Elias Canetti: «He montado una biblioteca para trescientos años y más, y todo lo que necesito ahora son esos años».
Anotop An me reveló la verdad: no hay después. No hay propósito. No hay testigos cósmicos ni justicia final. Solo él, observando con indiferencia divina. Somos accidentes biológicos en planeta insignificante. Nuestra extinción no importará. Comprendí que su crueldad es honestidad. El vacío es lo único real. Él es el vacío consciente.
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En Vorelia, los relojes solo avanzan cuando alguien llora. La ciudad está siempre a oscuras. Nadie sabe la hora exacta. Los que ríen, pierden días. Los que lloran, los ganan. La tristeza es obligatoria, el tiempo un privilegio.
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La niña señaló debajo de mi cama.
—Hay un monstruo —susurró.
Le expliqué que los monstruos no existen. Entonces vi su reflejo en el espejo: no tenía ojos.
—Lo sé —dijo temblando—. Pero, por si acaso, me escondo de él contigo.
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ZOMBI, m. y f. Figura cultural recurrente que simboliza la alienación moderna. Su persistencia evidencia el miedo colectivo a una vida prolongada sin significado.
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SI ESCRIBO SUFICIENTE
Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer. Mi tía abuela escribía cartas de amor que nunca enviaba. Las guardaba en una caja de madera con olor a lavanda. Mi tía hace lo mismo: palabras hermosas que nadie leerá jamás. Ahora yo también escribo. Cada noche le digo a alguien que nunca existió cuánto lo amo. Lleno páginas con un futuro imposible, con conversaciones que nunca tendremos. A veces creo que si escribo suficiente, mi amor aparecerá. O tal vez solo aprenderé lo que ellas ya sabían: que el amor más puro es el que nunca se pronuncia.
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Soñé que escribía mi vida. Al despertar, alguien tachaba mis mejores párrafos.
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Soñé que escribía mi vida. Al despertar, alguien tachaba párrafos.
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—Maestro, ¿un escritor escribe para que le entiendan sus lectores o escribe para entenderse a sí mismo?
—Escribe para que la página se ría de él cuando nadie mira.
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Caltera mide la felicidad en centímetros. Saltar de alegría sin permiso reduce la estatura. Los ancianos son gigantes tristes. Los niños deben inclinarse para jugar. Nadie recuerda cuándo empezó la regla, pero todos la cumplen.
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Soy un hombre alto, con manos de carnicero, muslos como robles, cabeza de grandes mandíbulas y gafas de culo de vaso. En el barrio me llaman ogro. No saben que doy techo a vampiros y zombis cansados. El monstruo real es quien niega refugio cuando cae la noche.
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MI TURNO DE INVENTARTE
Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer. Mi padre escribía historias sobre un hombre que escribía historias sobre otro hombre que escribía historias. Yo pensaba que estaba loco. Ahora escribo sobre él escribiendo sobre mí escribiendo sobre esto. He encontrado sus cuadernos: en uno describe exactamente este momento, mis palabras, mi confusión. En la última página hay una nota: «Cuando leas esto, escribe el siguiente nivel. Es tu turno de inventarme». No entiendo si él me creó o yo lo estoy creando ahora. Mis manos escriben solas. Alguien más las está moviendo. ¿Quién escribe realmente esto?
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CURSILERÍA, f. Esfuerzo agotador por parecer sensible, profundo o elegante, logrando exactamente lo contrario.
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El Gran Conductor llevaba décadas al frente del convoy. Nadie recordaba quién había comprado los billetes ni hacia dónde se dirigían exactamente. Aplaudían en cada curva cerrada. Fue en la última cuando alguien advirtió que el tren no tenía frenos.
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SAXÁTIL, adj.
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SAXÁTIL, adj. Clasificado por el Ministerio de Orden Natural como especie protegida. Esta criatura no figura en ningún censo, no ocupa ningún cargo y no ha firmado ningún documento. Sin embargo, todo ocurre con su conocimiento.
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Cada mañana el algoritmo confirmaba: fontanero en camino. Cada tarde recalculaba, sin explicación, el tiempo estimado de llegada. A los siete años de espera acumulada, el ciudadano recibió la notificación definitiva: él era, según el sistema, la avería.
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Se le fue la olla, aunque eso no le inquietó demasiado. Detestaba comer con cuchara, las sopas, las habichuelas, los garbanzos. En cambio, sí que le preocuparía que se le fuera la sartén. Era incapaz de vivir sin patatas con huevos.
