Mi madre nos pidió que no arruinásemos el domingo hablando de política o fútbol. Así que discutimos sobre la herencia, los errores de crianza y por qué papá saludaba con tanto entusiasmo a la vecina Marta. Terminamos en urgencias. Como siempre.
***
Nerón estaba furioso: decían que Petronio contaba por Roma que sus versos eran obra de ChatGPT. Mandó matarlo por insolente. Luego susurró al asistente: «Verso épico sobre traición en hexámetro dactílico, por favor».
***
En su epitafio escribió: «Luché contra el miedo, el dolor, el amor y contra mí mismo».
Y abajo, con letra más pequeña: «Lo malo es que perdí».
***
En cada lavado, un calcetín se pierde. Lo que nadie sabe es que no se pierde: se fuga. A un universo donde solo existen calcetines desparejados y felices.
***
—¿Qué tal te va con el poeta ese, Luis?
—Bueno, ayer me envió una declaración de amor por correo electrónico.
—¡Qué romántico!
—En Arial.
—¿En Arial?
—Sí, en Arial. Si me amara de verdad, lo habría escrito en Garamond.
***
LA TORRE DE BABEL
El arquitecto explicó sus planos en sumerio. El capataz hablaba acadio. Los inspectores usaban asirio y los nuevos dueños, persa. La torre se inauguró en griego, y aún nadie supo exactamente qué habían construido ni por qué.
***
Estaba solo en casa. Estornudó.
—¡Salud! —dijo una voz.
No era la suya. Tampoco sonaba desde la televisión ni la radio. A partir de entonces, nunca volvió a estornudar cuando estaba solo en casa.
Leyó durante todo el trayecto. Atravesó Lilliput, Macondo, la Tierra Media, Ruritania, Narnia, Uqbar y Dune. En Comala, el revisor pidió el billete. Él mostró una cita subrayada. Bastó. Le dejaron seguir.
--
Abrió un libro en el tren. Cuando miró por la ventanilla, cruzaban Narnia. Al cerrar el libro, estaban en Ruritania. Le dio miedo llegar a Mordor antes del capítulo final.
Estaba cruzando la calle cuando se dio cuenta de que quedándose allí en medio llegaría antes a donde quería ir.
--
El investigador de lo paranormal fue a la casa maldita porque le dijeron que había un fantasma. Ahora hay dos.
--
Siete y media de la mañana. Todavía en pijama, sale con sus zapatillas de felpa, en pleno agosto, a dejar migas de pan a los pájaros. En su cara, dibujada la felicidad.
--
Aquí hace tanto calor por la noche que el pobre fantasma tiene toda la sábana sudada.
--
–¿Quién es ese que te ha hablado con el corazón en la mano?
–Netzahualcóyotl, sumo sacerdote de Huitzilopochtli.
--
Mi cuñado nos regaló un jarrón de cristal de Murano. Esa noche no conseguí dormir. Al día siguiente, para dejar de preocuparme, rompí aquel jarrón en mil pedazos.
--
Tengo una paciencia infinita, hasta que se me acaba.