miércoles, 3 de agosto de 2022

Microcuentos


 –No puede entrar.
–En eso estamos de acuerdo los tres, pero ¿qué hacemos con él? No podemos mandarlo al infierno.
–A mí no me importaría.
–¿Por qué no ponerlo en la puerta?
–¿En la puerta?
–Sí.
–Me parece buena idea.
–Claro, le haremos pagar por negarte tres veces.
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–Luis me dio la espalda.
–¿Y qué hiciste con ella?
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No querían nada de los aqueos, así que quemaron el caballo de madera.
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Goya les pidió que fusilaran a otro grupo, esta vez poniendo a alguien de camisa blanca en el centro.
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–¿De dónde vienes?
–De pagar una multa.
–¿Una multa?
–Me la pusieron por suspirar.
–Pero, hombre, ¿a quién se le ocurre?
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El médico receta Nasotil a los pacientes por su bien: la empresa farmacéutica le ha regalado un fin de semana en Ibiza.
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Un pez grande iba a tragarse a uno pequeño cuando advirtió que éste sonreía. Intrigado, le preguntó:
–¿Por qué sonríes?
–Porque toda mi vida he temido que me trague un pez más grande y ahora, por fin, voy a quedar libre de preocupaciones.
El pez grande no se tragó al pez pequeño.
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Los gemidos de la vecina del 4º C iban a despertar a mamá. Bajé el volumen del ordenador.
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Taladró la pared. Miró por el agujero. Vio a alguien de espaldas que, al parecer, estaba mirando por un agujero en la pared.
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Aquel robot tenía una salud de hierro.
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–¿Quieres que intercambiemos los teléfonos?
–¿Mi iPhone por tu Xiaomi? Ni loca.
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Tengo que escribirlo: hoy no tengo ganas de escribir nada.
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–¿Cómo te fue con la flautista que te gustaba?
–Pues le pedí salir.
–¿Y?
–No me sonó la flauta.
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MINOTAURO
Pues claro que los mato. Son tan groseros. Les pregunto educadamente si saben cómo salir del laberinto. La mayoría se ponen a gritar. Otros me atacan. ¡Me atacan! Unos pocos se hacen los tontos, me mienten, me dicen que no saben cómo salir de aquí.
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–He oído que el emperador Adriano ha ordenado construir un templo, con lo ateo que es.
–Precisamente. Es un panteón en el que quiere enterrar a todos los dioses.
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–¿Qué es lo que quiere?
–Devolver el robot sexual.
–¿No está contento con él?
–Pues resulta que no. Lo hace todo mecánicamente.
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He pasado una noche inolvidable con… con… ¡Vaya, he olvidado su nombre!
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–¿Ha pensado ya lo que quiere tomar?
–Pues, de momento, como no tengo ni un euro, seguiré tomándome mi tiempo.
–A ver, Pablito, ¿por qué le quemaste el pelo a tu tía?
–La oí hablar con una amiga y quejarse de que lo tenía apagado.
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ÚLTIMA CENA
Por culpa de la crisis, sólo tenían para cenar una barra de pan industrial y un tetrabrik de vino.
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–No tienes sentido del humor.
–Lo sé, pero esta tarde mismo voy al Mercadona y compro un poco.
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Me dijo que le gustaría descansar debajo de un árbol, de cualquier árbol. Lo hice para cumplir su deseo. Ahora, señoría, descansa a la sombra de un ciprés.
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–¿Qué te pareció El dinosaurio, de Monterroso?
–Me gustó mucho, tanto que lo leí de un tirón.
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Mi hermano cayó al pozo. Me asomé al brocal. Me pidió que le echara una mano. Fui al camino y se la corté al primer hombre que pasó por allí.
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–Vamos a crear un nuevo impuesto de plusvalía.
–¡BIEN!
–Y subiremos el IVA al 40 %.
–¡BRAVO!
–Y vamos a establecer un gravamen que tendrán que pagar los que tengan más de tres mil euros en el banco.
–¡EXCELENTE!
–No dejaremos ni un solo euro en vuestros bolsillos.
–¡ESTUPENDO!
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El conde comprendió su error: no tenía que haber contratado a un criado tan sanguíneo.
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El sacerdote azteca le habló a Cortés con el corazón en la mano.
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Lo admito: soy un escritor pagado de mí mismo. Autoedito mis libros.
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Para prevenir las psicofonías, le corté la lengua antes de matarle.
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El bebé vino con cinco kilos. Tuvieron que pagar a la cigüeña un cargo por sobrepeso.
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En este mismo momento, Stephen King está escribiendo su enésima novela, Arturo Pérez-Reverte está acabando su artículo dominical, Juan Eslava Galán está leyendo veinte libros, Ana María Shua está imaginando un microrrelato, yo estoy perdiendo el tiempo.
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En aplicación de la Ley 35/2022, de 30 de octubre, de Lucha contra la Prostitución y la Trata, el librero tuvo que retirar de las estanterías Pantaleón y las visitadorasLa casa verde y Memoria de mis putas tristes.