Bruselas / Madrid, 29 de mayo de 2026
Tras meses de intensos debates y complejos modelos actuariales, un panel de economistas y expertos en sostenibilidad financiera ha llegado a una conclusión tan brillante como evidente: el sistema de pensiones será plenamente sostenible el día que la edad de jubilación coincida exactamente con la esperanza de vida.
«Es matemáticamente impecable», explicó el doctor Helmut Schäfer, principal investigador del Instituto Europeo de Optimismo Forzado. «Si la gente se jubila a los 83,4 años, que es precisamente cuando se muere, el Estado ya no tendrá que pagar ni un solo euro en pensiones. Problema resuelto. Sostenibilidad absoluta.»
Según el informe, esta medida ahorraría billones de euros al año y eliminaría de un plumazo el molesto «déficit estructural». «La gente se queja de que no llega a fin de mes con la pensión», añadió la profesora María Luisa Durán, experta en envejecimiento activo. «Nuestra propuesta es mucho más eficiente: directamente no llega a mes de pensión. Es una simplificación hermosa.»
Los expertos también destacaron los beneficios colaterales:
- Fin de las colas en las oficinas de la Seguridad Social.
- Desaparición automática del problema de la «dependencia de las pensiones».
- Aumento exponencial de la productividad, ya que los trabajadores, sabiendo que solo descansarán en la caja de pino, dejarán de pedir bajas por lumbalgia.
«Algunos critican que esto pueda generar cierto malestar social», reconoció Schäfer con una sonrisa comprensiva, «pero hay que ser realistas. Vivimos más años, por tanto hay que trabajar más años. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que te mueras. Es lo lógico. Quien no lo entienda simplemente está en contra de las matemáticas».
El informe concluye con una recomendación clara: subir progresivamente la edad de jubilación hasta que coincida con la mortalidad media. «Si la esperanza de vida sube a 87, subimos la jubilación a 87. Si gracias a la ciencia llegamos a 95, nos jubilamos a 95. Sencillo, elegante y, sobre todo, financieramente impecable.»
En círculos gubernamentales ya se habla de la «Jubilación Celestial» como el gran pacto de Estado del siglo XXI. Porque, como bien dice el refrán que los expertos han acuñado para la ocasión: «El que la palma, no cobra».