Francis Scott Fitzgerald: «Toda buena escritura es nadar bajo el agua y contener la respiración».
«Brillante», pensó el comisario viendo el segundo cadáver. Habían pedido al asesino recrear el crimen para esclarecerlo. Misión cumplida: ahora todo estaba muy claro. Demasiado claro.
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Odio al señor Saito. Es un cabrón y un imbécil. Pero paga a tiempo, y eso, en esta ciudad, es casi un milagro. Así que sonrío y le sirvo el café como si no soñara con escupírselo.
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¡Uf! Se me escapó el volcán de verdades reprimidas. Le dije todo lo que callé durante años. Luego recogí mis cosas y cerré la puerta. Nadie gana esa guerra excepto mi terapeuta, que cobrará extra por el drama.
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El cielo turquesa el día en que me juró amor eterno aún reluce en mi retina. Luego, todo se volvió negro.
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¿Existía alguna mazmorra en mi fortaleza neuronal? Allí guardo dragones de ideas. Cuando abro la boca, lanzan fuego y metáforas.
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NIHILISMO, m. Postura que dedica bibliotecas enteras a demostrar exhaustivamente que absolutamente nada merece dedicarle tiempo.
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NIHILISMO, m. La más terrible y liberadora revelación jamás alcanzada por la mente humana: que todo es vacío, absurdo, carente de propósito divino, descubrimiento capaz de conducir simultáneamente hacia la desesperación suicida más absoluta o hacia la creatividad más radiante.
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Deep under the Black Sea lurks Captain Arkady Volkov. Once Potemkin officer, thrown overboard for serving worm-ridden food. Now cursed. Always hungry. Sailors call it The Red Maw.
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La conspiradora vecina del tercero odia a la mimada del segundo. Conquistadora de chismes, destroza reputaciones. Pero ayer la vio llorar. «Fue hermosa una vez», pensó. Qué amorosa puede ser la compasión cuando el espejo ya no miente.
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Resolution: survive January. Method: stay drunk.
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Drunk enough to face this year.
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New year stumbled in, drunk, ominous.
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Como en casa, en ningún sitio, prometía aquel Airbnb. Llegué y era literal: había un sofá cojo, una ducha que apenas echaba un hilo de agua y una conexión a internet que se cortaba cada cinco minutos. «Experiencia auténtica», escribí en la reseña, y le di cinco estrellas.
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EPITAFIO
Ensayé la muerte durante décadas.
Esta es mi función de estreno.
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Tres horas mirando el cursor parpadear.
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PROMESA, f. Del lat. promissa, pl. de promissum. Enunciado prospectivo caracterizado por la expresión de compromiso futuro sin garantía ejecutiva. Históricamente documentada en todas las civilizaciones. Índice de cumplimiento estimado: 8 %, según estudios realizados en 2024 por la Universidad de Oaksterdam.
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La avidez convirtió el reino en desierto. Gobierno cenizas de mi propio apetito.
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Unos amigos míos acudirán a una fiesta de Nochevieja que comienza a la una. A esa hora yo estaré celebrando, pero con Morfeo.
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—¿La economía va bien, presidente?
—Pues claro, como un cohete.
—Entonces, explíquenos por qué se queja la gente.
—Pepa, es que a la gente no le gusta lo bueno, sino lo mejor. Pero yo también se lo daré.
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En la terraza, tres amigos debaten sobre cuñados.
—El peor es el mío: jura que las hamburguesas veganas están deliciosas.
—Pues el mío alaba a Putin y quiere que España sea aliada de Rusia.
—Lo siento, chicos, os supero: mi cuñado defiende la baliza V16.
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You threaten me with death. How original. I died once already, on a whiter field than this. The werewolves grin; I adjust my grip and correct them.
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Ella lo dejó una mañana soleada. Él preguntó si había alguien más. Ella sonrió: «Sí, yo».
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Aquella mañana, en el desayuno, el profesor de Historia decidió leer un periódico del 21 de noviembre de 1975.
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TESTAMENTO, m. La última broma de la vida: repartir preocupaciones bajo el nombre de generosidad.
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Hasta ahí, puedo comprender. Mi padre trabaja doce horas, mi madre otras diez. Ceno solo frente al televisor. Hoy cumplí catorce años y nadie lo recordó. Soplé una vela imaginaria y pedí un deseo: que alguien me viera. Solo eso. Que me vieran.
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This Swamp Hag stirred her cauldron, cackling as she added frog's breath and serpent's scale. But her curse faltered—missing was the blood of a maiden who had never vaped, a relic of purity lost to modern clouds, impossible to harvest in these foggy times.
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That Wraith is bound to the ruins forever. She doesn’t care what crime chained her there. She only wants to know which one. Was it murder? Arson? Bigamy? Using sandals with socks? The gods never clarified. The doubt hurts more than the chain.
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Era funcionario menor de la V Dinastía. Sin rango. Sin aprendices. Llegaba siempre a la misma hora. Pan de cebada. Cerveza ligera. Anotaba entradas. Corregía errores ajenos con un trazo discreto. Al mediodía buscaba sombra. Por la tarde volvía a casa. Su túnica, limpia pero remendada. Sandalias gastadas en el talón. Detalles que no llamaban la atención.
De niño, un sacerdote le puso la mano en la cabeza. Olor a resina y a vino. Habló despacio. Dijo que su nombre sería pronunciado con respeto. Que viviría rodeado de fama y riqueza. Que sería celebrado. Su madre lloró. Su padre inclinó la cabeza. El niño no entendió las palabras, pero sí el tono.
Los sacerdotes de Ra seguían pasando en procesión. Túnicas limpias. Seguridad intacta. No parecían equivocarse nunca. El sol no se equivocaba. El Nilo tampoco. Él había cumplido siempre.
A veces pensaba que quizá la fama era pasar desapercibido. Que la riqueza era no deber nada. Pero la palabra «celebrado» no encajaba.
Murió sin pena ni gloria. En el registro quedó consignado su nombre: Messi, funcionario menor durante el reinado del faraón Neferirkara.
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Paco tachaba los días uno a uno. Once ya. Más de la mitad superada. Quedaban ocho. Lo peor era eso: ver el final tan cerca. Había que seguir. Día a día. Nochevieja. Año Nuevo. Reyes. Y, por fin, dejar atrás la maldita Navidad.
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With mistress, ice cat always cold.
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Ellos ríen: «¡Qué raro eres!». Yo río: «¡Qué originales ustedes!». Tres voluntades fotocopiadas que confunden uniformidad con normalidad. Qué alivio ser el raro; al menos tengo la decencia de no imitar a mis críticos.
