Microrrelatos de Plácido Romero

miércoles, 1 de febrero de 2017

Quisicosas

A veces sospecho que hay una especie de karma precautorio. Explicaría muchas cosas.
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Los ateos no pueden evitar pensar que lo son por culpa de Dios.
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Napoleón ganó la batalla de Wagram. 30.000 soldados napoleónicos la perdieron.
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Todos los métodos que he intentado me han llevado al fracaso.
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Fracaso, luego existo.
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Pasó años confrontando tesis y antítesis. Cuando por fin llegó a una síntesis, la encontró demasiado tibia.
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Desde que mi cuñado se afilió a Ciudadanos, resulta imposible discutir con él. Estoy pensando en hacerme de Podemos.
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¿Llegarán alguna vez los animalistas a pedir que Schrödinger sea borrado de los libros de Física por maltrato animal?
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El sexto día, quizá Dios se pasó de listo.
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Lo único bueno de algunos días es que se acaban.
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¿Por qué llaman posverdad a la mentira?
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Hefesto, el único dios que trabaja. Y todos en el Olimpo se burlan de él.
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El experimento de Schrödinger sirvió para demostrar algo: al físico austriaco le gustaban los perros.
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Lo curioso es que la tortuga ganó la carrera sin pararse siquiera a leer a Esopo.
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¡Qué triste! Estoy llegando a la edad de dar consejos.
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No resulta serio informar de una ola de frío en manga corta y con unos zapatos de punta abierta.
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Todo pasa, pero no siempre a una velocidad homogénea.
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¿Se extinguieron los unicornios cuando dejó de haber doncellas o sucedió al revés?
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El hombre imaginó a Dios perfecto. Sin embargo, Dios hizo al hombre imperfecto. ¡Qué falta de reciprocidad!
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Algunas películas lanzan un claro mensaje subliminal: Eres estúpido.
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Me gustaría tener veinte años y saberlo todo.
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Espero que a Adán le mereciera la pena comer la fruta prohibida.
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Sacher-Masoch siempre ofrecía la otra mejilla.
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Hay políticos a los que a veces se les escapa una verdad.
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Era tan bueno mintiendo que se pasó de la literatura a la política.
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¡Qué disparates ha obligado Dios decir a los teólogos!
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Cuando encuentro un camino que parece seguro, estoy seguro de que no lo es.
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Para los ateos, Dios comenzó a descansar el primer día.
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Una buena forma de evitarse problemas es hacer lo mismo que Sancho Panza: convencerse a uno mismo de que los gigantes son molinos de viento.
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Quien gana una guerra casi siempre encuentra razones para declararla.
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En las comidas familiares nunca se debe servir vino. Así, la verdad no saldrá a relucir.
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Quizá habría que prohibir la educación para que la gente se la tomara en serio.
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¿Y si los dinosaurios fueran un invento de los fabricantes de juguetes?
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A medida que cumplimos años, incumplimos propósitos y deseos.
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A veces pienso que los franceses están pasados de revoluciones.
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Nuestros mejores enemigos nunca nos decepcionan.
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La desconfianza acabó echando a perder todas mis relaciones. Si yo no me gustaba a mí mismo, ¿qué diablos veían mis novias en mí?
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Para no molestar, murió de incógnito.
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Hasta la araña me ignora. Se empeña en tejer su tela en el techo de mi salón.
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Por mucho que tratemos de ahogarlas en alcohol, las penas siempre acaban flotando.
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Dios se lava las manos con el libre albedrío.