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RAPUNZEL
Se dejó crecer el pelo.
Era más fácil que crecer.
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LA MADRASTRA DE BLANCANIEVES
—¿Soy bella?
—Insistente, sin duda.
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BARBA AZUL
Abrió la puerta.
Se encontró a sí misma.
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BELLA DURMIENTE
Despertó.
Miró al príncipe.
—Esperaba algo mejor tras un siglo.
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ABSENTISMO, m. Delito consistente en no ocupar el lugar asignado. En la Ciudad Eficiente, los ciudadanos deben demostrar cada hora que existen; quien desaparece cinco minutos es ascendido a sospechoso.
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Publicó un libro sobre el amor. Era ficción, aunque lo vendieran como autobiografía.
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Tomaría un avión si pudiera alejarse de sí mismo.
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Las competencias, tal como se entienden hoy en educación, parecen destinadas a producir alumnos incompetentes. Cuantas más competencias se proclaman, menos competencia real se alcanza.
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La abuela de Dios lo esperaba con el cinturón. «Otra vez creando mundos», dijo. Él intentó explicar el libre albedrío. Ella no conocía esa palabra.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. Le acusaron, lo mataron y lo enterraron junto al camino. Los niños siguen desapareciendo. El pueblo duerme mejor culpando al muerto.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. Soñé que te ibas. Me desperté. Estabas yéndote.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. Enterré su corazón en el jardín para que floreciera nuestro amor. Hoy ha brotado una mano pálida que rasga la tierra, buscando desesperadamente mi tobillo.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. La sombra del olivar se estiró sin sol. Dedos de aire negro apretaron el cuello del manijero. En su boca rota maduró una aceituna amarga.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. La criatura sonrió. Perlas negras. Veneno lento. Besó al rey. Esa noche cayó el reino. Al alba, ella lloró: acababa de heredar sus cadenas.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. El Ministerio de la Memoria demolió mi infancia. Los operarios trituraron los recuerdos felices. Encontraron el cadáver de mi primer perro flotando, vivo, en el olvido.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. Ella firmó el pacto con sangre blanca. El demonio cumplió. Exacto. Sin trampa. El trono era suyo. Su corte, ceniza. El contrato no mencionaba súbditos.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano. Llegó el apocalipsis. Nadie lo esperaba.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano, cuando el dragón sobrevoló el pueblo por última vez. Nadie salió a mirarlo. Ya no quedaban doncellas ni caballeros. Solo gente con móvil.
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La mañana del 27 de junio era clara y soleada, con el tibio calor de un día de pleno verano, y la Bella Durmiente se despertó sola. El príncipe había llegado años antes, la había visto dormir y había pensado: «Qué envidia».
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Había llegado al final de la semana. No todo había salido bien, pero tampoco del todo mal. Organizó una ceremonia de graduación. Se entregó a sí misma un diploma por haber atravesado cinco días sin derrumbarse. El lunes comenzaría una nueva semana.
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Después de la quinta, se detuvo. Ya no podía más. Estaba harto de vísceras, sangre, grasa y tendones. Dejó caer el cuchillo. A Jack lo decepcionaba comprobar que, por mucho que buscara, nadie escondía la belleza en su interior.
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Todas las mañanas el espejo devolvía una mujer distinta. Ella sabía, sin saber cuál era la verdadera. Algunas despertaban cansadas. Otras sonreían sin motivo. Una llevaba una cicatriz que nunca había tenido. Otra parecía diez años más joven. Todas se odiaban.
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26 DE JUNIO
Esta mañana, al ver la picadura en el talón, pensaste que debías poner el aparato antimosquitos en la habitación. Viste que necesitaba un recambio y por eso fuiste al Mercadona, pero al final se te olvidó comprarlo. Necesitas vacaciones
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—Hola, ¿es la inspección educativa?
—Aquí es.
—Que me han suspendido.
—Y déjeme adivinar: no se han adecuado los contenidos, no ha quedado reflejada la adquisición de competencias clave, ni se han aplicado medidas de refuerzo…
—Sí, sí.
—¿Y quién le ha suspendido?
—La vida.
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Había olvidado dónde escondí aquel sobre. Quince años atrás lo guardé en un libro solo para no verlo. El dinero del soborno era un recordatorio incómodo de lo que había sido capaz de hacer. Durante la mudanza, mi hija lo encontró. Observé su silencio, el cálculo en sus ojos, la manera en que sus dedos se cerraron sobre los billetes. Dudó apenas, como si buscara una justificación. Luego guardó el sobre en su bolso. No me miró. No tuve valor para decir nada. Comprendí entonces que el peor daño no fue aceptar aquel dinero, sino enseñarle que era posible hacerlo.