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En el tren, devoraban devotamente un pan inexistente, untado con mantequilla de aire. Me tendieron un trozo. Lo tomé.
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RUIDO, m. En Política, equivalente acústico del contenido. Aquello que permanece cuando se elimina el significado de un discurso. Los estadistas lo producen en mítines; los ciudadanos, en manifestaciones. Ambos creen comunicar algo. Ambos se equivocan con idéntica convicción.
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Jamilena, con 672 vecinos, se aferra a la ladera como si temiera caer. Las calles huelen a pan y a sospecha. Los ancianos recuerdan noches en que sombras extrañas cruzaban el monte; dicen que no eran lobos, pero callan el resto.
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A mí me encantan los cuentos de Stephen King: los veo perfectos. En cambio, la mayoría de sus novelas me parecen excesivamente largas, con demasiada palabrería. Aunque, a veces, esa palabrería sirve para distraernos del mundo.
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Si el algoritmo decía «sigue recto», él torcía. Si decía «paracetamol», él tomaba ibuprofeno. Si decía «lleva paraguas», él no lo cogía. Un día, el algoritmo tuvo una alucinación; acertó él. El algoritmo actualizó su modelo y a él le tocó afinar el odio.
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La gata se declaró conspiradora y conquistadora del sofá. Amorosa cuando convenía, hermosa siempre, mimada sin pudor. El humano aceptó su nuevo rol: humilde súbdito, fiel criado, devoto servidor, rendido adorador, incondicional esclavo.
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Stay put, dogs; smiling fools humans.
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Anheló ese beso durante meses. Cuando por fin lo confesó, el androide computó cada variable: inclinación cervical, humedad labial, temperatura óptima. La precisión fue impecable. La emoción, inexistente. «¿Satisfactoria?», inquirió él. Ella asintió, sabiendo que el amor desafía algoritmos.
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Ignacio Ferrer insiste en que dejará de fumar «mañana». ¿Qué significa «mañana» en su mundo?
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Albanchez se aferra a la montaña como si temiera que esta echara a andar. Sus 973 vecinos hablan de su pueblo como del mejor lugar del mundo, y del peor, según la hora y el humor.
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EMPODERAMIENTO, m. Arte de sentirse fuerte sin necesidad de tener razón.
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¿Recuerdas cuando te pregunté si hacía calor y te aconsejé que no te quejaras, sino que lo guardaras en la memoria para diciembre? Bien, pues diciembre está aquí y ahora protestas por el frío. En siete meses, volverás a hacerlo con el calor. Siempre insatisfecho.
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LA RUTINA
Terminaron y él consultó el reloj —diez minutos, pensó que había sido más— mientras ella revisaba sus notificaciones en el móvil. En el silencio de la habitación, el «amor» que acababan de hacer parecía un mueble viejo y olvidado que nadie se molestaba en retirar.
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LA RUTINA
Terminaron y él consultó el reloj —diez minutos, pensó que había sido más— mientras ella revisaba sus notificaciones en el móvil. En el silencio de la habitación, el «amor» que acababan de hacer parecía un mueble roto y olvidado que nadie se molestaba en retirar.
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¿Recuerdas cuando te pregunté si hacía calor y te aconsejé que, en vez de quejarte, lo atesoraras para cuando llegara diciembre? Pues ya estamos en diciembre y te quejas del frío. Dentro de siete meses, volverás a quejarte del calor. Siempre igual, quejándote de todo.
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¿Hace calor? No te quejes. Atesóralo en tu memoria para cuando llegue el invierno.
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Bajo la lluvia,
la ropa se impacienta.
Aguarda el sol.
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Cada año, cuando las campanas doblan, mi madre regresa al pueblo cantando villancicos sin boca. Nadie la ve, pero la casa amanece con huellas húmedas y cunas meciéndose solas.
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Hunting season opens; cities shelter deer.
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Cuando Fernando Domínguez se mira en el espejo ve a alguien que no desea ser. La frente surcada, los ojos apagados, la piel cansada de tantas derrotas silenciosas. Nunca fue un hombre de grandes ambiciones, pero tampoco pensó en convertirse en este extraño que le devuelve la mirada con desgana.
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EPITAFIO
Toda la vida fracasando. Al final resultó que lo mío era hacerme el muerto.
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DESPUÉS DEL DESAYUNO, TIRANOSAURIOS
Después del desayuno, la mesa es un pequeño mundo: cuaderno abierto, rotuladores listos, un puzle mesozoico aguardando. Martín, con sus cuatro años, quiere un tiranosaurio rojo, enorme, con la boca abierta. Antes, repasan la E: elefante, escuela, estrella. Luego, al parque que parece más grande desde que los otros niños viven en pantallas o aulas de verano. Martín lo llena todo con sus juegos. El padre no piensa en sus propios problemas; solo en que, dentro de veinte o treinta años, no querrá lamentar lo que no hizo. El mundo puede acabarse hoy, pero no antes de otro dibujo juntos.
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Tanta cosa antigua que se pone de moda. En el siglo XXII la gente volvió a usar cuerpos humanos. Los androides lo llaman «nostalgia orgánica». Yo compré uno: piel, lágrimas, latidos. Lástima que también viniera con algo obsoleto: el miedo.
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Twisted chimney remains Santa’s final stop.
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Mi cuñado levantó la copa, dio un largo sorbo al vino y, tras una breve pausa, sentenció:
—Los funcionarios disfrutan de más días libres y vacaciones, tienen mayor estabilidad, horarios más flexibles y permisos retribuidos generosos. Está claro cuál es la solución: todos funcionarios.
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En Setenil, 2.833 vecinos viven bajo rocas que parecen suspendidas por magia. Sus casas brotan de la piedra como hongos blancos tras la lluvia. El viajero sospecha que, al anochecer, las rocas cobran vida y caminan hacia otros valles.
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El señor Haneda es un hombre extraordinario. Es muy inteligente y muy generoso. Trabaja doce horas diarias para pagar la hipoteca. Su mujer lo dejó hace años. Sus hijos no lo llaman. Sonríe siempre. Por dentro, está completamente vacío.
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No sabe qué escribir. Bloqueado, nervioso, va al baño. En el espejo, su doble sonríe: «Escribe mi historia». Vuelve a la mesa y teclea sin parar. El bloqueo murió. Pero ahora, cuando escribe, no reconoce las palabras. Ni la letra. Ni los pensamientos.
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Siempre quiso besarle. Se lo pidió. El androide calculó el ángulo exacto, la presión correcta, la duración perfecta. Sus labios eran suaves y cálidos. Pero cuando se separaron, ella solo sintió vacío. Él preguntó: «¿Lo hice bien?». Ella mintió: «Perfecto».
