domingo, 22 de febrero de 2026

El libro de reclamaciones

El mago alquiló un local estrecho y colgó un cartel sobrio: «Paz embotellada». Frasco pequeño, precio razonable. En la etiqueta, instrucciones simples: «Abrir y dejar salir». Nada más.

Los primeros días fueron un éxito. La gente salía con el frasco apretado contra el pecho. Pero pronto comenzaron las devoluciones. Entraban con el vidrio vacío y el ceño lleno.

—No funciona —decían.

—¿Lo abrió? —preguntaba el mago.

—Claro.

—¿Y la dejó salir?

—Por supuesto. Y se fue.

El mago anotaba cada queja en un libro de tapas negras. No discutía. Reembolsaba. Sonreía con cansancio profesional. Afuera, el mundo seguía discutiendo por nimiedades, coleccionando agravios como estampillas.

Al llegar a la devolución número mil, cerró el libro y lo leyó desde el principio. Ningún frasco había regresado roto. Ninguna etiqueta estaba mal impresa. Las instrucciones eran idénticas.

Entonces comprendió que su mercancía hacía exactamente lo prometido: la paz salía. Lo que permanecía intacto era otra cosa.

Colgó un nuevo cartel, más pequeño: «La paz no se queda donde no la invitan».

Desde ese día vendió menos. Pero ya no aceptó devoluciones.