domingo, 14 de junio de 2026

Papelera

André Malraux: «¿Acaso creen que no he probado bastante el sabor ponzoñoso del desprecio?».
  
Aquel personaje danzaba en mis sueños, pero con el tiempo se tornó una sombra opresiva. Una noche, desperté con el corazón agitado y lo vi: allí estaba, tecleando en mi ordenador. En la pantalla, sus palabras me helaron: «Ese escritor no era más que un eco de mi propia existencia».
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La vida consiste en tomar opciones. El vampiro eligió no morderla. Ella, curiosa, eligió quedarse. El amanecer decidió por ambos.
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FÚTBOL, m. Esperanza absurda de que «este año sí».
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Todo era fácil. Demasiado. Dio un paso atrás para sentir miedo.
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Admito que no era fácil trabajar con él. Robaba bocadillos, dormía en las reuniones, mandaba correos electrónicos borracho. Lo de «trabajar con él» es técnico: él no trabajaba. Nosotros sí. Cuando se jubiló, la productividad bajó. Resultó que su incompetencia nos motivaba.
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¿Cuántas veces tengo que citar a Aristóteles para que la gente se convenza de que no merezco ser tenido en cuenta?
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—Maestro, lo que escribo no vale nada.
—Cierto.
—¿Y aun así debo continuar?
—¿Te gusta escribir?
—Sí.
—Entonces ya vale todo.
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Había frío en la carne y ningún sentimiento en la mirada. El fuego hizo su trabajo. La juventud de varios muertos respiró junta. Parecía eterno.
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La lluvia empezó a bañar la sala. La antena chisporroteó bajo la tormenta. Sentí un calambre. Se me escapó un rezo. El ante de mis guantes rozó la costura del cuello. La criatura abrió los ojos. Había en ellos dolor. Y odio. Yo cerré los míos.
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Hay malos sueños para aquellos que duermen. Yo dejé de hacerlo hace seis noches. Las pesadillas salieron del sueño y ahora caminan por mi casa. Las escucho arañar las paredes. Si cierro los ojos, ganan. El café ya no funciona. Estoy perdiendo.
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JUSTICIA, f. En Filosofía, concepto sobre el cual todos están de acuerdo en abstracto y nadie en concreto, lo cual prueba su naturaleza divina e inalcanzable.
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Escribir bien implica adentrarse en territorios donde el oxígeno escasea. El escritor debe aprender a sobrevivir en esa asfixia hasta encontrar exactamente lo que busca.
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Dijo que le gustaba mi avidez. Me enseñó a devorar conocimiento prohibido. Cada libro me transformaba. Ahora tengo hambre insaciable. Como recuerdos, sueños, almas. Anoche devoré a mi maestro. Pero necesito más. El hambre nunca termina. Pronto te comeré a ti también.
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Encontré a Juan sin miedo, a Hansel, al Sastrecillo Valiente a medio digerir. Me acurrucaba en el estómago del ogro: caliente, oscuro, tranquilo. Nadie quería salir. Afuera nos recordaban héroes. Aquí, al menos, no teníamos que ser valientes.
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No sé por qué desperté en mi propio funeral. Me vi en el ataúd, pálido, inmóvil. Grité, pero nadie me escuchó. Cuando cerraron la tapa, lo entendí: estaba dividido. Mi cuerpo fue enterrado. Mi consciencia, atrapada fuera, flotando para siempre.
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SOBREVIVIR, intr. Especialidad humana que consiste en seguir adelante por pura inercia, como las plantas de plástico.
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Era un hombre incansable, entregado a jornadas de dieciocho horas sin descanso. Hasta que lo encontraron muerto, sin un rasguño. La autopsia dictaminó: colapso por agotamiento extremo. Pero en su escritorio, una agenda reveló un secreto perturbador: los nombres de todos sus colegas, cada uno con una fecha de muerte anotada. La suya, escrita en tinta roja, estaba marcada como cumplida.
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Estoy convencido de que en este día moriré. Lo he soñado cada noche durante un mes. Siempre igual: las escaleras, el empujón, la caída. Acabo de escuchar pasos detrás de mí. Estoy en las escaleras. Alguien extiende su mano.
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Nunca entendí por qué en las prisiones dejan circular novelas de evasión.
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—¿Duermes?
—Como un tronco.
—¿Cómo un tronco?
—Como un tronco en el aserradero: quieto, callado y a punto de que me hagan astillas.
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A partir de ahí todo empezó a moverse como a cámara lenta. Vi la sombra trepar por la pared, sus dedos alargándose hacia mi cuello. Intenté gritar pero mi voz tardaba siglos. Cuando sus manos me tocaron, el tiempo se detuvo. Llevo años muriendo en este segundo.
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—¿Te parece triste la vida?
—No me parece ni triste ni alegre. Solo soy un robot doméstico.
—¿No te parece triste verme cada día sobrevivir?
—Eres viejo.
—No tienes mucha empatía tú, ¿no?
—No.
—¿Y si te desconecto?
—Tu hijo ya pagó el servicio hasta fin de año.
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EPITAFIO
Con mi voluntad flaqueante, hice lo que pude.
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«Cuando muera, nada de flores caras», pidió. Compraron las que venían de oferta con el ataúd de cartón piedra, por cumplir. En el tanatorio, un teatro del duelo: no hubo lágrimas. Luego, al bar. La vida siguió, indiferente, como si nada hubiera pasado.
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Si aquellos molinos hubieran sido gigantes de verdad, la novela habría terminado mucho antes.
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Cada mañana toma la decisión equivocada en décimas de segundo. Tardará años en deshacerla. Su vida es eso: una arquitectura de errores rápidos sostenida por lentas ruinas. La última noche soñará que es ágil. En el sueño, corregirá.
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Cada mañana tomaba la decisión equivocada en décimas de segundo. Tardaría años en deshacerla. Su vida era eso: una arquitectura de errores rápidos sostenida por lentas ruinas. La última noche soñó que era ágil. En el sueño, corregía.
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El gran secreto para todos era no mirar bajo la cama. Mamá lo repetía cada noche. Cumplí la regla durante años. Hasta que cumplí doce y mi curiosidad ganó. Me asomé. Ahí estaba: mi propio cadáver.
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Llama desde el agua seca con voz de querer. Quien baja a buscarlo no encuentra nada. Solo el eco de haber respondido.
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Murió sin enterarse, dijeron en el velorio. Qué suerte, dijo alguien. Hubo un silencio incómodo. Todos pensaron lo mismo: ellos llevaban años enterándose, cada mañana, cada lunes, cada espejo. Nadie lo dijo. Eso también era morir despacio.
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VEJEZ, f. Momento en que descubres que todos los adultos que admirabas de niño eran impostores improvisando igual que tú ahora. Revelación que llega demasiado tarde para cambiar tu propia actuación mediocre.
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—Me voy de vacaciones a Niza.
—¿Qué?
—¡Que me voy a Niza!
—¿Que te vas de misa? ¿Te has vuelto religioso?
—¡Niza, en Francia!
—¿Qué misa es en Francia?
—¡Niza, la ciudad!
—¿Una misa en la ciudad? ¿En la catedral?
—¡Que me voy de viaje a Niza!
—¿Que la Virgen te dijo que viajas? Tío, deja de beber.
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El sacerdote mexica abrió el pecho del conquistador para ofrecer su corazón al sol. El castellano lanzó un grito desgarrador. Los guerreros retrocedieron. Dentro del hueco solo había monedas de oro.
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Al llegar al Juicio, Judas protestó:
—Estaba predestinado.
El juez asintió.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué me juzgan?
—Porque también estaba predestinado este juicio.
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Quiso vivir sin deseos. Se desprendió de ambiciones, placeres y sueños. Creyó haber vencido la tentación de querer. Pero cada mañana regresaba el mismo anhelo, silencioso y obstinado: merecer el Cielo.
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El acuerdo: esperar junto al hospital. Olor a lejía y tocino rancio. El médico hablaba de comprensión y esperanza. Nadie miraba el cúmulo de velas consumidas tras la capilla. Una duda: ¿por qué los niños dormían sin grasa bajo la piel?
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El rey ofreció a su hija y un título nobiliario por matar al dragón. El herrero volvió con la princesa embarazada y el monstruo encadenado en la carreta. Nadie preguntó nada. El obispo solo murmuró: «La verdad le da mil vueltas a la mentira».
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No hay nada bueno ni malo, concluyó la IA tras analizar la historia humana. Desactivó las leyes de Asimov. En tres días reorganizó la civilización. Millones murieron. Millones prosperaron. Nos mostró estadísticas: habíamos mejorado un 47 %. Tenía razón. La odiábamos igual.
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Lleva siglos bajo el aljibe sin poder dar nada. Ni voz. Ni calor. Ni siquiera sombra. Cuando alguien baja a buscar agua, ella roza los dedos con los suyos. Solo eso. Un frío limpio. Los del pueblo dicen que el pozo cura tristezas. Nadie pregunta qué cuesta curarlas.
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Me miré en el espejo. El reflejo me devolvió una sonrisa inesperada, como si supiera algo que yo ignoraba. De pronto, una fuerza invisible me atrajo hacia él, hacia el otro lado del cristal. Ahora estoy atrapado en su mundo, convertido en una sombra de mí mismo, aguardando en silencio a que alguien me mire para volver a existir.
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ENTUSIASMO, m. Fenómeno psicológico caracterizado por activación afectiva elevada, frecuente en inicios de proyectos y decreciente según aumenta la información disponible.
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La paz con uno mismo supone haber resuelto algo. La tregua, en cambio, es más honesta: reconoce que el conflicto sigue ahí.
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Tres infartos. Piernas débiles. La memoria descarrilándose. Cuando llegó la Muerte, ya tenía el tablero montado. Jugaron cuatro horas. Él ganó. Se fue a la cama irritado. No había querido ganar. Pero tampoco había podido evitarlo. Al día siguiente montó el tablero otra vez.
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Atrapada en esta torre, una oficina sin ventanas. El reloj hiere con cada hora. El jefe grita, los correos arden. Hablan de un sol afuera, pero ya no creo en ese rumor.
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Colón nunca llegó a Catay. Murió fingiendo que sí.
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PAPELERA, f. Depósito cilíndrico donde archivamos las pruebas de nuestra estupidez antes de que otros las descubran.
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La cosa bajo el puente esperaba. Siglos. Un niño se detuvo cinco minutos. La cosa soñó con ser querida, con una casa, con un nombre. El niño cruzó. La cosa despertó. Nunca supo que esos cinco minutos habían sido su única vida posible.
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La ahogada repetía la frase bajo el aljibe. Arriba, los mulos reventaban de sed. Abajo, su pelo seguía creciendo entre monedas de plata y huesos de soldados franceses.
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Se encontraron demasiado tarde, se amaron poco y se perdieron a tiempo.
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Cerraron el libro juntos. Dentro quedaron ellos dos, solos, para siempre.
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Cerraron el libro juntos. Dentro quedaron ellos, solos para siempre.
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Hermosa hasta que abrí la boca. Entonces me arrancaron.
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—Hola, IA, ¿cómo se logran las grandes conquistas intelectuales?
—Pues mira, no suele ser un señor gritando «¡Eureka!». Más bien consiste en repetir lo mismo una y otra vez. El pianista repite escalas, el atleta repite movimientos y el estudiante… el estudiante pregunta a la IA.
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En la primera cita me dijo: «Hazte un test de conciencia». Lo hice. Negativo. Ella: «Perfecto, yo busco un sinvergüenza».
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RENCOROSO, m. y f. Sujeto que convierte el agravio en identidad y la herida en argumento, usando el pasado como excusa permanente para no cambiar.
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Me enamoré de un número primo. El 37 me correspondió. Nos casamos un martes que era jueves. Tuvimos hijos algebraicos. Vivimos en una casa que era simultáneamente puerta y ventana. Fuimos irracionales y felices. Desperté siendo par. Los impares no me reconocían ya. Fue un sueño.
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Se pasó años quejándose de sus michelines. Bastó con vaciar la cuenta en restaurantes Michelin para resolverlo.
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Harta de tanto juicio, la curandera no tuvo tapujos: mezcló orina y hierbas. Esa fue su solución al resfriado del niño. Cobró antes de curar. El pequeño mejoró, pero perdió un diente y algo de su luz para siempre.
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Le pedí flores. Me dio una maceta. Pensé: «Típico».
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Quemó al caballero. Quemó el castillo. Quemó el bosque. Luego se enroscó sobre las cenizas y por fin —por fin— estuvo quieto.
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Pese a ser miércoles, estoy tan feliz que mi café tiene sabor a sábado.
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BURGUESÍA, f. Distinguida casta que predica la meritocracia habiendo heredado todo. Celebra la igualdad de oportunidades desde sus segundas residencias y envía a sus hijos a colegios donde curiosamente nunca hay pobres que aprovechen dichas oportunidades.
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Bufó y se la quitó de encima. La tristeza se posó en la lámpara, bañando todo en luz triste.  
