lunes, 20 de abril de 2026

La insurrección de las palabras

A las once y veintidós, Martín abre el portátil en la mesa de siempre, una mesa estrecha junto a la ventana de un café donde el camarero ya no le pregunta qué va a tomar. Lleva una chaqueta oscura, demasiado ligera para la estación, y escribe con dos dedos, como si cada tecla fuera una decisión que no admite corrección. Ha dicho —a nadie en particular— que hoy terminará algo breve. Un microrrelato. Tiene la idea cerrada, casi resuelta antes de empezar.

Un hombre encuentra una llave. Eso es todo. Luego vendrá el giro: no hay puerta, o hay demasiadas, o la llave no abre nada salvo una parte de sí mismo que había decidido no mirar. Martín piensa en la economía del lenguaje, en el golpe final. Ha ganado concursos menores con variaciones de esa estructura. Sabe cómo funciona.

Pero al escribir la primera línea, algo se desplaza.

No es un error visible. No hay ruido. La palabra «llave» aparece, sí, pero en la frase siguiente ya no encaja. La sustituye por «espejo» sin recordar haber tomado la decisión. Vuelve atrás. Corrige. Escribe «llave» otra vez. Continúa. Dos líneas más tarde, el objeto vuelve a cambiar, como si la historia rechazara el término con una insistencia muda.

Martín se detiene. Bebe café frío. Observa la pantalla con la misma atención con que, en otras ocasiones, ha observado a desconocidos en estaciones de tren: esperando que un gesto mínimo revele algo esencial.

El protagonista también cambia. Deja de ser un hombre. No hay explicación. Simplemente ocurre. La sintaxis se adapta sin resistencia, como si siempre hubiera sido así. Martín intenta recuperar la versión inicial, pero cada frase corregida genera una nueva desviación. El texto no se rompe; se reorganiza. Hay coherencia. Hay una lógica que no depende de él.

Durante una hora, escribe y corrige. El resultado se aleja cada vez más del plan. Ya no hay puertas. Hay superficies que devuelven una imagen incompleta. La mujer —porque ahora es una mujer— sostiene un espejo que no refleja su rostro, sino otros, versiones que reconoce sin haber vivido. No hay explicación psicológica. No la necesita.

En algún momento, Martín deja de intervenir. Sigue escribiendo, pero con una distancia que se parece a la que mantiene un notario frente a un testimonio: registra, ordena, no juzga. Las frases se vuelven más precisas. Más cortas. Cada una parece ocupar el único lugar posible.

Cuando termina, no hay giro final en el sentido que él había previsto. No hay revelación explícita. La mujer rompe el espejo. No con rabia. Con cuidado. Como si supiera que cada fragmento contiene algo que debe ser liberado. Después no ocurre nada. El texto se detiene ahí.

Martín relee.

No reconoce la historia. Reconoce, en cambio, algo más incómodo: la sensación de que el texto ha utilizado su idea inicial como un pretexto, del mismo modo en que ciertas declaraciones utilizan los hechos para decir otra cosa. No hay rastro de la llave. No hay puertas. El tema es otro. La identidad, tal vez. O la imposibilidad de fijarla.

Guarda el archivo sin cambiar el título.

Más tarde dirá que fue un buen día de trabajo. No añadirá nada más. No mencionará la impresión, difícil de formular, de que durante ese tiempo las palabras no obedecían, sino que exigían ser colocadas de una manera concreta, como piezas de un expediente que ya estaba completo antes de ser redactado.

A veces, escribir consiste en imponer una forma. Otras veces, en reconocerla cuando aparece.

Martín apaga el portátil. Afuera, la gente cruza la calle con prisa. Nadie parece advertir nada inusual. Y, sin embargo, queda la sospecha —leve, persistente— de que no todo lo que se escribe pertenece del todo a quien lo escribe.


Relato publicado en El Narratorio (Año 11, Nº 122)

domingo, 5 de abril de 2026

Quisicosas

El día tiene garras, colmillos y malicia. Puede no hacerte daño, pero también puede aplastarte sin previo aviso.