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Selmora prohíbe decir «yo». La identidad se borra en cada conversación. Todos son «uno», pero nadie sabe cuál. Los que susurran «yo» desaparecen sin aviso.
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ORACIÓN, f. Práctica espiritual que promete diálogo con lo absoluto, pero que suele derivar en monólogo esperanzado. Los teólogos la consideran «oxígeno del alma»; los escépticos, «conversación con el techo». Ambos coinciden: requiere fe.
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Había sepultado su existencia entera en el trabajo, hasta olvidar quién era fuera de la oficina. El día que lo despidieron, caminó sin rumbo por la ciudad. Descubrió que los semáforos, al menos, seguían cambiando con absoluta indiferencia.
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Escribo este microcuento para no ser olvidado.
Ironía: cuanto mejor lo escriba, más rápido lo devorarás.
Cuando termines, seré solo otro puntito en tu historial.
Adiós.
¿Ya te fuiste?
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No existe nada más vergonzoso que el sudor frío que me delata cuando oigo mi nombre susurrado detrás.
—Ignórame y desapareceré— digo en voz baja.
La voz ríe. Se sienta a mi lado. Toma mi mano. Y la aprieta con mis propios dedos.
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BURGUESÍA, f. Raza superior capaz de sufrir auténticos dramas existenciales cuando el Club del Gourmet de El Corte Inglés agota la quinoa orgánica.
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En Darnis, el agua es privada. Cada gota tiene dueño. Beber sin permiso es un delito grave. La sed se convirtió en moneda. Los ricos flotan en lagos, los pobres mueren junto a fuentes vacías. Nadie recuerda que antes todos bebían igual.
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—Krampus, ¿cómo castigarás a tantos niños malos? —preguntó Santa.
—Observa.
Pulsó un botón. Internet se apagó. El mundo enmudeció tres segundos. Luego, alaridos.
—Monstruo —susurró Santa.
—Tú les traes la PlayStation. Yo les enseño a usarla menos.
Santa no tenía respuesta. El Krampus sonrió: había ganado el debate moral.
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Bajo la alcazaba, ella se peinaba desde hacía siglos. Las noches de verano, los muchachos bajaban al aljibe buscando el oro andalusí. Hallaban peines de hueso húmedos. Y regresaban con el cabello completamente blanco.
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Bajo la alcazaba, ella se peina desde hace siglos. Las noches de verano, los muchachos bajan al aljibe buscando el oro andalusí. Hallan peines de hueso húmedos. Y regresan con el cabello completamente blanco.
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PUCHERAZO, m. Mecanismo de corrección electoral. Permite rectificar el resultado cuando los ciudadanos insisten en equivocarse; por fortuna, los profesionales de la política, siempre más atentos al bien común que a las urnas, corrigen el error.
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—Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
—Son para ver mejor la carne que voy a triturar, querida.
—Abuelita, abuelita, ¡qué uñas más largas tienes!
—Son para abrirte en canal mejor, mi niña.
—Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más largos tienes!
—Son para masticarte mejor.
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—Bésame como si fuera la primera vez.
—¿Como si fuera la primera vez? ¿Improvisado, torpe, sincero?
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BIPARTIDISMO, m. Democracia avanzada donde puedes elegir entre el partido A que sirve al poder económico y el partido B que también sirve al poder económico pero con mejor diseño gráfico y alguna bandera arcoíris estratégicamente colocada.
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Solo quien no sangró dicta sentencias ligeras.
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23 DE JUNIO
Te dices que has sobrevivido un día más. Sí, has sobrevivido. Pero permaneces en Stalingrado, bajo asedio y sin escapatoria.
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La bruja vendía filtros de amor en el mercado. Todos funcionaban. Los esposos regresaban, los amantes juraban eternidad, los viudos sonreían. Yo también compré uno. El problema es que eso es mentira.
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Llegaba temprano, se sentaba en el banco y abría una novela. Pasaba páginas de vez en cuando para disimular. En realidad, prefería leer las prisas, los silencios y las derrotas que atravesaban la plaza.
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22 DE JUNIO
Billy Wilder tenía razón: ninguna buena obra quedará sin castigo. Encontré unas llaves y las llevé a la Policía Local bajo un calor de más de 35 °C. Veinte minutos andando. Al llegar, el policía me miró como a un demente.
