El autor nos presenta una épica de creación en siete etapas, con un protagonista omnipotente que, tras un arranque espectacular (luz, firmamento, fauna y flora en abundancia), va perdiendo progresivamente el control de su propia obra. El relato incluye elementos de drama familiar, rebelión, fratricidio, diluvio y una torre fallida, todo ello con un tono que oscila entre lo grandilocuente y lo apologético.
Debilidades principales
El protagonista no es creíble. Este es el punto central y más grave. Se nos vende a un ser omnisciente, omnipotente y omnibenevolente, pero sus decisiones posteriores contradicen sistemáticamente esas cualidades. Un personaje con tanto poder que permite que su obra perfecta se degrade hasta el punto del arrepentimiento (arrepentimiento de un ser perfecto, lo cual ya es problemático en sí mismo) resulta incoherente. El lector no termina de creer que alguien capaz de crear el universo entero no sea capaz de gestionar mejor a sus criaturas.
El conflicto depende de errores evitables. Buena parte de la trama existe porque el protagonista toma decisiones sorprendentemente imprudentes: coloca un árbol prohibido al alcance de personajes incapaces de comprender plenamente las consecuencias de sus actos, permite la intervención de un antagonista particularmente persuasivo y, una vez producido el desastre, castiga a toda la descendencia por una falta cometida por dos individuos. La sensación es la de un argumento construido a partir de problemas que el propio protagonista ha diseñado.
Escalada desproporcionada. Cada intento de corregir la situación empeora la anterior. Un pecado termina convirtiéndose en un fratricidio; el fratricidio, en corrupción universal; la corrupción, en un diluvio que elimina casi toda la creación. Las soluciones recuerdan más a reinicios completos del sistema que a decisiones meditadas de un personaje infinitamente sabio.
Antagonista desaprovechado. El personaje que desencadena el conflicto desaparece casi por completo tras su primera intervención. Se presenta como una amenaza decisiva, pero el manuscrito renuncia a desarrollar sus motivaciones, sus objetivos o su enfrentamiento con el protagonista, desperdiciando un conflicto que prometía mayor profundidad.
Estructura y cierre
La trama desciende de forma demasiado abrupta desde la perfección edénica hasta el caos humano. El tono justificacionista del narrador se hace evidente en varios pasajes, como si el autor estuviera intentando anticiparse a las críticas. El final (o más bien la pausa) deja una sensación de «esto se me fue de las manos» que no resulta satisfactorio para un proyecto de esta envergadura.
Recomendación editorial
Reescribir.