Microrrelatos de Plácido Romero

miércoles, 31 de mayo de 2017

Microcuentos

A la misma hora en la que había quedado con el hombre de sus sueños, dormía en el sofá.
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La Tercera Guerra Mundial empezó a las 20:01 horas de Pyongyang y terminó dos horas después, a las 9:31 horas de Washington.
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Cuando murió don Quijote, el sabio Frestón escribió sus aventuras. Utilizó el seudónimo de Miguel de Cervantes.
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Autofagia
El banquete le costó un riñón.
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Judas, que penaba en el infierno, apeló la sentencia. Su abogado, que era luterano, argumentó que carecía de libre albedrío.
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Iba a coger el tren, pero el tren le cogió a él. De sujeto, paso a objeto.
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El oráculo le avisó que se cuidara de las sirenas. El marinero se mudó al interior. Murió atropellado por una ambulancia.
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Eran la pareja perfecta: a él le gustaba el sashimi y ella era una sirena.
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¿La sobrepesca está acabando con las sirenas?
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Si los marineros entendieran el idioma de las sirenas, no se dejarían seducir por sus cantos.
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Era extraño, sí: el gato dormía mucho. Pero sólo sospeché que le pasaba algo cuando empezó a oler.
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Siempre anda perdiéndolo todo: las llaves, el tren, la compostura, a sus novias.
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La sesión terminó bruscamente cuando su psicoanalista, el doctor Morgenthau, le preguntó a Lipari por la relación con su madre.
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Se hizo ateo porque no soportaba que Dios hubiera tenido a su Hijo por gestación subrogada.
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Cantaba tan mal que espantaba a todos los marineros. Era una vergüenza para las sirenas.
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Creí que su madre le dejaría en paz, pero incluso después de muerta viene todas las noches a ver si está bien arropado.
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Aldonza Lorenzo se defiende: aunque es más fea de lo que la imagina Don Quijote, es más guapa de lo que la pinta Cervantes.
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Para que su madre deje de molestarle, va a la floristería y compra un ramo de crisantemos, que lleva a su tumba.
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La sirena odia vivir en el fondo del mar. Y no es porque allí no pueda cantar, sino porque el agua salada le estropea el pelo.
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Dios despierta sobresaltado. Ha tenido un sueño muy extraño: creaba un ridículo mundo en seis días.
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En su canción, la hermosa sirena hablaba de un marinero que vendría a liberarla del cruel tritón.
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Las sirenas encuentran horribles a los marineros, pero los atraen con sus cantos porque los tritones los consideran sabrosísimos.
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Las sirenas no cantan para atraer a los marineros, sino para provocar los celos de los tritones.
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A Jan no le importa que ella esté siempre encima de él.
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Mi gata es tan despierta que se pasa todo el día tumbada.
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Por unanimidad, Schrödinger fue expulsado de la Asociación Austriaca de Amigos de los Gatos.
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En el infierno gatuno, Schrödinger está encerrado en una caja.
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Schrödinger tuvo que inventar un tonto experimento para librarse del gato de su mujer.
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El experimento de Schrödinger fue todo un éxito: demostró que los gatos sólo tienen una vida.
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Schrödinger fue detenido por maltrato animal.
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Iban a despedir al hombre invisible por ausentarse continuamente del trabajo. Nadie le vio por ningún lado.
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Sufre un insomnio severo, así que no le queda otra que soñar despierta.
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–¿Houston…? ¿HOUSTON…?
–Ed, ¿qué sucede?
–Houston tiene un problema, capitán.
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¿Matarla? Ni loco. Con sus cuentos, Scheherezade ha conseguido curarme el insomnio.
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En sus últimos años, sufría un penoso bloqueo creativo. Ni siquiera fue capaz de escribir una nota de suicidio.
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Típico de mi marido: la bala que le disparé le entró por un oído y le salió por el otro.
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En la primera entrega, venía la cabeza. Después de examinarla atentamente, decidió no seguir el coleccionable.
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Compró un viejo DeLorean. Aunque no consiguió que arrancara, cada vez que se subía en él lograba volver al pasado.
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Uróboros
La viuda negra sabe que no hay mejor lugar que un funeral para buscar a un futuro marido.
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Para hacer más llevadera su condena, Prometeo se convenció a sí mismo de que los dioses no estaban furiosos con él, sino con el águila.
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–¡Nunca perderé la cabeza por una pecadora lujuriosa como tú! –le gritó Juan el Bautista a Salomé.
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Los discípulos de Juan el Bautista se sintieron muy decepcionados cuando escucharon que había perdido la cabeza por una mujer.
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Estaba bebiendo los vientos por ella que, harta, le lanzó una pedorreta.
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El célebre mafioso Igor Poliakov fue tiroteado por Dimitri Gordievski, su más fiel sicario. Le sentó como un tiro.
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Sacher-Masoch fue condenado a muerte. Sus enemigos sobornaron al verdugo para que fuera rápido.
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Aunque se fue, sigo bebiendo por dos.
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Llegan. Han entrado. Están acercán…