miércoles, 4 de marzo de 2026

Producto estándar

El escáner ocupa el centro de la sala. Blanco clínico. Luz fría. Dos técnicos con uniformes sin arrugas observan la pantalla. Usted permanece de pie, descalzo, como si fuera a pesarlo la ley.

«ADN funcional», dictamina el sistema. Pausa. «Poco inspirador.»

No sirve para colonizar K7-18n. Falta carisma mitocondrial. Tampoco resulta apetecible para los xenoformos. Carece de notas feromonales complejas, de esa densidad trágica que convierte una vida ordinaria en materia prima memorable.

Un androide le coloca la chaqueta con cuidado. Le entrega un cupón de descuento para consumo interestelar. Le da una palmadita. Breve. Profesional.

—Gracias por intentarlo.

La compuerta se abre a una estación suspendida entre nada y menos. En el ventanal, las naves despegan con ADN más narrativo. Usted entra en la cafetería. Pide un pastel de proteínas. Mastica despacio.

La dependienta examina su código en la pantalla táctil. Lleva esmalte azul descascarado. Sonríe. No es la sonrisa del protocolo.

—A mí me gustan los estándares —dice.

Usted no responde. No hace falta. Por primera vez, nadie espera que sea excepcional. Solo humano. Y eso, aquí, basta.