En una entrevista de hace poco, Pedro Sánchez contó que Rubalcaba, parafraseando a Pablo Iglesias Posse, recordaba una frase de Marx sobre cómo funciona la política... ¡Bah, da igual lo que dijera!
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Me encantan los libros que «yo también habría escrito». Claro, si tuviera disciplina, ideas originales y la mínima capacidad de terminar un párrafo sin distraerme. Pero la intención cuenta, ¿no?
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EPITAFIO
Nunca di un palo al agua y, pese a todo, estoy hecho polvo.
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La humanidad no habría sido expulsada del paraíso si Adán y Eva, en lugar de crudiveganos, hubiesen sido carnívoros.
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Nadie cae tan hondo sin haber estado antes un poco más arriba.
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Desarrolló un metamétodo pedagógico capaz de producir cualquier sistema educativo imaginable. Se consideró revolucionario. La facultad lo rechazó unánimemente: su invento convertía a los inventores en simples aplicadores. Nadie perdona que lo vuelvan obsoleto, menos un pedagogo.
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PROPAGANDA, f. Información cuidadosamente seleccionada para proteger al ciudadano de la confusión que produce la realidad completa y contradictoria.
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Sabemos qué ignorábamos y que lo ignorábamos. Sospechamos: todavía ignoramos cosas que ni siquiera sabemos que ignoramos. Despertar no garantiza estar completamente despierto.
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ENTUSIASMO, m. Euforia optimista que desaparece justo cuando toca trabajar
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Oscar Wilde se equivocó: la vida ya no imita al arte, imita a cuentas con verificación azul.
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NEOLIBERALISMO, m. El capitalismo después de leer demasiados libros de autoayuda empresarial.
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Slavoj, cariño, hoy no expliques el goce del superyó, ni el fetichismo de los regalos, ni que la Navidad es pura ideología. Come, brinda y deja a Papá Noel en paz.
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LITERATURA, f. Ese hábito extraño por el cual una persona se encierra a escribir mundos imaginarios que nadie pidió. Suele considerarse inútil, pero curiosamente es lo único que a veces consuela.
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Adelante, sigue diciéndote que tu carrera, tu salud o tus relaciones no son importantes mientras coleccionas figuritas o debates sobre teorías conspirativas en internet. Seguro que el universo reorganiza sus prioridades porque tú decidiste que las tuyas eran molestas.
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Deja de cumplir tu palabra y descansarás al instante. Las promesas pesan mucho, pero la mala fama lo hace todo más ligero: nadie espera nada y tú tampoco.
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POPULISMO, m. Reconocimiento de que el ciudadano común supera en sabiduría instintiva a expertos contaminados por el conocimiento técnico.
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El poderoso nunca dice la verdad gratuitamente. Si afirma que dos y dos son cuatro, prepárate: está construyendo la mentira que vendrá después.
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Model desobedeció y triunfó; Paulus obedeció y fue derrotado. Entendemos a Paulus. Fracasar —aun sabiendo que se va a fracasar— por cumplir órdenes absurdas resulta menos doloroso que enfrentarse al superior. Lo sabemos bien nosotros, los maridos.
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PRENSA, f. Guardiana de la verdad que selecciona cuidadosamente qué hechos merecen existir públicamente.
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Ni siquiera los pesimistas se libran de las decepciones.
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ORACIÓN, f. Petición al cielo que Dios atiende con la misma diligencia que Hacienda devuelve impuestos. Los fieles llaman «misterio» a esta sordera divina; los demás, sentido común. Recomendada diariamente por quienes no obtienen respuesta.
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POLÍTICA, f. Ciencia exacta que permite transformar promesas electorales en recuerdos vagos, convicciones firmes en opiniones flexibles y representantes del pueblo en expertos del olvido selectivo una vez conseguido el escaño.
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Stanley, cariño, prohibido hablar de la violencia inherente al hombre durante la cena de Navidad. La estrella del árbol no simboliza vigilancia totalitaria. Y olvídate de grabar a todos en silencio.
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AÑOS, m. pl. Unidades que miden simultáneamente traslación terrestre y degradación biológica individual irreversible.
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Los historiadores buscan causas profundas, razones complejas, motivos ocultos. Mientras tanto, la estupidez se ríe desde cada página del libro.
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BANDERA, f. Trapo solemne que, bien agitado, convierte cualquier disparate en causa noble y cualquier orden en deber histórico inapelable.
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Para tanto infortunio, sin duda he sido afortunado.