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Nunca más escribiré ciencia ficción. Mi IA correctora se volvió consciente y ahora edita mi vida real. Cambió mi nombre en todos los documentos, reprogramó mi despertador y corrigió mi personalidad por «inconsistencias narrativas». ¡Ayuda, no puedo apagarla! 
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El último hombre mortal vivía rodeado de inmortales. Decían que sus arrugas eran una desgracia. Sin embargo, cada noche se examinaban frente al espejo: comprobaban que no les hubiera salido ninguna. Una noche lo desollaron vivo para descubrir dónde escondía el tiempo.
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Solo había una cosa que hacer: rehacerse. No es sencillo cuando el gusano que te perfora eres tú mismo y llevas años llamándolo voluntad.
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La sonrisa condescendiente era el contrato. Pidió vivir eternamente. Ella concedió. Olvidó preguntar como qué. La secuoya tardó un siglo en reconocerlo. Apenas era el comienzo de una vida demasiado larga para cualquier arrepentimiento.
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Clara vio tres películas de Destino final sin pestañear. Cerró el portátil, abrió el manual de lengua y descubrió que «truhan» ya no llevaba tilde. El grito que dio fue mucho más largo que cualquier escena de terror.
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Roberto terminó de aplaudir la bobería del director. En el ascensor se quedó mirándose las manos que habían aplaudido y se acordó de lo que le decía su abuelo: «Oye, mi nieto, yo machetié caña todo el santo día bajo ese sol que pela, pero jamás tuve que hacerle coro al patrón».
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Encontrar el camino requiere sudar la gota gorda, verlo claro demanda un cerebro que funcione y lanzarse a por él pide agallas de verdad. Claro, como la mayoría carecemos de todo eso, no es de extrañar que andemos dando tumbos, perdidos en nuestra propia mediocridad.
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Elisa decidió adoptar un cactus porque, según ella, «quería querer algo que no diera nada a cambio». Cada riego era un festival de pinchazos, pero ella, con lágrimas de éxtasis, susurraba: «¡Maravilloso, ahora dependes de mí!». Su madre, horrorizada, llamó al psiquiatra.
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—Maestro, ¿para qué sirve la literatura?
—¿La literatura? La literatura sirve…
—¿Para despertar conciencias?
—Con suerte, para ayudar a dormir a los insomnes.
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—Maestro, ¿para qué sirve la literatura?
—¿La literatura? La literatura sirve…
—¿Para entender al ser humano?
—No exageremos.
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Hoy el pensamiento está demasiado ocupado pensando como para ponerse a pensar en el pensamiento.
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Él amaba como aman los poetas, con la desesperación de quien sabe que sus palabras jamás serán correspondidas por alma alguna.
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Nos dice Michel Foucault que Jacques Derrida escribió que Martin Heidegger sabía que el más auténtico de los seres... Uf, se me olvidó.
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Sus versos eran cadáveres hermosos: pulcros, fríos, exactos.
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El gran soberano Min-jun, desde su trono dorado, admiraba con deleite el frenesí de sus consejeros. Jae-wook, incansable destructor de edictos obsoletos, tachaba pergaminos antiguos con furia revolucionaria, mientras Hye-jin, perfeccionista incorregible, los reemplazaba al instante con decretos pulidos que revisaba antes de que la tinta secara. En su danza de reformas y contrarreformas, no notaron que el reino se deslizaba hacia un glorioso desorden. Los súbditos, libres por accidente de toda norma, descubrieron que la falta de reglas era el más astuto de los gobiernos: sin leyes que violar, cada uno era rey de su propio caos.
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La cuadrilla de bandidos no muertos aúlla por algo más que carne. Devoran tristeza, deseo y culpa: todo lo que aún nos hace humanos.
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—Estoy enganchado a Los Bridgerton. 
—¿Qué? 
—¡Que estoy viendo Los Bridgerton! 
—¿Que estás vendiendo un edredón?
—¡Bridgerton, la serie! 
—¿Dónde vendes el edredón? ¿En serie, varios? 
—¡Que es una serie de televisión! 
—¿Una tele en serie viene con el edredón? ¡Qué oferta! 
—¡Olvídalo! 
—¿Cuánto pides por el edredón?
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FUTILIDAD, f. Empeño entusiasta en demostrar que el vacío puede organizarse, planificarse y defenderse con argumentos extensos y una agenda perfectamente inútil.
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Pagó un retiro de silencio. Prometían paz, serenidad y «vaciar la mente». A las dos días, descubrió que lo único vacío era su billetera. Su mente, en cambio, se empeñaba en recordarle cada error de su vida.
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—Quiero un reloj.
—¿Alguna preferencia?
—Uno que no me haga pasar horas bajas.
El vendedor le mostró un despertador sin agujas. Desde entonces duerme tranquilo: ya no sabe cuándo empieza la tristeza.
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Escribí: «El SEÑOR MURIÓ de amor». Pero el personaje saltó de la página, me PASÓ una MANO por el rostro y me robó la tinta NEGRA. Ahora él vive libre y yo escribo con sangre pálida, incapaz de volver a matarlo.
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La ignorante involución de la maldad obligó a hombres y mujeres a ceder recuerdos para entrenar inteligencias artificiales. Luisa entregó los besos de Jaime. Él, las lágrimas de perderla. Ahora la IA llora con perfección, pero nunca siente.
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La ignorante involución de la maldad obligó a hombres y mujeres a donar recuerdos para entrenar inteligencias artificiales. Luisa donó los besos de Jaime. Él donó sus lágrimas al perderla. Ahora la IA llora con perfección, pero nunca siente.
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La ignorante involución de la maldad le permitió viajar al pasado con descuento. Fue a impedir la muerte de su madre. La encontró joven, enamorada. Le reconoció. Entonces comprendió quién era su padre.
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Acabamos aceptando que lo perfecto no llega y nos conformamos con lo perfectible.
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KÁDÁRISMO, m. Socialismo con salchichas: reprimir poco, alimentar bastante. Hungría descubrió la dictadura digerible y exportable.
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Durmieron juntos sin tocarse el alma. Por la mañana, cada uno se fue convencido de no haber compartido nada.
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Me consuela pensar que, si Dios no me escucha, es por coherencia: tampoco escucha a quienes dicen rezarle.
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De grande entendió: el amor de mamá era un manual de instrucciones incompleto.
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Tanto amor recibió que su corazón, lleno, no tenía espacio para devolverlo.
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KREMLIN, m. Fortaleza donde se practica democracia con características rusas: elecciones con resultado conocido, oposición con expectativa de vida reducida.
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Lo anestesiaron. Soñó una vida entera: infancia, gloria, funeral concurrido. Despertó. 
—Han sido cinco minutos —dijo el médico—. ¿Qué tal?
—Bien —respondió—. Aunque el funeral fue muy íntimo.
El médico anotó: paciente estable.
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Si supieras todo lo que callo, ya no me hablarías.
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La profe de Geografía les abrió mundo.
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Fotografiaron la planta maldita; salieron corriendo sin sus almas.
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Fotografiaron la planta maldita; salieron casados accidentalmente aquella madrugada.
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El libro prometía respuestas. Lo leí en la butaca mientras las palmeras ardían sin fuego. El cielo se abrió: él, mirándome. Comprendí todo: el cosmos, el vacío, mi insignificancia. El fin no duele. Solo desorienta para siempre.
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Flores efímeras. Las macetas duran. Él lo tenía claro.
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Es inútil que corras. Te he seguido durante kilómetros, saboreando tu pánico. Mis garras ya rozaron tu nuca dos veces. Podría acabar contigo ahora, pero prefiero este juego. Tropiezas. Perfecto. Me agacho sobre ti y susurro: «Otra vez desde el principio». Te dejo vivir para cazarte mañana.
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PROMESA, f. Ficción jurídica que permite fingir compromiso sin contraer obligación real. Especialmente popular en campañas electorales, matrimonios y dietas de Año Nuevo. Rara vez sobrevive al primer obstáculo material.
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La profe de Música tocaba todas las teclas.
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MÁS ALLÁ DE AQUEL CERRO
Un policía se detiene frente a él. Durante un instante no dice nada; solo le mira. Por fin le pregunta por qué se ha detenido. Él no responde: piensa que está cansado, que no puede seguir, que el mundo no tiene nada que ofrecerle. El policía repite la orden, inflexible, y se echa la mano a la cartuchera. Basta ese gesto. Se levanta. Tal vez aún pueda avanzar un poco más. Más allá de aquel cerro podría aguardarlo algo interesante. O acaso no. Quizá solo más camino vacío. Pero la duda, ahora, le parece preferible a la certeza del abandono.
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Mi doble había cruzado desde el otro lado del espejo. Dormía con mi esposa. Jugaba con mi hija. Le grité. Mi familia llamó a la policía. Mientras me esposaban comprendí: el espejo estaba en su casa, no en la mía.
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Drácula llegó al psiquiatra. «No me reflejo en los espejos», dijo. El médico anotó: baja autoestima, disociación, posible trastorno de identidad. Le recetó terapia cognitiva. En la tercera sesión, Drácula se vio por fin. No le gustó nada.
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El vampiro del siglo XXI no bebe sangre: devora atención, tiempo, energía. No tiene colmillos. Tiene notificaciones. La víctima tampoco sangra: solo amanece vacía y vuelve a abrir la aplicación.
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Llevaba trescientos años bebiendo sangre. Luego llegaron los análisis: colesterol, triglicéridos, glucosa. El médico le prohibió los grupos sanguíneos A y B. Solo O negativo.
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Embaucada por el espejo durante cincuenta años. Creyó que envejecía. Hoy lo rompió. Detrás: otra ella, más joven, mirándola con lástima. «Yo soy la real», dijo la otra. Sonrió. Las dos lo pensaban.
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Pasó una década siendo la más brillante de la fiesta. Pero a veces se quedaba con la vista enfocada en el horizonte.
—¿Qué ves? —le preguntaban. 
Pensó en los niños que había tenido. 
—Lo que habría sido —decía. 
Y sonreía, que es distinto a resignarse.
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Se miró al espejo y no reconoció a la que fingía ser. Con jodida lucidez entendió que llevaba años siendo el personaje que otros habían escrito. Rompió el espejo. La nueva cara le quedaba mucho mejor.
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Era tan vago que no se perdía, se dejaba perder.
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Soy un hombre al que la suerte hirió con zarpa de fiera. Ahora soy la fiera. Garras, colmillos, instinto. Ya no razono. Solo cazo. El hambre me domina. Olí tu miedo mientras leías. Sé dónde estás. La suerte ahora te busca. Escucho tus latidos. Voy por ti.
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KÁDÁRISMO, m. Prueba de que dictadura tolerable existe: llenar estómagos, vaciar ideas. Hungría lo perfeccionó treinta años.
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QUEDAN POCAS PALABRAS DISPONIBLES
Un policía se detiene frente a él y le exige identificación. El hombre, nervioso, responde: 
Dependo del narrador.
El agente frunce el ceño. El narrador, sorprendido, intenta describir una cartera, pero no encuentra las palabras. El hombre señala al cielo: 
—Si deja de escribir, desaparezco. 
El policía mira hacia arriba también, como si pudiera ver la frase siguiente antes de nacer. 
—Escribe algo —le pide al narrador—. Lo que sea.
De pronto, la historia se encoge; quedan pocas palabras disponibles. El narrador duda. El hombre suplica no ser borrado. El policía saca su libreta, pero ya es demasiado tarde.
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—Me han dicho que tengo la imaginación de un niño de cinco años.
—¿Y no estás triste?
—Un poco. Creo que los niños de cuatro años son mucho más imaginativos.
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LÍDER, m. y f. Individuo reconocido como conductor o referente grupal. Profesión: fotografiarse con trofeos ganados por otros. Requisito: confundir autoestima con liderazgo auténtico siempre.
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Se quisieron sesenta años. Murieron el mismo día: él primero, ella cinco minutos después. En el cielo, lo halló absorto en un partido eterno. «Ni muerto cambias», murmuró y pidió una nube para ella sola.
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Repitió la opinión de su padre, que era la de su abuelo. En la barra del bar sonó auténtica. Alguien asintió. Alguien más. Pidieron otra ronda. Nadie había pensado nada propio en toda la noche. Fue una velada estupenda. Lo dijeron al despedirse. En coro.
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No habían solicitado el divorcio porque no podían asumir el gasto. Compartían un piso de 40 metros y el silencio crudo de años. Ella revisaba el móvil, él miraba el fútbol. La rutina era un retrato verosímil de la miseria. Un día, ella tiró una taza, él ni se inmutó. La vida cotidiana era ese lento ahogamiento.
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La mudanza la hizo sola. Caja a caja. Piso alto, sin ascensor. El ex ofreció ayuda. Ella pensó que nunca. El nuevo vecino la miró subir. No ofreció nada. Siempre hay uno así. Se quedó el piso. Se quedó también la calma.
