La primera división de paracaidistas del Ejército Rojo debutó en 1936 con un entusiasmo admirable y, por supuesto, sin paracaídas, que aún estaban en fase de fabricación en Novosibirsk. El salto inaugural del 2 de febrero, planificado a baja altura, se saldó con la caída —en todos los sentidos— de casi 200 valientes. Solo sobrevivió el cabo Piotr Mijáilovich Splotkin, gracias a un providencial banco de nieve, aunque con dos brazos y una pierna hechos añicos. Le propusieron la medalla de Héroe de la Unión Soviética, con la modesta condición de seguir formando parte de la división paracaidista. Splotkin pidió el traslado inmediato a los campos de Kamchatka.