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El monje negro anotó un nombre en el coro derruido. El sacristán habló de cambio. Mentiroso. Aquello era un comienzo repetido. Luego vino el borrón de la peste. El fin sonó en las campanas.
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DEBER, m. Lo que es necesario que tú hagas para que yo no tenga que hacerlo.
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Dios creó a la mosca el séptimo día, cuando ya estaba cansado y no prestaba atención. Por eso salió tan perfecta. Las obras maestras, comprobó demasiado tarde, solo se logran cuando el artista ha dejado de intentarlo.
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Arregló el tráfico cerrando calles. Ahora había atascos en barrios antes tranquilos y comercios quebrados. «Solo dos problemas nuevos», anunció orgulloso en rueda de prensa. Le aplaudieron. Al año siguiente ganó las elecciones prometiendo solucionar el tráfico de los barrios periféricos.
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¿Existía alguna mazmorra en mi fortaleza neuronal? Sí: estaba llena de recuerdos que se comían entre ellos cuando cerraba los ojos.
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En el tribunal saben que no pueden condenar al reloj, pero igual lo interrogan: es el único que vio pasar el tiempo del crimen.
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21 DE JUNIO
Sacas una botella del cubo de la basura y la aplastas para que ocupe menos. Tu cuñada te observa.
—Pienso en ti y casi siempre las doblo —te dice—. No siempre. Casi siempre.
Te viene a la mente Ted Bundy: casi siempre dejaba tranquilas a las mujeres. Casi siempre.
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—¿Y a usted qué le pasa?
—Hasta ahora nada. Reflejaba lo que veía y todo el mundo tan contento. Pero últimamente ya no tanto.
—A ver, explíquese.
—La reina se enfada porque ya no es la más guapa.
—¿Y es la más guapa?
—Con casi cuarenta años… Difícilmente.
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La bruja vendía recuerdos en el mercado. Él compró una infancia mejor. Ella, que tenía el corazón resquebrajado, un primer amor más pasional. Al volver a casa, descubrieron que jamás se habían conocido.
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—Abuelita, abuelita, qué uñas más largas tienes.
—Son para desgarrarte mucho mejor.
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«Aquí yace el ogro», decía la lápida. La joven la corrigió: «Aquí aprendió modales». Con beneplácito del cementerio. Del cúmulo de huesos brotaron rosas. La altanería del epitafio era rimbombante.
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Hooked or hooking: only play mattered.
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—Creo en la mantequilla ligera. Es el futuro.
La cámara cae.
Se oye un crujido de hueso, un siseo.
—Regraba —dice la voz—. Sonríe más esta vez.
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—¿Tiene hora?
—Tengo muchas horas, pero no la suya. La robaron.
—¿Y quién la robó?
—Un dragón cronófago. Anida detrás de los calendarios.
—¿Y si voy a buscarla?
—Vaya la semana pasada. Si regresa hoy, ya será demasiado tarde.
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Yo creo en el enemigo. En mi pueblo todos tenemos uno: un doble oscuro que nace el mismo día. Si tu enemigo prospera, tú fracasas. Si él enferma, tú sanas. El equilibrio es ley. Mi enemigo acaba de ganar la lotería.
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LIBERTAD, f. Privilegio que todos dicen defender mientras elaboran listas interminables de lo que debería prohibirse.
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Primero me quitó el ánimo. Luego, el sueño. Después, la risa. Yo creía que compartíamos la vida. En realidad, compartíamos la mesa: él cenaba y yo era el menú.
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Yo voy a pedir esta noche una pausa al sueño para hidratarme.
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—Le ofrecemos un precio muy competitivo.
—Pollino.
—Con atención personalizada y garantizada.
—Mula desvencijada.
—Es una propuesta muy limpia.
—Sabandija.
—¿La firma ahora?
—Animal de bellota.
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—Buenos días, llamo de su compañía eléctrica.
—Merluzo.
—Tenemos una oferta exclusiva para usted.
—Mastuerzo.
—¿Puedo explicársela?
—Cernícalo.
—Le garantizamos un precio muy competitivo.
—Cabestro.
—Es una oportunidad excelente.
—Botarate.
—Solo necesito un minuto.
—Mendrugo.
—Queremos mejorar las condiciones de su contrato.
—Giliflauta.
—Saldrá ganando.
—Pollino.
—¿Me escucha?
—Acémila.
