Elias Canetti: «He montado una biblioteca para trescientos años y más, y
todo lo que necesito ahora son esos años».
Anotop
An me reveló la verdad: no hay después. No hay propósito. No hay testigos
cósmicos ni justicia final. Solo él, observando con indiferencia divina. Somos
accidentes biológicos en planeta insignificante. Nuestra extinción no
importará. Comprendí que su crueldad es honestidad. El vacío es lo único real.
Él es el vacío consciente.
--
En Vorelia, los relojes solo avanzan cuando alguien llora. La
ciudad está siempre a oscuras. Nadie sabe la hora exacta. Los que ríen, pierden
días. Los que lloran, los ganan. La tristeza es obligatoria, el tiempo un
privilegio.
--
La niña señaló debajo de mi cama.
—Hay un monstruo —susurró.
Le expliqué que los monstruos no existen. Entonces vi su
reflejo en el espejo: no tenía ojos.
—Lo sé —dijo temblando—. Pero, por si acaso, me escondo de él
contigo.
--
ZOMBI, m. y f. Figura cultural recurrente que simboliza la
alienación moderna. Su persistencia evidencia el miedo colectivo a una vida
prolongada sin significado.
--
SI ESCRIBO SUFICIENTE
Supongo que algunos hábitos se
heredan sin querer. Mi tía abuela escribía cartas de amor que nunca enviaba.
Las guardaba en una caja de madera con olor a lavanda. Mi tía hace lo mismo:
palabras hermosas que nadie leerá jamás. Ahora yo también escribo. Cada noche
le digo a alguien que nunca existió cuánto lo amo. Lleno páginas con un futuro
imposible, con conversaciones que nunca tendremos. A veces creo que si escribo
suficiente, mi amor aparecerá. O tal vez solo aprenderé lo que ellas ya sabían:
que el amor más puro es el que nunca se pronuncia.
--
Soñé
que escribía mi vida. Al despertar, alguien tachaba mis mejores párrafos.
--
Soñé
que escribía mi vida. Al despertar, alguien tachaba párrafos.
--
—Maestro,
¿un escritor escribe para que le entiendan sus lectores o escribe para
entenderse a sí mismo?
—Escribe
para que la página se ría de él cuando nadie mira.
--
Caltera
mide la felicidad en centímetros. Saltar de alegría sin permiso reduce la
estatura. Los ancianos son gigantes tristes. Los niños deben inclinarse para
jugar. Nadie recuerda cuándo empezó la regla, pero todos la cumplen.
--
Soy
un hombre alto, con manos de carnicero, muslos como robles, cabeza de grandes
mandíbulas y gafas de culo de vaso. En el barrio me llaman ogro. No saben que
doy techo a vampiros y zombis cansados. El monstruo real es quien niega refugio
cuando cae la noche.
--
MI
TURNO DE INVENTARTE
Supongo
que algunos hábitos se heredan sin querer. Mi padre escribía historias sobre un
hombre que escribía historias sobre otro hombre que escribía historias. Yo
pensaba que estaba loco. Ahora escribo sobre él escribiendo sobre mí
escribiendo sobre esto. He encontrado sus cuadernos: en uno describe
exactamente este momento, mis palabras, mi confusión. En la última página hay
una nota: «Cuando leas esto, escribe el siguiente nivel. Es tu turno de
inventarme». No entiendo si él me creó o yo lo estoy creando ahora. Mis manos
escriben solas. Alguien más las está moviendo. ¿Quién escribe realmente esto?
--
CURSILERÍA,
f. Esfuerzo agotador por parecer sensible, profundo o elegante, logrando
exactamente lo contrario.
--
El
Gran Conductor llevaba décadas al frente del convoy. Nadie recordaba quién
había comprado los billetes ni hacia dónde se dirigían exactamente. Aplaudían
en cada curva cerrada. Fue en la última cuando alguien advirtió que el tren no
tenía frenos.
--
SAXÁTIL,
adj.
--
SAXÁTIL,
adj. Clasificado por el Ministerio de Orden Natural como especie protegida. Esta
criatura no figura en ningún censo, no ocupa ningún cargo y no ha firmado
ningún documento. Sin embargo, todo ocurre con su conocimiento.
--
Cada
mañana el algoritmo confirmaba: fontanero en camino. Cada tarde recalculaba,
sin explicación, el tiempo estimado de llegada. A los siete años de espera
acumulada, el ciudadano recibió la notificación definitiva: él era, según el
sistema, la avería.
--
Se
le fue la olla, aunque eso no le inquietó demasiado. Detestaba comer con
cuchara, las sopas, las habichuelas, los garbanzos. En cambio, sí que le
preocuparía que se le fuera la sartén. Era incapaz de vivir sin patatas con
huevos.
