viernes, 31 de julio de 2026

El mando

Cada noche repetía el mismo ritual.

Con una mano se cubría el rostro cuando aparecían las noticias, las películas demasiado felices o los anuncios de lugares donde nunca estaría. Con la otra cambiaba de canal.

Las imágenes obedecían con una docilidad admirable. Una guerra daba paso a un concurso; un crimen, a una comedia; una pareja enamorada, a un documental sobre volcanes. Bastaba un clic.

Aquella facilidad acabó pareciéndole obscena.

Probó a pulsar los botones con más fuerza, como si alguno escondiera una función secreta: volver atrás, borrar un error, elegir otro trabajo, otra ciudad, otra conversación, otro amor.

Nada ocurrió.

Apagó el televisor.

El salón permaneció idéntico. También el silencio. También él.

Dejó el mando sobre la mesa y comprendió por qué pesaba tan poco.

Nunca había servido para cambiar una vida.

Solo para distraerla unos minutos.