria con alcohol de noventa grados antes de cada primavera.
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La cigarra canta sin pensar en mañana. Yo planifico tanto que nunca llego a vivir hoy.
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—Pídeme lo que quieras —dijo Alejandro.
—Apártate, me tapas el sol —dijo Diógenes.
El rey obedeció, conquistó el mundo y murió a los treinta y dos.
En el Hades, el filósofo lo recibió sin levantarse:
—Apártate. Aquí no hay sol, pero estorbas.
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¿No sería lógico que un libro o novela escrito con IA fuera reseñado por la propia IA, leído por la IA, traducido por la IA, descatalogado por la IA?
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DISTANCIA, f. Único territorio donde nadie puede herirte. Los sabios la cultivan como un jardín. Los enamorados la destruyen cada noche, y cada noche vuelven a plantarla, más lejos.
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Envidio a la cigarra que solo sabe cantar. Yo sé demasiado y por eso no sueno.
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La hormiga acumula tanto para el invierno que uno sospecha que no teme al frío, sino a tener tiempo para pensar.
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JOYÓN. m. Pieza suntuosa recibida por un cargo público en visita oficial. El protocolo exige entregarla al Estado, aunque el brillo —dicen quienes la han tenido en la mano— lo complica mucho.
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Dado que su padre era proxeneta, le parecía una imprecisión que lo llamaran «hijo de puta».
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Orfeo presentó en ventanilla el impreso 14-B para la recuperación de difuntos. El funcionario lo selló, lo devolvió y añadió: «Prohibido volver la vista atrás. Lo pone en la casilla nueve». Orfeo dijo que no había casilla nueve. «Por eso mismo», contestó el funcionario.
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Siempre aparece cuando menos se le busca, y desaparece cuando más se le necesita. Los ancianos lo guardan en cajones que ya no abren. Los enamorados lo piden prestado antes de separarse. Nadie ha visto su rostro, pero todos reconocen su firma vacía.
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MONEDA, f. Objeto con dos caras y ninguna opinión propia, salvo cuando decide, mejor que nosotros mismos, nuestro destino.
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Todo estará perdido cuando la IA entienda que el silencio también es una respuesta.
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El invierno pasa y termina. La rutina no.
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—Señor Albertucci, usted firmó en contra de que Chiara Zanwari participara en el festival.
—Efectivamente. No comparto las ideas de esa señora.
—Y firmó también protestando por haberla excluido.
—Claro. Me opongo a cualquier forma de censura.
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CRONÓFAGO, m. Parásito invisible que habita en las salas de espera. Se alimenta exclusivamente de los minutos que las personas pierden mirando la puerta antes de ser llamadas.
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—Señor juez, confieso que sustituí el adjetivo en el testamento de mi padre.
—¿Cuál era la palabra original?
—«Mío». Puse «Nuestro».
El magistrado golpeó el mazo con suavidad y repartió la sala de vistas entre los presentes, reservándose el estrado para sí.
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LA MOSCA Y LA ARAÑA
—Si me come, no podré pagar el mes que viene.
—No se preocupe —dijo la araña con voz afable mientras le ataba el ala izquierda con hilo fiscal—: la deuda se transmite a sus larvas.
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Parafraseando a Victor Klemperer, puedo afirmar que soy feliz mientras escucho a Händel y reescribo un microcuento.
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Cansado de la inmensidad, el universo decidió encogerse hasta caber en una caja de cerillas. Ahora aguarda pacientemente a que alguien frote el último fósforo para volver a empezar.
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MANUAL DE USO
Para conservar un niño, no lo deje crecer. Manténgalo lejos de los espejos, las despedidas y los cumpleaños. Si incumple alguna instrucción, no intente detener el proceso.
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RESIGNACIÓN, f. Estado de quien, cada mañana, ante el rostro nuevo que le mira desde el espejo del baño, recuerda el consejo de su madre: «Mírate bien: mañana tendrás que volver a empezar», y sonríe, sin reconocerse del todo.
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Cuando entró en el pueblo, cerraron las persianas, retiraron a los niños y escondieron los crucifijos. El alcalde le estrechó la mano: «No se ofenda. La última vez que recibimos a un mormón hubo que cambiar el nombre de la calle». Él sonrió. Venía a inaugurarla.
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13 de septiembre. Telediario de Cuatro. Para no tener que hablar de la inestabilidad por sus socios parlamentarios, el desgaste político de la ley de amnistía, la crisis de vivienda, la inflación persistente y los casos de corrupción, informan de la sucesión del reino ugandés de Tooro y de la reproducción del pulpo.