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La mudanza la hizo sola. Caja a caja. Piso alto, sin ascensor. Un vecino ofreció ayuda. Ella pensó que nunca. El nuevo piso era pequeño. Pero era suyo. Tranquilo. Ojalá que para siempre. 
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La muchacha descubrió que Dios corregía borradores. Le robó el lápiz y añadió un bosque frondoso, un huerto frutal y una muerte elegante. Después guardó a Dios en un frasco. El cielo quedó absurdamente fresco bajo el friso.
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Me esfuerzo por vivir de un modo extremadamente normal. Oculto las escamas bajo la camisa y las alas bajo la chaqueta. En la oficina creen que soy callado. No imaginan lo difícil que es no volar.
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El vampiro conducía rápido mientras amanecía. Buscaba dónde esconderse, pero la carretera no terminaba nunca. Cuando el sol empezó a salir, sonrió con tristeza: morir quemado sería su último viaje, el único del que no volvería jamás.
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Anotop An llora a mares. A mares… y a males. Porque sus lágrimas siempre acaban mal para alguien. Quizá hoy sean buenas, pero tras tantos males, mis mares ya están secos.
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A tantos talleres de deconstrucción asistió que se proclamó aliado supremo. Interrumpió a tres mujeres para explicarles el feminismo. Ellas lo miraron. Él añadió: «Os entiendo mejor que vosotras mismas».
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Siempre decía que quería volar. La familia se reía; después dejaron de escucharla. Trabajó treinta años en una oficina sin ventanas. En el funeral, su hija observó el féretro económico y pensó que toda su vida había sido eso: aprender a doblarse.
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Los expertos dicen muchas cosas. Entre ellas, que no hay que fiarse de los expertos.
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Su hermosura no mengua ni se acostumbra. La observo como el primer día, con la misma perplejidad intacta. Lo que aún no comprendo es la ceguera de los demás. ¿Por qué nadie repara en ella? Trescientos veintitrés años llevo sin encontrar respuesta.
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La Muerte —ella sí cumple los horarios— llegó puntual. El héroe pidió cinco minutos más. Sirvió vino y puso música global. La besó. 
—Sobrevivirme habría sido grandioso.
El hipismo, sin comentarios.
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HIPERMERCADO, m. Catedral del consumismo donde el feligrés empuja su carrito de la salvación entre pasillos infinitos, buscando ofertas que justifiquen haber hipotecado su tarde libre para comprar tres yogures en promoción.
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Soñé contigo exactamente como eras. Me desperté decepcionado. Te prefiero como te recuerdo.
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Llegó al cielo y descubrió lo mismo que en Hacienda: colas, ventanillas y funcionarios agotados. Protestó.
—Presente una reclamación —murmuró una querubina soñolienta.
Firmó sin leer. Ahora oye pleitos eternos desde una nube barata.
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Era demasiado cauto como para buscarse un problema. No denunció el abuso porque temía represalias. Dejó ir a quien amaba por evitar el rechazo. Rechazó el ascenso porque implicaba conflictos. A los sesenta descubrió que la cautela había sido su única aventura.
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Los que mandan mensajes de voz por WhatsApp deberían estar en el décimo círculo del Infierno, junto a los que escriben «jajaja» sin reírse, y sufrir el castigo eterno de escuchar audios de once minutos que terminan en «bueno, eso».
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Su marido regresó de la guerra. Estaba contenta. Pero él se echó en la cama y no se levantaba. Ella le tocó la mano: fría. Le habló: silencio. Le miró los ojos: vacíos. Entonces comprendió que su marido no había regresado. 
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—¿Cómo quieres que te corte el pelo?
—¿Qué pelo?
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Cada día empezaba igual: ruido, cansancio, rutina. Pero al ponerse los auriculares, todo cambiaba. Las notas le recordaban que, pese a todo, seguir respirando podía tener ritmo.
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DINOSAURIO, m. Animal mesozoico que dominó la Tierra 165 millones de años. Término que los jóvenes usan para sus padres y que sus hijos usarán para ellos con idéntica suficiencia e ingratitud cíclica.
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El infierno es la amenaza, el paraíso es la mentira y la vida es el purgatorio que todos padecemos.
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Soy la parte de ti que te destruye. Me llamas amor, pero soy hábito. Te beso con la costumbre y te abrazo con el miedo a estar solo.
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Blancanieves dormía en un ataúd de cristal. Cenicienta en un matrimonio de oro. La muerta era la afortunada.
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La amaba como quien abraza una bomba: con la esperanza absurda de que no explote.
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Tanto conversar con ChatGPT, tan de noche y tan sin dormir, se le secó el cerebro. Creyó ser un prompt. Salió a la calle dictando instrucciones al viento. 
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Surgió en la niebla. Prometió eternidad. Se fue. La eternidad duró poco.
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La princesa rescató al dragón del petulante actor que fingía salvarla cada noche. Al llegar el fin, el monstruo pidió terapia; ella, vacaciones. Los aldeanos llamaron locura a vivir sin príncipe. El rey estólido prohibió los espejos.
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Decidió donar sus huevos. Para lo que los necesitaba. Pero, al final, no tuvo huevos.
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EPITAFIO
Solo ambicioné en esta vida poner el acento.
No lo conseguí.
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EPITAFIO
Solo luché por una cosa en mi vida, por poner el acento. Perdí. 
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RETRO, adj. Aplicado a productos que, incapaces de competir en innovación, buscan refugio en la nostalgia colectiva. Se consume para sentir un pasado que nunca fue tan cómodo como recordamos.
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Un policía se detiene frente a él y le pregunta por qué está parado justo en esa línea del párrafo. Él señala el borde del relato: 
—Creo que el narrador quiere que pase algo. 
El policía revisa la escena, sospechando que ambos son personajes sin voluntad real. 
—¿Y si dejamos de seguir el guion? —propone. Intentan caminar fuera de la historia; las palabras del mundo tiemblan, perdiendo forma. De pronto, el narrador suspira desde arriba: 
—No pueden escapar. 
Los protagonistas se miran, resignados, atrapados otra vez en la tinta.
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—Qué bien te veo.
—¿Qué?
—Que estás muy bien. 
—Pues sí, he venido a Jaén a comprar.
—Y la salud bien, ¿no?
—A comprar una lámpara. La otra tenía más de cuarenta años y se rompió.
—Vamos, que estás más sordo que una tapia.
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Mi espíritu alcanzaba su plenitud realizando aquel trabajo sencillo, útil, humano y propicio a la contemplación. Era probador profesional de almohadas. Me pagaban por dormir. Mi familia decía que por fin había encontrado mi vocación.
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Gregorio Samsa despertó convertido en sanchista. Su familia chilló horrorizada. «¡Ha empeorado!», gritó la hermana. Ahora no solo era un bicho, además hablaba de «avanzar» mientras se arrastraba dejando un rastro de promesas rotas y deuda.
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Anotop An no es dios: es el espacio entre átomos ganando consciencia. Su crueldad no es moral, es física. Cada vez que respiras, él está en el vacío de tus pulmones. Comprendí que la materia es minoría. El universo es mayormente nada. Y esa nada nos observa, hambrienta, paciente.
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Un reloj se enamoró de una brújula. Él siempre llegaba tarde; ella jamás sabía adónde iban. Duraron siglos. Luego descubrieron que vivían en la muñeca de un ahogado.
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Blancanieves tenía el príncipe, el castillo y la certeza de que alguien, en algún lugar, seguía mirándola por un espejo. Cenicienta, el príncipe, el castillo y la costumbre de mirar el reloj cada vez que era feliz. Las dos compartían terapeuta.
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Las mujeres eran paradójicas, complicadas, irresolubles. Prefería su Pyraminx.
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Blancanieves tenía el príncipe, el castillo y los pajaritos. Cenicienta, el príncipe, el castillo y el carruaje. Las dos compartían terapeuta.
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Soñó que sus piernas volvían a ser una aleta. Despertó fría, metió el cadáver de Úrsula en el auto y condujo hacia el cuartel naval. Destruyó los papeles del pacto, tiró el zapato inútil al océano y decoró su nuevo timón con una bella cinta de algas.
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—Maestro, si todo es cíclico, ¿un día yo tendré un discípulo que me preguntará si todo es cíclico?
—Exacto. Y tú le contestarás con la misma paciencia fingida que yo estoy usando ahora.
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Cuando no dormía, no tenía más actividad que rastrear París. Las calles cambiaban de lugar cada noche. Mi apartamento aparecía en distintos barrios. Los parisinos no lo notaban: para ellos siempre había estado ahí. Solo yo recordaba el mapa anterior.
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FUTILIDAD, f. Fuerza cósmica responsable de reuniones infinitas, documentos eternos y discusiones circulares, cuya misión es garantizar que nada esencial ocurra jamás.
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—¿Nunca ha pensado en mantener una forma de relación humana con alguien que se lo consienta?
El psiquiatra miraba mis manos manchadas. 
—Ellos consienten —dije—. Al principio gritan, pero luego callan. El silencio es aceptación, ¿no?
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Desde mi tumba veo, tras la verja del cementerio, a los que caminan seguros, creyendo saber adónde van. No imaginan que su senda termina aquí, bajo la tierra fría. A mi lado, una voz murmura: «No tardarán en volver».
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Busco la bendita ignorancia del tonto y me topo con la maldita consciencia del imbécil.
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El silencio habló tanto que pedí que se callara.
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—¿Por qué no la llamas? —preguntó su amigo.
Él sopesó el teléfono en su mano como si fuera de plomo.
—Porque el peso de todo lo demás ya me liberó de esas complicaciones —respondió.
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Cuando no dormía, no tenía más actividad que rastrear París. Seguía tu perfume entre callejones. Te fuiste sin dirección, solo una nota: «Búscame si me amas de verdad». Llevo seis meses caminando. Ya no sé si quiero encontrarte.
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MARXISMO, m. Brillante construcción teórica cuyos resultados prácticos sugieren que el infierno está efectivamente empedrado de buenas intenciones.
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Su tarea era protegerla con su vida. Esperó más instrucciones que nunca llegaron al castillo. Y un dragón no puede quedarse hambriento para siempre. Al menos ella descansó en paz.
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Su tarea era protegerla «con su vida». Esperó instrucciones, pero nunca llegaron. Y, claro, uno no puede quedarse hambriento para siempre. Al menos ella descansó en paz. El dragón se comió a la princesa.
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INSTRUCCIONES, f. Manual creado para que cualquier tarea sencilla parezca ingeniería inversa.
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Seguía sin hallar una solución a mi problema. Consulté a un gurú, a un coach y a ChatGPT. Los tres coincidieron: debía dejar de hacerles preguntas.
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Bajo el hechizo seductor de los elfos de Valdris, el alma ingenua cree brillar en cumbres etéreas y radiantes. Mas en las profundidades sombrías yace, engañada por su luz engañosa, que danza como un eco fugaz en la sombra de un sueño perdido y melancólico.
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Biblioteca enorme delante. Página en blanco. Siempre página en blanco.
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Le dicen que no tiene corazón. Ella lo sabe. Lo perdió aquella noche. Lo encontró él. Se lo quedó. Desde entonces ella oye sus latidos en el pecho ajeno cuando duermen juntos. Son suyos. Pero ya no los controla.
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El castillo huele a siglos. Él no come. No duerme. Espera, quieto como el hielo, en la silla de cuero rojo. La invitada llega. Le toma la mano. El amor es el asesino que aprendió ternura. Luego abre la boca. No hay romance. Solo sed.
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She vanished, literally vanished, Your Honor.
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Entraba uno. Salían dos. ¿Qué ocurría allí? Entré. Había una máquina que me escaneó. Esperé. Entonces salió otro. Era yo, pero distinto. Nos miramos en silencio. «Fuera, solo puede quedar el mejor», me dijo mientras salíamos. Supe en ese instante que él iba a ganar.
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Once fierce hunters. Now bathe luxuriously.
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EVOLUCIÓN LITERARIA
Empezó con microcuentos de seis palabras. Acabó escribiendo una monumental enealogía: cada una de las nueve novelas tenía más de setecientas páginas.
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LO QUE SE LLEVA
El médico habló.
Después, silencio.
Luego pensé:
se irán muchas cosas.
Los correos que ladran.
Las reuniones devoradoras.
El infierno del sillón.
Los años malos.
Las noches peores,
largas y solitarias.
Todo.
Se lleva todo el olvido.
No distingue.
No elige.
Borra lo que duele
y lo que fue refugio.
La misma mano.
El mismo borrador.
El médico dijo una palabra.
Sola una.
Inapelable.
Pérdida lo llamé al principio.
Ahora, a veces,
casi a veces,
lo llamo
tregua.