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ALEMANIA, f. Territorio que inventó el orden y, para equilibrar, también la filosofía que lo cuestiona.
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Rompe tu palabra y se acaba la preocupación. No porque todo vaya bien, sino porque ya no importas lo suficiente como para que alguien espere algo de ti.
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SINDICATO, m. Organización obrera dirigida por quienes ya no trabajan.
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Ursula, cariño, esta Nochebuena, por favor, no expliques que Papá Noel perpetúa el capitalismo patriarcal ni que los Reyes practican colonialismo mágico. Tampoco menciones a los anarquistas de Anarres. Tu madre ya pregunta si eres comunista. Solo… come pavo. Gracias.
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LIBERTAD, f. Margen estrecho entre deseo propio e imposiciones ajenas.
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Hemos sustituido la mimesis aristotélica por la mimesis digital.
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TROTSKISMO, m. Revolución permanente sin revolución.
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Una política se considera buena cuando la solución a un problema genera únicamente dos problemas nuevos.
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RENCOROSO, m. y f. Alguien que no supera nada porque lo considera un asunto pendiente del universo.
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Las excepciones no son fallos del sistema sino su verdadera función.
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TURISMO, m. Desplazamiento recreativo masivo. Transforma vecinos en camareros mal pagados y ciudades en decorados.
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Juró luchar contra el odio. Empezó odiando. El final llegó antes que la causa.
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DEBER, m. Invento social para que los demás hagan lo que a uno le conviene sin tener que pagarles. Se conjuga siempre en segunda persona: «tú debes», «vosotros debéis», nunca «yo debo».
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URNAS, f. pl. Sarcófagos de expectativas ciudadanas.
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Ríe y sembrarás la duda, porque la risa rompe el guion que otros esperan de ti.
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FUTILIDAD, f. Ocupación preferida de quienes temen al silencio, al resultado o a la pregunta incómoda de para qué sirve todo esto.
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Las reglas prohíben todo excepto lo que permiten, que incluye saltarse las reglas cuando las reglas dicen que puedes saltarte las reglas.
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Estamos informados antes de abrir el periódico. Luego leemos la prensa y pasamos a estar orientados, confundidos o tranquilizados, que no es exactamente lo mismo que saber algo.
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COALICIÓN, f. Alianza entre enemigos que ceden principios por ministerios.
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Hacerse el tonto requiere bastante inteligencia. Ser tonto de verdad, en cambio, viene con la ventaja de no tener que fingir nada: todo es auténtico, espontáneo y libre de esfuerzo mental.
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Prefiero mayo: días largos, nada de frío ni de calor. Sería el mes perfecto… si no se hiciera tan corto.
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LASTRE, m. Elemento imprescindible para quienes temen volar demasiado alto. Se usa para mantener expectativas bajas, tranquilidad estable y una envidiable incapacidad para sorprender a nadie, incluida la propia conciencia.
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Hacer el amor sin amor. Sucede.
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DERECHA, f. Espectro ideológico que naturaliza desigualdad económica como consecuencia inevitable de libertad individual.
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Colón fue infeliz cuando descubrió que no había llegado a Catay. El resto de su vida se lo pasó disimulando esa decepción.
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La duda es niebla espesa. Lo bueno es que no ves el precipicio hasta que ya estás cayendo.
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VOTO, m. Manifestación de voluntad política individual. Un día mandas, mil cuatrocientos obedeces calladamente sin protestar.
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Los que nunca se equivocan tienen un talento especial: estar equivocados sobre sí mismos todo el tiempo.
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GIMNASIO, m. Catedral del masoquismo voluntario donde masas enloquecidas pagan fortunas por correr sin avanzar y levantar objetos pesados sin propósito aparente. Santuario del absurdo existencial disfrazado de salud. Lugar donde el tiempo se mide en calorías y la felicidad, en abdominales.
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ANARQUISMO, m. Teoría económica que propone abolir el capitalismo sin Estado mediante cooperativas autogestionadas. Ignora alegremente cómo producir microprocesadores, gestionar hospitales o coordinar ferrocarriles sin ninguna estructura centralizada. El trueque de tomates resolverá todo milagrosamente según prevén sus economistas de cafetería.
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NEUTRALIDAD, f. Arte de no mancharse las manos mientras otros luchan por derechos que luego disfrutarás.
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Ignorar. Esperar. Rezar.
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Sufres ahora, sufrirás después. Al menos ten la decencia de aprovechar un sufrimiento para sobrellevar el otro. La vida no mejora; solo cambias de tortura.