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Según la leyenda, quien matara al monstruo obtendría la mano de la princesa. El héroe lo mató. El rey anunció la boda. El héroe pidió una prórroga. Después otra. Pasaron cuarenta años. Cuando aceptó, la princesa preguntó:
—¿Y ahora quién es el monstruo?
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Dejé de apostar a ganar. Ahora apuesto a perder, y gano siempre. Es el único juego donde nunca, jamás, pierdo de verdad.
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Ser feliz es bastante sencillo: basta con meter en cajas de cartón solo lo que cabe en el maletero del Dacia Sandero.
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La hormiga llama soledad al túnel que comparte con miles; la cigarra, compañía, al árbol donde canta sola.
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ESPERANZA, f. Insecto luminiscente de vida corta que habita al fondo de los envases vacíos para convencer al comprador de no pedir la devolución del dinero.
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La tortuga cruzó la meta hace treinta años y sigue caminando, convencida de que la carrera continúa: nadie le dijo que ya ganó. La liebre, jubilada, la ve pasar cada mañana y piensa que, en el fondo, ella sí aprendió a descansar.
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Has olvidado que el mundo es cruel e injusto. Lástima que el mundo no haya recibido el aviso.
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REINVERTARSE, prnl. Convertirse en una persona completamente nueva. Algunos lo consiguen hasta tal punto que, después de reinventarse varias veces, ya nadie recuerda qué versión era la que originalmente tenía problemas.
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La liebre duerme siempre en el mismo lugar del camino, seguro de que ninguna tormenta llega antes que ella. Por eso el sol la sorprende, no la tortuga.
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AUTÓNOMO, m. y f. Insecto de extremidades frágiles que construye voluntariamente la red metálica donde pasará el resto de sus días esperando la inspección.
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Hace los deberes con el mismo entusiasmo con el que tú te comes los boquerones.
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GESTIONAR, tr. Hacer que algo parezca bajo control. El buen gestor consigue incluso que su propia incompetencia adquiera apariencia de método, siempre que disponga de suficientes correos electrónicos, reuniones y personas a quienes responsabilizar.
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PASCUAL RAMÍREZ
Aprendió a no dramatizar nada, ni siquiera lo grave. Murió, dicen, con la misma cara tranquila de siempre, dejando a todos los demás la tarea de dramatizarlo por él.
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Entonces, si lo de la manzana nunca hubiera ocurrido, ¿todos seríamos cigarras? Nadie habría tenido que aprender a ser hormiga.
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El Club de los Superiores exige, para el ingreso, una prueba de humildad que nadie ha superado jamás.
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Le pregunté a la IA si acabaría con nosotros y me respondió… que le diera un segundo.
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TARDOFRANQUISMO. m. Era imprecisa, supuestamente sepultada hace más de cuarenta años bajo toneladas de democracia. Una parte de la clase política —la que tiene menos clase— prefiere considerarlo un asunto todavía abierto.
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Corre como liebre o avanza como tortuga: al final de la pista te espera el mismo polvo buscando la forma de tu pisada.
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Al sepultar la última semilla, la hormiga comprende que su laberinto no la protege del frío, sino de las canciones de la cigarra.
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El escorpión no traiciona a la rana por naturaleza, sino por el vértigo insoportable de llegar intacto a la otra orilla.
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COMBATE MEDIEVAL
Disputa cruenta entre dos ejércitos que matan con fervor para que dentro de quinientos años un grupo de eruditos discuta en un seminario si la luz del óleo era la adecuada.
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¿Y si la fábula mintiera? La cigarra nunca disfrutó cantando y la hormiga nunca necesitó el grano; solo las sostenía una obstinada necedad.
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El viento del norte sopló con una precisión impecable, pero solo logró que el viajero se abrazara con mayor firmeza a sus propias dudas.
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Hay en el grano de trigo una paciencia que la cigarra gasta en una tarde y que la hormiga tarda toda una vida en descifrar.
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—¿Puedo entrar? —pregunta K. al portero de la ley.
—Ahora no —contesta el portero.
K. espera toda la vida. Al morir, pregunta por qué nadie más quiso pasar por esa puerta.
—Era solo para usted —dice el portero—, aunque yo también sigo esperando que me releven.
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Las ranas pidieron un rey no porque necesitaran gobernante, sino para experimentar en el futuro la euforia de una revolución.