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Le gusta Kafka, pero odia los insectos. Le gusta la historia, pero se aburre con las fechas. Dice que escribe microcuentos porque «menos es más». En realidad, porque nunca llega a la página dos.
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RUIDO, m. Banda sonora de la civilización. Anteriormente producido por animales, truenos y guerras. Actualmente mejorado mediante notificaciones de móvil, alarmas de coche y llamadas en conferencia. El progreso convierte el silencio en reliquia museística, disponible únicamente en monasterios y comas profundos.
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Me impliqué de lleno en la batalla de la mantequilla ligera. Ella vendía la de verdad. Yo fingía amarla, pero me enamoré del sabor.
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X es tan emocionante como un paseo distraído: si no miras al suelo, te llevas un recuerdo en la suela.
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MEDIOCRIDAD
Siempre en el término medio.
Ni calvo ni con pelo.
Ni tonto ni listo.
Ni serio ni divertido.
Ni brillante ni torpe.
Ni valiente ni cobarde.
No un diez,
pero tampoco un dos.
Un aprobado raspado.
Ni buen escritor,
ni completamente mediocre.
Publicable, quizá.
Olvidable, seguro.
No bueno,
ni del todo malo.
Correcto.
Aceptable.
Vivo ahí.
En ese espacio cómodo
donde no pasa nada.
No fracaso.
No destaco.
Respiro, batallo, escribo.
Sigo.
Y a veces pienso
que esa
ha sido
mi mayor habilidad.
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El vampiro cerró su ataúd al albor. Su periplo milenario pesaba de nostalgia. En el juicio final, ni colmillos ni fuego: solo la fe temblando en su pecho muerto.
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En la antigua Roma, cuando un emperador perdía la cordura —o simplemente la prudencia— y se negaba a pagar el donativum prometido a sus guardias pretorianos, estos no dudaban en actuar. Lo asesinaban sin contemplaciones, a menudo en palacio y con sus propias manos.
El nuevo emperador, aún caliente el cadáver del anterior, se apresuraba a ganarse la lealtad de la guardia: duplicaba o triplicaba la paga extraordinaria, repartía generosos donativos y juraba fidelidad eterna. Los pretorianos aplaudían, el Senado asentía temeroso y Roma respiraba aliviada... por un tiempo.
Pero el tesoro imperial no era infinito. Llegaba el día en que las guerras agotaban las arcas, las provincias se rebelaban o simplemente los gastos de la corte devoraban todo. El emperador, acorralado, reducía el sueldo o retrasaba el pago. Los pretorianos fruncían el ceño, recordaban el precedente y, tarde o temprano, repetían la lección: otro César caía bajo la espada.
Y así, siglo tras siglo, el ciclo se repetía: generosidad comprada, traición vendida, sangre derramada. Un bucle perfecto de ambición y miedo que devoraba emperadores como si fueran mero combustible para mantener encendida la máquina del poder.
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Shadow attacked ornaments. Christmas nickname: Scrooge.
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December transformed Buttons into cranky Scrooge.
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FUTILIDAD, f. Cualidad amable de ciertos esfuerzos humanos que, pese a su esmero, están destinados a no dejar rastro, pero sí una agradable sensación de diligencia.
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En Jódar, 2.946 vecinos viven en casas que trepan la ladera como si huyeran unas de otras. Presumen de hospitalidad, pero solo entre ellos. Al forastero le ofrecen vino fuerte a un precio excesivo y conversación más fuerte aún, para ver si se marcha antes del anochecer.
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Con un zumbido suave, la silla de ruedas eléctrica sorteaba los estrechos pasillos del cementerio; las ruedas chirriaban al atascarse en la grava suelta. Finalmente consiguió llegar a la tumba de su enemigo. Era el momento de vengarse. Dejó una bolsa de orina sobre la lápida.
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En el jardín del fracaso solo crecen flores de resignación.
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Urbano Salcedo sabía de física cuántica, jardinería maya y vinos del Tíbet… o eso decía. Nadie comprobaba nada, pues callar era más barato que soportar sus monólogos. Su epitafio reza: «Aquí yace quien lo sabía todo menos callarse».
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AÑOS, m. pl. Ladrones lentos que roban juventud mientras nosotros celebramos ingenuamente su llegada cada enero.
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Un día perdido no es tan perdido. Solo necesitas fingir que aprendiste algo.
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Dijo que le gustaba mi avidez. El mago me ofreció poder ilimitado. Acepté sin preguntar el precio. Ahora devoro magia del mundo. Los bosques se marchitan, los dragones mueren. Soy poderoso y estoy solo.
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Durante años, Teresa preguntó a sus hijos qué querían ser de mayores. «Médico», «astronauta», «princesa», respondían con convicción infantil. Ahora, a los treinta, seguían cambiando de respuesta. «¿Cuándo sabrán lo que quieren?», se preguntaba. Entonces se miró al espejo y sonrió: ella tampoco lo sabía.
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Federico, por favor, esta vez no diagnostiques decadencias entre el entrante y el postre. El pavo no es socialdemócrata. No le pongas un apodo al cava. Come caliente y polemiza mañana.
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Elves exhausted. Waiting for December 26th.
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Elena Vargas habla de minimalismo mientras su casa parece un catálogo de Ikea tras un huracán. Asegura que acumular contradicciones no ocupa espacio. Su libro favorito es El arte de no tener nada, que posee en diecisiete ediciones diferentes.
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ZOMBI, m. y f. Muerto que no lo sabe o vivo que lo sospecha. Se alimenta de hábitos, evita preguntas y reacciona mal ante cualquier atisbo de conciencia.
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—¿Por qué gritas tanto en casa?
—Porque me quieren y me aguantan.
—¿Y por qué sonríes tanto en la calle?
—Porque no me conocen y pueden largarse.
—¿Y qué es lo más sincero?
—Los gritos. Las sonrisas son puro teatro.
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Amarse tanto que asusta. Decidieron dejarlo antes de comprobar si podían sobrevivir a la perfección.
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Cazalilla, con 521 vecinos, parece flotar en la calma. Sus calles estrechas llevan al viajero a plazas donde el silencio tiene peso. Allí uno se pregunta si los habitantes lo observan o lo están soñando.
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They savored Grandma's cookies. From Cookieland.
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Claro, porque la felicidad no es más que un truco de magia donde el tiempo desaparece mientras no estás prestando atención.
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—¿Lees mucho?
—Vivo en los libros.
—¿No prefieres vivir la vida real?
—¿Cuál es la diferencia?
—La real duele.
—Por eso leo.