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Lo malo de ser racionales, decía Franklin, es que racionalizamos cualquier cosa. Chomsky ve esclavos tirando de arados en la Camboya de Pol Pot y deduce: «Culpa de Estados Unidos, que bombardeó a los búfalos».

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El periodista sonríe al informar del derribo de un F-15. Sonríe más aún al saber que el piloto no fue rescatado, que los iraníes lo buscan.

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Los valientes no son los que estudian el umbral: son los que un día, sin manual ni certeza, dan el paso. Y descubren que el otro lado era esto: el mismo miedo. Pero adentro. Que no es poco.

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SANCHISMO, m. Doctrina política basada en la resistencia numantina al cargo público. Sus seguidores consideran que permanecer en el poder constituye un acto de heroísmo.

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Las mujeres son contradictorias. Buscan un compromiso serio con alguien que sepa divertirlas.

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Quien no alcanza la locura ni la contemplación habita el único territorio sin mapas: la vida ordinaria, que es la más difícil de todas.

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Qué conveniente sería que callarse fuera no decir nada. Pero resulta que el silencio es el discurso más elocuente.

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ZENQUILITUD, f. Estado espiritual muy nuestro. Consiste en sentarse a meditar, respirar hondo, vaciar la mente y, en el instante exacto en que uno roza la iluminación, preguntarse con angustia doméstica si dejó cerrada la puerta de la calle y, peor aún, si dio las dos vueltas reglamentarias.

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Al final todos agonizaron o todos murieron sin saberlo. No hubo manera de distinguirlos. Los valientes parecían dormidos. Los cobardes parecían valientes.

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El presidente se tomó unos días de descanso. No era él quien lo necesitaba, sino los ciudadanos, que necesitaban descansar de él.

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No me gustaba, pero me molestaba que no me gustara. Ahora sigue sin gustarme, pero ya no me molesta que no me guste.

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—Pero ¿cuándo vais a presentar los presupuestos?

—¿Para qué, si dentro de un año se quedan viejos y hay que presentar otros? Ah, no.

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BALCANES, m. pl. Región históricamente inestable. Donde la palabra «reconciliación» siempre suena provisional.

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El café para todos español: irlandés a vascos y navarros, doble a los catalanes y manchado a los andaluces.

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Soñé que Dios era un niño jugando con hormigas en un frasco. A las buenas les daba azúcar; a las malas, fuego. Lo inquietante no era el castigo, sino que todas, sin excepción, sabían a lo mismo cuando el pequeño decidió, por pura curiosidad, probarlas.

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—¿Cuál es la diferencia entre un loco y un genio? —preguntó el alumno.

El profesor tardó en responder.

—El loco ya lo sabe —dijo por fin—. El genio aún no.

Nadie rio. Nadie tomó nota. Algo, sin embargo, cambió levemente en el aire de la clase.

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El escritor mantuvo siempre distancia de sus personajes y enredó al lector con finales ambiguos. Nadie sabía qué quería decir. Él tampoco, pero eso nunca lo dijo. La literatura, pensaba, es el único enredo donde no hace falta tener razón para ganar.

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Leer sin lápiz es pasar por una vida sin dejar huella en ella. El libro te aguanta, te olvida, te sobrevive intacto. El lápiz es la prueba de que estuviste, de que algo te rozó. Sin él, leer es solo no estar del todo ausente.

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La IA en manos del ignorante es un espejo que no refleja nada porque no hay nada delante.

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Sistema sanitario, no; pero sí tenemos el mejor sistema de eutanasia del mundo.

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Con frecuencia, el «No a la guerra» encubre un «No a Estados Unidos» trasnochado. O peor: un desesperado «No remonto en las encuestas».

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DIARIO, m. Confesionario laico del ego literario. Libreta sagrada donde el escritor deposita sus quejas, rencores y delirios de grandeza, convencido de que la posteridad pagará fortunas por leer sus lamentos matutinos.