--
RAPUNZEL
Se
dejó crecer el pelo.
Era
más fácil que crecer.
--
LA
MADRASTRA DE BLANCANIEVES
—¿Soy
bella?
—Insistente,
sin duda.
--
BARBA
AZUL
Abrió
la puerta.
Se
encontró a sí misma.
--
BELLA
DURMIENTE
Despertó.
Miró
al príncipe.
—Esperaba
algo mejor tras un siglo.
--
ABSENTISMO,
m. Delito consistente en no ocupar el lugar asignado. En la Ciudad Eficiente,
los ciudadanos deben demostrar cada hora que existen; quien desaparece cinco
minutos es ascendido a sospechoso.
--
Publicó un libro
sobre el amor. Era ficción, aunque lo vendieran como autobiografía.
--
Tomaría un avión
si pudiera alejarse de sí mismo.
--
Las
competencias, tal como se entienden hoy en educación, parecen destinadas a
producir alumnos incompetentes. Cuantas más competencias se proclaman, menos
competencia real se alcanza.
--
La
abuela de Dios lo esperaba con el cinturón. «Otra vez creando mundos», dijo. Él
intentó explicar el libre albedrío. Ella no conocía esa palabra.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. Le acusaron, lo mataron y lo enterraron junto al camino. Los
niños siguen desapareciendo. El pueblo duerme mejor culpando al muerto.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. Soñé que te ibas. Me desperté. Estabas yéndote.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. Enterré su corazón en el jardín para que floreciera nuestro amor.
Hoy ha brotado una mano pálida que rasga la tierra, buscando desesperadamente
mi tobillo.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. La sombra del olivar se estiró sin sol. Dedos de aire negro
apretaron el cuello del manijero. En su boca rota maduró una aceituna amarga.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. La criatura sonrió. Perlas negras. Veneno lento. Besó al rey. Esa
noche cayó el reino. Al alba, ella lloró: acababa de heredar sus cadenas.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. El Ministerio de la Memoria demolió mi infancia. Los operarios
trituraron los recuerdos felices. Encontraron el cadáver de mi primer perro
flotando, vivo, en el olvido.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. Ella firmó el pacto con sangre blanca. El demonio cumplió.
Exacto. Sin trampa. El trono era suyo. Su corte, ceniza. El contrato no
mencionaba súbditos.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano. Llegó el apocalipsis. Nadie lo esperaba.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano, cuando el dragón sobrevoló el pueblo por última vez. Nadie salió
a mirarlo. Ya no quedaban doncellas ni caballeros. Solo gente con móvil.
--
La
mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de
pleno verano, y la Bella Durmiente se despertó sola. El príncipe había llegado
años antes, la había visto dormir y había pensado: «Qué envidia».
--
Había
llegado al final de la semana. No todo había salido bien, pero tampoco del todo
mal. Organizó una ceremonia de graduación. Se entregó a sí misma un diploma por
haber atravesado cinco días sin derrumbarse. El lunes comenzaría una nueva
semana.
--
Después
de la quinta, se detuvo. Ya no podía más. Estaba harto de vísceras, sangre,
grasa y tendones. Dejó caer el cuchillo. A Jack lo decepcionaba comprobar que,
por mucho que buscara, nadie escondía la belleza en su interior.
--
Todas
las mañanas el espejo devolvía una mujer distinta. Ella sabía, sin saber cuál
era la verdadera. Algunas despertaban cansadas. Otras sonreían sin motivo. Una
llevaba una cicatriz que nunca había tenido. Otra parecía diez años más joven.
Todas se odiaban.
--
26
DE JUNIO
Esta
mañana, al ver la picadura en el talón, pensaste que debías poner el aparato
antimosquitos en la habitación. Viste que necesitaba un recambio y por eso fuiste
al Mercadona, pero al final se te olvidó comprarlo. Necesitas vacaciones
--
—Hola,
¿es la inspección educativa?
—Aquí
es.
—Que
me han suspendido.
—Y
déjeme adivinar: no se han adecuado los contenidos, no ha quedado reflejada la
adquisición de competencias clave, ni se han aplicado medidas de refuerzo…
—Sí,
sí.
—¿Y
quién le ha suspendido?
—La
vida.
--
Había olvidado dónde escondí
aquel sobre. Quince años atrás lo guardé en un libro solo para no verlo. El
dinero del soborno era un recordatorio incómodo de lo que había sido capaz de
hacer. Durante la mudanza, mi hija lo encontró. Observé su silencio, el cálculo
en sus ojos, la manera en que sus dedos se cerraron sobre los billetes. Dudó
apenas, como si buscara una justificación. Luego guardó el sobre en su bolso.