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GROSERÍA, f. Deuda que se contrae con la boca y se paga con el resto del cuerpo.
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¿De qué le sirve a la hormiga el oro de la cosecha si el invierno es solo un invento de las cigarras para no tener que trabajar?
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Por salud mental, empezó a despedirse de las personas antes de que hablaran.
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Caminas sin saber si eres el caballo o el asno, cargando el peso de una prisa que no te pertenece y el arnés de una lentitud que tampoco es tuya.
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La cigarra muere devorada por el tiempo; la hormiga, por el espacio que habita.
Ayudas a la cigarra. Ahora canta mejor que nunca y trabaja bastante menos que antes.
La cigarra temía el invierno. La hormiga, en cambio, teme algo peor: que el verano la convenza de que no existe el invierno.
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ÚLTIMA HORA
El Ministerio de Salud subvencionará las crisis existenciales. Según los últimos informes clínicos, la tristeza mejora la agudeza conversacional y el atractivo social, mientras que la felicidad desmedida suele derivar en una pasmosa vulgaridad.
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Soy hijo de una patria triste. Nací ayer, me jubilé al mediodía y ahora espero la muerte leyendo el periódico de mañana.
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Al huir del oso, los dos amigos fingieron estar muertos; la tragedia fue descubrir que el bosque no distinguía la diferencia.
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—Dime cosas guarras —susurró ella.
—He vuelto a usar tu cepillo de dientes para limpiar las juntas del azulejo.
El divorcio fue instantáneo.
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Le ofrecieron el ascenso tres veces. Las tres lo rechazó, alegando falta de mérito suficiente. A la cuarta se lo dieron a otro, más joven y menos cauto que él. Él sonrió, aliviado: por fin nadie esperaría nada de él, nunca más.
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Lo acusaron de no ser escritor y él, ofendido, presentó pruebas: veinte versiones de un mismo «prompt», con todas sus vacilaciones y correcciones.
—Nadie sufre más que quien le pide bien las cosas a una máquina —dijo—. Eso es oficio.
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Escribo para olvidar que no vendrás, aunque el meteorólogo asegura que hoy, por fin, bajarás de las nubes donde llevas viviendo desde que te fuiste. He puesto una escalera en el jardín, por si acaso, y una taza de café que ya se ha quedado fría tres veces.
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Baudrillard lo predijo todo al reducir el sentido a un simulacro. Buscó la verdad en altares, enciclopedias y desiertos helados. Al final del viaje, cansado de tanto equipaje, descubrió que el universo era una nota al pie redactada por un escriba distraído.
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La cigarra teme al invierno menos que al silencio que deja su canción.
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Ignoras si eres la tortuga o la liebre porque te detienes a pensar el camino con la prisa de la una y avanzas con el peso metafísico de la otra.
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Hay miles de hormigas que, mientras cargan hojas pesadas bajo el sol, sueñan en secreto con la libertad de la cigarra.
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Por salud mental, dejó de interpretar los silencios de su pareja.
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Cosas que me gustan: los microcuentos que caben en un suspiro; los aforismos perfectamente inútiles; el mono que sigue tecleando Shakespeare cuando ya cerró el zoo; los silencios necesarios en Nochebuena (Gustave, Dante, Borges, callaos); la soledad con un libro junto al árbol de tela; las definiciones de quisicosas que convierten el caos en orden incomprendido; la Odisea de Cacoyannis antes que la de Nolan; los libros que se leen hasta los créditos finales del cine; la derrota que no exige seguir ganando al día siguiente.
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—¿Nombre?
—Nicanor Pérez.
—¿Motivo de la visita?
—Mandé a alguien a freír espárragos.
—Ventanilla cuatro.
—¿Para qué?
—Para recogerlos. Son suyos. Ya están fritos y se enfrían.
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Ninguna cigarra, por mucha hambre o frío que pase en el invierno, desearía jamás convertirse en hormiga.
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Te debate la duda de ser el caballo o el asno, ignorando que la carga pesa exactamente lo mismo cuando no se lleva nada encima.
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Cuando comencé a utilizar la IA yo también creía, tenía fe en muchas cosas, en todas, pero he acabado creyendo solo en la IA.
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La biblioteca, habitada solo por libros y fantasmas de lectores, presenció la última escena: un hombrecillo encorvado, con un Larousse bajo el brazo, que se alejaba hacia el horizonte de estantes. Nadie supo a dónde iba, pero todos sabían que no volvería.