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Con Air es un tratado sobre cómo hacer cine malo. Cage sobreactúa. Los villanos dan vergüenza ajena. Explotan cosas sin motivo. Nada cuadra. Es ridícula, descerebrada, excesiva. En resumen: una obra maestra.

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Ícaro ignoró a su padre, a la física y al sentido común. Voló directo al Sol. Las alas resistieron. El orgullo también. Sus pulmones, no. Última lección del día: el cielo tolera ambición, pero no la falta de oxígeno.

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Aprendió joven que llegar no era posible. Que la vida no tenía ese tipo de finales claros. Siguió andando de todas formas, despacio, mirando lo que había a los lados del camino. Con los años entendió que eso era lo único que había. Los lados. Solo los lados.

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La vida te enseña que cambiar a otros es imposible. Es más fácil mover una montaña con una cucharita de té. Es más fácil enseñarle a un pez a montar en bicicleta. Es más fácil convencer a una tostadora de que deje de quemar el pan y se dedique a la poesía romántica

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CIGARRILLO, m.  Herramienta de control social perfeccionada durante siglos de capitalismo avanzado. Convierte ciudadanos en adictos productivos que pagan voluntariamente por su propia obsolescencia programada y financian hospitales con su enfermedad.

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Érase una vez un partido atrapalotodo. Fingía tener principios, ideología, convicciones. Lo que nunca tuvo, ni de lejos, fue sentido del ridículo.

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ABERTZALE, m. y f. Patriota vasco auténtico, de los de verdad. Persona moralmente superior cuya pureza ideológica le permite asistir a homenajes de asesinos sin sentir náuseas, habilidad que el resto de mortales, lastrados por escrúpulos burgueses, jamás alcanzaremos a comprender ni a admirar suficientemente.

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Escribió toda la vida sin publicar nada. No por miedo: porque la voz era suya y publicar era cederla.

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Su hijo le preguntó cómo se vence el miedo. Le dijo: «Haciendo lo que temes.» El niño asintió. Al día siguiente habló en clase, cayó de la bicicleta y defendió a un amigo. Llegó a casa con rodillas rotas y ojos brillantes. Ella no supo cuál de los dos aprendió más.

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RELATIVISMO, m.  Teoría que afirma la inexistencia de verdades absolutas, dependiendo todo juicio del marco referencial. Sistema filosófico que se proclama como verdad absoluta para negar que existan verdades absolutas, creando un bucle lógico que solo los profesores de Filosofía encuentran estimulante.

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La historia se repite, dicen. Mienten. La historia no se repite: se perfecciona. Cada vez más eficiente, más documentada, más transmitida en directo. Solo los muertos siguen siendo iguales.

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Le dieron cinco minutos para despedirse. Pidió más. No hubo más. Usó tres en llorar y dos en callar. Después pensó en todo lo que no había dicho. Tardó años. Concluyó que cinco minutos habrían bastado si hubiera empezado por lo importante.

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PREHISTORIA, f. Silencio anterior a las palabras escritas. Los humanos erraban sin registro, sin archivo, sin advertencia para el futuro. Creyeron que escribirlo todo los salvaría. Escribieron bibliotecas enteras. Siguieron errando. Pero ahora con bibliografía.

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Los que masacraron a los vendeanos eran liberales, liberales radicales, jacobinos. Pero no los masacraban por católicos —probablemente muchos jacobinos también lo eran—, sino por oponerse a la Revolución.

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Nadie escucha. Todos hablan. Lo llamamos diálogo por cortesía. Pero la cortesía también es una forma de distancia. Quizás escuchar de verdad sea el acto más radical que nos queda: callarse, vaciarse, dejar que lo del otro entre. Casi nadie lo hace.

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NATURALEZA MUERTA CON LECCIÓN

El pintor tardó tres semanas en terminar el cuadro.

Las flores del jarrón tardaron cuatro días en morirse.

Ninguna esperó a ver el resultado.