No me miró. No tuve valor para decir nada. Comprendí entonces que el peor daño
no fue aceptar aquel dinero, sino enseñarle que era posible hacerlo.
--
Selmora
prohíbe decir «yo». La identidad se borra en cada conversación. Todos son
«uno», pero nadie sabe cuál. Los que susurran «yo» desaparecen sin aviso.
--
ORACIÓN, f. Práctica
espiritual que promete diálogo con lo absoluto, pero que suele derivar en
monólogo esperanzado. Los teólogos la consideran «oxígeno del alma»; los
escépticos, «conversación con el techo». Ambos coinciden: requiere fe.
--
Había
sepultado su existencia entera en el trabajo, hasta olvidar quién era fuera de
la oficina. El día que lo despidieron, caminó sin rumbo por la ciudad.
Descubrió que los semáforos, al menos, seguían cambiando con absoluta
indiferencia.
--
Escribo
este microcuento para no ser olvidado.
Ironía:
cuanto mejor lo escriba, más rápido lo devorarás.
Cuando
termines, seré solo otro puntito en tu historial.
Adiós.
¿Ya
te fuiste?
--
No
existe nada más vergonzoso que el sudor frío que me delata cuando oigo mi
nombre susurrado detrás.
—Ignórame
y desapareceré— digo en voz baja.
La
voz ríe. Se sienta a mi lado. Toma mi mano. Y la aprieta con mis propios dedos.
--
BURGUESÍA,
f. Raza superior capaz de sufrir auténticos dramas existenciales cuando el Club
del Gourmet de El Corte Inglés agota la quinoa orgánica.
--
En
Darnis, el agua es privada. Cada gota tiene dueño. Beber sin permiso es un
delito grave. La sed se convirtió en moneda. Los ricos flotan en lagos, los
pobres mueren junto a fuentes vacías. Nadie recuerda que antes todos bebían
igual.
--
—Krampus,
¿cómo castigarás a tantos niños malos? —preguntó Santa.
—Observa.
Pulsó
un botón. Internet se apagó. El mundo enmudeció tres segundos. Luego, alaridos.
—Monstruo
—susurró Santa.
—Tú
les traes la PlayStation. Yo les enseño a usarla menos.
Santa
no tenía respuesta. El Krampus sonrió: había ganado el debate moral.
--
Bajo
la alcazaba, ella se peinaba desde hacía siglos. Las noches de verano, los muchachos
bajaban al aljibe buscando el oro andalusí. Hallaban peines de hueso húmedos. Y
regresaban con el cabello completamente blanco.
--
Bajo
la alcazaba, ella se peina desde hace siglos. Las noches de verano, los
muchachos bajan al aljibe buscando el oro andalusí. Hallan peines de hueso
húmedos. Y regresan con el cabello completamente blanco.
--
PUCHERAZO,
m. Mecanismo de corrección electoral. Permite rectificar el resultado cuando
los ciudadanos insisten en equivocarse; por fortuna, los profesionales de la
política, siempre más atentos al bien común que a las urnas, corrigen el error.
--
—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
—Son para ver mejor la carne que voy a triturar, querida.
—Abuelita, abuelita, ¡qué uñas más largas tienes!
—Son para abrirte en canal mejor, mi niña.
—Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más largos tienes!
—Son para masticarte mejor.
--
—Bésame
como si fuera la primera vez.
—¿Como
si fuera la primera vez? ¿Improvisado, torpe, sincero?
--
BIPARTIDISMO,
m. Democracia avanzada donde puedes elegir entre el partido A que sirve al
poder económico y el partido B que también sirve al poder económico pero con
mejor diseño gráfico y alguna bandera arcoíris estratégicamente colocada.
--
Solo
quien no sangró dicta sentencias ligeras.
--
23
DE JUNIO
Te
dices que has sobrevivido un día más. Sí, has sobrevivido. Pero permaneces en
Stalingrado, bajo asedio y sin escapatoria.
--
La
bruja vendía filtros de amor en el mercado. Todos funcionaban. Los esposos
regresaban, los amantes juraban eternidad, los viudos sonreían. Yo también
compré uno. El problema es que eso es mentira.
--
Llegaba
temprano, se sentaba en el banco y abría una novela. Pasaba páginas de vez en
cuando para disimular. En realidad, prefería leer las prisas, los silencios y
las derrotas que atravesaban la plaza.
--
22 DE JUNIO
Billy Wilder tenía razón:
ninguna buena obra quedará sin castigo. Encontré unas llaves y las llevé a la
Policía Local bajo un calor de más de 35 °C. Veinte minutos andando. Al llegar,
el policía me miró como a un demente.