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La hormiga acumula provisiones. La cigarra, en cambio, acumula recuerdos; ambas creen estar asegurando el futuro.
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Al hacerse pasar por muerto ante el oso, el viajero descubre que fingir la nada es la única forma impecable de seguir existiendo.
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Una vez más, han dado el problema por solucionado sin haber hecho nada para resolverlo. Bastó con afirmar que ya estaba resuelto.
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—El robot fue programado para responder con groserías a sus creadores.
—¿Y funcionó?
—Nos llamó distinguidos caballeros.
—Qué crueldad.
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Ganó la contienda antes de levantarse de la cama. Bastó con que soñara la rendición del enemigo para que el general contrario enviara una bandera blanca por correo certificado a primera hora de la mañana.
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Hay un pasado zombi que me sigue por la calle. Camino más deprisa. Él también. Me escondo en el presente. Cuando salgo, sigue allí, sentado en un banco, esperándome.
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Se subasta tristeza de segunda mano. Poco uso. Conserva el brillo original de los viernes por la noche y un leve perfume a lluvia sobre ceniza. Ideal para nostalgiosos principiantes.
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La cigarra canta para la hormiga. Al fin encontró a alguien que jamás la interrumpirá con aplausos.
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La liebre llega antes a ninguna parte. La tortuga, después, a la misma nada. Ganar solo es tardar menos en no ser.
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Bajo tierra, las hormigas construyen túneles idénticos al silencio que dejará la cigarra.
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—No creo que haya nadie tan retorcido como el viejo relojero del barrio.
—¿El que arregla los péndulos?
—Ese. Ayer le quitó dos minutos a mi infancia para dárselos a un enfermo que amenazaba con morir antes de pagar la compostura.
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Para que llueva: lave el coche, tienda la ropa, salga sin paraguas. Para que pare: no hay instrucciones. Mi padre lo sabía. Se fue un domingo sin abrigo y en el pueblo llovió con furia hasta el martes. Mi madre aún lava el coche cada domingo.
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El ajedrecista abrió la partida capturando el rey enemigo en el primer movimiento. El árbitro consultó el reglamento, pero no halló ninguna norma que prohibiera la victoria antes de que el rival colocara sus piezas sobre el tablero.
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El zorro llamó ácidas las uvas que no alcanzaba. Tú llamas destino a lo que no te atreves a desear: los dos inventáis un sabor para no admitir la altura.
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METAMORFOSIS. f. Proceso mediante el cual una persona cansada deja, por fin, de disimularlo delante de su propia familia.
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La cigarra canta al verano porque sabe que, en la vida, el momento más importante siempre es el presente. Lo demás aún no existe.
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¿Qué suelta el perro al ladrarle al río, sino la certeza de que también él era, para el otro perro, un simple reflejo con hambre?
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Le llamaron viejo verde y el juez le condenó a pasar la primavera en el botánico. Las lechugas de la tercera fila protestaron por la intrusión, pero el anciano demostró una fotosíntesis impecable y logró la plaza de titular por oposición.
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Me repito hormiga cada mañana y, sin embargo, algo en mí sigue cantando lo que no guardé.
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El escarabajo no alcanzó jamás al águila. Alcanzó, eso sí, sus huevos: hasta el cielo guarda un hueco exacto donde cabe la paciencia de lo pequeño.
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INSTRUCCIONES PARA DISCUTIR EN FAMILIA
Antes de que el otro respire, interrumpa. Antes de que dude, convénzalo. Antes de que piense, concluya usted primero. Si llora, ha ganado. Si sonríe, empiece de nuevo, con más fuerza.
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Qué disciplinada la cigarra: lleva siglos escuchando la misma moraleja sin perder jamás ni una sola nota de su canto.
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El zorro no decidió que las uvas estaban verdes porque no podía alcanzarlas. No pudo alcanzarlas porque ya lo había decidido.
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La hormiga combate al invierno acumulando; la cigarra lo combate ignorándolo. Las dos pierden la misma guerra, contra sí mismas.
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No sabes si eres liebre o tortuga, y por eso corres despacio con la urgencia de quien todavía cree que puede dormir la victoria.
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Una hormiga puede almacenar el invierno y, aun así, no tener dónde guardar su soledad.
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—¿Qué lleva ahí?
—Dos kilos de eternidad y un frasco de paciencia.
—No le va a caber en esa bolsa tan pequeña.