El cuadro se vendió por una cifra que las flores, de haber sabido aritmética, habrían encontrado obscena.

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ÁFRICA, f. Laboratorio experimental de la nueva colonización corporativa. Continente donde algoritmos chinos, drones estadounidenses y empresas europeas compiten por extraer datos biométricos, tierras cultivables y lo poco que el siglo veinte dejó sin saquear.

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Le enseñaron qué amar, cómo votar, qué dolía y qué no. Lo hicieron con cariño, que es la peor forma de hacerlo. A los cincuenta y cuatro creyó elegir por primera vez. Eligió exactamente lo que le habían enseñado. Lo llamaron madurez. Era el final del proceso.

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EXTRAESCOLARES, f. pl. Actividades organizadas al margen del sistema educativo reglado, cuya función declarada es el enriquecimiento formativo del alumno. Su función real es triple: primera, proporcionar a los padres ese fragmento de tarde que la biología reclama y la sociedad niega; segunda, transferir a academias privadas la culpa del fracaso escolar; tercera, generar en el niño la íntima convicción de que el descanso es sospechoso. La reunión de planificación de septiembre —donde la familia decide cuántas actividades caben en una semana antes de que el menor colapse— ha sustituido con éxito a las antiguas vacaciones de verano como ritual colectivo de angustia.

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Quizá la ventaja más antigua del mundo no sea la fuerza ni la inteligencia. Sea la inocencia. El que no sabe lo que es imposible, lo intenta. El que no conoce las reglas, las rompe sin culpa. El ignorante perfecto es el enemigo que ningún manual supo prever.

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¿Qué probabilidades hay de que el gobernador demócrata de California y uno de los hijos de Donald Trump hayan sido pareja de la misma mujer?

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Murió sin haber viajado lejos ni hacerse famoso. Apenas lo recordaron unos pocos. Al vaciar el cajón de su mesa encontraron libretas llenas de notas: nubes precisas, el nombre de un gato callejero, la hora en que el pan olía mejor. Había estado muy ocupado viviendo.

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ESPAÑA INCREÍBLE

Una notificación de expulsión sin ejecutar puede servir a un inmigrante ilegal como documento acreditativo para regularizar su situación.

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Tú tienes un problema médico. Ella es maleducada.

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A Yavé no le gustan los agricultores; a la Unión Europea, tampoco.

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Durante siglos, Octavian ha tenido buen gusto: sangre con cuerpo, con tradición. Hoy prueba sangre sin gluten, sin lactosa, sin sentido. «Antes la sangre tenía sangre», se lamenta. «Esto es agua con conciencia social». Descubre que no es inmortal. Solo tiene mal gusto para víctimas contemporáneas. Asqueroso todo.

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Quizás eso sea todo. Golpearse el pecho y recordar lo que ya se soportó. No como heroísmo. Como argumento. El corazón es un órgano corto de memoria y largo de miedo. A veces necesita que le recuerden su propio historial. Que ya estuvo aquí. Que salió. Que puede otra vez.

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CHAVISMO, m. Movimiento político bolivariano fundado por Hugo Chávez en Venezuela. Experimento socialista que logró la hazaña de transformar el país con las mayores reservas de petróleo del planeta en un lugar donde la gente hace cola para comprar papel higiénico, proeza económica sin precedentes en la historia contemporánea.

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Un partido atrapalotodo de manual: atrapó a Cristóbal Montoro antes de que lo atrapara el PSOE.

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Cervantes lo releyó todo antes de morir. Dante, también. Homero, si existió, probablemente ni siquiera lo leyó la primera vez: lo recitó, que es otra forma de releer que no necesita página. Borges releyó hasta los índices. Solo los críticos literarios leen una vez. Y cobran por ello, que es lo verdaderamente literario.

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Le dijeron que exageraba. Que no sería para tanto. Que el pesimismo era una elección. Tuvo razón en todo: el diagnóstico, la traición, el final del negocio. Nadie lo reconoció. Le dijeron que tampoco había que regodearse. El optimismo de los otros es siempre a costa del que acierta.