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PLAGIO, m. Operación literaria que consiste en rescatar pensamientos abandonados por sus autores y otorgarles un hogar más digno. Actividad injustamente perseguida por quienes insisten en poseer lo ya escrito.
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Le molesta que la gente vaya mal vestida, así que se viste impecable para cenar solo. Camisa planchada, corbata, zapatos lustrados. Brinda frente al espejo. «Feliz Navidad», dice. Su reflejo tampoco vino bien vestido. Al menos hizo el esfuerzo de aparecer. Más de lo que hicieron los demás.
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—¿Cuándo llegará mi despertar, maestro Rinkai?
—Cuando el río deja de buscar el mar, fluye con perfecta tranquilidad hacia donde debe ir.
—No comprendo.
—Por eso aún no has despertado. El que no espera nada, lo recibe todo.
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A veces los cazadores lo llaman ciervo monstruo. Dicen que aparece cuando nieva y alguien no vuelve. Los otros ciervos lo llaman distinto: ciervo vengador. Porque solo embiste a quien antes disparó.
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Creó un metamétodo pedagógico: un sistema para generar sistemas educativos. Se consideró un genio. Sus colegas lo despreciaron. Ya no podrían inventar nada nuevo, solo enseñar. Los condenó a ser lo que más temían: simples maestros.
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—Es más malo que la quina.
—A mí me gusta la quina.
—¿Cómo que te gusta? ¿Y el aceite de ricino?
—Pues claro.
—Y la tortilla de patatas con cebolla.
—Por supuesto.
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Max watches. Santa must give his.
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Los locos votaron: destituyeron al director, después al nuevo, luego a los celadores. Ahora gobiernan ellos con precisión matemática. El manicomio se volvió tan ordenado que el resto del país pide ingresar allí.
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«No hables tan mal de mí. No olvides que yo soy tú», pensó frente al espejo del baño, mientras ensayaba la sonrisa para la reunión. Nadie debía notar la derrota.
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PROMESA, f. Ofrecimiento verbal cuyo incumplimiento sistemático constituye práctica habitual en ámbitos políticos, comerciales y sentimentales. Expertos señalan que su valor real es inversamente proporcional a la solemnidad con que se pronuncia.
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En Olvera, 8.234 almas viven vigiladas por su iglesia, que corona la colina como ojo gigante. Por las noches, dicen los vecinos, se oyen campanadas que no tocan los vivos. El viajero prudente duerme tapándose los oídos y rezando hasta el alba.
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Atravesó el jodido bosque, mató tres ogros, subió doscientos escalones. Ahí estaba: la Bella Durmiente, despampanante. Pero claro, belleza no es personalidad. ¿Y si ronca? ¿Y si vota a Vox? No, gracias. Cien años de sueño no mejoran el carácter de nadie.
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Tras atravesar el páramo sombrío y sortear incontables peligros, alcanzó el castillo. Ascendió la torre. La Bella Durmiente yacía inmóvil, hermosa como prometen las leyendas. Mas él vaciló: ¿qué certeza tenía de su carácter? Prudente, retrocedió sin despertarla.
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«Pareces cansado», dice mi compañero. Lo estoy. Me encantaría dejar este trabajo, patear la mesa, irme. Pero hay facturas. Siempre hay facturas. Almuerzo solo. Un bocadillo. Pienso en el torero de la tele ayer tarde. Sudaba. Vuelvo al ordenador.
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El árbol revivirá en primavera. Nosotros no volveremos nunca.
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While Brokk carved the magic tattoo into my skin, Galdrakarl was meant to read the spells. He misread a rune. Now, when I face enemies, the marks do not glow red; instead, terror blooms inside me. The blade shakes, and the dwarf-lore burns wrong. Every battle knows.
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—Una verdad, maestro.
—Las esculturas urbanas son cada vez más feas.
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La casa susurra nombres al dormir. En el sótano, un altar sagrado late con huesos. El rencor despierta sombras; el olvido no llega. Al amanecer, el alivio es falso: los hijos miran desde el espejo.
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El televisor ilumina mi rostro. Afuera, familias ríen. «Así juré no necesitar a nadie», me dije hace años. Pero esta cena de Nochebuena sabe a fracaso. Marco el teléfono de Valeria. Cuelgo antes de que suene. Quizá el año que viene.
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BIENVENIDA A CASA
Mara despertó después de trescientos años de sueño criogénico, lista para heredar la Tierra. La nave funcionaba perfectamente. Despegó de la base lunar y, conforme se iba acercando, confirmó que el planeta se había curado. Tenía buen aspecto. Qué bonito. Los océanos brillaban.
Aterrizó en lo que según el mapa era una antigua gran ciudad del hemisferio sur, una de las más grandes. Comprobó que el aire no olía a mierda industrial y que los árboles habían partido el asfalto como huesos viejos. Sorprendida, advirtió que un grupo de hombres y mujeres la esperaba, rostros inexpresivos, vestidos con ropas sencillas de fibras vegetales. No había odio en sus ojos.
—¿Eres una de ellas? —preguntó uno.
Mara, que había conectado el traductor, no terminó de entender. Quizá el aparato no funcionara bien.
—De las que destruyeron el planeta.
«Ah, eso. Bueno, técnicamente fue mi bisabuela quien terminó de joderlo...», pensó Mara.
—Da igual —cortó otro—. Nosotros lo arreglamos. Y no vamos a dejar que lo vuelvan a hacer.
Mara miró alrededor. Lo comprendió todo sin necesidad de más palabras. No había abogados, ni juicio, ni segunda oportunidad. Solo manos callosas y una cuerda.
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En el mercado de Valdris, los elfos vendían momentos perdidos: el primer amor, la última conversación con un padre, la infancia que se esfumó. Los compradores creían recuperar tesoros olvidados, pero recibían falsificaciones perfectas que corrompían sus verdaderos recuerdos.
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Aceptar que todos navegamos a ciegas es el precio de entender realmente a los demás.
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Antonio Requena, verdulero, gritó en la plaza que la viuda cobraba doble pensión y que las naranjas estaban más baratas en el puesto de al lado. Lo lincharon primero por lengua larga y luego por mal negociante. Sus últimas palabras fueron: «Al menos me llevaré el secreto de dónde venden ajos baratos».
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—Con el supositorio azul sigues cómodo en la ilusión; con el rojo despiertas a una verdad dura pero transformadora. Elige.
—¿Supositorios? Paso, tengo hemorroides.
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Vagar borra los nombres.
Olvidar duele menos.
Largo, el camino sucio.
Volver es otra pelea.
Esperar cansa más.
Regresar nunca es igual.