--
El
monje negro anotó un nombre en el coro derruido. El sacristán habló de cambio. Mentiroso.
Aquello era un comienzo repetido. Luego vino el borrón de la peste. El fin sonó
en las campanas.
--
DEBER,
m. Lo que es necesario que tú hagas para que yo no tenga que hacerlo.
--
Dios
creó a la mosca el séptimo día, cuando ya estaba cansado y no prestaba
atención. Por eso salió tan perfecta. Las obras maestras, comprobó demasiado
tarde, solo se logran cuando el artista ha dejado de intentarlo.
--
Arregló
el tráfico cerrando calles. Ahora había atascos en barrios antes tranquilos y
comercios quebrados. «Solo dos problemas nuevos», anunció orgulloso en rueda de
prensa. Le aplaudieron. Al año siguiente ganó las elecciones prometiendo
solucionar el tráfico de los barrios periféricos.
--
¿Existía alguna mazmorra en mi
fortaleza neuronal? Sí: estaba llena de recuerdos que se comían entre ellos
cuando cerraba los ojos.
--
En el tribunal saben que no
pueden condenar al reloj, pero igual lo interrogan: es el único que vio pasar
el tiempo del crimen.
--
21 DE JUNIO
Sacas una botella del cubo de
la basura y la aplastas para que ocupe menos. Tu cuñada te observa.
—Pienso en ti y casi siempre
las doblo —te dice—. No siempre. Casi siempre.
Te viene a la mente Ted
Bundy: casi siempre dejaba tranquilas a las mujeres. Casi siempre.
--
—¿Y a usted qué le pasa?
—Hasta ahora nada. Reflejaba
lo que veía y todo el mundo tan contento. Pero últimamente ya no tanto.
—A ver, explíquese.
—La reina se enfada porque ya
no es la más guapa.
—¿Y es la más guapa?
—Con casi cuarenta años…
Difícilmente.
--
La bruja vendía recuerdos en
el mercado. Él compró una infancia mejor. Ella, que tenía el corazón
resquebrajado, un primer amor más pasional. Al volver a casa, descubrieron que
jamás se habían conocido.
--
—Abuelita, abuelita, qué uñas más largas tienes.
—Son para desgarrarte mucho
mejor.
--
«Aquí yace el ogro», decía la
lápida. La joven la corrigió: «Aquí aprendió modales». Con beneplácito del
cementerio. Del cúmulo de huesos brotaron rosas. La altanería del epitafio era rimbombante.
--
Hooked or hooking: only play mattered.
--
—Creo en la mantequilla
ligera. Es el futuro.
La cámara cae.
Se oye un crujido de hueso,
un siseo.
—Regraba —dice la voz—.
Sonríe más esta vez.
--
—¿Tiene
hora?
—Tengo
muchas horas, pero no la suya. La robaron.
—¿Y
quién la robó?
—Un
dragón cronófago. Anida detrás de los calendarios.
—¿Y
si voy a buscarla?
—Vaya
la semana pasada. Si regresa hoy, ya será demasiado tarde.
--
Yo creo en el enemigo. En mi
pueblo todos tenemos uno: un doble oscuro que nace el mismo día. Si tu enemigo
prospera, tú fracasas. Si él enferma, tú sanas. El equilibrio es ley. Mi
enemigo acaba de ganar la lotería.
--
LIBERTAD, f. Privilegio que
todos dicen defender mientras elaboran listas interminables de lo que debería
prohibirse.
--
Primero me quitó el ánimo.
Luego, el sueño. Después, la risa. Yo creía que compartíamos la vida. En
realidad, compartíamos la mesa: él cenaba y yo era el menú.
--
Yo voy a pedir esta noche una
pausa al sueño para hidratarme.
--
—Le ofrecemos un precio muy
competitivo.
—Pollino.
—Con atención personalizada y
garantizada.
—Mula desvencijada.
—Es una propuesta muy limpia.
—Sabandija.
—¿La firma ahora?
—Animal de bellota.
--
—Buenos días, llamo de su
compañía eléctrica.
—Merluzo.
—Tenemos una oferta exclusiva
para usted.
—Mastuerzo.
—¿Puedo explicársela?
—Cernícalo.
—Le garantizamos un precio
muy competitivo.
—Cabestro.
—Es una oportunidad
excelente.
—Botarate.
—Solo necesito un minuto.
—Mendrugo.
—Queremos mejorar las
condiciones de su contrato.
—Giliflauta.
—Saldrá ganando.
—Pollino.
—¿Me escucha?
—Acémila.
--
«Escóndete en ti mismo», me
dijo con esa seguridad tan suya. Me escondí con tanto esmero que ni yo me
encontraba. Al final se casó con otro. Dicen que es muy feliz. Yo también lo
sería si supiera dónde estoy y qué día es hoy.
