La cena se alargó más de lo debido. Repentinamente escuchamos un ruido en la chimenea. Papá Noel apareció cargado de regalos. Cuando nos vio, levantó un brazo en un gesto de apaciguamiento y dijo: «Por favor, sigan, sigan. Como si yo no existiera».
**—¿Qué te ha pasado? Te veo demacrado.
—Es que he visto al espíritu de la Navidad de 2020.
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Cuando el niño abrió el regalo, se dio cuenta de que los Reyes eran tan tacaños como su papá.
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—¿Es esto fantasía?
—Esto es la vida real, Scrooge. No hay escape de la realidad.
—Pero, tú, ¿qué eres?
—Alguien que odia la Navidad, tanto como tú, pero que sabe que nada importa en realidad.
—¿Entonces?
—¿Sigues sin enterarte? ¡Finge que te gusta la Navidad!
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No recordaba haberlo escondido tan bien. El informe escolar con todas las mentiras. Pero el Krampus sabe. Sus cuernos rascan mi ventana. Huele a azufre y castigo. Las cadenas arrastran. Mamá duerme. Nadie puede ayudarme. La oscuridad tiene forma esta noche.
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Papá Noel tiene gases. Demasiada leche para alguien con intolerancia a la lactosa.
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—¿Por qué lloras?
—Porque le pedí a Papá Noel jugar con mis padres una hora al día y me ha traído un móvil.
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RELLENE LOS ESPACIOS EN BLANCO
Te ___________, te ___________ profundamente. No puedo ___________. Me gustaría tener tu ___________ entre mis ___________. Solo espero que tú ___________ lo mismo esta Navidad.
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No quería que el año acabara, así que decidió ver las campanadas en Canal Sur.
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Queridos Reyes:
Mis padres no trabajan y vivimos en casa de mis abuelos. Decidid el mejor regalo vosotros mismos.
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Tuvo que madrugar para cambiar el carbón que le habían traído los Reyes por el patinete eléctrico que pidió.
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Cuando llegó, contento y cansado, llamó a duendes y elfos:
—Tenéis el día libre. Mañana, a empezar de nuevo.
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—Lorenzo, los niños no paran de llorar. Preguntan dónde están sus regalos.
—¿Los regalos? ¡Me he dormido!
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Había luces en las calles. Sonaban villancicos. Todos llevaban pesadas bolsas. Y nadie sabía qué era la Navidad.
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Jamás, jamás cantaré villancicos. Y cuando digo jamás, quiero decir pasado mañana.
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Querido Papá Noel:
No tengo abuelos. ¿Podrías tú ser mi abuelo por un día?
Tuyo
Julián
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Me desperté esperanzado. Busqué debajo del árbol. Nada.
—¿Y mi regalo?
—Que más regalo quieres que tenerme contigo
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Acaricia la barriga de su mujer y se emociona pensando que la Navidad que viene Papá Noel por fin pasará por casa.
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Querido amigo:
Puedo traerte regalos, ilusión. Lo que no puedo hacer es que vuelvas a ser niño.
Atte. Papá Noel
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—¿Qué quieres que te traiga Papá Noel?
—Solo quiero que no se lleve nada.
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—Aquí falta alguien. No algo.
—Eso no se regala.
—No. Pero puede ponerse en camino.
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Los padres de Judas no entienden por qué le han traído carbón los Reyes Magos.
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El Krampus descubrió la forma perfecta de castigar a todos los niños malos a la vez: tumbó internet. En segundos, millones de gritos resonaron. Sin TikTok, sin videojuegos, sin YouTube. Los niños buenos no gritaron: seguían jugando con juguetes, leyendo libros.
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Cuando Scrooge vio las calles llenas de luces y a la gente cargada de bolsas, supo que había ganado.
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Dejaban las persianas subidas y así, con las luces de Navidad, podían tener el piso iluminado.
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La ministra de Transición Ecológica ha lanzado un severo aviso a los Reyes Magos: serán sancionados si traen carbón a los niños.
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—Estas fiestas, ¿ha encontrado tu hijo colocación?
—La ETT le ha dejado plantado.
—Ah, ¿sí?
—Ya te digo. Le ha ofrecido un trabajo de árbol de Navidad.
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Scrooge acabó comprendiendo que la Navidad más solitaria sería aquella en que estuviera rodeado de más gente.
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—¿Qué pide ese, Melchor?
—Sólo una cosa.
—No es nada ambicioso.
—No sé qué decirte. Pide mantener la ilusión...
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—¿Quién eres?
—Chis, niño. No alces la voz. Vas a despertar a todo el mundo. Soy Papá Noel.
—¿Papá Noel? Pero si no es Navidad. ¿Y para qué quieres un hacha?
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Cuando la mujer de Fred vio aparecer a Scrooge, su irascible tío, pensó que esa Navidad no sería como las demás.
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El Grinch descendió entre brumas y encontró a Krampus custodiando la noche. Sus sombras se enlazaron. Entre nieve y negrura descubrieron un resplandor inesperado: la ternura que ambos fingían odiar. Un pacto: compartir la oscuridad sin destruirla.