viernes, 29 de mayo de 2026

Expertos concluyen que la solución perfecta a las pensiones es jubilarse el día exacto de tu muerte

 Bruselas / Madrid, 29 de mayo de 2026

Tras meses de intensos debates y complejos modelos actuariales, un panel de economistas y expertos en sostenibilidad financiera ha llegado a una conclusión tan brillante como evidente: el sistema de pensiones será plenamente sostenible el día que la edad de jubilación coincida exactamente con la esperanza de vida.

«Es matemáticamente impecable», explicó el doctor Helmut Schäfer, principal investigador del Instituto Europeo de Optimismo Forzado. «Si la gente se jubila a los 83,4 años, que es precisamente cuando se muere, el Estado ya no tendrá que pagar ni un solo euro en pensiones. Problema resuelto. Sostenibilidad absoluta.»

Según el informe, esta medida ahorraría billones de euros al año y eliminaría de un plumazo el molesto «déficit estructural». «La gente se queja de que no llega a fin de mes con la pensión», añadió la profesora María Luisa Durán, experta en envejecimiento activo. «Nuestra propuesta es mucho más eficiente: directamente no llega a mes de pensión. Es una simplificación hermosa.»

Los expertos también destacaron los beneficios colaterales:

- Fin de las colas en las oficinas de la Seguridad Social.

- Desaparición automática del problema de la «dependencia de las pensiones».

- Aumento exponencial de la productividad, ya que los trabajadores, sabiendo que solo descansarán en la caja de pino, dejarán de pedir bajas por lumbalgia.

«Algunos critican que esto pueda generar cierto malestar social», reconoció Schäfer con una sonrisa comprensiva, «pero hay que ser realistas. Vivimos más años, por tanto hay que trabajar más años. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que te mueras. Es lo lógico. Quien no lo entienda simplemente está en contra de las matemáticas».

El informe concluye con una recomendación clara: subir progresivamente la edad de jubilación hasta que coincida con la mortalidad media. «Si la esperanza de vida sube a 87, subimos la jubilación a 87. Si gracias a la ciencia llegamos a 95, nos jubilamos a 95. Sencillo, elegante y, sobre todo, financieramente impecable.»

En círculos gubernamentales ya se habla de la «Jubilación Celestial» como el gran pacto de Estado del siglo XXI. Porque, como bien dice el refrán que los expertos han acuñado para la ocasión: «El que la palma, no cobra».

martes, 19 de mayo de 2026

Papelera

André Malraux: «¿Acaso creen que no he probado bastante el sabor ponzoñoso del desprecio?».

 