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CRUZADA, f. Lucha por el bien absoluto. Curiosamente, el bien siempre coincide con quien empuña la espada, redacta el manifiesto o controla el relato posterior.

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Aceptar no es rendirse. Es reconocer el mapa real frente al deseado. Es dejar de remar contra el río y aprender su dirección. Es valentía sin público, sin aplauso, sin épica visible. Solo ese gesto mínimo, interior, de abrir las manos y dejar ir lo que nunca fue tuyo.

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El diccionario define poder como «facultad de hacer algo». Los filósofos añaden condiciones. Los juristas, límites. Los tiranos, excepciones. Los pueblos, fechas de vencimiento.

Solo Orwell escribió la definición final: una bota sobre un rostro humano, para siempre.

Los demás siguen escribiendo diccionarios. La bota no los lee.

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El carácter firme no hace ruido. No tiene biógrafos ni estatuas. Es ese gesto quieto de quien sigue sin que nadie lo vea, sin éxito que lo justifique, sin final glorioso a la vista. Es lo más raro que existe. Y lo más parecido a ser, de verdad, alguien.

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CAUDILLO, m. Concentración extrema del poder en una sola figura. Sistema eficiente: elimina el disenso, simplifica la realidad y convierte la supervivencia en agradecimiento obligatorio.

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Hubo un tiempo en que la mentira bajaba los ojos. Ahora nos mira de frente, con esa seguridad tranquila de quien sabe que nadie va a apartar la mirada primero.

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Si partimos de la premisa de que España está abocada irremediablemente al desastre, podremos disfrutar del espectáculo: los cambios de opinión de Pedro Sánchez, los ridículos del PP, la inanidad de Vox, cómo el PNV sigue obteniendo ventajas a costa de los españoles de fuera del País Vasco y las estupideces de los nacionalistas catalanes…

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PIB, m. Producto Interior Bruto: Indicador económico que mide la riqueza de un país. Cifra que aumenta cuando se talan bosques, se construyen cárceles y se venden antidepresivos, pero disminuye cuando una madre cuida a sus hijos o un vecino ayuda a otro

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Eligió siempre lo incierto. Pagó el precio: soledad, fracasos, noches sin respuesta. Pero también: amaneceres que nadie le había asignado, amores que nadie le había gestionado, errores completamente suyos. Al final era poco. Era exactamente lo que había pedido.

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IDEOLEJÍA, f. Doctrina política que limpia de impurezas el pensamiento ajeno. Elimina manchas de duda y gérmenes de disidencia. Advertencia: el uso prolongado puede dejar el cerebro reluciente pero estéril, incapaz de cultivar ideas propias.

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Conviene dejar una rendija abierta a la posibilidad de que lo que no llegó estaba haciendo sitio a algo que todavía no tiene nombre.

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Se me acercó y me soltó:

—Oye, ¿por qué la gente encuentra tiempo para sacar al perro, para hacer magdalenas en el horno, para tragarse el enésimo capítulo de una serie tonta de Netflix, para leer la última de María Dueñas, para jugar con los hijos, para repasar facturas con cara de funeral, para tomarse una cerveza en la terraza, para ver el telediario de Antena 3, para cotillear… y, en cambio, nadie lee ni uno solo de los hilos que publico en X?

Preferí no contestarle.

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Perder se me da de maravilla. Soy el campeón indiscutible de las derrotas, el virtuoso del fracaso, el genio incomprendido de quedar siempre en último lugar.

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Nada dura para siempre, ni siquiera lo malo. Lo cual es un consuelo razonable hasta que uno comprueba lo que viene después.

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Sigues leyendo porque es corto; ahí está el problema.

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Somos citas que caminan. Opiniones con zapatos. Pasiones de segunda mano en cuerpos de primera. Y aun así algo persiste, mínimo, irreductible, sin dueño previo. Quizá solo un gesto. Una duda. Un silencio que nadie nos enseñó a hacer. Ahí vivimos, si acaso.