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Queridos Reyes Magos,
Este año me he portado muy mal, pero supongo que estaréis preocupados por la huella de carbono, ¿no?
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Nadie advirtió que el niño Jesús estaba llorando. Todos estaban pendientes de los regalos.
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—Busco traviesos—, dijo Krampus.
—Yo no lo soy—, respondió alguien.
—Mejor—, concluyó él—. Esta vez busco valientes.
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DE NUEVO
Tenían un presentimiento: la Estrella de la Navidad les traería paz. Acabó siendo una ilusión perdida.
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Furchtus le arrebató a Krampus la Navidad. Éste defendía el castigo inmediato. En cambio, Furchtus era paciente. Llenaba a los niños de regalos porque sabía que los niños malcriados se convertían en adultos crueles.
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Casete a casete de chistes, iban pasando los kilómetros. El viaje soñado se estaba convirtiendo en una pesadilla.
—Estos chistes son la monda. ¿Te gustan? —me preguntó.
Fui sincero y le respondí que no.
Ese año los Reyes Magos me trajeron carbón.
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—Plácido, ¿qué quieres que te regale en Navidad?
—Un poco de soledad.
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Suenan las cadenas de Krampus, pero esta vez premiará el mal. Al niño que se haya portado peor se lo llevará con él y le permitirá disfrutar de banquetes a base de carne humana durante todo un año.
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Todavía no olvido lo que me ha pasado con los Reyes Magos. ¡No me han echado ni carbón! ¡Nada!
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Creyó en el cambio climático cuando vio que Papá Noel ya no iba en trineo.
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Desde que se aprobó la ley que permite tener armas en casa, Papá Noel ya no deja los regalos debajo del árbol sino que los envía por Nacex.
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—Papá Noel regala juguetes a todos los niños del mundo.
—¿Y le da tiempo?
—Es un estajanovista.
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Cubiertos los rostros, destrozaron los belenes, rompieron las luces navideñas. echaron abajo los árboles, asaltaron las tiendas de regalos. No eran fantasmas, eran demonios de Navidad.
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—¿Recuerdas la Navidad de 2020?
—Sí, claro: la melancolía por la ausencia de los que se fueron, el frío de la soledad.
—¿Nada más?
—Bueno, no sé. Mis sobrinos tuvieron lo de siempre: ilusión, luces, fantasía.
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Para doña Águeda, la Navidad de 2020 fue normal. Sus sobrinos tampoco fueron a visitarla.
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Desde que se convirtió en uno ya no teme a los fantasmas de la Navidad.
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Volví a casa por Navidad. Mis padres seguían sentados allí donde les dejé. Les hice compañía durante un rato, pero no tuve estómago —lo admito— para cenar al lado de dos momias.
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Esperábamos una blanca Navidad, pero la inesperada explosión del volcán Sinabung el 23 de diciembre provocó que fuera gris.
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Papá, mamá, voy a vender esta casa. Pronto cumpliré setenta y cinco años y ya no podré venir aquí en Navidad. Es doloroso, sí, pero he encontrado un buen sitio para vosotros. He comprado un trastero. ¡Qué susto se llevará el que lo abra cuando yo muera!
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Le entró tanta depresión por no encontrar trabajo en Navidad que no paró de comer durante dos semanas. Cuando llegó enero, consiguió que la llamaran para trabajar como modelo curvy.
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—¿Y dice usted, señor ministro, que la vacuna estará lista para Navidad?
—Por supuesto. Tiene mi palabra.
—Pero ¿para la Navidad de qué año?
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Aquel adorno de mi abuela. El árbol suspiró cuando lo colgué. Sus ramas se curvaron, protectoras. Por la noche, lo escuché murmurar recuerdos olvidados. Los pinos guardan más que agujas: sostienen nuestras historias perdidas.
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Dejaron la chimenea encendida toda la noche. Aquella Navidad no hubo regalos.
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La zorra dice que, mejor, dejará las uvas para Nochevieja.
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Doña Azucena, la vecina del 4º D, es muy pesada. Procuro no encontrarme con ella en el pasillo ni en el ascensor. Recuerdo que un Día de la Constitución se puso a hablarme en la puerta del bloque. Cuando conseguí cortarla ya era Navidad.
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CÓMO SE TITULA LA PELÍCULA
Diciembre de 1915. Atacan los británicos. Contraatacan los alemanes. Los británicos los rechazan y reanudan la ofensiva. Los alemanes resisten.
Sin Navidad en el frente
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Añadió un nuevo propósito de año nuevo: arreglar los destrozos que había sufrido el coche en Nochevieja a causa de aquel petardazo.
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Tenía espíritu de contradicción. En Navidad, le dijeron que vistiera a su hija de judía. La vistió de garbanzo.
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—¿Tienes ya planes para Navidad?
—Voy a aprovechar para hacer un cursillo sobre la evaluación por competencias.
—Te recuerdo que para el 28 de diciembre falta una semana.
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El año estaba siendo tan desastroso que el Gobierno barajó adelantar nueve meses la Nochevieja.