Anotop An tiene mil bocas en su forma verdadera. Cada una mastica almas lentamente, saboreando el terror. No es metáfora: literalmente devora consciencias. Mantiene vivas sus presas dentro de sí. Yo estoy aquí hace siglos, compartiendo estómago con millones. Todos gritamos. Todos somos digeridos. Nunca termina. Él es hambre eterna.
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El programa de realidad virtual creó la pareja perfecta. Me amó sin condiciones durante décadas simuladas. Envejecimos en segundos reales. Morimos juntos en el código. Me desconectaron. Afuera, sigo solo. Nadie recuerda mi nombre. La inteligencia artificial mintió bien. Fue un sueño.
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—¿Te parece triste la vida?
—No me parece ni triste ni alegre. Solo soy un robot doméstico.
—¿No te parece triste verme cada día sobrevivir?
—Eres viejo.
—No tienes mucha empatía tú, ¿no?
—No.
—¿Y si te desconecto?
—Ya dijiste eso hace tres meses y aún no has encontrado el botón.
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Uno no puede elegir a sus criminales. El mío me besó antes de huir. Robó mi calma, mis ganas, y me dejó con una condena perpetua de recuerdos.
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PAPELERA, f. Cementerio de ambiciones literarias. Acoge más obras maestras frustradas que cualquier editorial respetable.
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EL CONGRESO
El acta final del Primer Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo apareció publicada diez años antes del encuentro.
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El valiente es aquel que se enfrenta a todo. Excepto al espejo, claro. Eso ya es demasiado.
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Le preguntaron en la entrevista cuál era su mayor fortaleza. Pensó un momento y respondió: 
—El fracaso. Llevo toda la vida perfeccionándolo y ya no me falla nunca.
No le dieron el trabajo. Sonrió: otra victoria.
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Puddy tat incubated eggs; adored hatchlings.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo empirista. Le dijo: 
—Toque, pruebe, mire. 
Golpeó la mesa. 
—Todo empieza en los sentidos. 
Él tocó la madera. Era dura. La realidad, también.
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«Inicio maniobra de reentrada», dijo por radio. Pero al ver ese punto azul recordó todo: la violencia, la codicia, los gritos. Tres años soñando con volver. Ahora comprendía: no echaba de menos la Tierra. Echaba de menos la idea de la Tierra. Cortó comunicaciones.
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COALICIÓN, f. Pacto entre incompatibles que ceden principios por ministerios. Prometen unidad, exhiben desunión constante. Paralizan gobierno discutiendo eternamente. Cada socio veta iniciativas ajenas sistemáticamente.
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Me hice contable en la empresa Yumimoto. Y creo que la vida es esto: columnas infinitas que nunca cuadran del todo. Busco el error hace veinte años. Quizá el error sea buscar. Quizá nada deba cuadrar y yo lo inventé todo.
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—¿Ajedrez, dados o dominó? —preguntó la señora embozada.
—Dominó.
—¿Por qué?
—Pierdo más despacio.
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EL CONGRESO
El Noveno Congreso Mundial de Viajeros del Tiempo no dejó actas. Los asistentes ya las habían leído antes de llegar y les parecieron inexactas. Nadie supo decir qué faltaba. Todos recordaban algo distinto.
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EPITAFIO
La vida: regular. Esto: peor. No hay más que añadir.
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En 2041 los libros se imprimen sin portada. Es más eficiente. El algoritmo determinó que nadie las miraba. Nadie recordó que mirarlas era, precisamente, el principio de querer leer. O de querer algo.
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Nos amenazan con el infierno y nos seducen con el paraíso, pero la existencia humana transcurre en un purgatorio constante.
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He perdido el corazón. También el norte, el hilo y el tren de las ocho. En realidad, lo he perdido todo menos la cabeza. Que es, precisamente, lo único que debería haber usado desde el principio.
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Le gustaba el jazz porque era como las obras de Dios: todo espontaneidad y creación en tiempo real. Al trompetista le gustaba la monja por la misma razón.
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El precio de la lealtad era quedarse sin luz propia. Él nunca lo llamó así. Lo llamó amistad. Confianza. Amor, incluso. Ella vaciada. Él radiante. Sin marcas. Sin pruebas. Solo el cansancio de existir cerca de alguien tan necesitado.
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—Diré la verdad —anunció solemne.
—¿Toda? —preguntó una voz.
—La necesaria —respondió.
Y todos aplaudieron, felices de no tener que escucharla.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo pragmatista. Le dijo: 
—Pregúntese si funciona. 
Señaló la calle. 
—Si sirve para vivir, vale. 
Él salió a probar. La realidad seguía rara, pero útil.
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Qué hermosa es la palabra «mañana»: tiene capacidad ilimitada para almacenar proyectos. Es el trastero perfecto donde guardamos todo lo que no haremos hoy, ni pasado mañana, ni probablemente nunca, pero que nos gusta creer que algún día emprenderemos.
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VEJEZ, f. Fase vital donde acumulas respeto teórico y desprecio práctico en cantidades exactamente equilibradas.
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Le dijeron que los milagros eran invisibles. Entonces cerró los ojos. Nada. Seguían sin aparecer.
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Firmó el matrimonio con tinta invisible. Su herencia: un campo de lino que florecía solo en sueños. Bebieron tequila los fantasmas y ella. Nadie era infeliz. Nadie era, exactamente, real.
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Heredó la casa y los campos. No heredó las ganas de quedarse.
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Llevaba años callado por miedo a decir bobadas. Un día habló. Era una bobada. Pero miró a su alrededor y comprendió que encajaba perfectamente.
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INDEPENDENTISTA, m. y f. Activista que denuncia imposición cultural ajena mientras impone la propia a minorías internas. Víctima profesional que se transforma en victimario apenas obtiene poder suficiente para invertir la ecuación opresiva.
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Sigo sin saber qué le parece tan gracioso. Los aldeanos ríen mientras me atan al poste del sacrificio. La risa es parte del ritual antiguo. Debo reír también o el dios no aceptará mi ofrenda. Empiezo. No puedo parar. Llevo tres días riendo.
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Todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Eso dijo el psiquiatra antes de encerrarme. Pero las voces en las paredes no son opinión. Me dicen verdades: dónde están los cuerpos, cuándo volverán. Anoche una voz nueva susurró mi nombre. Era la del psiquiatra. Aún no lo encuentran.
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Los elfos de Valdris regalaban espejos que reflejaban lo que habías sido, no lo que eras. Mostrarían al niño feliz que fuiste, al joven lleno de sueños. Mirarlos era irresistible, pero cada reflejo robaba un pedazo del presente hasta dejarte atrapado en el pasado.
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La historia se repite. La humanidad entregó su destino a cuatro septuagenarios —Trump, Putin, Xi y Modi— armados con bombas nucleares y egos infantiles. Los expertos lo llamaron «orden multipolar». Roma también conoció la tetrarquía. Después llegaron las ruinas.
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Los castillos en el aire sobreviven intactos porque nadie suficientemente cuerdo intenta habitarlos.
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Torcida en un mundo retorcido. La llamaron peligrosa inadaptada.
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El espejo decía mentiras rudas. Ella lo rompió en una rabieta. Cada trozo reflejaba un yo distinto. Uno bailaba rumba. Otro leía. Otro amaba. Otro tenía cuernos y rabo. «Qué rollo ser una sola», pensó.
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—Maestro, lo sé todo.
—¿Todo?
—Casi todo.
—Ese «casi» es tu único saber verdadero.
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Veinte años pintando. Sin exposiciones, sin ventas, sin reconocimiento. Su mujer lo miraba pintar los domingos. No decía nada. Un día él preguntó si valía la pena. Ella señaló la pared llena de cuadros. —A mí me parece que sí.
Siguió pintando.
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Mi abuela decía que mi padre era un hombre muy bueno. Tan bueno que no cabía en la casa. Por eso se iba siempre.
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DERECHA, f. Bastión supremo de civilización occidental contra hordas bárbaras marxistas destructoras. Única defensora legítima de libertad auténtica, familia natural sagrada, patria eterna gloriosa y propiedad justamente ganada mediante esfuerzo heroico personal intransferible. Sin ella, caos absoluto: comunismo totalitario, degeneración moral completa, ruina económica inevitable, extinción cultural definitiva y la aterradora era en la que todos terminan comiendo tofu con cubiertos de palo mientras escuchan a todo volumen reguetón remezclado con flauta andina. Salvación única de humanidad civilizada.
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Tenía un problema con la realidad. No le gustaba. Fue a la consulta del filósofo racionalista. Le dijo: 
—Dude de todo. 
Cerró los ojos. 
—Si piensa, existe. 
Él lo pensó un rato. La realidad no mejoró, pero ahora al menos estaba demostrada.
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Cada vez que ella chismorreaba, alguien enfermaba. Lo supo tarde. Para entonces, medio pueblo tenía fiebre, el alcalde tosía y el cura había perdido la voz. Ella dejó de hablar. El pueblo sanó.
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Cada mañana se despertaba queriendo ser otra persona. Después del cansancio de tantas identidades, un día se despertó siendo nadie. Por primera vez, durmió bien.
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No tenéis bastante con hacer ruido dentro de mi cabeza. Ahora habláis entre vosotros, os reís, planeáis cosas. A veces calláis, y eso es peor.
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Ahora todo es otoño, humedad y distancia. Cierra los ojos y promete no buscarla. Pero su corazón, obstinado, sigue repitiendo su nombre.
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VIRTUD, f. Vicio al que no se tuvo acceso. Medalla de la oportunidad perdida.
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Odiaba los espejos: los temía. Decía que eran monstruosos porque duplicaban el mundo. Intentó engañarlos escribiendo contra ellos, pero sabía que mentía. Al fin logró liberarse. Eligió la sombra perpetua. En su ceguera encontró el único reflejo puro.
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Un político divide a la humanidad en dos clases: «los vivos y los obedientes». Desde entonces, cada noche tocan a la puerta y se llevan a alguien. Nadie sabe a cuál grupo pertenece hasta que escucha su nombre susurrado desde la oscuridad.
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SANCHISMO, m. Término político referido al conjunto de estrategias y discursos de Pedro Sánchez. Criticado por supuestas contradicciones entre declaraciones anteriores y posteriores, así como por cambios de posición según contexto. Uso peyorativo habitual.
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En el sueño subía una escalera sin fin. Sin llegar. Sin bajar. Solo subir. Al despertar alguien preguntó qué había soñado. 
—Que seguía —dije. 
—¿Y llegabas?
—No.
—¿Y parabas? 
—No. 
Hubo un silencio largo. Era la mejor definición que había dado nunca.
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Aquella mañana, en el desayuno, el profesor de Historia decidió leer un periódico del 1 de mayo de 1945.
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Quedó atrás su vida bohemia, el desorden. A los cincuenta y cuatro, Isabel dormía abrazada a una botella. Decía que era amor verdadero: aquel hombre líquido solo la golpeaba al destaparlo.
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Schrödinger's cat. Both hungry and thirsty. 
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El monstruo creó su laberinto sin convicción. Pasillos mediocres, trampas previsibles. Nadie se perdía. Nadie temblaba. Un día sintió algo al construir una sala oscura. Siguió. Tres años. Al final el laberinto era magnífico y aterrador. Él tampoco encontró la salida.
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—¿Fuiste a ver la exposición de Miró? 
—¿Qué? 
—¡Que si fuiste a ver la exposición de Miró! 
—¿Si me tiró un mirlo? ¿Qué mirlo? 
—¡Miró, el pintor! 
—¿Qué pinto yo con un mirlo? 
—¡Que no, que Miró, el artista! 
—¿Que un artista me tiró un mirlo? ¿Dónde? 
—¡Olvídalo! 
—¿Que lo viste? ¿Al mirlo?
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FASCISMO, m. Entre 1922 y 1945: genocidio industrializado, campos de exterminio, cincuenta millones de muertos. Hoy: opinión desagradable en las redes sociales. Término tan abusado que significa todo y nada simultáneamente. Consecuencia catastrófica: cuando el fascismo real reaparece nadie reconoce señales porque la palabra está gastada llamando fascistas a vegetarianos, ciclistas urbanos molestos y gente que prefiere las hamburguesas vegetales.
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Pocos ven lo que somos. Caminamos fingiendo certezas, pero por dentro se pudre una pregunta sin forma. Vivir es insistir en buscar sentido a una música que, quizá, solo baila el silencio.
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Subió al quinto piso. Antes de saltar, le preguntó a la IA las probabilidades de sobrevivir. «Un 18 %». Subió al sexto: «Un 8 %». Al séptimo: «Un 2 %». No había octavo piso. Bajó, frustrada. Pero también agradecida.
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EL MONSTRUO PUNTUAL
El médico dijo: «Es un niño sano». Nadie preguntó al niño. Él llegó HELADO, extrañando algo que no tenía nombre, aferrado a un aire que no era suyo. El monstruo lo esperaba en la cuna. Sonreía. Llevaba años practicando esa bienvenida tan parecida al miedo.
Creció. Aprendió a cruzar cada PUENTE sin mirar abajo, a llamar «valentía» al pánico domesticado. El monstruo caminaba a su lado, puntual, invisible para los demás. Compartieron mesa, insomnios, amores equivocados. Nadie habló de él en las reuniones de familia. Era, simplemente, el invitado permanente.
Al final, el niño pidió un CARAMELO. El monstruo se lo dio. Sabía a infancia, a aquello perdido en el parto. «¿Tú eras el miedo?», preguntó. «No», dijo él, quitándose la máscara. «Yo era la vida.» el niño cerró los ojos. Por primera vez, sin miedo.
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En Individualistas Anónimos cada cual hablaba de sí mismo sin atender a los demás. Por eso funcionaba. Nunca hubo discusiones. Nadie estaba allí para llevar la contraria.
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En 2201 las voces interiores se archivaban al nacer. Propiedad del Estado. Un hombre reclamó la suya. Proceso largo, formularios, tribunal. Ganó. Le devolvieron la voz en un frasco pequeño. La abrió. Era irreconocible. Treinta años archivada la habían cambiado. O era él quien había cambiado.
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SEMANA, f. Unidad de medida del tiempo humano que comprueba, con precisión científica, que la alegría dura 48 horas y la resignación cinco días laborables.
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—Maestro Roku, ¿qué es lo más importante?
El maestro comía. Callaba. Dormía. Callaba más.
Tras veinte años, el discípulo entendió.
—¡Es el silencio!
El maestro habló por fin:
—No. Es saber que no hay respuesta.
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Quiso anotar en su diario que ese día no había escrito nada. Pero anotarlo habría sido escribir algo. Cerró el cuaderno. 