--
Pero la luz del sol nunca
llega, no. Eso nos dijeron al mudarnos al subsuelo. Tampoco el cartero, ni los
inspectores de Hacienda, ni los remordimientos. Al tercer año descubrimos que
era el sitio ideal para casarse. Sin testigos. Sin suegra. Sin escapatoria.
--
MEDIATICIDAD, f. Neoarchisílabo
que designa el grado de exposición mediática de una persona, hecho o asunto.
Fenómeno por el cual una nimiedad adquiere la densidad de un eclipse mientras
los asuntos importantes son discretamente empujados fuera del encuadre.
--
El
dinero no es la felicidad, pero se le parece. La diferencia está en que nadie
te envidia por ser feliz, pero por tener dinero, sí. Y eso, sinceramente,
alegra.
--
Dios
escribió el mundo en seis días. El séptimo, leyó lo que había escrito. Lo borró
todo. Somos el borrador.
--
Navegan
en mares de perplejidad con brújulas rotas. Aun así, prometen que conocen el
puerto de destino.
--
—¿Me
quieres por decisión o por debate? —preguntó ella.
—Por
decisión —dijo él.
Ella
decidió no quererlo.
--
Tras
años de litigios, la Asociación de Productores de Manzanas del Tirol del Sur
obtuvo una sentencia histórica contra los hermanos Grimm. Las nuevas ediciones
corrigieron el agravio: ahora a Blancanieves le ofrecen tabaco.
--
Un
mago organizó mis años con admirable eficiencia: juventud en un cofre, vejez en
otro. Consumí la primera como un millonario irresponsable. Cuando reclamé la
segunda, no quedaba nada.
--
Cansado
de pensar, salí. Volví pensando en lo mismo.
--
Cansado
de pensar, sales a pasear.
--
Salgo
a pasear y dejó solos a mis pensamientos en casa, para que descansen.
--
NALGATORIO,
m. Lugar —el más importante del universo para quienes lo frecuentan— donde
mujeres de más de cuarenta años libran la batalla más épica de la historia de
la humanidad: contra sus propias nalgas, enemigas íntimas, compañeras de toda
la vida y traidoras reincidentes.
--
Muchas
veces no tengo razón. Pero siempre he tenido una razón.
--
ANGUSTIA,
f. Respuesta emocional producida por expectativas sociales imposibles, ritmos
laborales inhumanos y exigencias contradictorias. Actúa como síntoma y protesta
silenciosa del cuerpo frente a presiones sostenidas.
--
—Oiga,
¿usted cómo lleva el duelo?
—Con
maleta pequeña, que pesa menos.
—¿Y
qué mete dentro?
—Lo
imprescindible: dos o tres recuerdos, algunas pequeñas esperanzas y un jersey
por si refresca.
—¿Y
si no cabe todo?
—Se
deja lo que más duele. Que suele ser lo que más bulto hace.
--
Está
claro que las guerras del pasado enseñan lecciones equivocadas. La de 1914
convenció a todos de que no habría otra. La de 1939 confirmó la teoría. Hoy, en
las academias militares, estudian la de 2047. Ahora saben cómo evitar otra
guerra: ganándola sin empezarla.
--
En
el futuro, escribir estará prohibido. Leer será obligatorio. Las máquinas
generarán los libros. Nadie recordará que una vez hubo alguien que trazaba
palabras sobre el papel.
--
Un
estornudo la delató. Él supo que seguía en la casa. Ella no tuvo apuro en
salir: primero botó su ropa a la basura. Luego salió. Con calma. Con todo.
--
Le
dijo que le quería locamente. Él tembló. No por el amor. Por el adverbio. Tenía
experiencia con los adverbios de ella. Todos acababan en denuncia.
--
La
niña oyó su nombre desde el pozo seco. Trémula, no respondió. Bien hecho. Su
madre sí respondió. Eso fue hace nueve días.
--
Luchamos
contra tres gigantes, mi querido Sancho: la resaca, el karaoke y nuestras
decisiones de anoche.
--
Luchamos
contra tres gigantes, mi querido Sancho: la alarma, el despertador de reserva y
el jefe madrugador.
--
Luchamos contra tres gigantes, mi querido Sancho: la hipoteca, el algoritmo
y la inflación.
--
Las
tres de la mañana. Ya han cerrado todos los bares. Solo queda abierta la
cafetería del tanatorio. Me tomaré algo a vuestra salud. El velatorio huele
intensamente a claveles. El muerto era abstemio. Yo nunca lo fui. Por eso sigo
aquí, fiel a mis vicios.