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Fue una gran noche, sin complicaciones. La caza nos fue bien: el conde se fue con una administrativa de cena de Navidad y yo mordí a un repartidor de Deliveroo en un callejón. Sin rastro de Van Helsing. El amanecer nos pilló dormidos.
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Ejemplo de oxímoron: Navidad budista.
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El último juguete artesanal, antes de la Gran Automatización. El Santa-Bot 9000 escaneó mi nostalgia con láser rojo. «Objeto obsoleto. Emociones: incompatibles». Depositó carbón sintético. La Navidad ya no necesita corazones, solo algoritmos.
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—Hija, come más despacio. Ya verás cuando acabe la Navidad.
—Precisamente, mamá. Dentro de una semana voy a hacer una prueba en una agencia de modelos curvy.
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—¿Es esto fantasía?
—Esto es la vida real, Scrooge. No hay escape de la realidad.
—Pero, tú, ¿qué eres?
—Alguien que odia la Navidad, tanto como tú, pero que sabe que nada importa en realidad.
—¿Entonces?
—¿Sigues sin enterarte? ¡Finge que te gusta la Navidad!
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Acabada la Navidad, se multiplicaba el trabajo. Llegaban cientos de currículos a la agencia de modelos curvy.
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—All I want for Christmas is you.
—Aquí me tienes.
—Solo estaba tarareando una canción. También quiero mi regalo.
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Las luces se encendieron. Sonaron los villancicos. Nadie había allí. Hacía mucho tiempo que no había nadie.
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El infierno navideño: toda la eternidad en un centro comercial comprando cosas que no son necesarias.
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Esa noche, cuando llegó a su habitación, cansado, exhausto, Abdelkader Benabdallah deseó tener algo que celebrar.
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El profe de Sociales recibió carbón por suspender a su alumna. A ella, para consolarla, le regalaron un smartphone
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Ese año, los niños se portaron tan mal que los Reyes sólo repartieron carbón, negro carbón.
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—¡Comet! ¡Donner! ¡Vixen! ¡Dasher! ¡Blitzen! ¿Dónde estás, Blitzen? ¡BLITZEN!
Entonces, se escuchó un disparo.
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Le pidieron que esta vez les deseara una Navidad triste y un ruinoso año nuevo. El gafe no les hizo caso.
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Un historiador demostró que Jesús había nacido en agosto. La gente siguió celebrando la Navidad en diciembre.
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Recibí su corazón de regalo de Navidad. Lamentablemente, como el médico me dijo que no había compatibilidad sanguínea, tuve que tirarlo.
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El 23 de julio de 2845, por fin, la Nergal llegó a Bethlehem, el planeta donde siempre es Navidad. Los tripulantes estuvieron a punto de amotinarse cuando descubrieron que estaban cerrados por reformas.
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El grifo se sinceró:
—Soy el triste resultado de una salvaje fiesta de Nochevieja en el zoo de Atenas.
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Nochebuena. Apartamento vacío. Calefacción rota. Por la ventana, familias cenando. Preparó té solo, brindó con su reflejo. «Feliz Navidad», susurró. El silencio respondió. Mañana sería otro día igual.
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JACKSONIANA
—¿Ganaste la lotería de Navidad?
—Sí.
—Qué bien, ¿no?
—Ni mucho menos. Mis vecinos me lapidaron.
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Estaba casi seguro de que podía ser la última Navidad de su vida, así que prefería pasarla solo.
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Les estaba diciendo que había invitado a cenar a sus padres, a sus hermanos, a sus sobrinos. Que era un fastidio.
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Melchor y Gaspar no tuvieron problemas en pasar la frontera. Pero Baltasar… Baltasar tuvo que colarse.
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Está deseando que llegue el día. Volver a estar sentado en la mesa camilla de sus padres. Como cuando era niño.
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Pasó la tarde planificando las comidas de Navidad. Mucho trabajo a cambio de la alegría de estar con los suyos.
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Leyó la felicitación que habían colgado en el ayuntamiento.
—No podría la corporación felicitar con su dinero.
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Le contrataron para que, esa Navidad, interpretara a su hijo. Fue el papel más complicado de su vida.
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Le pidió a Papá Noel que lloviera en Navidad. Así no tendría que ir a la aceituna.
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Santa Claus estaba contento: trabajar en el centro comercial le permitiría comprar regalos a sus sobrinos.
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El 28 de diciembre, el líder de ese nuevo partido no dijo nada. Llevaba todo un año soltando bromas e inocentadas.
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La consejería no les pagó ese año la extra. «La Navidad no se ha hecho para gastar dinero», declaró el consejero.
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Papa Noel le defraudó aquella Navidad. Todavía confiaba en que los Reyes Magos le trajeran el quad.
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Le regaló un libro de autoayuda. Le consideraba un fracasado.
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Tirso descubrió quien se escondía detrás de las barbas de Papá Noel. Prefirió no decir nada hasta coger el regalo.
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Se acomodó en el sillón y acercó los pies al brasero. En la cocina, su madre terminaba de preparar la cena.