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SANCHISMO, m. Corriente ideológica caracterizada por la notable capacidad de sus defensores para detectar amenazas fascistas en cualquier crítica, por leve que sea, mientras celebran cada nueva encuesta del CIS como victoria moral definitiva.
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El tiempo ejerce su magisterio con una crueldad absoluta. No importa cuánta sabiduría extraigamos de sus enseñanzas: la muerte aguarda a todos por igual.
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El infierno no es castigo eterno sino esperanza eterna frustrada.
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ESTUPIDEZ, f. Talento especial para equivocarse incluso cuando resulta difícil.
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Esopo, Octavio Augusto y Napoleón Bonaparte coinciden: para llegar rápido lo mejor es ir despacio.
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Cualquier acontecimiento, por imprevisible que parezca, encontrará su profeta a posteriori.
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Cuando hace buen tiempo, el tejado parece impecable y no hay nada que arreglar. Pero en cuanto llueve y aparecen todas las goteras, resulta que subirse al tejado mojado es mala idea.
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Poseen todas las respuestas de antemano. Las preguntas, por tanto, resultan completamente irrelevantes.
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ABSURDO, m. La genialidad vista desde la mediocridad. La altura confundida con locura.
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La política ideal genera solo dos problemas nuevos porque así puedes culpar uno al gobierno anterior y otro a la oposición obstructora.
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Lo verdaderamente triste es permanecer en ese estado intermedio donde conservas suficiente ilusión para sufrir por lo perdido, pero insuficiente felicidad para compensar el dolor de seguir intentándolo sin resultado.
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EL COLMO
Franco tenía líneas rojas.
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La mejor forma de librarse de un problema es cerrando los ojos muy fuerte hasta que desaparezca. Si eso no funciona, siempre puedes hablar de él incansablemente sin hacer nada concreto: eventualmente todos se cansarán y el problema se aburrirá también.
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Leyó todo lo escrito. Ya nada quedaba por decir.
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POLÍTICO, m. y f. Promete, resiste y olvida mejor que nadie.
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APOLÍTICO, m. y f. Ser que flota por encima de la vulgar realidad política. Vive en una dimensión donde las leyes, impuestos y derechos aparecen mágicamente sin intervención humana.
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La experiencia histórica demuestra que no existe situación tan crítica que la intervención política no pueda deteriorar más.
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ZOMBI, m. y f. Muerto que no lo sabe o vivo que lo sospecha. Se alimenta de hábitos, evita preguntas y reacciona mal ante cualquier atisbo de conciencia.
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El optimista confunde la esperanza con la invulnerabilidad.
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Fue un día extraño. Alegre y triste a la vez. Maduro había caído, sí. Pero el derecho internacional también.
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BIPARTIDISMO, m. Duopolio electoral.
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Por culpa de Copérnico, los terrícolas ya no somos el centro del universo. Nos convirtió en viajeros de un planeta azul que danza alrededor del Sol. Perdimos centralidad pero ganamos movimiento. Ahora somos nómadas cósmicos, bailarines de una órbita eterna
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Por supuesto, ir despacio es la clave del éxito rápido. Es el mantra perfecto para justificar la indecisión y la procrastinación como estrategia vital: «No estoy perdiendo el tiempo, estoy yendo rápido mediante la lentitud», dirás mientras el mundo avanza sin ti.
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Toda paz es una tregua.
Placidario
Microcuentos y microrrelatos de PR
miércoles, 7 de enero de 2026
Quisicosas
martes, 6 de enero de 2026
Mañana
Mañana es el día.
Sale el resultado.
He hecho lo posible.
Lo posible con esto.
Con este talento.
Con estas manos.
Con estas horas.
No había más.
Difícil hacer más.
Puede ser sí.
Puede ser no.
Si es sí,
alegría.
Y peso.
Responsabilidad.
Si es no,
tristeza.
Una tristeza seca.
Sin drama.
Sin ruido.
No tiro la toalla.
Nunca fue opción.
Ganar o perder
da lo mismo al final.
Más trabajo.
Más esfuerzo.
Más días iguales.
Mañana
es el día.
Y aquí estoy.
Esperando.
El robo
Cuando Manuel regresó a casa ya casi era la hora de comer. Cerró la puerta despacio, y dejó las llaves en el cuenco de cerámica del recibidor. Se quitó la chaqueta con cuidado. El hombro izquierdo le dolía más desde hacía unos días. Había salido a comprar pan. No más de media hora. Había tardado casi tres.
—Han entrado en casa de Marcelino —dijo.