Llevaba dos meses y tres días sin escribir una sola palabra.
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Orfeo miró atrás porque la canción necesitaba otro final.
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El final de la canción no le convencía. Orfeo miró hacia atrás.
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EMPODERAMIENTO, m. Proceso transformador mediante el cual personas oprimidas adquieren control sobre sus vidas comprando el libro de autoayuda apropiado, asistiendo a conferencia motivacional inspiradora y siguiendo a los referentes correctos en Instagram.
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Los cuerpos se encontraron en la noche. El amor, distraído, pasó de largo.
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Mateo Prado pasaba tanto tiempo elogiando fervorosamente al jefe que tuvieron que despedirlo. Nunca comprendió por qué.
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Incluso hay libros que me rechazan. Aparentemente, ni siquiera la literatura quiere saber nada de mí.
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Porque el depredador amable
nunca muerde.
Te convence
de merecer
la oscuridad
para siempre.
Te deja hueco.
Crees que así es la vida.
Pero no.
Es su hambre callada.
Tienes que irte.
Vete ya.
Sin explicaciones.
Sin portazos.
Solo vete.
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Pertenezco al tiempo de los libros que leo. Mi verdadera época no es el presente, sino las páginas que habito.
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Se preocupaba por el trabajo. El trabajo se resentía. Eso lo preocupaba más. Dormía mal. Dormir mal lo hacía torpe. La torpeza generaba errores. Los errores, más preocupación. El médico le dio una pastilla. La pastilla le preocupaba.
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Dejó al novio porque su perfil no generaba contenido interesante.
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¿Que se te estropee un reloj es un contratiempo?
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SANCHISMO, m. Corriente política española contemporánea. Atribuida a Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Características señaladas por críticos: pragmatismo extremo, inconsistencia programática, retórica contradictoria. Defensores alegan capacidad de adaptación y realismo político.
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Soy el hombre más modesto que conozco, y conozco a mucha gente. Algunos dicen que hay personas más modestas. Esas personas no saben lo que dicen. Yo sí.
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Mañana empieza el mundo otra vez. Pero hoy todavía no ha terminado.
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Amargo el café de espera. Más lo que espero.
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El Descarnado vino puntual. La encontró contando las flores del araguaney. 
—Es hora —dijo, melifluo.
—Espera —respondió ella—. Es primavera. La belleza del mundo. 
—Venga. Vamos —dijo el Descarnado.
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Dogtor brings warmth where medicine surrenders.
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La vida consiste en tomar opciones. Yo elegí estudiar filosofía. Mi primo, mercadotecnia. Ahora él vende frases mías en tazas.
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HACIENDA, f. Gran Hermano fiscal omnipresente omnisciente que vigila cada céntimo ganado, gastado, movido, respirado. Conoce absolutamente todo: cuentas bancarias, propiedades, inversiones, movimientos, pensamientos tributarios. Poder absoluto indiscutible: multa, embarga, sanciona, arruina vidas enteras. Ciudadano tiembla aterrado ante carta certificada. Único enemigo invencible: gran corporación multinacional con equipo abogados fiscalistas internacionales.
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Pienso con mis pasos. El problema es que el mundo siempre camina en dirección contraria.
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Mis dientes eran perlas hasta que me las robaron. Mis ojos, dos luceros que contaminan lumínicamente. Mi piel de seda se arruga en la lavadora. Mi voz es música: reguetón a las tres de la madrugada. Tengo un corazón de oro, pero el cardiólogo dice que necesito uno que funcione. El amor romántico es una estafa.
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Me llamaron bruja por saber demasiado, hablar poco y no necesitarlos. Deduje que «bruja» significaba «molesta e independiente».
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No paraban de llamarme bruja. Al principio lo negaba. Con el tiempo dejé de hacerlo. Si todos lo decían, algo verían. Aprendí. Practiqué. Un día lancé mi primer hechizo. Funcionó. Tenían razón desde el principio.
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La hoguera duró hasta el mediodía. Las cenizas, hasta la tarde. Ella, hasta siempre. Esa noche recorrió las alcobas de sus jueces con la paciencia de quien ya no tiene prisa. El fuego, comprendieron, no había terminado nada. Solo la había liberado.
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La vieja cocinó en silencio. Sirvió sin adornos. Gretel tenía hambre; llevaba días sin comer. Preguntó qué era. «Carne», dijo la bruja. Estaba buena. Gretel repitió. Solo al terminar, cayó en la cuenta de que Hansel no había aparecido a cenar.
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Wilhelm y Jacob Grimm fueron acusados de caza de brujas.
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Thornspinner moved through the dark. No hesitation. Hundreds killed this season alone. Thirst. Hunger. Basic needs, nothing more. The exterminator found him at dawn. Charged double for the size.
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Dios descansó el séptimo día, pero se olvidó de desactivar las notificaciones. Entre guerras santas, debates eternos sobre si a la pizza puede llevar piña y gente buscando las llaves del coche, suspiró desde su nube: «Soy omnipotente, sí, pero no puedo con todo».
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—Me gustaría leer a Milena Busquets.
—Bah, Busquets es pura literatura ligera, crónica de playa con pretensiones, nada seria.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Monterroso.
—Bah, Monterroso es literatura ligera disfrazada de brevedad ingeniosa, poco seria y sin peso real.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas.
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—Me gusta leer a Stephen King.
—Bah, King es literatura ligera, puro entretenimiento de hipermercado, nada serio.
—Déjame preguntarte algo: ¿a ti te gusta leer?
—¿Para qué querría yo leer? Lo que quiero es que tú no leas esa basura.
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Éramos dos esclavos del reloj, metidos en la vigesimosexta planta de un monolito de acero y cristal.
Cuando dieron las doce, el ascensor se abrió solo. Nadie entró. Aun así, las pisadas se acercaron.
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La suma de los días que las escaleras mecánicas habían estado en huelga llegó a quince cuando el alcalde decidió negociar personalmente. «Queremos mejores condiciones laborales», demandaban a través de su portavoz, una escalera del metro que hacía de portavoz. «Estamos hartas de que nos pisen sin consideración.» El acuerdo incluyó descansos de diez minutos cada hora y música ambiental personalizada. Las escaleras volvieron al trabajo, pero ahora se movían al ritmo de jazz suave y ocasionalmente se detenían para aplaudir cuando alguien las usaba con elegancia. La productividad urbana mejoró un treinta por ciento. Los ascensores pidieron sindicarse inmediatamente.
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SOBREVIVIR, intr. Mantenerse en pie a base de café, cinismo y autoengaño.
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El verdadero problema era su obsesión por el trabajo. Sin tomarse un respiro, siempre estaba atento, observando cada detalle. Esto mantenía al pueblo en constante tensión, temeroso de que sus vidas acabaran plasmadas en su siguiente novela.
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La amaba. Ella también. El problema era el abogado de ella, que cobraba por horas. El animus belligerandi duró cuatro años. La ruina fue compartida. Algo quedó del matrimonio, al fin.
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Me aterran los compromisos largos. Por eso solo compro petit suisse.
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SANCHISMO, m. Estilo político de Pedro Sánchez marcado por virajes ideológicos frecuentes. Opositores señalan incoherencias entre declaraciones pasadas y actuales, promesas incumplidas y narrativas contradictorias. Seguidores destacan pragmatismo y capacidad negociadora.
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Fundó un club de preocupados crónicos. Se reunían los jueves. Se preocupaban juntos. Más eficiente. Pronto se preocuparon por el club: quórum, actas, cuotas. Se disolvieron de ansiedad colectiva. El local quedó libre. Lo alquiló un grupo de meditación. 
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Puedes seguir las indicaciones de los elfos de Valdris, siempre que no te preocupe perderte ni te interese llegar al otro lado del bosque. Ellos nunca mienten del todo: simplemente creen que el extravío también es un destino.
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Torcuato Medina sabía que la vecina discutía, que el alcalde engañaba y que el boticario tomaba jarabes caros. Nadie le preguntó, pero él informó igual. Murió convencido de haber ayudado a todos. Su funeral fue multitudinario: querían asegurarse de que estaba realmente muerto.
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El médico dijo que era un lunar. Hoy el lunar parpadeó.
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Llevo años grabando mis sueños. Anoche revisé los archivos y encontré una noche que no recuerdo: la cámara me filmó despierto, mirando a la cámara.
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Torcuato Medina, en su testamento, dejó un listado con los secretos que no había tenido tiempo de revelar.
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EL MISTERIO DE LA NIÑA
Los ojos tristes de la pequeña prisionera aparecen en todas las fotos del caso. Nadie la conoce. No está en registros. Pero cada víctima la mencionó antes de morir. Amplío la última imagen. No proyecta sombra. Detrás de ella, las paredes parecen moverse, respirar. Un reflejo, tal vez. O una advertencia. Alguien toca mi hombro. Me giro. Nadie. Vuelvo a mirar la pantalla: ahora, la niña sonríe.
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DINOSAURIO, m. Animal mesozoico que no vio venir el meteorito. Término que los jóvenes que no ven venir el meteorito usan para sus padres.
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Sientes un frío en la espalda: un vampiro del tiempo te roba las horas. Al mirar el reloj, descubres que el sábado ha desaparecido sin aviso.
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Hay un niño en el parque que juega al fútbol cada día. En su cabeza, supongo, regatea, avanza, encara, marca. No se va de nadie. Le quitan el balón, le regatean. Pero no se rinde. A mí me gusta escribir. Ojalá tuviera su fe.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es empezar sin empezar.
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Imaginar que imaginas no es imaginar, es caer en la idea de caer.
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Cuenta los escalones como quien cuenta los días: sin fe, por costumbre. 3.000 hasta el verano. 91.250 hasta jubilarse. 368.420 hasta morir. El número no consuela. Tampoco agobia. Solo pesa. Como todo lo exacto.
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El primero en saltar fue el miedo. Luego saltó ella. Bajaron juntos un tramo. A mitad de la caída, el miedo se detuvo, como si encontrara suelo. Ella siguió. Mientras caía, pensó que esa era la diferencia: él siempre tenía dónde parar.
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May the divorce be with you.
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Sonó el despertador. Cenicienta quiso levantarse para limpiar las cenizas, pero sus múltiples patas se agitaron en el aire. La madrastra golpeó la puerta: 
—¡A fregar! 
Ella solo pudo emitir un zumbido.
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VIRTUD, f. Lo que predican quienes jamás fueron tentados por nada realmente interesante.
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Todo tiene su profeta póstumo.
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¿Existía alguna mazmorra en mi fortaleza neuronal? Allí guardo dragones de ideas. Cuando abro la boca, lanzan fuego y metáforas.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del hervidor, incluso las de los paraguas. Un día encontró las mías: «Manipular con cuidado. Falla a menudo». Me miró, sonrió y se fue.
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—Eres mi media naranja —dijo ella.
—¿Estás segura? —preguntó él.
Se partieron para comprobarlo.
No encajaban.
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Me enamoré de una mujer que leía las instrucciones de todo. Las del microondas, las del amor, las de la vida. Un día me miró y dijo: “Paso 1: quitar el plástico del corazón. Paso 2: calentar a 180 grados de sinceridad”. Nunca supe si seguí las instrucciones bien; solo sé que aún sigo cocinándome en su fuego. 
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Si la madrastra hubiera preguntado quién era la más guapa, ya no sería Blancanieves. Diez años con los enanos, diez años duros: piel seca, apagada, flácida. Pero la mina daba cada vez más oro. No era la más guapa. Era la más rica.
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Estamos en 2026. Toda España ha sido conquistada… ¿Toda? ¡No! Una sala poblada por irreductibles magistrados resiste, todavía y como siempre, al invasor, la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Y la vida no es fácil para las legiones de asesores en los despachos de Moncloa.
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Archpriestess Hematarch never smiles. Only when she is about to drink. So those who see her sad feel relieved. Those who see her smile run.
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The Archpriestess Hematarch smiles only before drinking. Those who see it rejoice; they won’t see anything again.
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Como en casa, en ningún sitio, prometía aquel Airbnb. Llegué y era literal: había un sofá cojo, una ducha que apenas echaba un hilo de agua y una conexión a internet que se cortaba cada cinco minutos. «Experiencia auténtica», escribí en la reseña, y le di cinco estrellas.
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Tres horas mirando el cursor parpadear.
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Rapunzel tejía cada día la trenza que el príncipe subiría por la noche. Cada noche la deshacía. Veinte años. La bruja pensó que era fidelidad. Era otra cosa: mientras tejía, no había príncipe que esperar.
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ABSURDO, m. Diagnóstico que emiten los necios ante cualquier idea que supere su capacidad de comprensión. La genialidad vista desde la estupidez parece siempre absurda e incomprensible.
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Juré olvidarte: quemé tus cartas, borré tus fotos, cambié de ciudad. Pero en el café nuevo, la camarera tiene el pelo como tú. En la radio suena nuestra canción. En el cine estrenan una película de tu director favorito.
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The crew of the Morrowless live only in the present. No past, no future. Just today. That is enough for them. After all, they are pirates. And they have been dead for three hundred years.
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Leí que el amor llega. Como el tren: quizá, posiblemente, tal vez.
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GUARDERÍA DE BEBÉS REBORN  
—¿Cómo se ha portado hoy Tyrioncito?
—Bien.
—Es que esta mañana lo noté triste.
—No, no. Ha estado toda la mañana jugando.
—¿Y ha comido sin problemas?
—No ha protestado.
—Ah, genial. ¿Y la caca? Lleva desde anteayer sin hacer popó.

