Microrrelatos de Plácido Romero

sábado, 1 de abril de 2017

Soy el hijo de Antonio Moreno

Siempre supe que papá trabajaba en el teatro. Por eso no paraba de viajar. A veces se pasaba fuera meses enteros y sólo se quedaba con mamá y conmigo unos pocos días antes de volver a marcharse.

Nunca me atreví a preguntarle a mamá qué era eso del teatro. Supuse que se parecía al circo, pero para mayores: después de todo, iba con mis padres al Circo Italia cada vez que venía a la ciudad, pero nunca me habían llevado al teatro. 

Fue en clase de la señorita Rosario donde supe lo que era. Un día nos habló de grandes dramaturgos del momento: Buero Vallejo, Alfonso Sastre, Antonio Gala; y de otros que ya estaban muertos: Lope, Shakespeare, Molière. Nos dijo que, cuando fuéramos mayores, podríamos disfrutar de sus obras. Estuve tentado a decirle a la señorita Rosario que mi padre trabajaba en el teatro. Gracias a mi timidez, no lo hice. Afortunadamente.

Sin embargo, no podía esperar. Adiviné que papá actuaba en nuestra ciudad porque salía todos los días después de comer y regresaba de madrugada. Una tarde decidí seguirle. Observé cómo le saludaba un portero. Esperé horas hasta que la puerta del teatro se llenó de gente. Entonces, me acerqué al mismo portero que había saludado a mi padre. Le dije que era el hijo de Antonio Moreno y que le llevaba algo.

–Ah, ¿tú eres hijo de Toni Moré? Pasa chaval, pasa –me dijo, lanzándome una extraña mirada.

La sala estaba abarrotada. Me acerqué al escenario, ignorando a la gente que me rodeaba. La obra empezó a los pocos minutos.

No entendí el argumento, en el caso de que lo tuviera, y no descubrí entre los actores a mi padre. Comencé a pensar que me había engañado todos esos años: quizá, después de todo, no fuera actor. 

Estaba a punto de irme cuando la gente comenzó a aplaudir. Al escenario había salido una mujer muy alta, que llevaba un vestido minúsculo. Pensé en mamá; si la viera, diría de ella que era una desvergonzada. La mujer comenzó a bailar en el escenario. Lo hacía bastante bien, a pesar de que llevaba unos zapatos de tacón como no había visto nunca. Iba muy maquillada y el pelo le llegaba a los hombros. 

Sólo fue al empezar a cantar cuando reconocí a papá.

Microrrelato escrito para el Viernes Creativo de Elbicnaranja.wordpress.com