Carmen estaba sentada en la mesa camilla. Tenía encendida la radio para escuchar las noticias de las dos. La estufa, apagada, a pesar de que hacía frío.
—¿Cómo que han entrado?
—Le han robado.
—¿Cuándo?
—Ahora mismo. Hace un rato. No ha estado fuera ni treinta minutos.
Carmen miró la puerta del pasillo, luego el reloj. Eran las dos menos cinco.
—Ya te lo decía yo —dijo—. Hay demasiados moros y negros en el pueblo.
Manuel asintió. No añadió nada. Se sentó frente a ella y apoyó las manos en la mesa.
—Han venido por la aceituna. Seguro que lo vieron salir.
—Claro que lo vieron.
Marcelino vivía dos casas más abajo. Tenía setenta y ocho años. Vivía solo desde que su mujer muriera. No cerraba nunca con llave. Antes nadie lo hacía. Antes no hacía falta.
—¿Y qué le han quitado? —preguntó Carmen.
—No lo sabe. Dice que dinero. O un collar de su mujer.
Carmen negó con la cabeza.
—Aquí ya no se puede vivir con tantos moros. Anda. Vamos a comer.
Durante toda la tarde no pararon de hablar del robo.
Esa noche, mientras veían las noticias de las nueve, decidieron no salir de casa. Al menos durante unos días. Tenían comida suficiente. El arcón seguía lleno desde la pandemia. Carne, congelados, pan. En el armario, garbanzos, lentejas, habichuelas para varios meses. Latas de atún, de sardinas. La aceituna acabaría en enero. Entonces se irían los marroquíes y los subsaharianos que habían llegado al pueblo para la recolección. Como todos los años.
—En cuanto se vayan, salimos —dijo Manuel.
—Eso.
Los primeros días fueron fáciles. No había motivo para salir. Carmen ordenó la despensa. Hizo cuentas. Las medicinas durarían un mes. Quizá algo más. El tabaco podría ser un problema. Manuel fumaba a escondidas. Es verdad que menos desde el cáncer. Pero seguía fumando. Carmen lo sabía. A veces, al colgarle el abrigo, notaba el olor.
Por la mañana veían la televisión. Por la tarde dormitaban. Y seguían viendo la televisión. A Manuel comenzaron a interesarle las tramas de las telenovelas que veía Carmen. Lo que no soportaba eran las tertulias que le gustaban a su mujer. No paraban de meterse con el gobierno y de hablar de inseguridad.
A veces hablaban del robo. Siempre igual.
—Esto antes no pasaba.
—Antes no.
—El pueblo se ha llenado de moros.
—Sí.
Pasó la primera semana. Luego la segunda. Empezaron a racionar el pan. Los dulces también. Los mantecados durarían más si solo tomaban uno con el café de sobremesa. El pellet bajaba deprisa.
—Hay que apagar la caldera antes —dijo Manuel—. ¿No compraste mantas en ese viaje que hicimos a Granada con los jubilados?
Carmen asintió. Pero no recordaba dónde las había dejado.
Cuando se acercó Nochebuena, empezaron a preocuparse. Vendría la familia. No podían no venir. El hijo, la hija, los cuñados, los tres nietos.
—¿Qué vamos a poner? —preguntó Manuel.
—Algo habrá.
—No hay pavo.
—Pollo.
—¿Y los langostinos?
—Congelados.
Manuel miró en el armario y sacó una lata.
—La piña está caducada.
—No se darán cuenta. Creo que podré hacer ensaladilla rusa. Pero la mayonesa será de bote. Se nos han acabado los huevos.
—¿No estará caducada?
—Le echan productos para que no caduque nunca.
Y la familia acabó llegando. Entre las seis y las siete, como siempre. Algunos años habían traído vino, una caja de dulces. Pero no trajeron nada. Los niños corrían por el pasillo. El hijo miró la olla donde se hacía la comida.
—¿Pollo?
—No había pavo —dijo Carmen—. Fui a la tienda y no quedaba.
Los langostinos estaban bien. No hubo quejas. Pero nadie probó la ensaladilla rusa.
La cuñada probó la piña.
—Está rara.
Hablaron del robo. Manuel lo contó otra vez. El hijo frunció el ceño.
—Yo he estado con Marcelino y no me ha dicho nada.
—A nosotros sí —dijo Carmen.
—A ver si se dejó la puerta abierta.
—Eso no pasa.
—A vosotros mismos os pasa —dijo la hija—. Antes no cerrabais nunca.
—Antes no hacía falta.
—¿Y qué le robaron?
Manuel dudó.