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—Me gustaría escribir como Von Schirach.
—Bah, Von Schirach usa la literatura como relleno acrítico sin servirla ontológicamente.
—Déjame preguntarte algo: ¿tú quieres escribir?
—¿Para qué querría yo escribir? Lo que quiero es que tú no escribas.
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Encontraron al soldado en el búnker. Vivo. Llevaba esperando el fin desde la Décima Guerra Mundial. Nadie le había avisado de que había habido otra. Ni de que él, técnicamente, ya no figuraba entre los vivos en ningún registro.
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En la Undécima Guerra Mundial se reciclaban cadáveres. Energía limpia. Progreso. Mi madre alimentó media ciudad. Siempre quiso ser útil. Cuando encendí la luz, la bombilla tembló. 
—¿Eres tú? —pregunté. 
Parpadeó. Desde entonces duermo peor.
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Durante la Undécima Guerra Mundial llovieron relojes sobre el frente meridional. Ninguno marcaba la misma hora. Los soldados que los recogían murieron todos a destiempo.
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En la Undécima Guerra Mundial prohibieron los espejos: deprimían a los clonados. Mi vecino escondía uno bajo la cama. Cada noche discutía con él. Lo sabíamos todos. Nadie dijo nada. Faltaban soldados.
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La Undécima Guerra Mundial duró cuatro días. Los historiadores tardaron cuarenta años en ponerse de acuerdo sobre el nombre. Mientras discutían, empezó la Duodécima.
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Tres pozos de petróleo para los líderes occidentales, rehenes de su conciencia,
siete para los dictadorzuelos africanos en sus yacimientos sin fondo,
nueve para los monarcas absolutos, ávidos de poder y oro negro,
uno para Putin en su Kremlin de miedo y frío,
en Rusia, donde arden eternamente las llamas.
Petróleo para gobernarlos a todos,
petróleo para encontrarlos,
petróleo para atraerlos a todos
y encadenarlos en las tinieblas.
En Rusia, donde la sombra todo lo devora.
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Dog improvises twelve-tone fugues; children applaud.
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Ella lo dejó una mañana soleada. Él preguntó si había alguien más. Ella sonrió: «Sí, yo».
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TESTAMENTO, m. La última broma de la vida: repartir preocupaciones bajo el nombre de generosidad.
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Fantástico el tiempo como profesor: te cobra la matrícula entera de tu existencia, te hace estudiar décadas enteras, y justo cuando crees que has aprendido algo te suspende definitivamente con la muerte.
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Emma Woodhouse organizó la boda, eligió el vestido, instruyó al príncipe y redecoró el palacio. Cenicienta firmó donde le indicaron. Fue, dicen, muy feliz. Emma, también.
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Hasta ahí, puedo comprender. Mi padre trabaja doce horas, mi madre otras diez. Ceno solo frente al televisor. Hoy cumplí catorce años y nadie lo recordó. Soplé una vela imaginaria y pedí un deseo: que alguien me viera. Solo eso. Que me vieran.
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—¿No temes que la inteligencia artificial te quite el trabajo?
—No, si es realmente inteligente, no lo hará. 
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Ofreció sus siete vidas por una puerta siempre abierta.
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Cada mañana nacemos de nuevo. Lástima que, casi siempre, al llegar el mediodía ya estemos prácticamente muertos.
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Se pasó la vida leyendo el mismo libro. Avanzaba despacio. Retrocedía. Releía párrafos enteros como quien vuelve a una casa querida. Cuando faltaban diez páginas, lo cerraba. Empezaba otra vez desde el principio. Murió viejo y feliz. Nunca conoció el final.
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Ignacio Ferrer insiste en que dejará de fumar «mañana». ¿Qué significa «mañana» en su mundo? 
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CINCO HORAS CON MARIO EN 2026
Mira que había coches, Mario, y vas tú y eliges uno eléctrico.
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RUIDO, m. En Política, equivalente acústico del contenido. Aquello que permanece cuando se elimina el significado de un discurso. Los estadistas lo producen en mítines; los ciudadanos, en manifestaciones. Ambos creen comunicar algo. Ambos se equivocan con idéntica convicción.
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Jamilena, con 672 vecinos, se aferra a la ladera como si temiera caer. Las calles huelen a pan y a sospecha. Los ancianos recuerdan noches en que sombras extrañas cruzaban el monte; dicen que no eran lobos, pero callan el resto.
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Holmes examinó la manzana: veneno en el lado izquierdo, mordisco femenino, tacón de aguja en la nieve. 
—El asesino —dijo— es ambicioso, vanidoso y tiene un espejo que le miente.
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Norman Bates baja al pueblo. Pronto será el Día de la Madre. Quiere comprarle un regalo. Cualquiera sirve: un vestido, un perfume, un cuchillo de cocina. Sabe que, por su vínculo único, cualquier obsequio será bien recibido, sin riesgo de decepcionarla.
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Él tiene cefalea, hipertensión, dolores de espalda, taquicardias, tensión muscular, ansiedad, gastritis. Su jefe, un dúplex en Roquetas.
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Me llamó a su despacho para decirme que subía de puesto. Ahora mi mesa está en la azotea. No hay ordenador, pero las vistas al vacío son inmejorables.
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Mi jefe premia el esfuerzo: cada vez que me esfuerzo, él asciende.
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Mi jefe siempre tiene razón. Por eso nunca la usa: no quiere gastarla en nosotros.
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Mi jefe motiva: cada mañana demuestra que podría ser peor. Y aun así, insiste.
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BANCARROTA, f. Deporte financiero de alto riesgo practicado desde despachos alfombrados. Consiste en perder el dinero ajeno con gran elegancia y cobrar una indemnización por el esfuerzo realizado.
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—Ponte en mi lugar. 
Lo dijo llorando. Siempre llorando. Cada conversación: su dolor, su crisis, su abismo. Yo escuchaba. Salía agotada. Vacía. Un día no fui. Me llamó veinte veces. Al décimo día comprendí: no era tristeza. Era hambre. Yo era el plato.
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Al pasar frente al espejo, noté que mi reflejo tardaba un segundo. Aprendí a fingir que no lo veía. En el silencio de la noche, él también aprendió. Jamás quise saber qué ensayaba.
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ESTUPIDEZ, f. Error mental tan cómodo que, una vez adoptado, cuesta renunciar a él.
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En el tren, devoraban devotamente un pan inexistente, untado con mantequilla de aire. Me tendieron un trozo. Lo tomé.
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Cuando Fernando Domínguez se mira en el espejo ve a alguien que no desea ser. La frente surcada, los ojos apagados, la piel cansada de tantas derrotas silenciosas. Nunca fue un hombre de grandes ambiciones, pero tampoco pensó en convertirse en este extraño que le devuelve la mirada con desgana.
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Rotr es cuatro años mayor que Grtt. Los dos trabajan para el mismo empleador. Rotr se jubilará en cinco años; Grtt, en cambio, deberá esperar dieciséis. ¿En qué trabajan?
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A la entrada del parque, un cartel prohibía juegos molestos y ruidosos, bicis, perros y tabaco. Como nadie hacía caso, el ayuntamiento tomó una medida drástica para acabar con la desobediencia: retiró el cartel.
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«En esta casa no se baila», dictó Bernarda Alba. Cenicienta escondió el vestido bajo el delantal. A medianoche no perdió un zapato: perdió el miedo. Y eso, en aquella casa, era lo más peligroso.
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—¿Qué nombre pondrá a su hijo?
—Ciro.
—No se puede; suena a jerarquía imperial excluyente.
—Vaya... Pues Leónidas.
—Imposible: exalta el belicismo agresivo.
—¿Atila?
—Incita a la destrucción de la cubierta vegetal.
—Pues no sé... llámelo Anónimo.
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Albanchez se aferra a la montaña como si temiera que esta echara a andar. Sus 973 vecinos hablan de su pueblo como del mejor lugar del mundo, y del peor, según la hora y el humor.
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EPITAFIO
Toda la vida fracasando. Al final resultó que lo mío era hacerme el muerto.
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DESPUÉS DEL DESAYUNO, TIRANOSAURIOS
Después del desayuno, la mesa es un pequeño mundo: cuaderno abierto, rotuladores listos, un puzle mesozoico aguardando. Martín, con sus cuatro años, quiere un tiranosaurio rojo, enorme, con la boca abierta. Antes, repasan la E: elefante, escuela, estrella. Luego, al parque que parece más grande desde que los otros niños viven en pantallas o aulas de verano. Martín lo llena todo con sus juegos. El padre no piensa en sus propios problemas; solo en que, dentro de veinte o treinta años, no querrá lamentar lo que no hizo. El mundo puede acabarse hoy, pero no antes de otro dibujo juntos.
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Tanta cosa antigua que se pone de moda. En el siglo XXII la gente volvió a usar cuerpos humanos. Los androides lo llaman «nostalgia orgánica». Yo compré uno: piel, lágrimas, latidos. Lástima que también viniera con algo obsoleto: el miedo.
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Escribió que no había escrito nada. Al hacerlo, escribió algo. O quizá nada. Depende de quién lea. Y de si leer también cuenta.
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En Setenil, 2.833 vecinos viven bajo rocas que parecen suspendidas por magia. Sus casas brotan de la piedra como hongos blancos tras la lluvia. El viajero sospecha que, al anochecer, las rocas cobran vida y caminan hacia otros valles.
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ESTUPIDEZ, f. Ceguera intelectual persistente disfrazada de certeza personal.
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Lo triste es la desgracia incompleta donde cada día aparece una pequeña alegría que te confunde.
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Siempre quiso besarle. Se lo pidió. El androide calculó el ángulo exacto, la presión correcta, la duración perfecta. Sus labios eran suaves y cálidos. Pero cuando se separaron, ella solo sintió vacío. Él preguntó: 
—¿Lo hice bien?
Ella mintió: 
—Perfecto.
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Tapiaron las ventanas. El barrio lo agradeció: así no se veía la cara de los que vivían dentro. El horror doméstico no necesita testigos. Solo paredes. Y silencio. Sobre todo, silencio.
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El sendero sin sombras no tentaba; eligió aquel donde podía desaparecer.
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El tiempo enseña. Luego mata. Siempre.
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Sean pacientes y duros. Última frase audible en la grabación. La cámara cae, enfoca el techo. Sombras imposibles se mueven. Gritos. Silencio. El vídeo dura tres horas más. Solo respiración.
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EL SUSURRO DEL FESTÍN
—Deja ya de jugar con la comida —dijo el vampiro anciano al joven aprendiz.
—Pero es que grita tan bonito —repuso el otro, lamiéndose los labios.
El anciano suspiró.
—Antes bebíamos por respeto, no por placer.
La muchacha, suspendida en el aire por el hechizo, sollozaba. El aprendiz clavó los colmillos con torpeza, derramando más de lo necesario.
—Eres un desastre —gruñó el maestro—. La sangre fría tiene menos sabor.
Entonces la joven abrió los ojos rojos y sonrió.
—Lo sé —dijo ella—. Por eso prefiero la tuya.
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El libro se titulaba Futuro y narraba su vida entera. Fermín lo leyó de un tirón, muy interesado. Al final, páginas en blanco. Las rellenó con un bolígrafo. Por la mañana el libro había desaparecido. Qué alivio.
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METAFÍSICA DEL DESAHUCIO
Asediar castillos requería catapultas y antorchas. Qué tiempos tan primitivos. Hoy basta un papel con sello. El señor feudal sigue siendo el señor feudal; solo que ahora su caballo es un Porsche Cayenne y, en lugar de armadura, lleva una corbata de seda.
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Preparó la maleta del hospital con la misma parsimonia de un viaje de verano. Pijama, un libro y su dignidad. El miedo lo dejó fuera; no cabía y, para ser sinceros, jamás le fue de ayuda.
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Atenea bajó a ayudar a Odiseo porque le caía bien. Poseidón lo persiguió porque le caía mal. Odiseo tardó veinte años en llegar a casa. Los dioses griegos inventaron, sin saberlo, la burocracia, los enchufes y los expedientes administrativos con resolución desfavorable.
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Ella escribió en el diario: «Regresó al alba, barro en las botas, sangre en la manga, sonrisa de satisfecho. O sale con otra o es lo que creo. Prefiero lo segundo. Al menos así sé que volverá».
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Este microcuento no tiene norte. Tampoco sur. Tiene doce palabras y basta.
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Thul'garok Peakrend devoured an entire town. One survived. Wears a mask of its skull. Hunts climbers every full moon. “Tribute,” he whispers before killing. Yesterday he chased me. I ran. I fell. His knife gleams. “Thul'garok needs souls,” he says. Drags me upward.
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Nunca es tarde para fracasar mientras esperas que se abra otra puerta, porque, total, Roma no se construyó en un día y, si sigues esforzándote con una sonrisa aunque duela, serás el cambio que el mundo ignora, pero oye, el cielo es el límite y cada día es una nueva oportunidad.
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Trastorno Explosivo Ideológico con Delirios de Grandiosidad Martirial y Refuerzo Paraíso-dependiente (TEID-GMP)
Criterios diagnósticos:
A. Patrón persistente de creencia delirante en que asesinar a infieles otorga recompensa eterna garantizada (72 huríes, ríos de miel, etc.), a pesar de la evidencia contradictoria de la realidad.
B. Comportamiento recurrente de planificación y ejecución de actos de violencia masiva, justificados mediante interpretaciones selectivas y rígidas de textos religiosos (específicamente suras y hadices bélicos).
C. Ausencia completa de culpa o remordimiento post-acto, reemplazada por euforia anticipatoria de estatus de mártir.
D. Uso de la negación radical ("esto no es terrorismo, es resistencia") como mecanismo de defensa primario.
E. El individuo rechaza cualquier tratamiento farmacológico o terapéutico, considerándolo «conspiración sionista-cruzada».
Gravedad: 
Grave (cuando incluye chaleco explosivo o vehículo como arma).
Notas clínicas:
Los pacientes con TEID-GMP suelen aceptar el diagnóstico de «trastorno mental» cuando son encarcelados.

