viernes, 26 de junio de 2026

Cena diplomática

 A L. J. G.

 

La fotografía oficial muestra al capitán Kwame Ndlovu estrechando la mano de Orthek Vhal, líder supremo de FRGHT-9. Detrás de ellos, las paredes blancas del palacio reflejan una luz lechosa. Los habitantes de FRGHT-9 parecen casi humanos: dos brazos, dos piernas, seis dedos en cada mano y unos pies hendidos, semejantes a los de un ciervo. Lo que nadie olvida son los ojos. Enormes. Desproporcionados. Ocupan más de la mitad del rostro y suelen ocultarse tras gafas oscuras.

La sonda terrestre había aterrizado tres días antes. Los informes describían a los frghtianos como pacíficos y extraordinariamente corteses. Caminaban despacio. Hablaban en voz baja. Ofrecían agua perfumada a los visitantes. La primera oficial, Siriporn Chantarak, escribió en su cuaderno que le recordaban a «funcionarios tímidos».

La reunión decisiva comenzó a las 14:10. Ndlovu vestía el uniforme azul de gala; Siriporn, impecable, llevaba el cabello recogido y una pequeña cicatriz en la muñeca izquierda. Orthek Vhal escuchó la propuesta de alianza sin interrumpir. Luego dijo:

—Tengo hambre.

Ndlovu pensó que era una fórmula diplomática. Incluso sonrió. Entonces Vhal se quitó las gafas.

Los testigos coinciden en un detalle: los ojos eran de un gris casi líquido. Miraron fijamente a Siriporn Chantarak. Ella abrió la boca, como si quisiera preguntar algo. Su piel perdió color. Después empezó a deshacerse, lentamente, desde las manos hacia el rostro, hasta convertirse en una nube transparente que desapareció en el aire.

Nadie encontró restos.

Horas más tarde, el informe confidencial de la misión concluyó con una frase seca: «Los habitantes de FRGHT-9 se alimentan mediante la visión directa, es decir, comen con los ojos. Consideran a la especie humana una delicatesen».