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«Escóndete en ti mismo», me dijo con esa seguridad tan suya. Me escondí con tanto esmero que ni yo me encontraba. Al final se casó con otro. Dicen que es muy feliz. Yo también lo sería si supiera dónde estoy y qué día es hoy.
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Pero la luz del sol nunca llega, no. Eso nos dijeron al mudarnos al subsuelo. Tampoco el cartero, ni los inspectores de Hacienda, ni los remordimientos. Al tercer año descubrimos que era el sitio ideal para casarse. Sin testigos. Sin suegra. Sin escapatoria.
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MEDIATICIDAD, f. Neoarchisílabo que designa el grado de exposición mediática de una persona, hecho o asunto. Fenómeno por el cual una nimiedad adquiere la densidad de un eclipse mientras los asuntos importantes son discretamente empujados fuera del encuadre.
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El dinero no es la felicidad, pero se le parece. La diferencia está en que nadie te envidia por ser feliz, pero por tener dinero, sí. Y eso, sinceramente, alegra.
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Dios escribió el mundo en seis días. El séptimo, leyó lo que había escrito. Lo borró todo. Somos el borrador.
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Navegan en mares de perplejidad con brújulas rotas. Aun así, prometen que conocen el puerto de destino.
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—¿Me quieres por decisión o por debate? —preguntó ella.
—Por decisión —dijo él.
Ella decidió no quererlo.
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Tras años de litigios, la Asociación de Productores de Manzanas del Tirol del Sur obtuvo una sentencia histórica contra los hermanos Grimm. Las nuevas ediciones corrigieron el agravio: ahora a Blancanieves le ofrecen tabaco.
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Un mago organizó mis años con admirable eficiencia: juventud en un cofre, vejez en otro. Consumí la primera como un millonario irresponsable. Cuando reclamé la segunda, no quedaba nada.
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Cansado de pensar, salí. Volví pensando en lo mismo.
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Cansado de pensar, sales a pasear.
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Salgo a pasear y dejó solos a mis pensamientos en casa, para que descansen.
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NALGATORIO, m. Lugar —el más importante del universo para quienes lo frecuentan— donde mujeres de más de cuarenta años libran la batalla más épica de la historia de la humanidad: contra sus propias nalgas, enemigas íntimas, compañeras de toda la vida y traidoras reincidentes.
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Muchas veces no tengo razón. Pero siempre he tenido una razón.
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ANGUSTIA, f. Respuesta emocional producida por expectativas sociales imposibles, ritmos laborales inhumanos y exigencias contradictorias. Actúa como síntoma y protesta silenciosa del cuerpo frente a presiones sostenidas.
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—Oiga, ¿usted cómo lleva el duelo?
—Con maleta pequeña, que pesa menos.
—¿Y qué mete dentro?
—Lo imprescindible: dos o tres recuerdos, algunas pequeñas esperanzas y un jersey por si refresca.
—¿Y si no cabe todo?
—Se deja lo que más duele. Que suele ser lo que más bulto hace.
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Está claro que las guerras del pasado enseñan lecciones equivocadas. La de 1914 convenció a todos de que no habría otra. La de 1939 confirmó la teoría. Hoy, en las academias militares, estudian la de 2047. Ahora saben cómo evitar otra guerra: ganándola sin empezarla.
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En el futuro, escribir estará prohibido. Leer será obligatorio. Las máquinas generarán los libros. Nadie recordará que una vez hubo alguien que trazaba palabras sobre el papel.
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Un estornudo la delató. Él supo que seguía en la casa. Ella no tuvo apuro en salir: primero botó su ropa a la basura. Luego salió. Con calma. Con todo.
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Le dijo que le quería locamente. Él tembló. No por el amor. Por el adverbio. Tenía experiencia con los adverbios de ella. Todos acababan en denuncia.
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La niña oyó su nombre desde el pozo seco. Trémula, no respondió. Bien hecho. Su madre sí respondió. Eso fue hace nueve días.
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Luchamos contra tres gigantes, mi querido Sancho: la resaca, el karaoke y nuestras decisiones de anoche.
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Luchamos contra tres gigantes, mi querido Sancho: la alarma, el despertador de reserva y el jefe madrugador.
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Luchamos contra tres gigantes, mi querido Sancho: la hipoteca, el algoritmo y la inflación.
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Las tres de la mañana. Ya han cerrado todos los bares. Solo queda abierta la cafetería del tanatorio. Me tomaré algo a vuestra salud. El velatorio huele intensamente a claveles. El muerto era abstemio. Yo nunca lo fui. Por eso sigo aquí, fiel a mis vicios.
