domingo, 12 de julio de 2026

La versión oficial

Durante siglos se dijo que Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso. La historia era simple de entender: una falta, una sentencia y una puerta cerrada.

La verdad fue menos solemne.

Primero mordieron la manzana. Dios los perdonó. Después arrancaron flores, empezaron a cortar árboles, desviaron un arroyo para regar un huerto inútil y dejaron que el descuido hiciera el resto. Cada vez prometían cambiar. Cada vez Dios los perdonaba.

La misericordia también desgasta.

Los senderos desaparecieron bajo las malas hierbas. Los animales emigraron. Los árboles dejaron de dar sombra. Un día, Adán miró alrededor y comprendió que el Edén ya no se parecía al lugar donde había despertado.

Dios no dijo nada. Solo contempló el jardín con la tristeza de quien reconoce una casa que ya no puede llamarse hogar.

Pasaron los años. Llegaron los hijos.

—¿Por qué vivimos aquí? —preguntaron.

Adán miró a Eva. Eva bajó los ojos.

Era más sencillo hablar de un castigo que de una paciencia desperdiciada. Más consolador imaginar a un Dios severo que admitir la lenta demolición de un regalo.

Así nació la versión oficial.

Y, como todas las buenas mentiras, sobrevivió mejor que la verdad.