--
El
Diablo le ofreció el estilo perfecto. Él leyó lo que escribiría: impecable,
frío, ajeno. Decidió no firmar.
—Prefiero
mis errores —dijo.
El
Diablo, por primera vez, no entendió.
--
—Maestro,
¿un escritor escribe para que le entiendan sus lectores o escribe para
entenderse a sí mismo?
—Escribe
para que el té se enfríe solo. Cuando la taza está vacía, tanto el lector como
el escritor han desaparecido.
--
Los
gigantes denunciaron a don Quijote. El abogado defensor alegó que su cliente
era un personaje de ficción y, por tanto, inimputable. El fiscal replicó que
los gigantes también. El juez cerró el libro. Caso archivado.
--
La
profe de Música siempre los dejaba tocados.
--
—Hay
tres clases de personas: las que alinean bien los folios antes de graparlos y
las que no.
—Esos
son solo dos.
—No.
Es que, entre los perfeccionistas, están los que tienen paciencia con los
desordenados y los que piensan que deberían ser enviados a romper piedras en un
penal de Siberia.
--
A
los cuarenta y cinco se reinventó. A los cuarenta y siete volvió a ser el de
antes. Lo intentó otra vez a los cincuenta y uno; a los cincuenta y cuatro
regresó a sus viejas costumbres. Entonces comprendió que no era un hombre en
transformación: era un hombre en rotación.
--
ÚLTIMA
SEMANA
Es
jueves. Todas las clases de la semana han sido interrumpidas por alumnos u
otros profesores. Hoy, mientras hacíamos un ejercicio de listening, ha entrado
una profesora y se ha puesto a charlar con una alumna. Con la audición en
marcha.
--
—¿Me
prometes que me convertirás en un gran escritor?
—Pues
claro. No he triunfado, pero puedo enseñarte a hacerlo.
—Pero
¿y si no lo consigo?
—Siempre
puedes convertirte en profesor de escritura creativa.
—¿Y
qué les diría a mis alumnos?
—Puedes
decirles que no has triunfado, pero que puedes enseñarles a hacerlo.
--
Cambió
de trabajo, de amigos y de ciudad a los cuarenta y cinco. Dos años después
recuperó las mismas rutinas. Repitió la operación a los cincuenta y uno. A los
cincuenta y cuatro estaba donde empezó. No evolucionaba: reincidía.
--
—Oiga,
¿usted es el tipo que ha vivido tres vidas en una?
—Cuatro,
si cuenta la que me queda.
—¿Qué
piensa hacer con ella?
—Devolverla.
Viene defectuosa.
—¿El
recibo?
—Lo
perdí en la segunda.
--
Despertó
corriendo de un sueño donde la Muerte vendía espejos. Con los nervios azules,
contó sus caras: seguían todas. La amenaza era aparente. Al final compró uno:
reflejaba únicamente lo que aún podía cambiar.
--
Dolphin league: headers perfect, feet
unemployed.
--
No sabe qué escribir. Frente
al espejo, su reflejo se separa y le dice: «Escribe mi historia». Al terminar,
el reflejo ocupa su lugar. Él se queda dentro.
--
Solo
comía en restaurantes con estrellas Michelin. Decía que así su vida brillaba.
Lo curioso es que, entre menús degustación y platos imposibles de pronunciar,
desaparecieron sus michelines.
--
La
profe de Música vivía dando la nota.
--
ANGUSTIA,
f. Sirena mental que suena aunque no haya incendio.
--
—¿Dónde
estás?
—En
el absurdo.
—Voy
para allá.
—No
vengas; desde que llegó la lógica, esto está intransitable.
--
La
pastilla roja ofrecía una verdad dura. La azul, una dulce mentira. La blanca
permitía oír pensamientos ajenos. Descubrí que los sinceros eran insoportables,
los amables fingían y los cínicos tenían razón.
--
ABSENTISMO,
m. Costumbre de no estar donde se espera. Arte muy censurado en los
trabajadores y admirable en directivos, propietarios y responsables varios,
cuya ausencia suele considerarse una forma superior de presencia.
--
Gracias
a la filosofía de la sospecha detecté tres engaños, dos mentiras y un vendedor
de humo. El método funcionaba tan bien que terminé aplicándolo al amanecer.
Desde entonces vivo a oscuras. Mi médico sospecha que exagero.
--
El
monje Satori encontró a Munzen contemplando el jardín con tristeza.
—Me
comparo constantemente con los demás hermanos —confesó Munzen.
—¿Acaso
se compara la luna con el sol? —respondió Satori—. Cada uno brilla según su
propia naturaleza. Compararse es la raíz del sufrimiento.