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El Diablo le ofreció el estilo perfecto. Él leyó lo que escribiría: impecable, frío, ajeno. Decidió no firmar.
—Prefiero mis errores —dijo.
El Diablo, por primera vez, no entendió.
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—Maestro, ¿un escritor escribe para que le entiendan sus lectores o escribe para entenderse a sí mismo?
—Escribe para que el té se enfríe solo. Cuando la taza está vacía, tanto el lector como el escritor han desaparecido.
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Los gigantes denunciaron a don Quijote. El abogado defensor alegó que su cliente era un personaje de ficción y, por tanto, inimputable. El fiscal replicó que los gigantes también. El juez cerró el libro. Caso archivado.
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La profe de Música siempre los dejaba tocados.
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—Hay tres clases de personas: las que alinean bien los folios antes de graparlos y las que no.
—Esos son solo dos.
—No. Es que, entre los perfeccionistas, están los que tienen paciencia con los desordenados y los que piensan que deberían ser enviados a romper piedras en un penal de Siberia.
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A los cuarenta y cinco se reinventó. A los cuarenta y siete volvió a ser el de antes. Lo intentó otra vez a los cincuenta y uno; a los cincuenta y cuatro regresó a sus viejas costumbres. Entonces comprendió que no era un hombre en transformación: era un hombre en rotación.
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ÚLTIMA SEMANA
Es jueves. Todas las clases de la semana han sido interrumpidas por alumnos u otros profesores. Hoy, mientras hacíamos un ejercicio de listening, ha entrado una profesora y se ha puesto a charlar con una alumna. Con la audición en marcha.
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—¿Me prometes que me convertirás en un gran escritor?
—Pues claro. No he triunfado, pero puedo enseñarte a hacerlo.
—Pero ¿y si no lo consigo?
—Siempre puedes convertirte en profesor de escritura creativa.
—¿Y qué les diría a mis alumnos?
—Puedes decirles que no has triunfado, pero que puedes enseñarles a hacerlo.
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Cambió de trabajo, de amigos y de ciudad a los cuarenta y cinco. Dos años después recuperó las mismas rutinas. Repitió la operación a los cincuenta y uno. A los cincuenta y cuatro estaba donde empezó. No evolucionaba: reincidía.
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—Oiga, ¿usted es el tipo que ha vivido tres vidas en una?
—Cuatro, si cuenta la que me queda.
—¿Qué piensa hacer con ella?
—Devolverla. Viene defectuosa.
—¿El recibo?
—Lo perdí en la segunda.
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Despertó corriendo de un sueño donde la Muerte vendía espejos. Con los nervios azules, contó sus caras: seguían todas. La amenaza era aparente. Al final compró uno: reflejaba únicamente lo que aún podía cambiar.
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Dolphin league: headers perfect, feet unemployed.
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No sabe qué escribir. Frente al espejo, su reflejo se separa y le dice: «Escribe mi historia». Al terminar, el reflejo ocupa su lugar. Él se queda dentro.
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Solo comía en restaurantes con estrellas Michelin. Decía que así su vida brillaba. Lo curioso es que, entre menús degustación y platos imposibles de pronunciar, desaparecieron sus michelines.
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La profe de Música vivía dando la nota.
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ANGUSTIA, f. Sirena mental que suena aunque no haya incendio.
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—¿Dónde estás?
—En el absurdo.
—Voy para allá.
—No vengas; desde que llegó la lógica, esto está intransitable.
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La pastilla roja ofrecía una verdad dura. La azul, una dulce mentira. La blanca permitía oír pensamientos ajenos. Descubrí que los sinceros eran insoportables, los amables fingían y los cínicos tenían razón.
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ABSENTISMO, m. Costumbre de no estar donde se espera. Arte muy censurado en los trabajadores y admirable en directivos, propietarios y responsables varios, cuya ausencia suele considerarse una forma superior de presencia.
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Gracias a la filosofía de la sospecha detecté tres engaños, dos mentiras y un vendedor de humo. El método funcionaba tan bien que terminé aplicándolo al amanecer. Desde entonces vivo a oscuras. Mi médico sospecha que exagero.
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El monje Satori encontró a Munzen contemplando el jardín con tristeza.
—Me comparo constantemente con los demás hermanos —confesó Munzen.
—¿Acaso se compara la luna con el sol? —respondió Satori—. Cada uno brilla según su propia naturaleza. Compararse es la raíz del sufrimiento.
