Estoy cansado de respirar por inercia.
Sangro horas en un trabajo que no importa.
Trabajo para pagar silencios.
Odio levantarme sin motivo.
Y ya no finjo esperanza.
Harto de promesas rotas antes del café.
Arrastro el cuerpo como un mueble viejo.
Sigo porque parar también cansa.
Todos dicen «aguanta».
Apenas saben.
La noche me conoce mejor que nadie.
Otra cerveza no salva nada.
Sillón, televisor, derrota.
Hoy me pregunto sin dramatismo.
Un segundo honesto basta.
Existe alguna razón real.
Vale la pena seguir luchando.
Observo el techo y no respondo.
Solo porque sí.