AFRODITA DE MILO
De dos martillazos, Hefesto rompió aquellos brazos que habían estrechado a
tantos hombres.
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–¿Has leído mi
libro de poemas escogidos?
–Sí, le he echado un vistazo.
–¿Y qué te parece?
–Que has escogido muy mal.
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Descartes, cuando era bebé, ¿no existía?
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Nadie se dio cuenta de que habían arrojado un bote de salsa de tomate al Pollock.