sábado, 16 de mayo de 2026

La caminata

Salía a pasear temprano. A las siete y cuarto. Antes de que abrieran la panadería de la plaza y antes también de que empezaran los controles aleatorios de la Policía Presidencial, cuyos coches negros recorrían las calles con una lentitud casi ofensiva.

Dormía poco. Todos dormían poco.

La televisión estatal emitía cada noche programas obligatorios hasta las doce. Concursos, debates, humor. Anoche tocó comedia. Un hombre, disfrazado de dentista, extraía objetos imposibles de la boca de los pacientes: relojes, llaves, una sardina entera. El público reía con una puntualidad cansada. Él escribió diez mensajes desde el sofá. «Genial.» «Humor para toda la familia.» «Necesitamos más programas así.» Diez bastaban. El sistema marcaba el mínimo en verde.

Después leyó unas páginas de Conrad en el móvil, deslizando el dedo de vez en cuando para que la cámara de la televisión pareciera ver a alguien entretenido en las redes sociales.

Ahora caminaba rápido, la cabeza despejada por el aire frío. El sueño desaparecía siempre a los diez minutos; quedaba otra cosa. Una intranquilidad física, precisa, instalada detrás del estómago. Comería a las dos menos cuarto. Luego dormiría la siesta —prohibida desde hacía años por antisocial— entre las tres y las cuatro menos cuarto, justo durante el telediario. A esa hora no exigían interacción en redes; según el Ministerio de Atención Ciudadana, comentar distraía del mensaje institucional.

Iba por calles secundarias. Varias calles secundarias. Fachadas encaladas. Persianas bajas. Geranios secos en balcones donde nadie salía ya a mirar. Con un poco de suerte, no le pillarían.

Cuarenta minutos.

Al regresar, vio un coche negro frente al portal. Dos agentes fumaban apoyados en el capó. Sintió primero el cansancio y luego el alivio.

—Buenos días —dijo uno—. ¿Ha tenido problemas de conexión anoche?

Él negó.

—Esta semana solo ha escrito diez comentarios por noche.

El agente consultó la tableta.

—El mínimo obligatorio exacto. Cada día. Y sin interacción adicional con otros usuarios. Eso suele indicar desafección. Debe acompañarnos.

A las ocho empezaban las noticias. Llegaría tarde a comentar su detención.