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BIZANTINISMO, m. Olimpiada suprema del pensamiento estéril. Debate centrado en aspectos formales, procedimentales o irrelevantes que evita abordar cuestiones fundamentales. Común en instituciones burocráticas o académicas. Puede servir como táctica dilatoria consciente o reflejar incapacidad para priorizar lo esencial sobre lo accesorio en contextos de complejidad decisional.
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Los defensores más ardientes de la patria suelen convertirse, involuntariamente, en sus peores enemigos.
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—Te quiero por encima de toda razón —dijo él.
—Pues por debajo de la razón hay un abismo —dijo ella.
Y barrió el amor.
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Las promesas del hombre a la mujer constituyen género literario propio: ciencia ficción romántica. «Te llamaré mañana» significa «quizás el año próximo». «Siempre estaré aquí» se traduce como «hasta que aparezca algo mejor».
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Trabajaba tanto en sí mismo que terminó convirtiéndose en otro. El nuevo tampoco estuvo a la altura de sus expectativas. Entonces empezó a reformarlo.
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Fue genial cómo usó el espacio que él dejó al marcharse: lo llenó despacio, sin correr, cruzando cada frontera que él había dibujado para ella. Solo temió perder una cosa: la costumbre del miedo. La perdió también. Fue lo mejor que le pasó en años.
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La escribió entera. Cien páginas. Ella era perfecta porque era suya. Al terminar, la quemó. Nadie debía leerla. Nadie más debía amarla.
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¿No sería mejor que, en lugar de ofrecernos tantas ayudas que solo se consiguen tras atravesar un océano de papeleo, nos cobraran menos impuestos?
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Soñó que escribía la historia que la liberaba. Al despertar, solo quedaba una frase. La guardó. Era suficiente. Las jaulas caben en un verso.
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Odia a la gente que desea hablar. Su abuela le regaló un chal tejido con silencios: quien lo lleva no escucha voces. Ahora vive en paz mientras el mundo grita. Las palabras rebotan en la lana como las gotas de lluvia sobre el parabrisas.
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AUTENTICIDAD, f. Decir la verdad y asumir el desorden que eso causa.
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Crisis terrible. Llega político. Crisis apocalíptica.
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La profe de Matemáticas no tenía límites, aunque algunos la encontraban demasiado cuadrada.
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—¿Tiene hora?
—Las seis y cuarto.
—No, mi hora.
—Las cinco.
—¿Llegué tarde?
—Por setenta y cinco minutos.
—¿Y qué hago ahora?
—Vuelva al día de ayer e intente llegar a tiempo esta vez.
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—¿Cómo puedes presumir de superioridad moral?
—Precisamente por eso: porque tengo una doble moral.
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La bruja ofreció a la joven tres destinos. Fue espía, fue esposa, fue reina. Las tres veces terminaron igual: para seguir libre tuvo que huir del final feliz que escribían los hombres.
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Era la puerta a otro mundo mejor. Así que no la atravesé.
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El replicante aún no había conseguido entender por qué los humanos preferían Netflix a leer.
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Le dije que guardaba para ella el poema más bello que jamás escribiría. Años después, en su funeral, alguien me pidió que lo leyera. Dije que no estaba escrito. Me miraron con lástima. Los miré con la verdad: era el único regalo que aún no podía perder.
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EXISTENCIA, f. Actividad fatigosa consistente en resolver problemas nuevos creados por soluciones anteriores. Finaliza sin previo aviso, generalmente cuando uno empezaba a entender mínimamente las instrucciones.
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La profe de Historia marcó un antes y un después.
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—Dame tu alma y tu corazón.
Él accedió.
—¿Y ahora?
—Ahora nada.
Por primera vez en la relación, ya no esperaba más de él.
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Si el alumno escribía en azul, él corregía en azul. Si escribía en negro, corregía en negro. No ponía nota, solo corregía. Todos estaban aprobados desde el principio. La vida ya se encargaría de los suspensos.
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Primero tembló el agua. Después la luna. Los piratas celebraron. Creían reconocer a su dios. Un tentáculo emergió. Luego otro. La criatura abrió el océano como una herida. Nadie gritó. Ya estaban muertos. Y la maldición continúa sin parar en el mar.
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Toda mi vida, marmota; ahora descubro que soy therian.
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Mi hijo es therian; se autopercibe como una marmota.
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La Bella Durmiente despertó, pero el príncipe seguía dormido.
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Soñé que despertaba; la realidad decidió dormir otro rato.
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Oscuridad. Olor a paja húmeda y a miedo ajeno.
