domingo, 11 de enero de 2026

Ensalada de pimientos

Preparar una ensalada de pimientos asados es sencillo. Se compra un bote. Se abre. Se escurre. Se añade tomate, atún y cebolla. Un chorrito de aceite. Sal. En dos minutos, la ensalada está lista. Es sencillo.

Mi mujer no lo ve así.

Mi mujer prefiere comprar los pimientos rojos. Los elige con detenimiento. Luego los asa en el horno. No lo hace a menudo. La experiencia llega con la repetición, pero ella no repite lo suficiente. Por eso, a veces quedan crudos y otras se queman. Hay en esto una enseñanza que no comentaré.

Cuando salen del horno, comienza la ceremonia. Les quita la piel chamuscada. O no, si no se ha chamuscado lo bastante. Los deja sudar en una fuente, tapados con papel de aluminio, como si fueran enfermos delicados. Después los corta en tiras. A continuación viene la segunda fase: tomate, atún, cebolla. La misma ensalada. Pero no igual.

Han pasado dos días.

Entonces llega el final del proceso. Pregunta: «¿El horno tiene pirólisis?».

La pregunta es retórica, por supuesto. El horno lo compró ella. Cuando yo llegué a la casa, ya estaba todo. Los muebles. La televisión. Las lámparas. Solo faltaba un marido que limpiara el horno. Ese fui yo. A veces pienso que la ensalada de pimientos es una coartada para que yo frote.

He intentado explicarle que es más sencillo comprar un bote. Durante un tiempo funcionó. Comprábamos pimientos envasados en Bedmar. Le gustaban. Eran caseros, pero con etiqueta. Luego dejaron de venderlos. No sé por qué. Intenté sustituirlos por otros envasados en Navarra. Protestó. No era lo mismo.

«Es mejor que los ase yo», dijo. Fin de la discusión.

Desde entonces no pregunto cuándo vamos a comer ensalada de pimientos. La ensalada llega cuando quiere. Como ciertas decisiones. Como algunas verdades. Yo solo sé que, cuando llega, me tocará limpiar el horno.

Podría discutir. Podría insistir en el bote. Podría hablar de eficiencia, de tiempo, de sentido común. Pero ¿para qué? El matrimonio no va de ganar batallas menores. Va de aceptar que algunos pimientos se asan lentamente y que el horno, al final, siempre es tuyo.

Además, la ensalada está buena.

Y eso, al final, también cuenta.