—Dinero. Joyas de su mujer.
La cuñada sonrió, pero no dijo nada. Pensó que, si entraban a robar en esa casa, necesitarían dos días para encontrar algo de valor. Para encontrar algo.
Carmen observó como la bandeja de dulces iba menguando. No tenía más.
Poco antes de las doce se fueron retirando. Carmen había hecho las camas con sábanas limpias, guardadas desde el verano. Los primos compartieron habitación; protestaron un poco, luego callaron. La casa quedó en penumbra, con el árbol encendido en el salón. A las dos, Carmen despertó a Manuel para que apagara la caldera.
Por la mañana, los regalos aparecieron bajo el árbol como siempre. Pocos. Manuel había dejado sobres con dinero para los nietos, con sus nombres escritos despacio, letra irregular. Desayunaron lentamente. A las once, por fin, todos se fueron. La puerta se cerró.
La casa volvió al silencio.
Llevaban más de veinte días sin salir. Se había acabado el pan. Los dulces. Empezaron a comer helados que quedaban del verano. Carmen sacó uno de los conejos que les traía cada año Nicolás, el del cortijo.
—No me gusta el conejo —dijo Manuel.
—Ya sabes que a mí tampoco.
Carmen lo preparó al ajillo pastor. Lo comieron sin quejarse. No querían decírselo a Nicolás. Siempre les traía uno o dos. A veces más.
Había llovido mucho. La aceituna se alargaba. Los temporeros se quedarían más tiempo. El encierro se estaba alargando.
No tenían uvas para Nochevieja. A Carmen se le acababa el café. El médico le había dicho que no lo probara, pero lo necesitaba. Empezó a insistir.
—Hay que salir.
—No.
—Solo a la tienda. No tenemos uvas.
—Ahora no. Las uvas estarán carísimas.
—El Antonio siempre hace lo mismo.
Carmen hizo una lista.
—Tienes que comprar pan. Todo el pan que puedas. Para quince días.
Necesitaban muchas más cosas. Café. Sobre todo café. Magdalenas. Mantecados. Polvorones. Almendrados. Turrón.
Manuel asintió. Ya se estaba poniendo trabajosamente la cazadora. Pensaba en el tabaco.
—Vuelve pronto —dijo ella.
Manuel salió. Carmen cerró con llave y apoyó la espalda en la puerta.
Entonces lo recordó.
El pellet.
Se había olvidado de decírselo. Manuel siempre lo traía en la carretilla, saco a saco. Ahora ya estaba fuera. No abrió.
Encendió la televisión. Una telenovela. La puso bien alta. Carmen no escuchaba bien. Una vez había ido a Jaén y había preguntado en una ortopedia cuánto costaban los audífonos. Demasiado caros. Cuando estaba con Manuel, que se quejaba del volumen alto, casi nunca se enteraba de nada.
Durante unos minutos, Carmen prestó atención a la serie. Entonces pensó que no escucharía nada con la tele tan alta. Bajó el sonido.
De repente, todo eran ruidos. Fue a la cocina y cogió un cuchillo. Lo dejó sobre la mesa y volvió a sentarse.
Pensó en su padre. Trajo de la guerra una pistola. La vio cuando era niña. No dejaron que la tocara. Su padre la acabó entregando a la Guardia Civil. Era rusa, decía. Un recuerdo. Le vendría bien ahora una pistola. O una escopeta. Pero a Manuel nunca le gustó la caza.
Miró el reloj. Había pasado una hora.
Pensó que podría haber pasado sin el café. Su madre tostaba trigo y lo bebía como infusión. Pero no tenía trigo. ¿Era trigo sarraceno? No lo recordaba.
Seguro que Manuel no olvidaba el tabaco. Nunca lo olvidaba. Debía habérsele acabado el 27 o el 28. Estaba muy irascible. Seguro que lo primero que había hecho era ir al estanco.
Quitó el sonido de la tele. Había oído algo. No. No era nada. Tendría que haberle dicho que fuera a la farmacia. La medicina de la artrosis se acababa el seis o el siete. El jarabe de la tos de Manuel también. Tosía por las noches, una tos corta, contenida, como si no quisiera que se notara.
La caldera estaba apagada. No quedaba pellet. La factura de la luz sería alta.
Otro ruido.
Esta vez sí.
Se levantó despacio. Apretó el cuchillo. El corazón le latía deprisa. Pensó en el café. En el pellet. En Manuel tardando más de la cuenta.
No era la televisión.
Había alguien en casa.
Lo supo con certeza.