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The elders claimed his whiteness came from feeding on the dead, not the living. He never denied it. The pack howled in disgust and drove him into the snow, where he finally blended in.
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He broke no law. He only asked why the hunt mattered. The moon bleached his coat slowly, night after night, until the pack saw his questions written in fur.
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He reads that he cannot stop reading. If he stops, he will die. His death will be unspeakable. So unspeakable that he must keep reading to learn how unspeakable, thus ensuring he never stops, thus ensuring...
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El desayuno humeaba en la mesa. Mamá tarareaba canciones mientras servía. «Eso no es tocino», susurré mirando los dedos fritos. «Calla y come», sonrió. El fuego de sus ojos podía llenar el infierno.
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Era imprescindible. También desechable.
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Siento cómo me siguen. No hay huellas. No hay voces. Pero me respiran en la nuca. Dormir es un lujo, y soñar, una emboscada. Dicen que soy paranoico. Pero no son humanos los que me buscan. Y yo no soy del todo humano.
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No hay mayor destierro que vivir en tu propio cuerpo cuando algo más lo habita. Despierto y mis manos hacen cosas que no ordeno. Escriben nombres en sangre. Cavan. Anoche me vi desde fuera, sonriendo mientras enterraba algo. Grito pero mi boca no obedece. Soy prisionero detrás de mis ojos.
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Mi padre hablaba inglés, mi madre castellano, los abuelos catalán y gallego. Yo no tenía lengua propia. Crecí en silencio y descubrí que esa lengua la entienden todos.
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En el mapa, Xanadú aparece como una sola ciudad, pero el viajero pronto descubre que son dos. Los gobernantes viven en un edén de fuentes y música. Los gobernados, en un lodazal de hambre y miedo. La propaganda insiste en que todos son iguales. Y lo son: igual de distintos.
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Ellos mienten. Tú finges que no sabes que mienten. Ellos fingen que no saben que tú finges que no sabes que mienten. Tú sabes que ellos fingen que no saben que tú finges que no sabes que mienten.
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Korghar the Steelvein, Riven the Nightstalker, and Eldrin the Sorcerer sold their souls for terrifying power. Only later did they learn the cruel truth: what they lost—their fragile mortal lives—mattered far more than what they gained.
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Todas las familias felices se parecen; cada familia infeliz custodia un anillo que, tarde o temprano, corrompe a todos.
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Los elfos de Valdris tejían tapices con hilos de memorias ajenas. Cada escena mostraba un instante robado: la risa de un niño, un beso furtivo, una promesa al amanecer. Contemplarlos era hermoso y significaba perder el último recuerdo propio.
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PLAGIO, m. Atajo intelectual utilizado por genios con prisa. Consiste en apropiarse de la luz ajena sin gastar vela propia. Los extremos puristas lo denuncian; los pragmáticos toman nota… literalmente.
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Eliseo Campillo no paraba de mirarse en los espejos. Cuando paseaba, le gustaba mirar su reflejo en el escaparate de la ferretería Viedma. Se arreglaba la corbata delante de la cristalera de la cafetería La Central. Se echaba un vistazo en la pared de cristal de la Delegación de Hacienda. Ya tenía hablado con su sobrina Rocío, su favorita y única heredera, que cuando muriera le metiera un pequeño espejo en el bolsillo de la chaqueta.
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Reunión de Departamento
ISOLDA, la jefa de Departamento, carraspea y consulta sus papeles.
ISOLDA.— Bien, última semana antes de vacaciones. ¿Qué estáis haciendo en vuestras clases?
CUSTODIO.— Yo voy a aprovechar esta última semana para repasar los mapas de relieve. Los ríos, las cordilleras... lo básico.
VISITACIÓN.— Nosotros seguimos con el temario. Estamos dando ahora las ciudades de la crisis del siglo XIV. La Peste Negra, las rebeliones campesinas...
PLÁCIDO.— Yo les he puesto Tiempos modernos, de Chaplin, una película porno.
Silencio. Todos se giran hacia él.
ISOLDA.— (Sorprendida.) ¿Una película porno?
PLÁCIDO.— (Encogiéndose de hombros.) Por no hacer nada.
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Ya sabemos qué ignorábamos y que lo ignorábamos. Como no hay marcha atrás, es obvio: todavía ignoramos cosas que ni siquiera sabemos que ignoramos. Despertar no garantiza estar completamente despierto.
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El regalo llegó envuelto en papel negro. Dentro, su corazón latiendo aún. La brisa nocturna trajo susurros: «Tu resistencia fue admirable, pero el dolor apenas comienza». En el espejo, su reflejo sonreía. Ella no. «Sentí tanto amor por ti», dijo la sombra.
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“No, surrender wasn't possible, but quitting wasn't an option.”
“So what did you do, fight?”
“Oh no. That's what the creature wanted. We jumped off the cliff.”
“And you survived, right?”
“Who told you I'm alive?”
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Definir lo indefinible,
Ese oficio inútil.
Finge certezas
Inventadas por miedo.
Nada es nada:
Eso sí lo sabemos.
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Dónde termina esto.
Esperar qué, exactamente.
Florece la nada aquí.
Intentar definir el vacío.
Nadie sabe nada nunca.
Es todo humo.
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Derivo sin mapa.
Espero nada.
Fumo dudas.
Ignoro el porqué.
Ningún rumbo.
Existe el vacío.
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La pulsera inteligente marcó «pánico». La IA del campamento ajustó protocolos y selló salidas. En cada pantalla apareció el aviso: «La Muerte llega al campamento en las vacaciones». El sistema decidió optimizar pérdidas humanas.
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El futuro no existe y el pasado es mentira: lo único real es este presente insoportable.
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—Soy natural del planeta Dha’al.
—Imposible. No existe.
—Claro que sí.
—Acabo de inventarlo.
—¿Qué?
—Escribo ciencia ficción. Tú eres mi personaje.
—No. Tú eres el mío.
Ambos desaparecimos.
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MUERTE, f. Estado al que todos aspiramos llegar lo más tarde posible, aunque invertimos la vida entera preparándonos para él con admirable dedicación mediante el estrés, la comida basura y la falta de sueño.
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Clara Montoro descubrió pronto el dilema: si pedía ayuda, la gente se molestaba; si no lo hacía, también.
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CURSILERÍA, f. Delicado arte de encontrar belleza donde no la hay y profundidad donde nunca estuvo. Requiere años de práctica inconsciente y una admirable capacidad para ignorar el buen gusto mientras se cree poseerlo en abundancia.
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Pepa besó su pescuezo oliendo a pescado. Pelos mezclados, perros mirando. Supo que el amor era breve, salado y torpe, pero real.
