Y CLARO
Adán se entretenía poniendo nombre a todos los animales. Mientras tanto, Eva se aburría.
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Colón le dijo a su mujer que se iba a comprar tabaco.
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Pues era verdad aquello que había oído muchas veces: crecen mientras duermen. La Bella Durmiente medía más de cinco metros. Y, claro, no la besó.
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Cuando tradujo la Biblia, Lutero eliminó todos los milagros de Jesús: lo importante era la fe, no las obras.
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El comisario Soloviov nos dijo que Krávets, el terrateniente, era un cerdo. Y nosotros estábamos pasando tanta hambre...
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Antes de ser fusilado, pidió que le dieran un chicle de nicotina.
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Era una persona muy querida. Se suicidó porque estaba sola.
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–¿Y a qué dices que te dedicas?
–Cuento palabras.
–¿Cuentas palabras?
–Sí, soy microcuentista.
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En ocasiones echo de menos la soledad de cuando estaba casada.
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Cuando el novelista se acabó la tercera botella de vino, fue incapaz de seguir la línea narrativa.
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El rey destronado añoraba llevar corona. Fue al dentista.
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Lo siento, señor: el mundo no puede parar. Si quiere bajarse, tendrá que saltar en marcha.
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Cuando me ella me dice que no quiere que le regale nada, en realidad me está pidiendo que no le regale una tontería.
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El doctor Frankenstein puso el reloj a las cuatro de la mañana, la hora en la que el precio de la luz era más barato.
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–Paula y Lucía son insoportables.
–Estoy de acuerdo contigo: son insoportables.
–¿No te has dado cuenta de que una siempre repite lo que dice la otra?
–Sí, es verdad. Una siempre repite lo que dice la otra.
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Cuando me dijo que sería mejor que durmiéramos en dormitorios separados, no sospeché que el mío estaría en el piso de Jaén y el suyo en el apartamento de Roquetas.
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El corazón siente que las razones de la razón son sinrazones.
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Marcianos y venusinos se llevaban tan mal que pusieron tierra por medio.
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Yo nunca tendré lo que él tiene, pero él nunca tendrá lo que yo anhelo.
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EL SUICIDA
Cuando llegó al punto de no retorno, tomó el camino de vuelta.
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Después de devorar la carne de los prisioneros castellanos, sufrieron un ataque de diarrea. Fue fácil tomar Tenochtitlán.
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Nuestro amigo Julián quería que le preparáramos una cita a ciegas. Empezamos arrancándole los ojos.
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Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de gente impuntual.
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El calentamiento global dejó de ser un problema gracias al invierno nuclear.
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Escribo microcuentos. No hay vuelta de hoja.
Adán se entretenía poniendo nombre a todos los animales. Mientras tanto, Eva se aburría.
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Colón le dijo a su mujer que se iba a comprar tabaco.
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Pues era verdad aquello que había oído muchas veces: crecen mientras duermen. La Bella Durmiente medía más de cinco metros. Y, claro, no la besó.
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Cuando tradujo la Biblia, Lutero eliminó todos los milagros de Jesús: lo importante era la fe, no las obras.
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El comisario Soloviov nos dijo que Krávets, el terrateniente, era un cerdo. Y nosotros estábamos pasando tanta hambre...
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Antes de ser fusilado, pidió que le dieran un chicle de nicotina.
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Era una persona muy querida. Se suicidó porque estaba sola.
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–¿Y a qué dices que te dedicas?
–Cuento palabras.
–¿Cuentas palabras?
–Sí, soy microcuentista.
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En ocasiones echo de menos la soledad de cuando estaba casada.
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Cuando el novelista se acabó la tercera botella de vino, fue incapaz de seguir la línea narrativa.
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El rey destronado añoraba llevar corona. Fue al dentista.
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Lo siento, señor: el mundo no puede parar. Si quiere bajarse, tendrá que saltar en marcha.
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Cuando me ella me dice que no quiere que le regale nada, en realidad me está pidiendo que no le regale una tontería.
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El doctor Frankenstein puso el reloj a las cuatro de la mañana, la hora en la que el precio de la luz era más barato.
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–Paula y Lucía son insoportables.
–Estoy de acuerdo contigo: son insoportables.
–¿No te has dado cuenta de que una siempre repite lo que dice la otra?
–Sí, es verdad. Una siempre repite lo que dice la otra.
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Cuando me dijo que sería mejor que durmiéramos en dormitorios separados, no sospeché que el mío estaría en el piso de Jaén y el suyo en el apartamento de Roquetas.
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El corazón siente que las razones de la razón son sinrazones.
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Marcianos y venusinos se llevaban tan mal que pusieron tierra por medio.
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Yo nunca tendré lo que él tiene, pero él nunca tendrá lo que yo anhelo.
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EL SUICIDA
Cuando llegó al punto de no retorno, tomó el camino de vuelta.
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Después de devorar la carne de los prisioneros castellanos, sufrieron un ataque de diarrea. Fue fácil tomar Tenochtitlán.
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Nuestro amigo Julián quería que le preparáramos una cita a ciegas. Empezamos arrancándole los ojos.
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Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de gente impuntual.
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El calentamiento global dejó de ser un problema gracias al invierno nuclear.
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Escribo microcuentos. No hay vuelta de hoja.