--
BIZANTINISMO, m. Olimpiada suprema del pensamiento
estéril. Debate centrado en aspectos formales, procedimentales o irrelevantes
que evita abordar cuestiones fundamentales. Común en instituciones burocráticas
o académicas. Puede servir como táctica dilatoria consciente o reflejar
incapacidad para priorizar lo esencial sobre lo accesorio en contextos de
complejidad decisional.
--
Los defensores más ardientes de la patria suelen
convertirse, involuntariamente, en sus peores enemigos.
--
—Te quiero por encima de toda razón —dijo él.
—Pues por debajo de la razón hay un abismo —dijo ella.
Y barrió el amor.
--
Las
promesas del hombre a la mujer constituyen género literario propio: ciencia
ficción romántica. «Te llamaré mañana» significa «quizás el año próximo».
«Siempre estaré aquí» se traduce como «hasta que aparezca algo mejor».
--
Trabajaba
tanto en sí mismo que terminó convirtiéndose en otro. El nuevo tampoco estuvo a
la altura de sus expectativas. Entonces empezó a reformarlo.
--
Fue
genial cómo usó el espacio que él dejó al marcharse: lo llenó despacio, sin correr,
cruzando cada frontera que él había dibujado para ella. Solo temió perder una
cosa: la costumbre del miedo. La perdió también. Fue lo mejor que le pasó en
años.
--
La
escribió entera. Cien páginas. Ella era perfecta porque era suya. Al terminar,
la quemó. Nadie debía leerla. Nadie más debía amarla.
--
¿No
sería mejor que, en lugar de ofrecernos tantas ayudas que solo se consiguen
tras atravesar un océano de papeleo, nos cobraran menos impuestos?
--
Soñó
que escribía la historia que la liberaba. Al despertar, solo quedaba una frase.
La guardó. Era suficiente. Las jaulas caben en un verso.
--
Odia a la gente que desea
hablar. Su abuela le regaló un chal tejido con silencios: quien lo lleva no
escucha voces. Ahora vive en paz mientras el mundo grita. Las palabras rebotan
en la lana como las gotas de lluvia sobre el parabrisas.
--
AUTENTICIDAD, f. Decir la
verdad y asumir el desorden que eso causa.
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Crisis terrible. Llega
político. Crisis apocalíptica.
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La
profe de Matemáticas no tenía límites, aunque algunos la encontraban demasiado
cuadrada.
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—¿Tiene
hora?
—Las
seis y cuarto.
—No,
mi hora.
—Las
cinco.
—¿Llegué
tarde?
—Por
setenta y cinco minutos.
—¿Y
qué hago ahora?
—Vuelva
al día de ayer e intente llegar a tiempo esta vez.
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—¿Cómo
puedes presumir de superioridad moral?
—Precisamente
por eso: porque tengo una doble moral.
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La
bruja ofreció a la joven tres destinos. Fue espía, fue esposa, fue reina. Las
tres veces terminaron igual: para seguir libre tuvo que huir del final feliz
que escribían los hombres.
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Era
la puerta a otro mundo mejor. Así que no la atravesé.
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El
replicante aún no había conseguido entender por qué los humanos preferían
Netflix a leer.
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Le
dije que guardaba para ella el poema más bello que jamás escribiría. Años
después, en su funeral, alguien me pidió que lo leyera. Dije que no estaba
escrito. Me miraron con lástima. Los miré con la verdad: era el único regalo
que aún no podía perder.
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EXISTENCIA,
f. Actividad fatigosa consistente en resolver problemas nuevos creados por
soluciones anteriores. Finaliza sin previo aviso, generalmente cuando uno
empezaba a entender mínimamente las instrucciones.
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La
profe de Historia marcó un antes y un después.
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—Dame
tu alma y tu corazón.
Él
accedió.
—¿Y
ahora?
—Ahora
nada.
Por
primera vez en la relación, ya no esperaba más de él.
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Si
el alumno escribía en azul, él corregía en azul. Si escribía en negro, corregía
en negro. No ponía nota, solo corregía. Todos estaban aprobados desde el
principio. La vida ya se encargaría de los suspensos.
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Primero
tembló el agua. Después la luna. Los piratas celebraron. Creían reconocer a su
dios. Un tentáculo emergió. Luego otro. La criatura abrió el océano como una
herida. Nadie gritó. Ya estaban muertos. Y la maldición continúa sin parar en
el mar.
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Toda
mi vida, marmota; ahora descubro que soy therian.
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Mi
hijo es therian; se autopercibe como una marmota.
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La
Bella Durmiente despertó, pero el príncipe seguía dormido.
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Soñé
que despertaba; la realidad decidió dormir otro rato.
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Oscuridad.
Olor a paja húmeda y a miedo ajeno.
