Microrrelatos de Plácido Romero

martes, 10 de enero de 2017

Microcuentos

La séptima vez, Schrödinger comprobó aliviado que el gato había muerto en la caja.
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El gato le dijo que, por ella, gastaría seis vidas.
Ella le abandonó.
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El insomnio se le agravó. Las ovejas que estaba contando se descarriaron.
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–El Gran Hermano te observa.
–¿Y?
–El Gran Hermano se aburre.
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Ante la inminencia de la catástrofe, las ratas abandonan el avión. No saben que ninguna conseguirá sobrevivir.
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¿Otra vez tengo que repetírselo? Lo vi cuando desperté. Quíteme la camisa de fuerza y le haré un dibujo del dinosaurio.
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Después de no lograr que el fantasma hablara, el experto determinó que aquel era un caso insólito: ¡una sábana que volaba sola!
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–Sé que voy a perder la cabeza. Haz que merezca la pena –le dijo Holofernes.
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In extremis
Cuando iba a la altura del piso 12, le llegó otro wasap de Begoña: "Vale. Iré al cine contigo".
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Pedí que Mamá Noel me trajera los regalos. Me dormí esperándola. Cuando desperté, vi que sólo me había traído carbón.
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Su ex novio era bastante progresista, pero sólo de cintura para arriba.
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Ha tomado una resolución: a partir de mañana, dejará de ser un procrastinador.
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El etnólogo había dejado sin terminar su estudio sobre los caníbales.
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Nomofobia infinita
Murió preocupado. ¿Habría cobertura en el cementerio?
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Asombraba su precocidad. Acababa de debutar con el primer equipo y ya conocía los nombres de todas las islas del Caribe.
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Dribla, caracolea, hace un último regate, levanta la cabeza, chuta. ¡Mete cinco millones en un banco de Panamá!
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Hace dos semanas que el optimista vio la luz al final del túnel.
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Cuando el pesimista vio la luz al final del túnel, giró en redondo.
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Dura lex, sed lex
Al defraudador le cayeron dos años por delito fiscal y quince por matar al inspector de Hacienda.
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Cuando el soltero murió, los médicos trasplantaron con éxito su corazón. Estaba sin usar.