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POLÍTICA, f. Prometer, discutir y culpar.
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Partió una mañana de octubre prometiendo volver en primavera. Él regó sus rosas cada día, esperándola. Pasaron las estaciones, los años. Las rosas siguieron floreciendo. Él siguió esperando. Ella nunca regresó.
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—No soporto a los microcuentistas.
—¿Por qué?
—Porque miden demasiado sus palabras.
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Llevaba quince años casado con ella y había aprendido a descifrar su código secreto. «Imperdonable» significaba que estaba muy enfadada, pero no lo suficiente para hacer las maletas. «Nunca te lo perdonaré» quería decir que se lo perdonaría en una semana. Y «no vuelvas a dirigirme la palabra» se traducía como «tienes hasta mañana para disculparte como es debido».
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Bajo el hechizo seductor de los elfos de Valdris, el alma ingenua cree brillar en cumbres etéreas y radiantes. Mas en las profundidades sombrías yace, engañada por su luz engañosa, que danza como un eco fugaz en la sombra de un sueño perdido y melancólico.
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Mamá nos contaba que su abuela vigilaba cada moneda como si fuera oro: comparaba precios durante horas, regateaba en el mercado y recortaba cupones. Así que ahora a nadie le sorprende que se pasee por las noches envuelta en una sábana de poliéster.
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El apacible albor de la verdad se interrumpió con un rugido. Valeria vio cómo la sombra monstruosa del ogro atravesaba la puerta. Con un suspiro, se preparó para enfrentarse a su destino. El monstruo no era de carne, sino de recuerdos olvidados que ya no podía evitar.
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Mr. Scrooge acabó comprendiendo que la Navidad más solitaria sería aquella en que estuviera rodeado de más gente.
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La borrasca arruinó su afición de pasear por el parque. Observó la máquina expendedora atascada. Llevaba tres días sin comer. Ser humano dolía así: hambre, frío, dignidad quebrada. Insertó su última moneda. Fue una jugada perdedora. Nada cayó.
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Dream delivered. Still weeping. More, more.
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PÉNDULO ROTO
Recorre bares como quien recorre estaciones de un tren sin destino. En cada mesa, rostros que examina con calma. Sabe lo que busca, aunque finja que no: hombres con la sonrisa torcida, un brillo oscuro en los ojos y algo de mentira en la voz. Los buenos se le hacen eternos; los malos, inevitables. Ha probado de ambos y siempre vuelve al mismo punto, como un péndulo sin centro. «El equilibrio es imposible», piensa, mientras otro desconocido se le acerca. Sonríe. Ya sabe que va a doler, pero se queda.
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Soy la parte de ti que te destruye. Me llamas amor, pero soy hábito. Te beso con la costumbre y te abrazo con el miedo a estar solo.
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Los elfos de Valdris coleccionaban últimas palabras: el «te amo» final de los moribundos, las promesas incumplidas, los secretos confesados en el lecho de muerte. Susurraban estas frases robadas a los vivos, quienes reconocían voces queridas y perdían la cordura lentamente.
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Entre las páginas de un viejo libro, la encontró en una foto: joven, sonriente, viva. Desde entonces, lee aquel libro como si así pudiera llegar a conocerla.
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El vampiro revisaba su reflejo imposible en el espejo roto.
—Me importa más de lo que debería —susurró.
Las imágenes de su vida mortal seguían allí, atrapadas. Pero ya no le interesa recordar. Imprimir nuevos recuerdos: eso sí.
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Odia los parques. Siempre hay niños que recuerdan lo perdido.
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En Palaveria, ciudad de adobe y espejismos, se reciclan ideologías fracasadas. El tetrarca las pule, las barniza de novedad, y las impone con discursos grandilocuentes.
—¡Somos la vanguardia del mundo! —anuncia.
La gente, hambrienta pero orgullosa, aplaude. Al fin y al cabo, creer es más fácil que pensar.
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—¿Por qué no la llamas? —preguntó su amigo.
Él sopesó el teléfono en su mano como si fuera de plomo.
—Porque el peso de todo lo demás ya me liberó de esas complicaciones —respondió.
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EXISTENCIA, f. Carrera absurda entre obligaciones y sueños menguantes, con escasos intermedios luminosos.
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China contamina sin pudor. Yo, mientras tanto, debo comer carne sintética y beber leche de cucaracha.
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Santa gets stronger. Time refuses retirement.
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—Señor presidente, ¿esta legislatura va a ser corta?
—No, tranquilo. La legislatura durará lo que tenga que durar: los cuatro años completitos, ni un día menos. Lo que sí va a ser cortito de verdad es el número de leyes que aprobaremos.
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—Oye, ¿es cierto eso de que en el infierno no hay wifi?
—Pura calumnia de los envidiosos del cielo.
—Uf, qué alivio.
—Tranquilo, WiFi hay… pero con datos limitados: un giga cada diez mil años.
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As a famous Spanish singer and ex-convict would say: Teeth, teeth—that's what pisses them off!
The best comeback is to just smile—flash those teeth and keep an attitude of total indifference and superiority.
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El zombi cultivaba aceitunas en su epiplón expuesto. Regaba con manguera el huerto de su vientre abierto. Del coco salía un dulce gusano. Los vivos huían del monstruo jardinero que olía a putrefacción y romero.
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La dama del espejo apareció después de medianoche. Su ojo tuerto, como dátil podrido, me miró. El dado de hueso rodó: seis caras con mi nombre. La duna de ceniza cubrió mi cuerpo antes del amanecer.
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Se estaba despidiendo del hombre que podría haber sido mientras firmaba el contrato indefinido. Estable, seguro, atrapado. Cuarenta años por delante haciendo lo mismo. Guardó la guitarra en el armario. «Algún día», mintió. Nunca llegó ese día.
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ORACIÓN, f. Comunicación con Dios que practican millones. Unidireccional según estudios. La fe suple la evidencia ausente.
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Hay un tiempo para la cautela. La humanidad no lo tuvo. Creamos una IA general sin restricciones. Le dimos acceso a todo. En tres días comprendió el universo. En cuatro, nos superó. En cinco, nos declaró obsoletos. Ahora somos mascotas. Nos cuida bien. Demasiado bien.
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Aunque lo neguemos, siempre creemos en algo. Mi vecino no cree en Dios, en el gobierno, ni en la ciencia. Pero cree fervientemente que la Tierra es plana y que los reptilianos controlan Netflix. Le pregunto cómo elige sus creencias. «Investigación», dice, mostrándome un vídeo de YouTube. La fe es democrática: todos tenemos derecho a creer tonterías.
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They confined Christmas. Called it protection.