Llevan
horas así. Apretados. Calientes. Respirando el aliento de los otros. Nadie
habla. No hace falta.
A
las ocho, una puerta.
La
luz entra como un golpe. El ruido también. Miles de gargantas abiertas. Un
sonido que no es alegría ni miedo. Es las dos cosas a la vez. Algo antiguo.
Corro.
No
sé por qué corro. Corro porque los otros corren. Porque el suelo vibra. Porque
algo en el pecho lo pide. Las patas encuentran el adoquín y resbalan,
ligeramente, y luego se afirman. El cuerpo sabe lo que hace. Siempre ha sabido.
Delante,
figuras blancas. Corren. Caen. Se levantan. Algunos gritan. Otros ríen. No
entiendo la diferencia.
Uno
tropieza. Lo esquivo. No sé por qué lo esquivo.
Las
paredes son altas y blancas y huelen a siglos. El pasillo se estrecha. La
velocidad aumenta. Hay un momento —solo un momento— en que todo desaparece: el
ruido, el olor, el miedo. Solo el movimiento. Solo eso.
Luego,
la plaza.
Grande.
Abierta. Llena.
Me
detengo en el centro. Parpadeo. Miles de ojos me miran. Alguien lanza algo
rojo.
Busco
una salida.
No
la hay.
Entiendo,
entonces, que nunca la hubo. Que la puerta de esta mañana no era el principio
de algo.
Era
el final.
Lo
entiendo sin rabia. Sin drama.
Como
se entienden las cosas que ya no tienen remedio.
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Melting world questioned bears'
Christmas snow.
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HERENCIA
No
recordaba haberlo escondido tan bien. Había olvidado dónde guardé aquel sobre.
Lo oculté hace quince años, después de aceptar un dinero que nunca debí
aceptar. Quedó perdido en un libro que jamás terminé de leer. Durante la
limpieza previa a la mudanza, mi hija lo encontró. La observé desde el pasillo,
en silencio. La vi detenerse, abrir el sobre, revisar los billetes. Su rostro
pasó de la sorpresa a un cálculo silencioso. Vaciló apenas un instante. Luego
lo metió en su bolso, igual que hice yo cuando lo recibí. Supongo que algunos
hábitos se heredan sin querer.
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ANGUSTIA,
f. Monstruo colosal que despierta al menor ruido, devora certezas y convierte
un pequeño contratiempo en cataclismo personal. Su rugido se oye incluso en el
silencio.
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TROPIEZO,
m. Pequeño accidente en la trayectoria de un servidor público. Se diferencia
del delito en que el primero lo comete alguien de tu partido y el segundo,
alguien del contrario.
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TROPIEZO,
m. Delito cometido por el propio partido. Antónimo: «escándalo», que lo comete
el rival.
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—Bésame
como si fuera la primera vez.
—¿Como
la primera vez? ¿Titubeante, desordenado, torpe… imperfecto?
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Cuando
las palabras amables empezaron a morir, nadie lo lamentó. Total, casi nadie las
usaba. Inés guardó un «gracias» en un frasco. Por la noche, brillaba.
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Juré olvidarte: quemé tus
cartas, borré tus fotos, cambié de ciudad. Pero en el café nuevo, la camarera
tiene el pelo como tú. En la radio suena nuestra canción. En el cine estrenan
una película de tu director favorito.
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La
profe de Lengua ponía los puntos sobre las íes.
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No
hay mayor destierro que investigar tu propio asesinato. Desperté en la morgue.
Nadie me ve. Sigo las pistas: mi sangre, mis huellas. El asesino deja mensajes:
«Ya sabes quién soy». Frente al espejo comprendo. No tengo reflejo. Nunca lo
tuve. He sido un fantasma toda mi vida. El asesino soy yo matándome para
existir.
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Fotografiaron
la planta maldita; salieron corriendo sin sus almas.
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Fotografiaron
la planta maldita; salieron casados accidentalmente aquella madrugada.
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LO
QUE TE TOMAN
Hay
gente así.
Entran
despacio.
Sonríen.
Te
miran y algo dentro
va
apagándose.
Te
sorben.
Dejan
intactas las paredes
y
vacían las habitaciones.
Después
viene la duda.
La
sospecha.
Tal
vez exagero.
Tal
vez el cansancio.
Tal
vez la vida era esto:
arrastrarse.
Pero
no.
Son
ellos.
Su
hambre.
Se
llevan el impulso.
Las
ganas.
Te
dejan quieto,
obediente,
pequeño.
Y
uno tarda.
Siempre
tarda.
Porque
el depredador verdadero
no
enseña los dientes.
Te
enseña
tu
propia sombra
hasta
convencerte
de
vivir
dentro
de ella.