El año se va
como un borracho
al que nadie despide.
No deja regalos.
Deja facturas,
dolores conocidos,
promesas sin dientes.
No espero nada.
Eso ayuda.
Solo esa ilusión barata:
que el próximo
no sea peor.
Pero lo será.
Siempre lo es.
Vendrá con cosas
que no queremos,
con noticias
que no pedimos,
con gente
que no importa
y se queda.
Nos traerá trabajo,
ruido,
otra guerra lejana
que dolerá lo justo.
Y nosotros
le llevaremos lo de siempre:
cansancio,
malas decisiones,
un par de noches
donde casi
parece
que vale la pena.
Brindamos igual.
No por esperanza.
Por costumbre.