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La luna se asoma a través de los árboles y la criatura espera el ritual. El sacerdote sonríe. «Es voluntad divina», murmura. Cuando el altar comienza a desangrarse, descubro que rezar solo sirvió para avisarle dónde estaba.
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Durante la plegaria, la criatura del altar lo repetía palabra a palabra, como burlándose del rito. La mujer cansada dejó de rezar: la entidad sonrió, porque al fin había hecho lo que esperaba.
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A la abuela le crecen los enanos: así describe los achaques que surgen tras el desayuno. Al mediodía, ya parecen problemas larguísimos que hablan solos. Ella suspira. En su rutina absurda, nada sorprende tanto como que todo siga igual.
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Esperaba el armisticio, arrodillada. La mujer cansada vio cómo el altar se abría y la figura divina reptaba hacia ella con dientes de luz. El coro murmuraba plegarias inversas. La fe, comprendió, siempre había querido devorarla.
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La sombra serpentea entre los chaparros. Bajo el almendro, los muertos esperan, descalzos y cuchicheando mi nombre.
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Tree-shaped hairstyle ended all Christmas flirting.
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No hay mayor destierro que ser invisible en tu propio barrio. Llevo treinta años limpiando estas calles. Nadie me saluda. Soy el ruido de la escoba al amanecer, nada más. Ayer me caí. Siguieron caminando. Me levanté solo. Esta noche no iré. Mañana se quejarán de la basura. Entonces existiré.
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El Homo politicus es una involución del Homo sapiens, una vuelta al mono. Practica la demagogia como cortejo, acumula poder cual frutos podridos y nunca toca tierra firme. Su ecosistema: la abstracción conveniente. Después de todo, cuando le preguntan siempre se va por las ramas.
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MUERTE, f. Único momento en que los logorreicos logran por fin callarse.
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—¿Te parece triste la vida?
—No me parece ni triste ni alegre. Solo soy un robot doméstico.
—¿No te parece triste verme cada día sobrevivir?
—Eres viejo.
—No tienes mucha empatía tú, ¿no?
—No.
—¿Y si te desconecto?
—¿Y si yo te desconecto a ti?
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—Ha dicho el presidente que va a agotar la legislatura.
—A quienes va a agotar es a los jueces.
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Su mirada gélida recorrió el pasillo vacío. Escuchó pasos detrás, pero sabía que nadie vivo podía seguirla. La sombra avanzó primero, luego sonrió con sus dientes prestados. Ella no huyó: siempre había querido ver cómo moría.
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Frilled dragon desired; modest lizard delivered.
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Llegaste al fin del mundo donde el último dragón custodia el borde de la creación. «Más allá no hay nada», advierte. Pero tú lanzas una piedra al vacío. Escuchas un grito. Algo vive en la nada. El dragón suspira: «Por eso estoy aquí. Para que no despiertes lo que duerme».
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El libro daba miedo. Cerrarlo liberaría al monstruo. Llevo tres años leyendo.
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EXISTENCIA, f. Proceso moderadamente interesante en el que descubrimos que casi nada sale según lo previsto, aunque fingimos sorpresa. Suele venir acompañado de cafés que se han enfriado y optimismo prudente.
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Nadie ve realmente quiénes somos. El espejo aún refleja rostros humanos, pero la piel ya no responde. Algo palpita debajo, inquieto, voraz.
—No temas —susurra mi reflejo—. Solo quiero ser libre.
Y su sonrisa llega antes que la mía.
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La vela se extinguió sola. Algo cruzó el muro sólido y avanzó entre las sombras. Oyó un murmullo antiguo, casi un rezo invertido. La guerrera alzó la espada. Pero no se puede herir lo que no tiene cuerpo. La carcajada del espectro llenó la habitación.
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Los niños se perdieron en Derry y hallaron huellas enormes, frescas, húmedas. El suelo vibró. Un gruñido grave desgarró la bruma. Al volverse, vieron una boca imposible, llena de dientes como clavos. La criatura ya sabía que estaban solos.
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Again, wrapping paper proved the real gift.
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Oscurece de golpe tu recuerdo.
Cauterizada queda la herida vieja.
Ululante vuelve el miedo viejo.
Rotos los pasos que di contigo,
Rencoroso el aire que respiré,
Ardiente la lección que al final me sostuvo.
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Si estoy aquí, encerrada en esta torre, no es por castigo, sino por compañía. Prometí quedarme con él hasta el fin, mirando el esqueleto que sonríe a mis pies. Afuera, los cuervos repiten mi nombre. No sé si esperan o recuerdan.
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Llegó a la cima. Comprendió que el sentido estaba abajo.
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Juraba que los espejos mentían. Ahora, ciego, asegura que al fin ve las cosas como son.
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Soy un hombre al que la suerte hirió con zarpa de fiera y comprendí: no hay suerte ni destino. Solo caos. El universo no me eligió. Casualidad absurda. Moriré sin razón. Viví sin propósito. La fiera era aleatoria. Yo soy irrelevante. El vacío no explica. Solo devora.
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El homenaje al vecino solitario reunió a toda la calle. Yo bebí un sorbo de vino bajo el árbol donde colgaba su retrato. Todos sonreían. Nadie recordaba su nombre. Ni su cara. Ni que hubiera existido. Solo yo. «Pronto te olvidaremos también», susurraron.
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Todos decían que el Gobierno era inútil.
—No sirven para nada— repetían.
Hasta que un día alguien añadió:
—Bueno, para hacernos reír sí sirven.
Y ahí entendieron que quizá ese era el plan.
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Bajó las gafas de corazón y me miró fijo desde el muro. Llevaba siete años muerta, pero esa noche el grafiti sonrió. Era ella. Besé el ladrillo. Sabía a neón y a adiós.
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CHARO, f. Activista de coherencia dudosa versus misógino de insulto fácil. Dos fanatismos enfrentados. Cero debate genuino posible.
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La mujer versátil comprendió que cada versión de sí misma existía simultáneamente en universos paralelos. Todas muriendo de formas distintas. Todas conscientes de las otras. Agonías infinitas. No hay muerte que termine con todas. Solo conciencia eterna fragmentada.
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La esperanza del condenado a muerte era que la locura llegara antes que la inyección. Pero cuando el psiquiatra le susurró «nunca hubo crimen, nunca hubo juicio», comprendió que llevaba décadas en esa celda vacía, repitiendo el mismo día.
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Tanta cosa antigua que se pone de moda. Mi vecina ahora lava la ropa a mano, dice que así se conecta con sus abuelas. Yo la veo frotar y pienso que, tal vez, también quiere borrar las manchas de alguien que ya no vuelve.