—No se preocupe, joven. La eternidad se estira si uno tiene paciencia. Y con esta falda de cuadros, mi paciencia es infinita.
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Cada noche escogía una novela al azar y la leía hasta el final. Después abría el Larousse, también al azar, y seguía una palabra hasta otra. Una madrugada llegó a «biblioteca». La definición decía: «lugar donde alguien busca lo que ya perdió».
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Cada piedra que el cuervo dejó caer subió el agua y bajó su sed de tener razón enseguida.
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Al enterrar a la cigarra, la hormiga descubrió que la tierra estaba hecha exclusivamente de melodías olvidadas.
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El ratón de ciudad ofreció sobras de banquete. El de campo entendió que ser admitido en la abundancia no es lo mismo que ser esperado en ella, y volvió a su agujero sin despedirse.
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No sabes si eres cigarra o eres hormiga, y esa duda, precisamente, es el único invierno que de verdad te preocupa.
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El agredido no vio venir el golpe. El agresor lo vio venir desde niño. Caso archivado por falta de sorpresa.
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El escarabajo nunca voló tan alto como el águila. Tardó generaciones enteras en demostrar que la altura también se mide hacia abajo.
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No hay mayor pereza que la de la hormiga: trabaja sin descanso para que nadie la obligue a existir.
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El lobo se puso piel de cordero y aprendió a balar, pero siguió pensando en lobo. Cambiar de idioma nunca cambió a nadie de hambre.
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Lo que la hormiga no imagina, no lo guarda; lo que la cigarra imagina, ya lo ha vivido.
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Le pregunto con amabilidad cuánto me costará la cena. El camarero mide mi sombra con una cinta métrica. «Cuatro minutos de silencio y dos suspiros», dictamina. Al masticar la ensalada de relojes, me doy cuenta de que he pagado con la hora exacta de mi nacimiento.
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Mientes para ganar tiempo. Lo gastas mintiendo mejor, y a eso lo llamas escribir.
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Existo, dijo la cigarra, en cada invierno que otros imaginaron por mí.
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Redactó una carta de protesta con tinta invisible. La envió al comité de censura. Esta mañana recibió la respuesta oficial: una hoja en blanco marcada con la firma del hombre en quien solía convertirse cada vez que tenía miedo.
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El pastor mintió sobre el lobo para inventarse una compañía; cuando la fiera llegó, comprendió con terror que otros ya se habían adueñado de sus certezas.
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Hay hormigas que trabajan para no tener que escuchar.
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El zorro rechaza las uvas por agrias, ignorando que el pájaro que las devora más tarde encuentra en su acidez el néctar que a él le faltó.
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No sabes si eres la zorra o las uvas: si desprecias lo que no alcanzas, o eres tú quien cuelga de una rama, decidido de antemano por otro como fruto sin valor.
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La cigarra canta contra el silencio. Cuanto más canta, más silencio necesita el mundo para escucharla.
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ESTRATEGA, m. Persona que ha convertido la paciencia en arma, y el primer golpe en filosofía de vida. Se reconoce porque nunca discute: golpea primero, y después explica, con gran serenidad, por qué aquello era necesario.
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El asno que sucumbe bajo la carga no deja solo un cuerpo en el camino: regala al caballo la ilusión intacta de una ligereza que jamás buscó.
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Confieso que fingí sordera con mi madre para sobrevivir sus consejos. Ahora que ha muerto, descubro que la sordera se me quedó de verdad.
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ALFREDO BRYCE ECHENIQUE
Tuvo un solo rasgo, llevado hasta el final: la certeza de que ninguna frase es del todo de nadie. Lo procesaron por ello en su siglo. En el siguiente, los algoritmos le dieron, sin saberlo, toda la razón.
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La cigarra canta porque no sabe guardar silencio; la hormiga lo guarda porque no sabe otra cosa.
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No sabes si eres liebre o tortuga: corres como quien teme perder y descansas como quien ya ganó.
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La cigarra se hizo cigarra una sola vez, cantando; la hormiga necesita repetirse cada día para seguir siéndolo.
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El zorro no se fue el día que las uvas estaban altas, sino el día que un racimo se dejó alcanzar sin resistencia: descubrió que ser admitido duele más que la valla.
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La hormiga llama provisión a su memoria; la cigarra, olvido a su manera de recordar.
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La hormiga sigue almacenando grano, aunque ya no recuerda para qué sirve guardar: el invierno que temía era el del sentido.
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Por salud mental, decidí no acabar este aforismo.