Llevan horas así. Apretados. Calientes. Respirando el aliento de los otros. Nadie habla. No hace falta.
A las ocho, una puerta.
La luz entra como un golpe. El ruido también. Miles de gargantas abiertas. Un sonido que no es alegría ni miedo. Es las dos cosas a la vez. Algo antiguo.
Corro.
No sé por qué corro. Corro porque los otros corren. Porque el suelo vibra. Porque algo en el pecho lo pide. Las patas encuentran el adoquín y resbalan, ligeramente, y luego se afirman. El cuerpo sabe lo que hace. Siempre ha sabido.
Delante, figuras blancas. Corren. Caen. Se levantan. Algunos gritan. Otros ríen. No entiendo la diferencia.
Uno tropieza. Lo esquivo. No sé por qué lo esquivo.
Las paredes son altas y blancas y huelen a siglos. El pasillo se estrecha. La velocidad aumenta. Hay un momento —solo un momento— en que todo desaparece: el ruido, el olor, el miedo. Solo el movimiento. Solo eso.
Luego, la plaza.
Grande. Abierta. Llena.
Me detengo en el centro. Parpadeo. Miles de ojos me miran. Alguien lanza algo rojo.
Busco una salida.
No la hay.
Entiendo, entonces, que nunca la hubo. Que la puerta de esta mañana no era el principio de algo.
Era el final.
Lo entiendo sin rabia. Sin drama.
Como se entienden las cosas que ya no tienen remedio.
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Melting world questioned bears' Christmas snow.
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HERENCIA
No recordaba haberlo escondido tan bien. Había olvidado dónde guardé aquel sobre. Lo oculté hace quince años, después de aceptar un dinero que nunca debí aceptar. Quedó perdido en un libro que jamás terminé de leer. Durante la limpieza previa a la mudanza, mi hija lo encontró. La observé desde el pasillo, en silencio. La vi detenerse, abrir el sobre, revisar los billetes. Su rostro pasó de la sorpresa a un cálculo silencioso. Vaciló apenas un instante. Luego lo metió en su bolso, igual que hice yo cuando lo recibí. Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer.
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ANGUSTIA, f. Monstruo colosal que despierta al menor ruido, devora certezas y convierte un pequeño contratiempo en cataclismo personal. Su rugido se oye incluso en el silencio.
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TROPIEZO, m. Pequeño accidente en la trayectoria de un servidor público. Se diferencia del delito en que el primero lo comete alguien de tu partido y el segundo, alguien del contrario.
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TROPIEZO, m. Delito cometido por el propio partido. Antónimo: «escándalo», que lo comete el rival.
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—Bésame como si fuera la primera vez.
—¿Como la primera vez? ¿Titubeante, desordenado, torpe… imperfecto?
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Cuando las palabras amables empezaron a morir, nadie lo lamentó. Total, casi nadie las usaba. Inés guardó un «gracias» en un frasco. Por la noche, brillaba.
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Juré olvidarte: quemé tus cartas, borré tus fotos, cambié de ciudad. Pero en el café nuevo, la camarera tiene el pelo como tú. En la radio suena nuestra canción. En el cine estrenan una película de tu director favorito.
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La profe de Lengua ponía los puntos sobre las íes.
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No hay mayor destierro que investigar tu propio asesinato. Desperté en la morgue. Nadie me ve. Sigo las pistas: mi sangre, mis huellas. El asesino deja mensajes: «Ya sabes quién soy». Frente al espejo comprendo. No tengo reflejo. Nunca lo tuve. He sido un fantasma toda mi vida. El asesino soy yo matándome para existir.
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Fotografiaron la planta maldita; salieron corriendo sin sus almas.
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Fotografiaron la planta maldita; salieron casados accidentalmente aquella madrugada.
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LO QUE TE TOMAN
Hay gente así.
Entran despacio.
Sonríen.
Te miran y algo dentro
va apagándose.
Te sorben.
Dejan intactas las paredes
y vacían las habitaciones.
Después viene la duda.
La sospecha.
Tal vez exagero.
Tal vez el cansancio.
Tal vez la vida era esto:
arrastrarse.
Pero no.
Son ellos.
Su hambre.
Se llevan el impulso.
Las ganas.
Te dejan quieto,
obediente,
pequeño.
Y uno tarda.
Siempre tarda.
Porque el depredador verdadero
no enseña los dientes.
Te enseña
tu propia sombra
hasta convencerte
de vivir
dentro de ella.