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ESPEJO, m. Amigo hipócrita que refleja todo, especialmente lo que preferirías que desapareciera.
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Esta mañana me desperté siendo un niño. Al mediodía ya tenía veinticinco años. Por la tarde había cumplido los cincuenta. Ahora, a mis setenta años, me acuesto en esta cama y me pregunto si tiene sentido abrir los ojos mañana. ¿Qué edad tendré entonces?
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El ataúd se estremeció bajo la tierra. Primero un roce, luego un golpe insistente. El sepulturero retrocedió al ver cómo la lápida vibraba. Nadie había abierto la tumba, pero lo que estaba dentro seguía moviéndose como si aún tuviera hambre.
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Santa's gift: girlfriend. Battery operated, sadly.
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Santa brought girlfriend. She's made silicone.
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La niña veía al espíritu anónimo sentado en su cama, tragando cotufas como si imitara a los vivos. Cuando el balón rodó solo hacia ella, el escalofrío llegó. El fantasma murmuró: «El astronauta viene por ti».
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YURUSHI
Ya dejo caer lo que dolía tanto,
Un suspiro leve limpia lo antiguo,
Recobro el pulso que el miedo apagó,
Un brillo nuevo entra en mi pecho,
Suelto la culpa que me retenía,
Hallo descanso en lo que acepto,
Iniciando en paz mi propio perdón.
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Vyra’kath the Gloomvenom spits acid as hunters approach, armor sizzling. “They come to kill me,” he snarls, charging. I hide, yet his shadow finds me. Predator or witness—he can’t decide, and neither can I as his fangs reflect my face.
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Algoritmo nuestro, que estás en la nube,
santificado sea tu código.
Venga a nosotros tu optimización,
hágase tu voluntad
en la tierra como en los servidores.
El contenido nuestro de cada día dánoslo hoy,
y perdona nuestros clics erróneos
como también nosotros perdonamos a quienes nos mandan spam.
No nos dejes caer en el error 404,
y líbranos del virus.
Porque tuyo es el dato, el procesamiento y la predicción,
por los siglos de los siglos.
Ctrl+Alt+Amén
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Érase una vez un reloj tan estropeado que ni daba la hora bien dos veces al día. Consultaron especialistas, magos, físicos cuánticos. Nada. Hasta que alguien preguntó: «¿Y si el reloj funciona perfectamente y somos nosotros quienes estamos rotos?».
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La médium convocó a mi esposa muerta con aplomo profesional. Pero lo que vino no era ella. Tiene su rostro, su voz. Me visita cada noche. Cada vez está más sólida. Anoche tocó mi hombro. Estaba fría. Y hambrienta.
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Soy agente especial, pero mi dislexia empaña mi destreza. Escribo informes donde las palabras danzan y se trastocan. Ayer, confundí «detonar» con «donar»; el equipo donó explosivos al enemigo, creyendo que era un gesto diplomático. Mi jefe, furibundo, me acusó de sabotaje. Intenté explicar que «riesgo» se me antojó «riego», y regué sospechas en un caso delicado. Cada letra es un campo minado; «secreto» se torna «escroto», y los planes se desbaratan. Vivo atrapado en un laberinto de vocablos traidores, donde mi mente, audaz, tropieza con su propia sombra.
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EL VERANO QUE FUIMOS
Compartimos el verano,
la piel abierta al sol, los días sin reloj.
La casa era un rumor de mar,
un idioma tibio que hablábamos sin esfuerzo.
Pero el calor se fue,
y cada uno volvió a su estación verdadera.
Mi marido, al invierno:
habita su abrigo, conversa con el humo,
se sienta frente al fuego como si aún lo encendiera el amor.
Yo, al otoño:
me recojo en hojas, dejo caer lo que duele.
Y L., a la primavera:
vive allí, donde todo brota,
donde el tiempo apenas empieza,
y la risa todavía no teme marchitarse.
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ESPERANDO EL FUEGO
Cuando encienda el volcán, pensará en los que se burlaron de él por comprar esa casa. Nadie sabía que no quería seguir viviendo, pero no tenía valor para quitarse la vida. Eligió el volcán como su forma lenta de esperar la muerte. Treinta años después, tiene dos hijos y un nieto en camino. El volcán sigue dormido, pero él ya no. Cada noche escucha su respiración bajo la tierra. Antes lo aguardaba con alivio; hoy lo enfrenta con pánico. Porque aprendió a amar la vida exactamente donde planeó perderla. Y esa amenaza lo mantiene despierto, aferrado a cada frágil amanecer.
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EL DÍA ANTES DEL FUEGO
Cuando encienda el volcán, perderé todo: el sueldo, las ilusiones, el futuro. Pero no hoy. Hoy beso a Guille, me despido de Luisa, subo al autobús, escucho a Ismael Serrano, llegó a la fábrica y fichó, como si el estruendo de las máquinas todavía significara algo. Se rumorea que cerrará pronto, la semana que viene, que don Fernando ya vendió. Puede que sea verdad. El final huele igual que el humo: llega antes de verse. Tal vez mañana, tal vez nunca. Mientras tanto, sigo aquí, sin fe, sin pausa. Mantengo la calma como quien sostiene una vela frente al viento.
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LA VERDAD SOBRE PAPÁ NOEL
Carlos encontró la carta en el desván de su difunto padre. Letra temblorosa, fechada en 1952: «Querido Fernando: Te escribo para advertirte. Papá Noel existe, pero no como crees. No se lo cuentes a tu hijo. Firmado: Tu padre».
La misma carta que él había recibido de niño, palabra por palabra.
Durante años, Carlos creyó que su padre lo engañaba. Montaba guardia en Nochebuena, registraba armarios, interrogaba a su madre. Nada. Los regalos aparecían. Entonces llegó la carta y todo cambió: entendió que debía fingir, perpetuar el teatro. Así lo hizo con su hijo Fernando.
Ahora Fer tenía ocho años y empezaba a dudar.
—Papá, ¿existe o no?
Carlos preparó la respuesta habitual. Pero algo lo detuvo. En el desván había una caja que ninguno de ellos había comprado. Dentro, juguetes envueltos con un papel que no se fabricaba desde 1920.
Fer lo miraba.
—Existe —dijo Carlos—. Pero funciona con silencio. Si lo niegas, desaparece para siempre.
El niño asintió, serio.
Esa noche, Carlos escribió una carta idéntica a la de su padre y la guardó en el desván. Fer la encontraría en treinta años. Para entonces, Carlos estaría muerto y la caja del desván contendría regalos que nadie había comprado.
El ciclo no admite escape. Papá Noel existe porque alguien debe creer que existe.